Este poema no es mío pero me gusta mucho y penser en compartirlo.
Al final está el autor.
El Vidrio Azul
Un día
mientras mi corazón
lloraba el dolor de un gran amor perdido
miré mi mano temblorosa
que sostenía una copa hermosa de vidrio azul.
La levanté con mi mano
y al ver su transparencia y nitidez,
la envidié,
la sostuve aun más alto y la tiré,
con fuerza, con enojo.
Entonces,
con todos esos vidrios rotos a mi alrededor
y el llanto corriendo en mis mejillas
y oprimiendo mi corazón,
la asfixia de saberte perdido...
tomé en mi mano una de esas partículas del vidrio.
Vi su tono azul,
como el cielo -es una señal- pensé
y tomé otro pedazo en mi mano,
era más grande, más agudo, fuerte,
lo comparé, ¡era como tú!
lo acerqué a mi muñeca,
presioné y fue entonces cuando imaginé,
por primera vez,
la hermosura del final.
Comprendí,
a través del primer dolor
que cuando el rojo de mi sangre
bañara ese azul de tu calma
no habría regreso.
Insistí
y presioné
y así, quise tenderme y que cada partícula
cortara cada una de mis venas,
para que mi roja pasión
se librara del encierro de mi cuerpo
y corriera en ti -en tu azul calmado-
se desbordara en ti -en tu color azul-
junto con mi dolor,
que sería expulsado de mí
a través de los pequeños orificios.
Y comencé a oír un llamado lejano
y te pensé -te amé- te sentí,
recordé que te dejaba atrás,
que no irías conmigo...
que nunca te tendría como ayer.
Miré hacia abajo,
entonces pude ver mi cuerpo
bañado en mi roja pasión -mi muerte-
cubierto de pedacitos de vidrio azul,
tu vidrio azul,
-seguimos unidos hasta el final-
y agradecí a mis venas
por drenar mi cuerpo de esa pasión
y agradecí, a ese vidrio azul,
por llevar mi alma a la libertad.
Morgana Fuego
Al final está el autor.
El Vidrio Azul
Un día
mientras mi corazón
lloraba el dolor de un gran amor perdido
miré mi mano temblorosa
que sostenía una copa hermosa de vidrio azul.
La levanté con mi mano
y al ver su transparencia y nitidez,
la envidié,
la sostuve aun más alto y la tiré,
con fuerza, con enojo.
Entonces,
con todos esos vidrios rotos a mi alrededor
y el llanto corriendo en mis mejillas
y oprimiendo mi corazón,
la asfixia de saberte perdido...
tomé en mi mano una de esas partículas del vidrio.
Vi su tono azul,
como el cielo -es una señal- pensé
y tomé otro pedazo en mi mano,
era más grande, más agudo, fuerte,
lo comparé, ¡era como tú!
lo acerqué a mi muñeca,
presioné y fue entonces cuando imaginé,
por primera vez,
la hermosura del final.
Comprendí,
a través del primer dolor
que cuando el rojo de mi sangre
bañara ese azul de tu calma
no habría regreso.
Insistí
y presioné
y así, quise tenderme y que cada partícula
cortara cada una de mis venas,
para que mi roja pasión
se librara del encierro de mi cuerpo
y corriera en ti -en tu azul calmado-
se desbordara en ti -en tu color azul-
junto con mi dolor,
que sería expulsado de mí
a través de los pequeños orificios.
Y comencé a oír un llamado lejano
y te pensé -te amé- te sentí,
recordé que te dejaba atrás,
que no irías conmigo...
que nunca te tendría como ayer.
Miré hacia abajo,
entonces pude ver mi cuerpo
bañado en mi roja pasión -mi muerte-
cubierto de pedacitos de vidrio azul,
tu vidrio azul,
-seguimos unidos hasta el final-
y agradecí a mis venas
por drenar mi cuerpo de esa pasión
y agradecí, a ese vidrio azul,
por llevar mi alma a la libertad.
Morgana Fuego

