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Louise Bourgeois, la artista del inconsciente.

Arte1/7/2013
“Mi obra perturba a la gente y nadie quiere ser perturbado. La gente no es plenamente consciente del efecto que mi trabajo tiene sobre ellos, pero ellos saben que es perturbador.”


Louise Bourgeois nace en París, Francia el 25 de diciembre de 1911 muere en Nueva York el 31 de Mayo del 2010.
Los padres de Louise Caroline Bourgeois, eran restauradores de tapices, lo que, según ella, no fue determinante en su carrera artística. Sin embargo, desde los diez años empezó a ayudar a sus padres con los dibujos de los tapices y a completarlos. Tras haber obtenido el bachillerato en 1932, estudió matemáticas superiores en la Sorbona y geometría, esperando encontrar así un orden y una lógica en su vida. Desde niña, era turbulenta y se dio cuenta de que su niñera era amante de su padre.
Bourgeois se apartó de las matemáticas, en su opinión demasiado teóricas. Empezó estudios de arte en París, primero en la escuela de Bellas Artes y luego en muchas academias así como en la Escuela del Louvre. En 1937 conoció a Robert Goldwater, que se casará con ella y con quien se trasladará a Nueva York al año siguiente. Allí prosiguió el camino que había iniciado en París y llevó a cabo sus primeras exposiciones, impregnando sus obras, en especial esculturas, de esa vena psíquica, procedente de sus traumas personales.
Plenamente consciente de esta dimensión de su obra, está sin embargo muy alejada de las representaciones literales que caracterizaban en especial al surrealismo en su relación con el inconsciente, y en ese sentido abrió una vía muy vanguardista del arte contemporáneo. Sus esculturas monumentales de arañas, construcciones oníricas, son uno de los ejemplos más conocidos.
En el 2003 le fue concedido el Premio de la Fundación Wolf de las Artes de Jerusalén.(1991) en 1997 el "Lifetime Achievement in Contemporary Sculpture Award, International Sculpture Center, Hamilton, NJ, USA. y la Artes. En 2008 le fue entregada la condecoración de la Legión de Honor del gobierno francés.


“Mi infancia nunca ha perdido su magia, nunca ha perdido su misterio y nunca ha perdido su drama. Todos mis trabajos de los últimos 50 años tienen su origen en mi niñez”.
Louise Bourgeois nació en París el 25 de diciembre de 1911, en la casa familiar del Boulevar Saint-Germain. Era la segunda de tres hermanos (junto a su hermana mayor Henriette y su hermano pequeño Pierre, con quien mantuvo siempre una relación de profundo afecto y protección). Al día siguiente, cuando su madre, Josephine, descubrió que había tenido una segunda niña, miró a su marido, Louis Bourgeois, y le dijo “se parece tanto a tí que debemos llamarla Louise”.
[/b] Años más tarde, la propia Louise afirmaba que seguramente ese fue el inicio de una relación con su padre donde ella asumía el papel del hijo que él siempre quiso. 


La influencia de la familia:

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial su padre entró en el ejército pero en 1915 fue herido y tuvo que volver a casa. Lo hizo acompañado de sus dos sobrinos, hijos de su hermano muerto en la guerra, a los que Louise nunca llegó a ver como auténticos hermanos. El negocio familiar, una galería de tapices de arte, fue la causa de que se trasladasen a Anthony, un suburbio de París en la rivera del río Bievre, donde el agua tenía unas cualidades perfectas para el tratamiento de los tapices. En 1929, con 18 años, Louise obtuvo el permiso de conducir y sustituyó a la institutriz, Sadie, como chófer de su madre. La relación con Sadie marcó profundamente a Bourgeois: su padre engañaba a su madre, a quien Louise adoraba, con esta mujer y este episodio ha quedado reflejado en muchas de sus obras (como en la cueva-instalación “Destruction of the father”, 1974). Si bien es cierto, como dijo en una entrevista concedida en 2004 a EL CULTURAL, que ésta historia ya no le interesaba: “El incidente de Sadie y mi padre es auténtico, forma parte de mi vida, pero no es el significado de mi obra. Tiene más que ver conmigo y con lo que ha condicionado mis relaciones con otros. Ahora estoy más interesada en mi madre y en ser yo misma una buena madre”.

En 1932 se licenció en artes en el Lycée Fénelon y ese mismo año murió su madre. Entre 1933 y 1937 estudió matemáticas en la Sorbona mientras asistía a la Escuela de Bellas Artes, gracias al apoyo de su profesor Fernand Léger, ya que le permitió seguir sus clases sin tener que pagar y descubrió su verdadera vocación de escultora, como también comentó en la entrevista publicada en EL CULTURAL: “Fue precisamente mi maestro Fernand Léger quien me dijo al ver mis dibujos que yo quería ser escultora”.
En este período Louise visitó multitud de estudios en Montparnasse y Montmartre, entre ellos el de Paul Colin, con quien se fue a Moscú en 1934 en viaje de estudios, allí conoció el comunismo y se sintió atraída por él “sólo porque molestaba a mi padre”, dirá.

La vida en América

En 1938 se casó con el historiador de arte Robert Goldwater, a quien Louise definía como “ante todo, un intelectual”, y se mudaron a Nueva York. Ese mismo año, en un viaje que realizó a Francia, adoptó a Michel, su primer hijo. Le seguirían sus hermanos Jean-Louise (1940) y Alain (1941). En América continuó su formación en el Art Students League y en 1945 expuso por primera vez en solitario en la galería Bertha Schaefer de Nueva York. En 1950 se reunió con un grupo de artistas denominados “Irascibles” para protestar por la exposición de pintura americana en el Metropolitan y, al año siguiente, el MoMA fue el primer museo en adquirir una obra suya (“Sleeping Figure”). Este mismo año obtuvo la ciudadanía norteamericana y falleció su padre.

En 1974 comenzó a dar clases en The School of Visual Arts de Nueva York, en esta década fue profesora en la universidad de Columbia, así como en los Cooper Union y Goddard College. Tras unos años en la enseñanza fue distinguida por la universidad de Yale con el título de doctor Honoris Causa en Bellas Artes en 1977. En 1982 el MoMA le dedicó su primera retrospectiva y unos años más tarde, en 1990, tuvo lugar su primera antológica en España, en la Fundación Antoni Tàpies de Barcelona. Entre 2007 y 2008 le dedicaron retrospectivas la Tate Modern de Londres, el Guggenheim de Nueva York y el Pompidou de París. La notoriedad le llegó especialmente a raiz de su participación en la Documenta de Kassel (1992) y en la Bienal de Venecia (1993) y la valoración de
sus obras oscila entre los 3.000 y los 700.000 euros. A sus 98 años se ha encontrado con la muerte en Nueva York, donde vivía y trabajaba y donde semanalmente invitaba a artistas de todas las edades a tertulias en su estudio, un espacio único de creación que ha sido testigo de todo el arte del mundo. 

La obra de Louise Bourgeois:

Amiga de artistas como Mark Rothko, Joan Miró y Marcel Duchamp, Bourgeois fue pionera de la instalación y el arte performativo.

“En la década de 1950 realicé esculturas con estelas de elementos geométricos repetidos. Mas tarde inicié numerosas esculturas con elementos que invocan, explicita o implícitamente órganos sexuales. La más conocida de todas ellas, Niñita en 1968, es un enorme falo con el que Robert Mapplethorpe la retrató en 1982 llevándolo bajo el brazo. A partir de 1968 otras obras muestran protuberancias que se asemejaban a senos o falos. Yo siempre me deslizaba hacia el surrealismo ya que muchas de mis formas tienen varios sentidos. También exploré el tema de la casa en relación con el cuerpo femenino. En plena década de 1940 mis dibujos se revelaron muy influyentes para generaciones posteriores. Mis obras más recientes se han adentrado en el terreno de las instalaciones: obras con ventosas de vidrio que me recordaba a las que me ponía mi madre, que sufría un enfisema pulmonar; tétricas o claustrofóbicas habitaciones que evocan pesadillas infantiles, escaleras que conducen al vacío...”
La obra de la artista está fuertemente marcada por los sucesos que acontecieron en su niñez, y por como afectó su vida la relación con el padre. Pero sobre todas las cosas toda su obra está moldeada por su interior, por como ve las cosas y como canaliza las cosas que pasan dentro de ella mediante la escultura. Es importante destacar que la artista logró crear un lenguaje visual propio.

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Obviamente, en una carrera tan dilatada en el tiempo, Louise Bourgeois atravesó diversas etapas: en sus primeras obras parece estar cerca de los planteamientos del movimiento surrealista, que fueron sustituidos en los años 50 por los característicos del expresionismo abstracto de la Escuela de Nueva York, con muchos de cuyos más destacados representantes compartió amistad. De esa época son sus conocidos tótems. En la década siguiente se aproximó a las tendencias abstractas y, poco después inició su particular ajuste de cuentas con el pasado en obras como sus famosas "guaridas" y "células". Pero quizás fueron las grandes arañas de los
años 90 las que más difusión aportaron a su obra, justamente cuando la crítica había ya reconocido su valía artística. Todo ello sin que olvidemos que también realizó instalaciones en las que conjugaba los elementos más dispares.



El abordaje de la fealdad

La artista aborda el tema de la fealdad desde la perspectiva del recuerdo y de la necesidad del olvido. Pero de alguna forma muestra su horror adyacente de no poder olvidar, de no poder separarse de los recuerdos. Citando lo que ella misma dice “Algunos estamos tan obsesionados por el pasado que morimos sepultados por él. Ésta es la actitud del poeta que nunca encuentra el paraíso perdido y también es la del artista, que trabaja por motivos que nadie es capaz de comprender. Puede que lo que ambos intenten sea reconstruir un elemento del pasado  para así exorcizarlo, razón por la que el pasado tiene, para muchas personas, un enorme poder y belleza. Todo lo que yo he hecho se ha inspirado en mi vida anterior (...) Cada día haz de olvidar tu pasado o aceptarlo. Si no lo puedes aceptar, te conviertes en escultor.” De cualquier manera la obra de la artista es muy variada y nos presenta muchas veces los temas abordados de maneras distintas. Un tema recurrente en la obra de Bourgeois es la sexualidad que a veces la vemos como un suceso doloroso, y a veces como un suceso placentero. Pero siempre como algo que no se puede evitar.



1.Louise Bourgeois, The Woven Child (detail), 2002, fabric, wood, glass, and steel, 70 x 35 x 21 inches (fabric element); 70 x 35 x 21 inches (vitrine), Stoddard Acquisition Fund, 2005.284, Photo: Christopher Burke



Louise Bourgeois, The Cold of Anxiety, 2001, fabric and steel, 82 x 12 x 10 inches, Collection Jerry Gorovoy, New York, courtesy Cheim & Read, New York, Photo: Christopher Burke


Couple, 2001, fabric, 20 x 6.5 x 3 inches, Collection Jerry Gorovoy, New York, courtesy Cheim & Read, New York, Photo: Christopher Burke


Louise Bourgeois, Untitled, 1996, cloth, bronze, and steel, 115.5 x 43 x 35 inches, Collection Jerry Gorovoy, New York, courtesy Cheim & Read, New York, Photo: Christopher Burke


Louise Bourgeois, Seven in a Bed (detail), 2001, fabric, stainless steel, glass and wood, 68 x 33.5 x 34.25 inches, Collection of the artist, courtesy Cheim & Read, New York, Photo: Christopher Burke
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