Ana y un azulejo
Ana: he vivido tantos años al lado de esas montañas… ¡Cómo las amo cuando el sol las torna fulgentes! ¡Cómo las detesto cuando la penumbra y la bruma nefasta las torna siniestras! Pero… ¿Qué tomará lugar al otro lado de ellas? Seguramente habrá un lago de argento, de aguas tiernas, de aguas sublimes, de aguas divinas… ¡Cuánto me gustaría ir y adentrarme en aquel oasis inefable! ¡Cuánto me gustaría perderme en los cantos de los silfos que seguramente allí moran! ¡Ay azulejo de un azul celestial! Si pudieras volar hasta allí y contarme lo que ocultan aquellos picos, si pudieras adentrarte en aquella lontananza y narrarme en cántigas los secretos de aquellos gigantes dormidos. O envuélveme con tu magia sobrehumana y permíteme volar hasta lo ignoto y zambullirme en aquellas aguas impolutas y probar su quintaesencia para así, conocer su dolor y sus gozos. ¡Ay azulejo de un azul celestial! Me recuerdas los cielos cerúleos que se alzan en mis sueños, que ciertamente, son escurridizos como las palabras secretas de aquellas cumbres. ¡Cómo las amo cuando el sol las torna fulgentes! ¡Cómo las detesto cuando la penumbra y la bruma nefasta las torna siniestras!
Adriano y su noche
Adriano: ¿Qué es lo que soy? ¿Qué es lo que soy? Noche intranquila, noche lánguida y poseída… ¿Qué es lo que soy? ¿Qué es lo que soy? Noche adicta, noche tediosa y encabritada…
Su noche: ¡Eres lo que eres! Eres un desmedro, eres un vacío laureado, eres una sombra errante, eres tormento abatido en un orbe de nubes mustias…
Adriano: ¡Soy lo que soy! ¡Oh, tristeza enmascara con un antifaz bermejo con plumas de dolor! ¡Heme ahí! Abandonado en lo álgido, solitario como ningún otro, sollozando como un fantasma inoportuno… ¡Soy lo que soy! Noche de estrellas descaradas… ¡Heme ahí! Cual huérfano con alma desnutrida. ¡Heme ahí! Oculto entre los matorrales del silencio mordaz, ni ebrio ni alucinado, ¡peor qué en ambos delirios! ¡Ay, lloran los tristes infantes desde el sueño más recóndito de la luna infame! ¡Soy lo que soy! Soy vahaje de muerte, soy suspiro profundo, soy una nada bella y quebradiza. ¡Heme ahí! Acompañado de la dama oscura de labios escarlatas… ella es mi madre y mi hermana, ella es mi amante y mi amiga, ella es mi diosa y mi esclava, ella es mi muerte y mi vida… Noche, tal vez mi última noche, noche romántica noche infernal… ya lo comprendo…antes que el mundo lo comprendo yo… ¡Soy lo que soy! ¡Soy lo que soy! Envuélveme en tu ensueño, noche, embriágame, drógame, desaparéceme, no quiero existir… ¡Adiós dolor ingente! ¡Adiós hermano mío!
L. ESTEBAN TORRES
Ana: he vivido tantos años al lado de esas montañas… ¡Cómo las amo cuando el sol las torna fulgentes! ¡Cómo las detesto cuando la penumbra y la bruma nefasta las torna siniestras! Pero… ¿Qué tomará lugar al otro lado de ellas? Seguramente habrá un lago de argento, de aguas tiernas, de aguas sublimes, de aguas divinas… ¡Cuánto me gustaría ir y adentrarme en aquel oasis inefable! ¡Cuánto me gustaría perderme en los cantos de los silfos que seguramente allí moran! ¡Ay azulejo de un azul celestial! Si pudieras volar hasta allí y contarme lo que ocultan aquellos picos, si pudieras adentrarte en aquella lontananza y narrarme en cántigas los secretos de aquellos gigantes dormidos. O envuélveme con tu magia sobrehumana y permíteme volar hasta lo ignoto y zambullirme en aquellas aguas impolutas y probar su quintaesencia para así, conocer su dolor y sus gozos. ¡Ay azulejo de un azul celestial! Me recuerdas los cielos cerúleos que se alzan en mis sueños, que ciertamente, son escurridizos como las palabras secretas de aquellas cumbres. ¡Cómo las amo cuando el sol las torna fulgentes! ¡Cómo las detesto cuando la penumbra y la bruma nefasta las torna siniestras!
Adriano y su noche
Adriano: ¿Qué es lo que soy? ¿Qué es lo que soy? Noche intranquila, noche lánguida y poseída… ¿Qué es lo que soy? ¿Qué es lo que soy? Noche adicta, noche tediosa y encabritada…
Su noche: ¡Eres lo que eres! Eres un desmedro, eres un vacío laureado, eres una sombra errante, eres tormento abatido en un orbe de nubes mustias…
Adriano: ¡Soy lo que soy! ¡Oh, tristeza enmascara con un antifaz bermejo con plumas de dolor! ¡Heme ahí! Abandonado en lo álgido, solitario como ningún otro, sollozando como un fantasma inoportuno… ¡Soy lo que soy! Noche de estrellas descaradas… ¡Heme ahí! Cual huérfano con alma desnutrida. ¡Heme ahí! Oculto entre los matorrales del silencio mordaz, ni ebrio ni alucinado, ¡peor qué en ambos delirios! ¡Ay, lloran los tristes infantes desde el sueño más recóndito de la luna infame! ¡Soy lo que soy! Soy vahaje de muerte, soy suspiro profundo, soy una nada bella y quebradiza. ¡Heme ahí! Acompañado de la dama oscura de labios escarlatas… ella es mi madre y mi hermana, ella es mi amante y mi amiga, ella es mi diosa y mi esclava, ella es mi muerte y mi vida… Noche, tal vez mi última noche, noche romántica noche infernal… ya lo comprendo…antes que el mundo lo comprendo yo… ¡Soy lo que soy! ¡Soy lo que soy! Envuélveme en tu ensueño, noche, embriágame, drógame, desaparéceme, no quiero existir… ¡Adiós dolor ingente! ¡Adiós hermano mío!
L. ESTEBAN TORRES