Un pequeño cuento
Porfa dejen sus opiniones, gracias, escrito por mi
Cuando llego a la cima ni notó lo sucios y enlodados que estaban sus cubrepiés, ni siquiera sintió el momento en que las espinas de un arbusto de moras rojas rasgaron su antebrazo derecho, lo advirtió por la sangre que embarró su cerbatana mientras la descolgaba de su espalda, había recorrido ese camino entre las plantas miles de veces, desde que era un niño pero jamás le gusto cuando tenía que hacerlo cuando llovía, el suelo de barro y piedras era demasiado resbaladizo en esos días al igual que la corteza de algunos árboles, aunque eso les daba mucha ventaja sobre esos hombres plateados, era un maestro de la caza, sabía como esconderse entre el verdor de su tierra, podía perderse entre los helechos, los exuberantes arbustos de uvillas esas pequeñas bolas amarillas y acidas que comía desde niño, pero no mortales, como el azul oscuro del achotillo, con sus hojas blancas y verdes, aun mas venenosas que el fruto. “Puedo trepar a ese gran puce y dispararles con mi cerbatana” pensó pero pronto recordó que sus pequeños pero venenosos dardos eran mas que inútiles frente a la armadura que llevaba su enemigo así que no le quedo de otra mas que salir de entre la vegetación y atacar con sus espadas cortas. Lanzó un tajo hacia ese cuello lo mas rápido que pudo, recordó que su maestro siempre le dijo que era el mas velos de entre todos sus compañeros, en todos sus años de entrenamiento nadie podía igualar su velocidad con la espada, pero cuando esta chocó con la placa de metal que cubría el cuello de su enemigo no lo decapito como lo habría hecho con cualquier otro, sino que el filo de obsidiana de su espada estallo en pedazos, pronto recordó la armadura que vestía, solo cuero y algodón y una placa de tiras de bambú en su pecho, sus brazos desnudos y sus piernas cubiertas por cuero de tapir que el y sus hermanos se habían ganado el derecho de usar cuando mataban a sus presas, para vestir sus pieles como armaduras, el había usado tinta azul de hongos para decorar el cuero de su pecho mientras que sus hombros estaban cubiertos de sangre de jaguar que Rayas le había dado. Después que las astillas negras de obsidiana saltaran a sus ojos lo próximo que oyó fue el frio y duro acero penetrar el cuero endurecido y el suave algodón, pronto sintió el calor de su sangre bajar por los músculos de su estómago y piernas, lo próximo que vio fue el filo del acero acercarse contra su sien.
Cuando Rayas escuchó el grito de su hermano y el sonido de las ramas y hojas secas quebrase cuando el cuerpo tembloroso cayó al piso, vio al hombre de metal parado en medio de las dos pilas de fuego que guardaban la enorme construcción de roca, madera y adornada no solo con piedras preciosas de todos los colores si no con estatuas hechas de oro, observando desde el templo, como sus compañeros destruían y quemaban la gran ciudad de los peguches, Rayas tomó la alabarda que había robado de su ultimo enemigo después de haber hundido su cuchillo negro entre las aberturas de las placas que ellos vestían, esa era la única manera de penetrar su poderosa defensa, lo descubrió después de que casi muere aplastado entre una maza y el suelo, pero fue lo suficientemente rápido para ganar la espalda de su oponente, era mas fuerte que su hermano pero no mas veloz, así que antes de que se diera cuenta de que estaba ahí hundió su alabarda entre el gorjal y el peto justo en la nuca de su enemigo, la sangre caliente salió a chorros y lo bañó completamente, pero su hermano yacía muerto con su casco de huesos, destruido al igual que sus demás hermanos que lideraba, ahí estaba Sal ese viejo gordo, con los brazos como troncos y su gran barriga llena de cicatrices, era el encargado de guardar el templo, había sido de gran ayuda en la batalla, el solo mato a nueve, aplastándolos y machacándolos con su peculiar arma, un fémur de gigante con adornos tallados y envuelto con cuero de venado, eran ocho los que habían subido a defender el templo del dios ensangrentado, ahora solo quedaba el y un montón de cadáveres, notó que uno de los hombres de metal aun respiraba, trataba de tragar aire a bocanadas mientras segregaba sangre de entre sus oídos. Nunca se habían topado con un enemigo tan fuerte, poderoso y sobre todo impenetrable, saco la daga de acero de la funda del hombre que había matado a su hermano, le quito el yelmo a aquel que aún vivía y hundió la punta del arma en el ojo derecho de su oponente hasta que tocó la guardamano de la daga, la retorció hasta que sus gritos cesaron. La lluvia seguía cayendo desde antes que el sol saliera, se levantó y quiso bajar a seguir luchando por su gente pero cuando se paró en el filo del barranco, vio que era inútil, casi todos los guerreros o “sombras” como hacían llamar a su milicia habían muerto, los que quedaban con vida eran mujeres y niños en su mayoría, enjaulados o atados de pies y manos, su futuro no era prometedor estos eran llevados como esclavos o trofeos, mientras que los ancianos o los pocos mal heridos en la batalla eran dejados allí a su suerte, a quienes aún tenían posibilidades de vivir los mataban o llevaban con un médico todo dependía del humor de su enemigo.
Parado allí se sentía perdido a pesar de que ese lugar le era tan familiar y conocido, no sabía que iba a ser de el no se podía quedar ahí, en donde una vez hubo vida ahora solo había muerte y desolación, fuego y sangre, nada mas que un reino de terror, todo era oscuro y lóbrego, todos los que una vez había conocido ya no estaban solo quedaban los recipientes hechos de carne que contenían la esencia de vida. El a diferencia de su hermano, disfrutaba de la torrencial lluvia que comúnmente caía sobre los árboles, plantas, flores y frutos que su reino le ofrecía, le gustaba como se movían al son de las gotas, pero esta vez solo sentía dolor y tristeza. Justo después de que su primera lágrima cayera por su mejilla izquierda sintió el golpe de una maza en su hombro, mientras caía y se golpeaba contra las rocas y raíces del barranco vio a su asesino, un tipo enorme muchísimo mas grande que Sal, le dio la espalda y se alejó en su gran caballo, en parte se alegró ahora iba a estar con su familia, hermanos y amigos.

