InicioArteHay que limpiar la casa

Hay que limpiar la casa

Arte•3/23/2014
Tres días, tres días en casa nueva. Tres días también en el pasillo de un hospital haciéndole surcos a sus pisos verdes. Ojos asustados miraban seguido a través de un vidrio, y sus cuerpos saltaban como latían sus corazones. Tres días estaba Trina conectada a la vida por un tubo.
Trinidad Cantaclaro, y Jesús Atenido habían aprovechado la oportunidad de una ventajosa permuta a una casa hacía tres días atrás; dejando las incomodidades de su reducido apartamento de una sola habitación. Donde Trina tenía que dormir con ellos, al fin la niña podía tener la de ella propia.
Pero con el cambio se trajeron también el dolor.
Las palabras frías de los médicos acompañadas de un “milagro de Dios” desolaron sus almas. Los dos eran profesores de la Facultad de Ciencias. Todo acto en sus vidas había pasado por la lógica y el razonamiento. Pero esta enfermedad repentina de su hijita la cual la ciencia desconocía, y todo parecía ser una espera hacia la muerte. La desesperación de los dos hacía que sus mentes pensarán en otros caminos. Trinidad se acordó de su prima que impartía Arte afrocubano en la Facultad de Humanidades, y era una estudiosa y fiel creyente en esas religiones. Además conocía a las personas que mejor la practicaban en todo el país. A, Jesús Atenido, no le hizo mucha gracia la idea pero se dejó arrastrar por su mujer llevado por el dolor y la desesperación.
-Ustedes, hace tres días, no´más que se mudaron para esa casa. Pero, antes había que hacerle una limpieza.
Y, un temblor fuerte sacudió todo su cuerpo, su lengua se le trababa en cada palabra que decía, haciendo casi ininteligible lo que decía. Llamó, a uno que andaba por ahí cerca, y le pidió que le encendiera un tabaco, y empezó a echar bocanadas de humo sin parar hasta convertir la habitación en un nube sola que apenas se podían distinguir los rostros. Acto seguido bebió de un vaso un sorbo de aguardiente que tenía a mano. Y, siguió sacudiéndose y hablando como si no fuera él. Después se estremeció como si lo hubiera agarrado un ciclón, pasó las manos por todo su cuerpo que luego extendió en una sacudida hacia la puerta del cuarto. Se sentó serenamente, recobró su voz nuevamente.

Qué es eso –preguntó Trinidad
Pue, una limpieza se va al lugar que está maldecio, y con mucha hierba y un gallo lo pasamos por todos los rincones, y por las personas que viven allí. Y, después se mata al gallo pa Eleguá – dijo el Babalao.
Pero la niña está en Terapia Intensiva, cómo le vamos hacer todo eso – pregunta Jesús Atenido.
A las doce de la noche de hoy, uste va que no va ver nadie, y se lo va a hacer todito -le respondió éste como dando por terminado la consulta.
Doce de la noche por el pasillo del Hospital, Trinidad y Jesús, no ven un alma. Entran a donde está la niña, y tampoco, parecía que todo el mundo de pronto había desaparecido. Hacen el ritual, tal cual, como lo dijo el santero, y se van sin ser molestados por nadie.
Ahora, viene lo más difícil para la mente de Trinidad y Jesús Atenido por qué hay que limpiar la casa. Esto habría que averiguarlo en el barrio con los vecinos de toda una vida. Qué historia es esta?
Jesús – le llama la atención Trinidad, has visto a la vecina del frente, la que cuando nos mudamos vino a saludarnos, y a decirnos que ella estaba para lo que la necesitáramos; creo que me dijo que se llama Fefa, o le dicen Fefa. Con ella podemos saber bien la historia de la casa porque si mal no recuerdo me dijo que ella había nacido y criado en ese barrio hasta ahora. Mejor que ella nadie.
Tú crees? – tú, siempre tan descreído.
-Fefa, disculpe.
-Dígame, Trinidad. A propósito le iba a preguntar por su niñita. Pero no quería ser indiscreta en estos momentos tan duros para ustedes.
-Fefa, está mal. Pero, yo, quería preguntarle algo sobre la casa. Quién vivió en ella, antes que nosotros.
-Lo siento, mi hijita. Es una historia, yo la viví. Pero no le dije nada porque no sabía si ustedes creían en esas cosas o no. Esa casa era del señor Melgarejo Regueiro, y él se la dejó a su hijo pero este nunca la vivió. Hasta que la permutó con ustedes. Yo, atendí a Melgarejo hasta la mismísima hora de su muerte. Le llevaba, la comida, todos los días, ¡ay! mi hijita, que paciencia había que tener; era como si se le hubiera metido el demonio. Se la había cogido con el mundo como si la gente le hubiera echado su enfermedad. Se fue apagando como una vela.
-Y, de qué murió, Fefa?
-Dicen, que estaba tuberculoso. Cuentan que en su juventud siempre andaba de juerga con mujeres y que le daba a la bebida como una esponja. Yo, digo que son cosas de Dios, Él nos trae, y Él nos lleva.
-Fefa, y cuál era su cuarto?
-El primero, ese que está frente a la sala.
- Sabe, Fefa, que ese es el de mi niña.
- Santificado sea el Señor. Busqué, a alguien, señora, aunque usted no crea para que aleje el espíritu de Melgarejo que el pobre no tiene paz, y anda en la tierra todavía echando culpas.
Al otro día después del ritual, parecía cosa del Diablo, la niña, estaba sentada en la cama sonriendo como si nada le hubiera pasado. Los médicos asombrados. Los padres se miraron como si supieran porque se había curado la niña.
Ahora, la casa está limpia.
Datos archivados del Taringa! original
0puntos
0visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
8visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

B
BelquisMaso🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts114
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.