Escucha el mar. La sal penetra imperceptible entre las comisuras de tu boca. Tus labios se ondulan, sonrientes. Escucha el vacio circular, el golpear de las olas. Son lenguas azules de fuego espumante, ecos del continuo sueño de Neptuno.
Huye de las playas desiertas. Jaurías de almas vacías se extienden sobre la arena. Buscan tedio y hierven, extendidas sobre el desierto de los días. Esperan bulliciosas la hora final, el ultimo fulgor. Heredaran eternas tempestades de negrura, soledad y vacio.
Eres sal. El viento amigo te arroja sobre las veredas grises. Te arremolinas venturosa sobre las crecientes hiedras que cubren los castillos. Los pájaros en su eterno ir y venir te obligan a mutar en efímero jinete de sus alas.
El tiempo es una jaula. Las horas te separan del anhelo oculto de todo lo que ha sido condenado a ser. Fundirse en la nada. Un eterno resplandor en el ahora permanente e inmaculado.
Siente la tempestad. Cierra tus puños y no dejes que una mínima gota toque el océano. Lleva el puño a tu boca y deja que las tormentas te alimenten. La invisibilidad es el único don, el único lugar seguro.
Nacer preso de una única forma. Ser una vasija minúscula. Anhelar un único vuelo, sobre el último horizonte de la tarde. Flotar entre praderas azules, dormir en nidos sobre las palmeras de los sueños.
Lucidez adorada e inalcanzable. Quise el sueño de tu existencia más que el regalo griego de mi propia vida. En la mañana encontré la noche, y los viejos besos no humedecieron mis labios cansados. Ya no encuentro abrazos de calma, ya no existen canciones de cuna que otorguen el consuelo de un único sueño. Si perdiera la inconsciencia y fuera mármol sobre un pedestal, conocería al menos el merito de engañar a los fieles obedientes que lavan sus culpas con mi engaño.
El polvo nos niega el horizonte. Cegando los posibles gritos de nuestras gargantas. Se parece a la felicidad. Encierro tras encierro esculpes idolátricamente las anaeróbicas formas de tu adorada soledad. Postrada ante tu propio pedestal intuyes las miradas cómplices, las calumnias que te arrojan entre dientes. El odio se arroja multiplicándose en mil piedras sobre tu espalda.
Y sonríes, después de encontrar tu verdad ya no existe verdad que te calme. Y ese intenso volcán al que te arrojas es tu paraíso. Felicidad de incendiarse, metamorfosis uniforme del vacío. Recuerdo cada centímetro de tu cuerpo cristalino. Mar que ahogas mis angustias. Déjame nadar sobre tus cálidas corrientes, llévame a las playas donde no haya más vicios que el mío, esta obstinada búsqueda de sabueso. Este girar sin eje sobre un plano inclinado. Cargar esta piedra de Sísifo..
Toda letra publicada es propia www.lapieldeltigre.blogspot.com. Saludos y gracias, por las piedras y los abrazos.
Huye de las playas desiertas. Jaurías de almas vacías se extienden sobre la arena. Buscan tedio y hierven, extendidas sobre el desierto de los días. Esperan bulliciosas la hora final, el ultimo fulgor. Heredaran eternas tempestades de negrura, soledad y vacio.
Eres sal. El viento amigo te arroja sobre las veredas grises. Te arremolinas venturosa sobre las crecientes hiedras que cubren los castillos. Los pájaros en su eterno ir y venir te obligan a mutar en efímero jinete de sus alas.
El tiempo es una jaula. Las horas te separan del anhelo oculto de todo lo que ha sido condenado a ser. Fundirse en la nada. Un eterno resplandor en el ahora permanente e inmaculado.
Siente la tempestad. Cierra tus puños y no dejes que una mínima gota toque el océano. Lleva el puño a tu boca y deja que las tormentas te alimenten. La invisibilidad es el único don, el único lugar seguro.
Nacer preso de una única forma. Ser una vasija minúscula. Anhelar un único vuelo, sobre el último horizonte de la tarde. Flotar entre praderas azules, dormir en nidos sobre las palmeras de los sueños.
Lucidez adorada e inalcanzable. Quise el sueño de tu existencia más que el regalo griego de mi propia vida. En la mañana encontré la noche, y los viejos besos no humedecieron mis labios cansados. Ya no encuentro abrazos de calma, ya no existen canciones de cuna que otorguen el consuelo de un único sueño. Si perdiera la inconsciencia y fuera mármol sobre un pedestal, conocería al menos el merito de engañar a los fieles obedientes que lavan sus culpas con mi engaño.
El polvo nos niega el horizonte. Cegando los posibles gritos de nuestras gargantas. Se parece a la felicidad. Encierro tras encierro esculpes idolátricamente las anaeróbicas formas de tu adorada soledad. Postrada ante tu propio pedestal intuyes las miradas cómplices, las calumnias que te arrojan entre dientes. El odio se arroja multiplicándose en mil piedras sobre tu espalda.
Y sonríes, después de encontrar tu verdad ya no existe verdad que te calme. Y ese intenso volcán al que te arrojas es tu paraíso. Felicidad de incendiarse, metamorfosis uniforme del vacío. Recuerdo cada centímetro de tu cuerpo cristalino. Mar que ahogas mis angustias. Déjame nadar sobre tus cálidas corrientes, llévame a las playas donde no haya más vicios que el mío, esta obstinada búsqueda de sabueso. Este girar sin eje sobre un plano inclinado. Cargar esta piedra de Sísifo..
Toda letra publicada es propia www.lapieldeltigre.blogspot.com. Saludos y gracias, por las piedras y los abrazos.