Me gusta recordar las cosas a mi manera, no necesariamente de la forma en que pasaron...
Yo estaba allí, o por lo menos alguna parte mia. Me miré en el espejo, retrocedí y la vi a ella. A la que prometí mi libertad y amor. Y tal vez, le prometí hasta llegar a ser felices. Sin preocupaciones, sin puntos ciegos. No la vi tan despreocupada y distante de mi como aquella tarde. Sus ojos no se fijaban en mi, estaban inquietos, buscaban escapatorias y excusas fáciles. Noches de pasión abolidas, críticas al amanecer. Sin emoción nos besábamos, carentes de sentido. Autómatas malditos de cotillón. Me pareció ver una chispa por un momento, pero la televisión la apagó demasiado pronto para que ésta pudiera encender la habitación vacía, metiéndonos en un agujero bien profundo en el suelo. Nos escondimos tras puertas con claves imposibles que desafiaban a la física. Me distraje con mis asuntos, pero teniendote en cuenta en cada instante. Corroboré mis sospechas y por un momento me parecieron ciertas. Tan acertadas que no esperé a que me respondieras. Al llegar esa noche todo pareció estar bien. Parecía que seguiamos en carrera, pero a cada instante podiamos ver la meta cerca nuestro. Creo que llegó un punto en el cual llegamos a la conclusión que discutir no servía para nada. Por otro lado, yo llegué a la conclusión que los errores que cometimos fueron parte de mi crecimiento. Mi crecimiento en la locura. Cada paso hasta la decisión final fueron atenuados por un saxofón tenor de fondo. Con su chirriante sonido, me partía la cabeza. Transpiraba y de mi oreja salía extrañas sustancias.
Era otra persona, eramos otras personas. Los cambios casi nunca son para mejor, y el tiempo no soluciona nada, solo complica las cosas. Las luces estroboscópicas y el saxo sonando a tope me enceguecía. Truenos en el desierto, explosión incontrolable. Fiestas privadas y depravadas. Sexo sin climax. Una buena hacha afilada. Un instante con el subconsciente y perder los estribos. Olvidar lo que me dijiste, olvidar que estoy acá, recordar a mi manera. Habitaciones de hoteles en el sordido desierto. El deseo de poseer me corrompió, como el del poder. Puntos ciegos, cada vez los veo más. Varias escenas eliminadas hasta llegar otra vez a conclusiones que me encierran en más preguntas e hipótesis. ¿Qué tal si me permitís soñarte una vez más? Me alejo, ejecuto la venganza contra quien te hizo esto. Una buena hacha afilada. Recorro pasillos oscuros, me miro en el espejo. Cintas de video sobre nuestra casa. Cintas de memoria enredan la trama. Puntos ciegos más evidentes, más complejos de saciar. Caigo en la apatía, en la pérdida de identidad. Me repito las negaciones que pensé que salían de tu boca, pero malinterprete toda mi situación, mientras que la tuya, siempre sospeché que estaba en lo correcto. Nunca te tendré y reflexionando pienso, nunca me tendré.