El escritor argentino vivo más respetado por la crítica, César Aira (Coronel Pringles, 1949), vuelve a sorprender con una historia totalmente imprevisible.
Las Aventuras de Barbaverde es una historieta hecha novela, pero aún en el lenguaje narrativo el lector puede imaginarse las viñetas y hasta los globos onomatopéyicos al mejor estilo Batman. Claro que, toda esta fantasía casi animada tiene un marco más terrenal: la sucesión de hechos gira en torno a la ciudad de Rosario.
Como dije: es sorprende, es impredecible, atrapante, pero…¿Cómo calificarla?
Este cómic de aventuras nos cuenta en cuatro capítulos distintos disputas entre un superhéroe a la vieja usanza, Barbaverde, y su némesis, el genial y maléfico profesor Richard Frasca. De sus combates incesantes nos enteramos porque los lectores seguimos sobre todo la vida del protagonista del libro, el periodista incansable y algo atontado Aldo Sabor, quien desde su debut en el periódico La Orden cubre las distintas compulsas entre el Bien y el Mal. Obviamente –como en las buenas historias de este tipo-, está la chica: Aldo está enamorado de Karina, una artista contemporánea que siempre se verá envuelta en los embrollos entre Barbaverde y Frasca.
Al igual que en las historietas, en cada uno de los episodios el malo quiere destruir el mundo, y el bueno se hará presente para evitarlo. Pero en este caso, Aira no ahorró en imaginación: en el primer capítulo un salmón gigante del tamaño de un planeta amenaza con sacar de órbita a la tierra; en el segundo, el malvado Frasca quiere eliminar el tiempo Presente; en el tercero, el villano inventa una máquina para convertir a los hombres en juguetes y a los juguetes en hombres; y en el cuarto, directamente intenta dominar los números.
Todo narrado a un ritmo vertiginoso, cumpliendo con las reglas tácitas de los cómics: nunca conoceremos la identidad real del justiciero, el periodista/protagonista es a la vez testigo y fanático del héroe, hay una figura femenina en peligro constante, y el malvado no es un ladronzuelo sino un científico ultra preparado. Además, y tal vez sea el condimento más jugoso y que más pasa desapercibido en el texto, Frasca y Barbaverde tienen un pasado en común…
El también escritor Fabián Casas (Ciudad de Buenos Aires, 1965), en un artículo para el diario Perfil, fue quien planteó la atinadísima pregunta: ¿el libro es una genialidad o una estupidez?
La respuesta creo que es la siguiente: es una genialidad divertida, que se ocupa en focalizar a la literatura como entretenimiento, porque…¿Quién dijo que las novelas deben ser tediosas y aburridas?
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