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LuisdaGuevararue

Usuario (Ecuador)

Primer post: 11 jun 2013Último post: 25 ene 2014
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Los Kurowai una tribu algo rara.
InfoporAnónimo7/13/2013

Los Kurowai una tribu algo rara por dos características principales: 1) En su dieta incluyen la carne humana, es decir aun caníbales. 2) También conocidos por ser la única etnia de carácter arborícola. Se dice que su numero haciende a 4000 individuos han tenido contacto casi nulo con el resto de la humanidad siendo sus vecinos (no se llevan bien) los Kombai. Los Kurowai son muy agresivos con los extranjeros, quienes no dudan en matar si llegan a sentirse incómodos, en los 70's se dio el primer contacto con ellos como era de esperarse fueron misioneros los que se dieron cuenta de su ferocidad y el gusto que tienen por la dulce carne humana. Se sabe que hay grupos que aun no han tenido contacto con otros seres humanos. «y la carne más dulce... la humana» ~ Homer J Simpson Esta tribu tiene un temor especial y esta es una de las razones por la que se refugian a 50 metros del suelo en las copas de los arboles, les temen a los Khakahua "brujos de forma humana que se comen a los suyos" quienes llegan en la noche para matar y devorarse a los suyos. Mientras que los no negros osea la mayoría de nosotros somos considerados como Laleos "demonios fantasmas" Sus comunidades se reparten en grandes territorios de 10 a 12 individuos estos negritillos son pequeños, fibrosos y ágiles escaladores se refugian en las copas de los arboles en donde se protegen de los peligros de la selva y los Khakahua. Sus casas a pesar que parezcan débiles no los son, son lo suficientemente fuertes como para aguantar los monzones, usan troncos como pilares y ramas anudadas por lianas que al secarse se endurecen, en el centro de la casa tienen un lugar el cual permanece encendido, sin embargo si este llegara a empezar un incendio ellos pueden abrir una compuerta la cuan libera las brasas y las deja caer al suelo liberándolos de morir calcinados. Las medidas de la vivienda son mas omenos estas: Base 5x8 m Paredes 1.5 m El asenso a sus casas es por edio de lianas en las partes altas mientras que abajo tien algo parecido a escaleras. Ellos tienen en sus casa un area coun en donde solo pueden entrar los hombre siento betadas las mujeres y niños para quienes es un tabú entrar allí, en donde los hombres de la tribu mantienen largas conversaciones a la luz y calor del fuego. Jamas abandonan sus casas por la noche ya que le tienen terror a la oscuridad, el jefesazo de la tribu tiene el cuerpo marcado al fuego como si fueran cocodrilos animal sagrado para ellos. Sus Vecinos los Kombai Estos también son caníbales, de vez en cuando asesina a un pobre desgraciado y se lo comen asandolo en hojas de plátano y solamente desechando las uñas, los huesos y el pene; tambien comen serpientes y larvas de insectos. Bueno gracias a quienes leyeron y comentaran, si les pareció interesante no se olviden de dejar un par de puntos.

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Un pequeño cuento (aun sin finalizar)
Un pequeño cuento (aun sin finalizar)
ArteporAnónimo1/19/2014

Un pequeño cuento (aun sin finalizar) Escribí algo mas del cuento que postee hace un rato, aun no termina quiero hacerlo mucho mas largo, porfa dejen sus opiniones, gracias Cuando llego a la cima ni notó lo sucios y enlodados que estaban sus cubrepiés, ni siquiera sintió el momento en que las espinas de un arbusto de moras rojas rasgaron su antebrazo derecho, lo advirtió por la sangre que embarró su cerbatana mientras la descolgaba de su espalda, había recorrido ese camino entre las plantas miles de veces, desde que era un niño pero jamás le gusto cuando tenía que hacerlo cuando llovía, el suelo de barro y piedras era demasiado resbaladizo en esos días al igual que la corteza de algunos árboles, aunque eso les daba mucha ventaja sobre esos hombres plateados, era un maestro de la caza, sabía como esconderse entre el verdor de su tierra, podía perderse entre los helechos, los exuberantes arbustos de uvillas esas pequeñas bolas amarillas y acidas que comía desde niño, pero no mortales, como el azul oscuro del achotillo, con sus hojas blancas y verdes, aun mas venenosas que el fruto. “Puedo trepar a ese gran puce y dispararles con mi cerbatana” pensó pero pronto recordó que sus pequeños pero venenosos dardos eran mas que inútiles frente a la armadura que llevaba su enemigo así que no le quedo de otra mas que salir de entre la vegetación y atacar con sus espadas cortas. Lanzó un tajo hacia ese cuello lo mas rápido que pudo, recordó que su maestro siempre le dijo que era el mas velos de entre todos sus compañeros, en todos sus años de entrenamiento nadie podía igualar su velocidad con la espada, pero cuando esta chocó con la placa de metal que cubría el cuello de su enemigo no lo decapito como lo habría hecho con cualquier otro, sino que el filo de obsidiana de su espada estallo en pedazos, pronto recordó la armadura que vestía, solo cuero y algodón y una placa de tiras de bambú en su pecho, sus brazos desnudos y sus piernas cubiertas por cuero de tapir que el y sus hermanos se habían ganado el derecho de usar cuando mataban a sus presas, para vestir sus pieles como armaduras, el había usado tinta azul de hongos para decorar el cuero de su pecho mientras que sus hombros estaban cubiertos de sangre de jaguar que Rayas le había dado. Después que las astillas negras de obsidiana saltaran a sus ojos lo próximo que oyó fue el frio y duro acero penetrar el cuero endurecido y el suave algodón, pronto sintió el calor de su sangre bajar por los músculos de su estómago y piernas, lo próximo que vio fue el filo del acero acercarse contra su sien. Cuando Rayas escuchó el grito de su hermano y el sonido de las ramas y hojas secas quebrase cuando el cuerpo tembloroso cayó al piso, vio al hombre de metal parado en medio de las dos pilas de fuego que guardaban la enorme construcción de roca, madera y adornada no solo con piedras preciosas de todos los colores si no con estatuas hechas de oro, observando desde el templo, como sus compañeros destruían y quemaban la gran ciudad de los peguches, Rayas tomó la alabarda que había robado de su ultimo enemigo después de haber hundido su cuchillo negro entre las aberturas de las placas que ellos vestían, esa era la única manera de penetrar su poderosa defensa, lo descubrió después de que casi muere aplastado entre una maza y el suelo, pero fue lo suficientemente rápido para ganar la espalda de su oponente, era mas fuerte que su hermano pero no mas veloz, así que antes de que se diera cuenta de que estaba ahí hundió su alabarda entre el gorjal y el peto justo en la nuca de su enemigo, la sangre caliente salió a chorros y lo bañó completamente, pero su hermano yacía muerto con su casco de huesos, destruido al igual que sus demás hermanos que lideraba, ahí estaba Sal ese viejo gordo, con los brazos como troncos y su gran barriga llena de cicatrices, era el encargado de guardar el templo, había sido de gran ayuda en la batalla, el solo mato a nueve, aplastándolos y machacándolos con su peculiar arma, un fémur de gigante con adornos tallados y envuelto con cuero de venado, eran ocho los que habían subido a defender el templo del dios ensangrentado, ahora solo quedaba el y un montón de cadáveres, notó que uno de los hombres de metal aun respiraba, trataba de tragar aire a bocanadas mientras segregaba sangre de entre sus oídos. Nunca se habían topado con un enemigo tan fuerte, poderoso y sobre todo impenetrable, saco la daga de acero de la funda del hombre que había matado a su hermano, le quito el yelmo a aquel que aún vivía y hundió la punta del arma en el ojo derecho de su oponente hasta que tocó la guardamano de la daga, la retorció hasta que sus gritos cesaron. La lluvia seguía cayendo desde antes que el sol saliera, se levantó y quiso bajar a seguir luchando por su gente pero cuando se paró en el filo del barranco, vio que era inútil, casi todos los guerreros o “sombras” como hacían llamar a su milicia habían muerto, los que quedaban con vida eran mujeres y niños en su mayoría, enjaulados o atados de pies y manos, su futuro no era prometedor estos eran llevados como esclavos o trofeos, mientras que los ancianos o los pocos mal heridos en la batalla eran dejados allí a su suerte, a quienes aún tenían posibilidades de vivir los mataban o llevaban con un médico todo dependía del humor de su enemigo. Parado allí se sentía perdido a pesar de que ese lugar le era tan familiar y conocido, no sabía que iba a ser de el no se podía quedar ahí, en donde una vez hubo vida ahora solo había muerte y desolación, fuego y sangre, nada mas que un reino de terror, todo era oscuro y lóbrego, todos los que una vez había conocido ya no estaban solo quedaban los recipientes hechos de carne que contenían la esencia de vida. El a diferencia de su hermano, disfrutaba de la torrencial lluvia que comúnmente caía sobre los árboles, plantas, flores y frutos que su reino le ofrecía, le gustaba como se movían al son de las gotas, pero esta vez solo sentía dolor y tristeza. Justo después de que su primera lágrima cayera por su mejilla izquierda sintió el golpe de una maza en su hombro, mientras caía y se golpeaba contra las rocas y raíces del barranco vio a su asesino, un tipo enorme muchísimo mas grande que Sal, le dio la espalda y se alejó en su gran caballo, en parte se alegró ahora iba a estar con su familia, hermanos y amigos.

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Un pequeño cuento
Un pequeño cuento
ArteporAnónimo1/25/2014

Un pequeño cuento Porfa dejen sus opiniones, gracias, escrito por mi Cuando llego a la cima ni notó lo sucios y enlodados que estaban sus cubrepiés, ni siquiera sintió el momento en que las espinas de un arbusto de moras rojas rasgaron su antebrazo derecho, lo advirtió por la sangre que embarró su cerbatana mientras la descolgaba de su espalda, había recorrido ese camino entre las plantas miles de veces, desde que era un niño pero jamás le gusto cuando tenía que hacerlo cuando llovía, el suelo de barro y piedras era demasiado resbaladizo en esos días al igual que la corteza de algunos árboles, aunque eso les daba mucha ventaja sobre esos hombres plateados, era un maestro de la caza, sabía como esconderse entre el verdor de su tierra, podía perderse entre los helechos, los exuberantes arbustos de uvillas esas pequeñas bolas amarillas y acidas que comía desde niño, pero no mortales, como el azul oscuro del achotillo, con sus hojas blancas y verdes, aun mas venenosas que el fruto. “Puedo trepar a ese gran puce y dispararles con mi cerbatana” pensó pero pronto recordó que sus pequeños pero venenosos dardos eran mas que inútiles frente a la armadura que llevaba su enemigo así que no le quedo de otra mas que salir de entre la vegetación y atacar con sus espadas cortas. Lanzó un tajo hacia ese cuello lo mas rápido que pudo, recordó que su maestro siempre le dijo que era el mas velos de entre todos sus compañeros, en todos sus años de entrenamiento nadie podía igualar su velocidad con la espada, pero cuando esta chocó con la placa de metal que cubría el cuello de su enemigo no lo decapito como lo habría hecho con cualquier otro, sino que el filo de obsidiana de su espada estallo en pedazos, pronto recordó la armadura que vestía, solo cuero y algodón y una placa de tiras de bambú en su pecho, sus brazos desnudos y sus piernas cubiertas por cuero de tapir que el y sus hermanos se habían ganado el derecho de usar cuando mataban a sus presas, para vestir sus pieles como armaduras, el había usado tinta azul de hongos para decorar el cuero de su pecho mientras que sus hombros estaban cubiertos de sangre de jaguar que Rayas le había dado. Después que las astillas negras de obsidiana saltaran a sus ojos lo próximo que oyó fue el frio y duro acero penetrar el cuero endurecido y el suave algodón, pronto sintió el calor de su sangre bajar por los músculos de su estómago y piernas, lo próximo que vio fue el filo del acero acercarse contra su sien. Cuando Rayas escuchó el grito de su hermano y el sonido de las ramas y hojas secas quebrase cuando el cuerpo tembloroso cayó al piso, vio al hombre de metal parado en medio de las dos pilas de fuego que guardaban la enorme construcción de roca, madera y adornada no solo con piedras preciosas de todos los colores si no con estatuas hechas de oro, observando desde el templo, como sus compañeros destruían y quemaban la gran ciudad de los peguches, Rayas tomó la alabarda que había robado de su ultimo enemigo después de haber hundido su cuchillo negro entre las aberturas de las placas que ellos vestían, esa era la única manera de penetrar su poderosa defensa, lo descubrió después de que casi muere aplastado entre una maza y el suelo, pero fue lo suficientemente rápido para ganar la espalda de su oponente, era mas fuerte que su hermano pero no mas veloz, así que antes de que se diera cuenta de que estaba ahí hundió su alabarda entre el gorjal y el peto justo en la nuca de su enemigo, la sangre caliente salió a chorros y lo bañó completamente, pero su hermano yacía muerto con su casco de huesos, destruido al igual que sus demás hermanos que lideraba, ahí estaba Sal ese viejo gordo, con los brazos como troncos y su gran barriga llena de cicatrices, era el encargado de guardar el templo, había sido de gran ayuda en la batalla, el solo mato a nueve, aplastándolos y machacándolos con su peculiar arma, un fémur de gigante con adornos tallados y envuelto con cuero de venado, eran ocho los que habían subido a defender el templo del dios ensangrentado, ahora solo quedaba el y un montón de cadáveres, notó que uno de los hombres de metal aun respiraba, trataba de tragar aire a bocanadas mientras segregaba sangre de entre sus oídos. Nunca se habían topado con un enemigo tan fuerte, poderoso y sobre todo impenetrable, saco la daga de acero de la funda del hombre que había matado a su hermano, le quito el yelmo a aquel que aún vivía y hundió la punta del arma en el ojo derecho de su oponente hasta que tocó la guardamano de la daga, la retorció hasta que sus gritos cesaron. La lluvia seguía cayendo desde antes que el sol saliera, se levantó y quiso bajar a seguir luchando por su gente pero cuando se paró en el filo del barranco, vio que era inútil, casi todos los guerreros o “sombras” como hacían llamar a su milicia habían muerto, los que quedaban con vida eran mujeres y niños en su mayoría, enjaulados o atados de pies y manos, su futuro no era prometedor estos eran llevados como esclavos o trofeos, mientras que los ancianos o los pocos mal heridos en la batalla eran dejados allí a su suerte, a quienes aún tenían posibilidades de vivir los mataban o llevaban con un médico todo dependía del humor de su enemigo. Parado allí se sentía perdido a pesar de que ese lugar le era tan familiar y conocido, no sabía que iba a ser de el no se podía quedar ahí, en donde una vez hubo vida ahora solo había muerte y desolación, fuego y sangre, nada mas que un reino de terror, todo era oscuro y lóbrego, todos los que una vez había conocido ya no estaban solo quedaban los recipientes hechos de carne que contenían la esencia de vida. El a diferencia de su hermano, disfrutaba de la torrencial lluvia que comúnmente caía sobre los árboles, plantas, flores y frutos que su reino le ofrecía, le gustaba como se movían al son de las gotas, pero esta vez solo sentía dolor y tristeza. Justo después de que su primera lágrima cayera por su mejilla izquierda sintió el golpe de una maza en su hombro, mientras caía y se golpeaba contra las rocas y raíces del barranco vio a su asesino, un tipo enorme muchísimo mas grande que Sal, le dio la espalda y se alejó en su gran caballo, en parte se alegró ahora iba a estar con su familia, hermanos y amigos.

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Hazte una Caja con cerradura secreta
Hazlo Tu MismoporAnónimo6/11/2013

Bueno me encontre con un video que muestra paso a paso como hacer una caja, mas bien la cerradura de la caja para que sea muy dificil de abrir.

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