Bueno gente acá les traigo un cuento propio, esta vez de terror, se trata sobre un joven que tiene un encuentro espiritual con alguien que le revelará un secreto sobre la existencia humana. Es extenso pero espero que les guste de todos modos Bloqueo intenso No hacía mucho que la madre de Max había partido de este mundo, esos eternos días que transcurrieron no alcanzaron a completar dos semanas. Max había nacido huérfano de padre, y luego de la tragedia de su madre tuvo que vivir solo en esa gran casa, pero a partir del séptimo día del deceso habían comenzado a ocurrir extraños sucesos. Al comienzo solo eran sueños en los cuales veía a su madre pidiéndole entre gritos agónicos e iracundos a veces, y otras veces con una voz alegre, suave y apacible. -Mi bolígrafo Max, te pido que me des mi bolígrafo, por favor, por lo que más quieras. Max, por un lado, se mostraba escéptico ante estas cosas pues ya con veintinueve años se consideraba un adulto incapaz de creer en esas cosas. Por otro lado esos sueños eran muy pero muy reales, desde el principio, cuando comenzó a soñar con los gritos agónicos se despertaba aterrorizado, con un sudor gélido recorriendo su espalda y palpitaciones justo dentro de su cerebro. Cuando luego su madre comenzó a presentarse en “buenos términos” los sueños no dejaron de ser en extremo reales y sentidos, por eso Max creyó que sería lo más adecuado hacer caso al pedido de su madre, ella había sido una escritora de medio pelo, su hijo creyó que tal ve soñaba esas cosas porque la artista quería llevarse consigo su herramienta de trabajo, supuso que tan pronto le diera su bolígrafo ambos podrían descansar en paz. Esa noche luego de tanto razonamiento y reflexión, y llegando a la conclusión de que no tenía nada que perder, dejó el bolígrafo personalizado de su difunta madre encima del escritorio de roble iluminado por la luz que entraba por la ventana, ya fuera luz del sol o de la luna. Luego volvió a su cama para intentar dormir, y durmió, durmió dos cortas horas y al despertar, se dirigió intranquilo hacia el escritorio y quedó aterrorizado y estupefacto al ver el precioso escritorio rasgado con símbolos casi ilegibles que se asemejaban a letras del alfabeto. Él siempre se había mostrado indiferente ante cualquier fenómeno paranormal que había enfrentado en su vida pero cuando vio esto, sintió que realmente estaba lidiando con algo que no pertenecía a este mundo, esa noche decidió, más bien se vio obligado a ser un creyente, o crédulo, como le gustaba llamar a quienes creían en esas cosas. A la noche siguiente dejó junto al bolígrafo de tinta verde, una hoja de papel, esperando que sobre ella, su madre pudiese expresarse del mismo modo en que lo hacía en vida. El joven se fue a dormir con la conciencia tranquila, como si realmente hubiese cumplido con la última voluntad de su madre, que no era otra cosa que el deseo de seguir escribiendo incluso desde el más allá. Pero esa noche Max volvió a soñar con aquél ser colérico e incontrolable. -Imbécil, esto no es lo quiero, dame mi bendito cuaderno pedazo de inútil, ¿Acaso no puedes hacer nada bien?-. Luego Max fue despertado por el fuerte ruido de de algo pesado que se cayó al piso, en efecto, lo que se había caído era ese precioso escritorio de roble, como si la madre del joven le estuviese diciendo que no le importaba aquél maldito escritorio, por otro lado, como si quisiese escribir tal cual lo hacía en vida. Entonces él alzó de nuevo el escritorio abrió un cajón del mueble con una llave, y apoyó sobre él un cuaderno grueso con hojas amarillas cuyo color había sido adquirido por el paso del tiempo, pero esta vez tomó coraje y decidió quedarse en el lugar donde ocurrían los hechos. Y no tuvo que esperar mucho tiempo, pues pasaron a penas unos desde que dejó allí el cuaderno y el momento en que este se abrió, entonces, se dio vuelta la hoja, y la siguiente y la siguiente como si alguien estuviera pasando las hojas con sus dedos índice y pulgar acariciara las hojas con movimientos delicados, la velocidad fue aumentando de manera que parecía que un viento fuerte soplara sobre las hojas del cuaderno, primero de izquierda a derecha, luego a la inversa, de principio a fin y de fin a principio, hasta que finalmente, se desprendió una hoja y se deslizó con delicadeza sobre el escritorio, acto seguido, el bolígrafo se elevó, y levitó hasta posicionarse sobre la hoja, la punta descendió sobre la ya antigua hoja de papel, y comenzó a escribir de manera lenta y débil, como si la mano invisible que empuñaba el bolígrafo tuviese serias dificultades para moverse. “Dos velas blancas, una roja, triángulo de sal fina, un espejo pendiente y con dirección al suelo, hazlo en el sótano, a las 5:59 AM, como para que no tengas más que la sola esperanza de un nuevo amanecer”. Max estaba atónito, sentía que su madre le estaba dando órdenes, que continuaba sometiéndolo incluso después de muerta. Luego el bolígrafo se dejó caer sobre el escritorio de la mujer, el joven no supo qué hacer ante esa situación que lo sobrepasaba, esa noche no consiguió cerrar un ojo, investigó entonces en la computadora, en pocas palabras, este ente que era ahora su madre, le había dado los instrumentos y pasos a seguir para llevar a cabo un muy poderoso conjuro milenario, un hechizo obscuro para poder establecer contacto con planos distantes al terrenal, por si eso no fue ya suficiente tenebroso no había encontrado nada sobre aquella frase del final “ como para que no tengas más que la sola esperanza de un nuevo amanecer” Aunque le dolió en el alma la idea de darle la espalda a su madre, decidió guardar el bolígrafo y el cuaderno en el cajón del escritorio y bajo llave, e intentó olvidarse de todo, fue a partir de allí que todo comenzó a ponerse realmente horrible, no valdría la pena ni el dolor que causaría el dar a conocer lo que Max había estado padeciendo en los días posteriores a la pésima decisión que había tomado. Más allá de simples objetos moviéndose, incluso más allá de dormir con una presencia a su lado cada noche, durante los nueve días que pudo aguantar, Max fue humillado, y torturado, pues aunque no podía tener contacto físico con él, el espíritu seguía siendo su madre, y sabía qué tenía que hacer exactamente para causarle dolor, que hilos tenía que mover para reabrir heridas en su hijo. Una noche Max se despertó, su cuello estaba envuelto en una sábana blanca, miró hacia el techo, y estaba anudado, estaba a punto de suicidarse, lo único que hacía diferencia para Max entre la vida y la muerte, era una fuerza sobre natural que lo hacía levitar evitando que su propio peso le rompiera la cervical. -Está bien, haré lo que me pidas, haré lo que ordenes, pero ya no más, por lo que más quieras ya no me castigues más mamá-.Gritó Max ahogado entre sus sollozos y la sábana anudada alrededor de su cuello. Esa misma noche fue al sótano y preparó el ritual exactamente como lo decía en la nota, faltaban nueve eternos minutos para la hora convenida, pero antes de que llegara el momento las velas se apagaron, y las cosas de las estanterías comenzaron a caerse, el joven no veía nada y parecía que algo lo tenía sujetado aunque de todos modos no podía huir por el miedo, y parecía que alguien esculcaba las cosas en el suelo. Luego las luces se encendieron, y las velas también, y a los pies de Max había una pila de cartas rectadas por su madre cuando aún vivía, el resto de las cosas del sótano se encontraban en orden. Cuando él se puso a revisar las cartas pensaba qué pudo haber hecho tan mal, fue en ese momento cuando se percató de un detalle, una diferencia pequeña pero no menos importante entre esas cartas escritas de puño y letras, y la “carta” recientemente escrita por quien hace días lo estaba acechando. La escritura reciente, no estaba firmada, y al notarlo, Max recordó que ella siempre le decía lo importante que era la firma para un autor, le decía que ese era el verdadero punto final de un escrito. Subió corriendo al primer piso para verificar que la carta siguiera en su lugar, que todo estuviera bien, pero una vez más el escritorio estaba volcado y sobre su dorso, balanceándose estaba la carta ahora terminada. “PD: Querido, me gustaría que Jenny viniera a mi encuentro también” Ahora la carta estaba firmada al pie. Jenny había sido la última pareja de más, fue durante algo más de un año, no fue una relación sin importancia pero tampoco había marcado sus vidas para siempre, habían cortado en buenos términos, incluso eran amigos, sin embargo Max no entendía qué podía tener ella que ver con este episodio que estaba viviendo, mucho menos con contactar espíritus, a pesar de todo Max sabía que si la citaba, ella no iba a rehusarse bajo ningún concepto. A la noche siguiente, luego de que el joven le diera las explicaciones pertinentes, Max y Jenny estaban en el sótano, ella había creído que todo era una broma, o un intento por llevarla a la cama, pero al ver las velas y la sal, y el pesado clima que regía en ese sótano, y la perturbadora mirada de su ex novio, quiso correr con todas sus fuerzas pero ya era demasiado tarde, las puertas se bloquearon, la luz eléctrica se apagó y Jenny estaba sujeta al suelo como Max en aquella otra oportunidad, el sótano solo era iluminado por la luz de las velas, de ellas comenzó a emanar un asfixiante humo blanco que poco a poco fue elevándose muy lentamente hasta llegar al espejo del cual Jenny no se había percatado, el mismo espejo que pendía sobra el cuerpo de Jenny. En el preciso instante en el que entró en contacto con el espejo, el humo se disparó como una ráfaga en dirección a Jenny envolviéndola por completo. Max se había quedado atónito al ver toda esa situación tan confusa, y no pudo hacer absolutamente nada ni siquiera cuando vio como el cuerpo de Jenny iba consumiendo todo ese humo por cada uno de sus orificios. El cerebro de Max quería que su cuerpo despertara para poder huir de ese lugar que no parecía el mundo de los vivos, por eso los fuertes temblores, por eso el horrible escalofrío en su nuca que finalmente lo hizo entrar en razón y salir de aquel trance de pánico en el que se hallaba, cuando reaccionó, Jenny se encontraba tirada en el piso, las luces del sótano se encendieron, pero al querer huir, el muchacho notó con temor que la puerta seguía cerrada. En ese momento Jenny se alzó desde el suelo y miraba con una sonrisa perversa la temerosa expresión del joven. -Hola Maxie JIJIJIIIAJAj-. Dijo Jenny sin ser del todo ella, con su voz y la del espíritu superpuestas. Se acercó a él dando pasos irregulares y muy torpes y lentos, con los ojos blancos pues se le habían dado vuelta dentro de sus cuencas, y con una sonrisa como de desquiciada. -¿Qué eres, q qué quieres?-. Preguntó Max paralizado del miedo. -Maaaxie soy yo, mami, ¿acaso no me recuerdas?-. Pregunto con delicadeza y con ternura. -¿Tan solo unos pocos días de muerta y ya te olvidaste de mi estúpido bueno para nada?-. Dijo esbozando un grito que hizo temblar las paredes del sótano. - Lo siento, mami ha estado un poco nerviosa, alterada estos días, se ha vuelto un ser muy dual ¿sabes? Es que créeme, la muerte puede enloquecer a cualquiera. -Pero eso ya no importa hijito, porque él me ha enviado para abrir tu mente. - ¿Él? ¿Quién es él?-. Preguntó apenas pudiendo mover su mandíbula. - Eso a ti no te importa inútil… - Tú has amado a esta chica Maxie, la has amado más de lo que te puedes imaginar, incluso más de lo que tu débil cuerpo humano puede soportar y más de lo que tu mente podrá concebir mientras estés con vida, más de lo que tu cerebro puede resistir, olvídalo, realmente no hay forma de que puedas comprender esto sin mi ayuda. -Ven con mami querido, tu amada madre te hará un gran favor-. Dijo con una sonrisa cada vez más amplia y perversa, como si estuviese a punto de causarle un gran daño. Max no entendió en ese momento, pero de todos modos no pudo moverse, cuando su madre le puso un dedo sobre la frente con suavidad, Max sintió el calor más abrazador que jamás había sentido, entonces una serie de imágenes se manifestaron en su cabeza. Maxie vivía con Jenny en una enorme pero modesta casa en un campo lindero a una ciudad, con tres niños maravillosos, esa familia le daba todo el amor que él jamás había podido desear, tenía la imagen de él jugando con los niños y son Jenny al aire libre, una imagen que se contraponía con la infancia de Max, una imagen que por eso deseaba tanto. Por eso su cuerpo se llenó de amor. - ¿Qué es esto mami?-. Dijo totalmente relajado, con ternura y una sonrisa de paz. -¿Viniste a mostrarme el futuro? - No cariño, son recuerdos, y esa, fue una parte de tu vida con Jenny, a veces sucede que vivimos momentos tan pero tan hermosos, tan perfectos, que nos extasían, nos llenan de júbilo, tanto así que nuestros cerebros comienzan a liberar poderosas sustancias en enormes cantidades, y sin quererlo, elimina esos momentos hermosos de los recuerdos, de lo contrario colapsarías hasta morir. Pero ese no fue el caso contigo cariño, no te sientas tan bien que el amor y la belleza no son lo único que pueden hacerte olvidar de las cosas auténticas en esta vida, hay otras emociones que pueden llevarnos al olvido, continúa observando-. Dijo mientras comenzaba a presionar con fuerza el dedo sobre la frente de Max causándole un inmenso dolor que parecía que en cualquier momento iba a agujerear su cabeza. Entonces, el joven comenzó a visualizar una tormentosa noche en la casa de campo, en su alcoba, él y Jenny discutían fuertemente, por algo que no debieron haber discutido nunca pues Max le reclamó que ella no le dedicaba suficiente tiempo y que todo era a causa de los niños, las cosas se les fueron a ambos de las manos y él comenzó a golpearla brutalmente entre insultos y gritos, ella respondió con más violencia y tomó la lámpara de noche que estaba al lado de la cama y se le partió en la frente abriéndole una herida muy profunda. -Así que no quieres a nuestros niños, de acuerdo, está bien, está perfecto-. Dijo Jenny como si ya no fuera ella. Primero bajó a la cocina, Max yacía tirado en el piso y solo atinó a llamar a una ambulancia mientras la escuchaba subir las escaleras y la oía gritando. - Así que el rey de la casa no quiere más a sus príncipes-. Gritó con furia. Se escuchó el grito de la segunda de sus víctimas pues la primera no tuvo tiempo de pedir clemencia. - Mamá por fav… Y luego solo se oía al bebé llorando, y ese llanto se acercaba cada vez más a la habitación en la que estaba Max, él tenía la vista disminuida por que sus ojos estaba cubiertos de sangre, a cambio sus oídos se agudizaron justo a tiempo para que las palabras de Jenny se le grabaran a fuego en la mente por al menos unos instantes. -Mira entonces lo que ocurre con tus príncipes-. Dijo ya cubierta de sangre y riéndose. Jenny degolló a la criatura de once meses delante de la nublada vista de Max. Luego de revivir todos esos recuerdos en su cabeza Max entró en razón, una vez más se veía en el sótano de su casa, frente al endemoniado cuerpo de su ex novia o mujer o lo que fuere. -No, no esto no pasó, nunca pudo haber pasado-. Decía para convencerse, pero sabiendo que nunca había vivido nada más real que eso. Él le pedía explicaciones intentando persuadirse. -La cicatriz en mi frente yo me la hice cuando caí de la escalera pintando el techo, y, y con Jenny no estuvimos tanto tiempo como para tener tres hijos tan hermosos. ¡Qué estás haciéndome madre por todos los cielos!-. -Ah pero sí que estuvieron hijito, y no fue ninguna caída, fue ella quien te lo hizo tu amada esposa Jenny-. - ¿Y… Y la policía? Un crimen tan aberrante hubiese salido en todos los noticieros… - Sobre eso no hay nada que recordar realmente hijito, tanto la policía como los medios de comunicación están al servicio de los gobiernos de turno para generar la sensación de seguridad o de inseguridad en la medida justa y precisa que consideren los gobernantes. -¿Y tú? ¿Y el resto de la familia? ¿Nadie nunca supo nada?-. Preguntaba de alguna vez más calmo y convencido de que ya no tenía nada de donde agarrarse. -Eso fue lo más divertido hijito, pero solo puedes entender la perversidad de esta vida cuando ya no la tienes, cuando puedes ver el mundo desde otro lugar. - En esta vida que vives, cuando las emociones son realmente fuertes, todos están de algún modo conectados, y les importa lo que te ocurre, ¿Recuerdas que yo no quería que fueras padre de tan joven? No, bueno, no lo recuerdas, en fin, cuando me enteré de lo que Jenny le había hecho a mis nietitos, me invadió una incontrolable alegría, euforia, éxtasis, eso fue lo que a mí me dejó en estado de shock, mi mente y mi cuerpo no toleraron esa alegría causada por tu sufrimiento, y esos suceso fueron eliminados para siempre, yo era un ser cercano, pero créeme hijo, que en este mundo no existen los tibios, llegado el momento son todos peores y más abominables que bestias, sólo que estas bestias a veces son conscientes, y todos absolutamente todos, se alegraran o sufrirán por tus triunfos y fracasos, tus sufrimientos y alegrías, siempre y cuando sean emociones más fuertes y genuinas. Tanto el sufrimiento como la alegría cuando son genuinos, son emociones tan fuertes que shockean y obnubilan creando recuerdos falsos en las personas, un recuerdo que tendrá la capacidad de diseminarse por todas partes. Pero por suerte para ti, he venido para despertarte, para que vivas esta vida al máximo, solo tienes que animarte, nadie lo sabrá, ahora tú estás despierto, este miedo que sientes… Ese miedo intenso recorriendo tu cuerpo, mírate, reviviste la euforia y la más profunda de las tristezas, y piénsalo, aún lo recuerdas y ahora sabes algo que nadie más sabe. -¿Puedo hacer lo que me plazca? ¿Golpear, matar, cometer cualquier tipo de abuso? -Si hijo, pero escoge bien a tu víctima, pues es muy importante que generes una emoción muy fuerte e intensa en al menos una persona, luego la empatía natural hará el resto, puedes quitar una vida o darla, curar enfermedades o causarlas, o humillar a un pobre inútil hasta llevarlo a la locura, siempre que lo hagas sentir algo intenso. -No me queda más tiempo Maxie, y para empezar puede hacer lo que quieras con esta perra-. Dijo guiñando un ojo. Las puertas se destrabaron, Jenny quedó una vez más tendida en el piso, el ambiente de la habitación se alivianó. Inevitablemente Max dejó de lado el hermoso recuerdo de los años vividos y se dejó invadir por el amargo recuerdo de aquella noche tormentosa, tomó un pequeño frasco de ácido que estaba en una estantería, tensó cada músculo de su cuerpo y apretó fuerte los dientes mientras se acercaba a la joven. -Despierta Jenny cariño-. Dijo tratando de contenerse. Jenny abrió los ojos solo para ver a Max por última vez, él vertió todo el frasco sobre los ojos de la hermosa muchacha, dejándola ciega y desfigurándole todo el rostro. Luego llamó a una ambulancia, los paramédicos llegaron al instantes, eran lo peor de todo, le practicaban curaciones allí mismo, sin anestesia, relamiéndose por cada gesto y expresión de sufrimiento agónico que expresaba la chica, hacían su mejor esfuerzo por curarla, pocas veces habían visto tal sufrimiento, y querían que la chica viviera, para poder volver a ver ese sufrimiento alguna vez. -¿Jenny como te sientes? Le dijo Max-. - Mal, soy una estúpida, dijo llorando mira mi rostro, dime como está porque yo ya no puedo verlo, jamás debí intentar hacer ese trabajo con ácido, el profesor me advirtió que sería muy peligroso, mi vida, he arruinado mi vida entera. Ella creó su propia versión por el momento, más tarde sus padres creerían que ese accidente en realidad había ocurrido cuando ella era pequeña, y todos los que se pusieron tristes o alegres por ese accidente recuerdan exactamente lo mismo. Excepto Max, que muy precavido, ahora estudia bien a sus futuras víctimas porque aprendió gracias a otra cita con su madre que la oscilación de dolor no es la misma para todos, dependiendo de cuánto dolor pueda soportar requerirá emociones más o menos intensas para bloquearlo, él intenta poner a prueba los límites de la gente y se pregunta ¿Qué clase de situación límite necesitará para bloquearse quien recuerda realmente como perdió un brazo, que cosa tan terrible le habrá ocurrido a quien su recuerdo implantado es haber pasado ya de por sí, por cosas horribles y escalofriantes?
Bloqueo intenso (cuento propio)
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