EL RAYO DE AFRODITA
¡Cómo se me aferra ella cuando la traspasa el rayo de Afrodita!
Como deseando fundirse en mí,
Como buscando un refugio,
Como anhelando ser y, a la vez, no ser…
UN, DOS, TRES...
Soñando iba por un campo de nubes,
Ebrio y delirante, apasionado, con mi acero en mano y mis sienes coronadas por laurel…
Pero el un, dos, tres del hombre es implacable y hasta su tósigo alcanza los trasmundos.
¡Cómo caí a la tierra!
Avergonzado, no por mi ebriedad, sino por mi caída.
¡Cómo lapidaron aquel diamante en las puertas de la ciudad antigua!
Pues, soñando iba por un campo de nubes…
Un, dos, tres…
Un, dos, tres…
L. ESTEBAN TORRES
¡Cómo se me aferra ella cuando la traspasa el rayo de Afrodita!
Como deseando fundirse en mí,
Como buscando un refugio,
Como anhelando ser y, a la vez, no ser…
UN, DOS, TRES...
Soñando iba por un campo de nubes,
Ebrio y delirante, apasionado, con mi acero en mano y mis sienes coronadas por laurel…
Pero el un, dos, tres del hombre es implacable y hasta su tósigo alcanza los trasmundos.
¡Cómo caí a la tierra!
Avergonzado, no por mi ebriedad, sino por mi caída.
¡Cómo lapidaron aquel diamante en las puertas de la ciudad antigua!
Pues, soñando iba por un campo de nubes…
Un, dos, tres…
Un, dos, tres…
L. ESTEBAN TORRES