CREPÚSCULO BARROCO
El fantasma de Bach toca el órgano, poseído, delirante, espectral. Melodías lúgubres y endemoniadas salen de la vieja catedral y se pierden en abismos de misterio. En lontananza, aparecen espíritus que galopan a través de aquella llanura germánica: Händel, Vivaldi, Purcell, Corelli, Scarlatti, Pachelbel, Rameau, Albinoni, todos en tropel como antiguas pasiones resucitadas. Ingresan a la catedral y empiezan a flotar sobre Bach, fluctuando con la música de un gran pasado laureado.
Bach se enardece aún más, su espectro se torna ígneo al arribo de sus veinte hijos. La catedral empieza a temblar ante tal magnificencia, Vivaldi y los demás prorrumpen en un lamento abrumador. Carl Philipp y sus hermanos empiezan a desvanecerse con temor ante la demasía de su padre.
¡Averno alemán! ¡Edén infernal!
La llanura se abre y del cielo gris caen rayos, la catedral empieza a desmoronarse como los sueños… Los compositores, las viejas pasiones, retornan uno a uno a su lauro infinito.
¡Frieden!
Al extenderse la virgen mañana, no hay rastro de Bach, desaparecío la catedral y la llanura ahora es un campo de trigo...
¡Averno alemán! ¡Edén infernal!
L. ESTEBAN TORRES
El fantasma de Bach toca el órgano, poseído, delirante, espectral. Melodías lúgubres y endemoniadas salen de la vieja catedral y se pierden en abismos de misterio. En lontananza, aparecen espíritus que galopan a través de aquella llanura germánica: Händel, Vivaldi, Purcell, Corelli, Scarlatti, Pachelbel, Rameau, Albinoni, todos en tropel como antiguas pasiones resucitadas. Ingresan a la catedral y empiezan a flotar sobre Bach, fluctuando con la música de un gran pasado laureado.
Bach se enardece aún más, su espectro se torna ígneo al arribo de sus veinte hijos. La catedral empieza a temblar ante tal magnificencia, Vivaldi y los demás prorrumpen en un lamento abrumador. Carl Philipp y sus hermanos empiezan a desvanecerse con temor ante la demasía de su padre.
¡Averno alemán! ¡Edén infernal!
La llanura se abre y del cielo gris caen rayos, la catedral empieza a desmoronarse como los sueños… Los compositores, las viejas pasiones, retornan uno a uno a su lauro infinito.
¡Frieden!
Al extenderse la virgen mañana, no hay rastro de Bach, desaparecío la catedral y la llanura ahora es un campo de trigo...
¡Averno alemán! ¡Edén infernal!
L. ESTEBAN TORRES