claudito94
Usuario (Argentina)
Bueno gente acá les dejo un relato propio, tiene un poco de fantasía, pero también hace alusiones a la realidad por supuesto a través de la metáfora. Gracias por leer y valoro los comentarios constructivos. La Voluntad De La Belleza ¿Usted se pregunta por qué ella está en ese lugar? ¿Siempre que pasa cerca de aquél balcón, acaso no puede evitar pensar en su incierta historia? Bueno, por favor dama, por favor caballero, permítame iluminarle, permítame narrarle parte de esa historia, aquella que solamente yo, uno de los artífices, y por tanto su mejor historiador, he llegado a conocer con sólo unas pocas certezas. Hace ya unos cuantos años nació una bebé hermosa, tan hermosa y tan inocente, que no podía entender el pecado que había cometido, y ya desde allí comenzó a causar problemas, sólo que, en la medida en que la niña fue creciendo, también así lo hizo su belleza. Su cabello era de un abrazador rojo muy intenso, sus fríos ojos celestiales, podían helar el alma de quien se atreviera a mirarla por unos instantes, la suavidad de su piel podía sentirse con tan solo mirarla, su sonrisa perfecta deslumbraba a todo aquél que fuese dichoso de mirarla, y su boca, con esos hermosos y vivos labios, que aún estando inmóviles susurraban las más tentadoras y hermosas palabras que jamás hubiesen sido pronunciadas. Ese era el pecado, ese era el problema, todo eso iba más allá de una simple atracción física, pues dejando cautivas a las personas debido a sus inherentes encantos, convertía esa atracción en acción, y esa acción corría por cuenta de los pobres individuos, esas acciones han sido las más terribles y aberrantes que el mundo ha vivido. He visto familias separadas a causa de esta cuando era una bella niña, y he visto amigos matándose entre sí por esta hermosa joven. Por todos los cielos, que en su nombre y en el nombre de la belleza se han librado las más crueles y sangrientas guerras y batallas, y se han separado naciones para toda la eternidad. Ella siempre juró que moriría por evitar todo eso de ser necesario. Y yo aun recuerdo ese día como si hubiese sido ayer, cuando estábamos juntos, y una hermosa aunque estruendosa voz femenina proveniente del cielo , era tan hermosa que parecía una parte más de aquella hermosa joven que estaba firme al lado mío. La voz, al sabernos juntos, nos advirtió que íbamos a recibir un castigo, aunque nunca nos dijo cual. Jamás sabré de quien era esa voz, tampoco se bien por qué nos castigó, supongo que mi castigo fue por permanecer a su lado, en cambio creo yo, que el castigo de la hermosa dama fue por un crimen más serio, realmente pienso que aquella voz castigó a la belleza por haberse escapado del cielo. Lo que aquella divina ejecutora no sabía, era que la bella joven había acudido a mí con el fin de pedirme ayuda, ayuda para poder alejarse del mundo, no quería seguir siendo la creadora de la triste realidad del triste mundo. Pensar que la humanidad había cedido su libertad, se había puesto de rodillas, ante algo realmente concebido para ser un bien, pensar que la misma humanidad tiranizó a algo tan puro como la belleza. Ya no recuerdo hace cuantos milenios camino por este planeta, así es, luego de miles de años continuamos vivos y jóvenes, ella además continúa hermosa y perfecta como siempre. Ese balcón tan alto antes fue una torre igualmente alta, que antes fue la cima de un monte inalcanzable. En esos lugares he intentado esconderla, de hecho lo logré, siempre en lugares tan altos para que apenas pueda notarse la presencia de una persona. El monte, el balcón, la torre, no fueron ni son más que modernas cajas de pandora. Allí dentro yace viviendo la razón de todos los males desatados en el mundo, pues ni en varios milenios el planeta consiguió lograr la hermosa huella de su hermoso paso. Mi deber es protegerla a ella del mundo entero, y lo es también proteger al mundo entero de aquella hermosa joven. Los castigos fueron los mismos más no así las penas. Su pena además de la belleza tan pesada que la acompaña es el haber estado encerrada desde tiempos inmemoriales, en soledad, en un espacio pequeño y vacío. Mi pena no es velar por ella, eso lo hago con gusto, mi pena es mi vida, mi historia, pues en todo este tiempo, amé, deseé y quise mucho a gente a la cual vi partir a causa de algo tan simple como el ciclo de la vida, ciclo al cual soy ajeno, al que no puedo adaptarme. Y aquél hermoso mirlo con alas doradas que revolotea en el balcón tan alto, desviando la luz del sol, bueno al decir verdad ni yo mismo tengo certezas de su origen, pero las leyendas cuentan que es una materialización de un hermoso deseo de libertad, la versión más perfecta de la joven, bella, discreta y libre. Así que ya saben mortales, manteneos alejados de aquél balcón, y temed al día en que la voluntad de la belleza se vea desquebrajada.
Después de leer verán que no estoy en mi mejor momento, no voy a decir mucho más, gracias por leer. Distintas Ironías Distinto, lo distinto sería no definirlo Distinto sería no preocuparse por lo distinto ¿Diferente? eso lo somos todos Eso los hace a todos tan iguales Nos hace tan iguales A veces duele estar ligado a ello Otras uno muere por ser parte Aunque duela, aunque realmente no quiera Lo que se quiere es no pensar realmente Diferencias las hay de todas clases Me gusta llamarlas ironías El tuerto daría su reino de ciegos Daría todo su reino por otro ojo Yo le daría lo que busca, no quiero su reino Le exigiría que se lleve mi otro ojo Los que desean mucho poseen poco A los que desean poco en realidad Tienen poco por poseer Ironía es que morirán deseando Y lo que yo a veces deseo es perder Perder un poco, sólo un poco El mudo se esfuerza por comunicarse El parlante nada comunica, sólo reproduce Sonidos tan frecuentes huecos y vacíos Que ni el oído más agudo podría percibirlos Para algunos la muerte es solo un fin El fin de la vida Para otros es un medio Sólo para alcanzar otra vida Para algunos, y me incluyo La muerte es el fin y el medio El medio para finalizar lo conocido Es darle fin a la propia vida Y mira que hay ironías Y vaya que hay diferencias Algunos desde abajo anhelan las alturas Algunos piensan que allí bien alto Yace la hermosa libertad Y mira que hay diferencias Y vaya que existe la ironía Desde un balcón de un quinto piso Teniendo al cielo justo frente a mí Anhelo el cemento de allí abajo Ah, ahí está mi libertad.
Bueno gente acá les dejo algo escrito por mí como siempre, aunque creo que es la primera vez que hago una narración, es una historia algo sencilla tal vez, pero espero que les guste. Helado de manzana Que fantástico que nadie nunca les haya dicho como debían hacerse las cosas en esta vida, o que no hayan querido oírlo, o que aun habiendo oído, que no les importara ni un poco. Siempre estuvieron allí, tan cerca, tan lejos, a una presentación de distancia, estaban a tan solo un saludo de algo más que increíble. Dicen que la magia no es más que una ilusión, pues bueno, veo a esta historia como la más ilusoria de todas. De hecho, ambos tenían ilusiones, y ambos se crearon una idea acerca del otro, y esas ilusiones y esas ideas poco a poco fueron materializándose con cada uno de los micro encuentros que les tocó vivir. Algunos cruces, unos desde lejos, otros más de cerca y aun así, con un fugaz cruce de palabras que solo tenían sentido para ellos, un único y rápido baile cautivador, que al menos a él lo dejó alguna que otra noche pensando, ella lo invitó a bailar a él, como de costumbre ya en el principio no hacían las cosas “como se debe”. Nadie veía venir todo esto, ni ellos, ni sus amigos, ni sus familias, de hecho quien primero lo vería venir a lo lejos, serían la ilusión o el deseo en alguna noche en que la soledad pisaba fuerte. Y por algún tiempo sólo se encontraban en sus sueños, como si no fuese bastante ya con que algunas bellas ideas acudieran a sus mentes mientras estaban despiertos… Llegó el día, el tan ansiado día, el encuentro, no me refiero a sus cuerpos, para eso faltaba un poco de algo, de “magia” tal vez. Sus ideas e ilusiones convergieron, así es, poco se sabe de la fecha exacta, solo que fue en algún día del mes de julio, fue en ese día en ese momento justo, que sus ideas e ilusiones se transformaron en tímidos deseos poderosos. A partir de allí, sin saber cuándo sería el bendito día en que volverían a verse, ya comenzaban a escucharse en algunas canciones, y hasta se rumorea por ahí que incluso él llegó a verla en las estrellas. Repito, ¡Qué fantástico que se hayan desentendido acerca de cómo debían hacerse las cosas en esta vida! Puesto que el ansiado reencuentro vino de la mano de una propuesta más que decente, un poco más que extraña, mucho menos que lógica. La intención de probar un gusto exótico, algo nuevo, algo tan sencillo que nadie esperó nunca que se convirtiera en uno de los símbolos de algo tan enorme. Y llegó el esperado día del reencuentro, él fue a buscarla a la casa, y ambos no sentían más que incertidumbre, habían deseado mucho el amor del otro, sin embargo horas antes de la cita, solo deseaban mucho del otro su eterna compañía. Caminaron algunas calles bajo aquél inmenso cielo gris que se había vuelto pequeño ante esas dos voces entablando una conversación, y llegaron por fin al lugar donde probaron de aquél sabor extraño, luego se abrazaron en silencio por un rato, hablaban, pero las palabras no importaban, solo se concentraban en los pensamientos que generaba la propia situación, y casi sin darse cuenta, sin darse más tiempo de pensar, comenzaron a besarse, tal vez ese era el sabor que ambos buscaban realmente. Cuando sus labios se separaron se les hacía difícil sostener la mirada, pues ninguno de los dos entendían con precisión lo que acababa de ocurrir, pero cabe estacar, que cuando finalizó ese tierno beso, fue cuando comenzó todo lo demás. Luego salieron del lugar para caminar un poco, llovía y hacía mucho frío. Como si se hubiesen puesto de acuerdo, ella llevaba tan solo una remera de mangas cortas y él tenía puestos dos abrigos, entonces el muchacho le cedió su campera negra de cuero, y caminaron, y hablaron en profundidad, volvieron a la casa de ella, y se despidieron en la puerta. Ese día los deseos se volvieron realidad, ni que hablar de la magia, compuesta por aquellas ilusiones que todo el tiempo habían sido reales. Fue una historia simple, bella ,no sé si narrada de la mejor manera, una historia que se formó en dos momentos, pues desde el momento en que se conocieron comenzaron a tenerse presente el uno al otro, dando a luz a pensamientos de toda clase, y el momento del reencuentro, donde todo volvió a comenzar, y a crecer, y a crecer aun más. Por último ya que estoy ocupando el papel de narrador quisiera tomarme la atribución de decir una palabra típica, a modo de promesa, a modo de realidad. Continuará.
Bueno gente acá les traigo un cuento propio, esta vez de terror, se trata sobre un joven que tiene un encuentro espiritual con alguien que le revelará un secreto sobre la existencia humana. Es extenso pero espero que les guste, gracias por leer y comentar Bloqueo intenso No hacía mucho que la madre de Max había partido de este mundo, esos eternos días que transcurrieron no alcanzaron a completar dos semanas. Max había nacido huérfano de padre, y luego de la tragedia de su madre tuvo que vivir solo en esa gran casa, pero a partir del séptimo día del deceso habían comenzado a ocurrir extraños sucesos. Al comienzo solo eran sueños en los cuales veía a su madre pidiéndole entre gritos agónicos e iracundos a veces, y otras veces con una voz alegre, suave y apacible. -Mi bolígrafo Max, te pido que me des mi bolígrafo, por favor, por lo que más quieras. Max, por un lado, se mostraba escéptico ante estas cosas pues ya con veintinueve años se consideraba un adulto incapaz de creer en esas cosas. Por otro lado esos sueños eran muy pero muy reales, desde el principio, cuando comenzó a soñar con los gritos agónicos se despertaba aterrorizado, con un sudor gélido recorriendo su espalda y palpitaciones justo dentro de su cerebro. Cuando luego su madre comenzó a presentarse en “buenos términos” los sueños no dejaron de ser en extremo reales y sentidos, por eso Max creyó que sería lo más adecuado hacer caso al pedido de su madre, ella había sido una escritora de medio pelo, su hijo creyó que tal ve soñaba esas cosas porque la artista quería llevarse consigo su herramienta de trabajo, supuso que tan pronto le diera su bolígrafo ambos podrían descansar en paz. Esa noche luego de tanto razonamiento y reflexión, y llegando a la conclusión de que no tenía nada que perder, dejó el bolígrafo personalizado de su difunta madre encima del escritorio de roble iluminado por la luz que entraba por la ventana, ya fuera luz del sol o de la luna. Luego volvió a su cama para intentar dormir, y durmió, durmió dos cortas horas y al despertar, se dirigió intranquilo hacia el escritorio y quedó aterrorizado y estupefacto al ver el precioso escritorio rasgado con símbolos casi ilegibles que se asemejaban a letras del alfabeto. Él siempre se había mostrado indiferente ante cualquier fenómeno paranormal que había enfrentado en su vida pero cuando vio esto, sintió que realmente estaba lidiando con algo que no pertenecía a este mundo, esa noche decidió, más bien se vio obligado a ser un creyente, o crédulo, como le gustaba llamar a quienes creían en esas cosas. A la noche siguiente dejó junto al bolígrafo de tinta verde, una hoja de papel, esperando que sobre ella, su madre pudiese expresarse del mismo modo en que lo hacía en vida. El joven se fue a dormir con la conciencia tranquila, como si realmente hubiese cumplido con la última voluntad de su madre, que no era otra cosa que el deseo de seguir escribiendo incluso desde el más allá. Pero esa noche Max volvió a soñar con aquél ser colérico e incontrolable. -Imbécil, esto no es lo quiero, dame mi bendito cuaderno pedazo de inútil, ¿Acaso no puedes hacer nada bien?-. Luego Max fue despertado por el fuerte ruido de de algo pesado que se cayó al piso, en efecto, lo que se había caído era ese precioso escritorio de roble, como si la madre del joven le estuviese diciendo que no le importaba aquél maldito escritorio, por otro lado, como si quisiese escribir tal cual lo hacía en vida. Entonces él alzó de nuevo el escritorio abrió un cajón del mueble con una llave, y apoyó sobre él un cuaderno grueso con hojas amarillas cuyo color había sido adquirido por el paso del tiempo, pero esta vez tomó coraje y decidió quedarse en el lugar donde ocurrían los hechos. Y no tuvo que esperar mucho tiempo, pues pasaron a penas unos desde que dejó allí el cuaderno y el momento en que este se abrió, entonces, se dio vuelta la hoja, y la siguiente y la siguiente como si alguien estuviera pasando las hojas con sus dedos índice y pulgar acariciara las hojas con movimientos delicados, la velocidad fue aumentando de manera que parecía que un viento fuerte soplara sobre las hojas del cuaderno, primero de izquierda a derecha, luego a la inversa, de principio a fin y de fin a principio, hasta que finalmente, se desprendió una hoja y se deslizó con delicadeza sobre el escritorio, acto seguido, el bolígrafo se elevó, y levitó hasta posicionarse sobre la hoja, la punta descendió sobre la ya antigua hoja de papel, y comenzó a escribir de manera lenta y débil, como si la mano invisible que empuñaba el bolígrafo tuviese serias dificultades para moverse. “Dos velas blancas, una roja, triángulo de sal fina, un espejo pendiente y con dirección al suelo, hazlo en el sótano, a las 5:59 AM, como para que no tengas más que la sola esperanza de un nuevo amanecer”. Max estaba atónito, sentía que su madre le estaba dando órdenes, que continuaba sometiéndolo incluso después de muerta. Luego el bolígrafo se dejó caer sobre el escritorio de la mujer, el joven no supo qué hacer ante esa situación que lo sobrepasaba, esa noche no consiguió cerrar un ojo, investigó entonces en la computadora, en pocas palabras, este ente que era ahora su madre, le había dado los instrumentos y pasos a seguir para llevar a cabo un muy poderoso conjuro milenario, un hechizo obscuro para poder establecer contacto con planos distantes al terrenal, por si eso no fue ya suficiente tenebroso no había encontrado nada sobre aquella frase del final “ como para que no tengas más que la sola esperanza de un nuevo amanecer” Aunque le dolió en el alma la idea de darle la espalda a su madre, decidió guardar el bolígrafo y el cuaderno en el cajón del escritorio y bajo llave, e intentó olvidarse de todo, fue a partir de allí que todo comenzó a ponerse realmente horrible, no valdría la pena ni el dolor que causaría el dar a conocer lo que Max había estado padeciendo en los días posteriores a la pésima decisión que había tomado. Más allá de simples objetos moviéndose, incluso más allá de dormir con una presencia a su lado cada noche, durante los nueve días que pudo aguantar, Max fue humillado, y torturado, pues aunque no podía tener contacto físico con él, el espíritu seguía siendo su madre, y sabía qué tenía que hacer exactamente para causarle dolor, que hilos tenía que mover para reabrir heridas en su hijo. Una noche Max se despertó, su cuello estaba envuelto en una sábana blanca, miró hacia el techo, y estaba anudado, estaba a punto de suicidarse, lo único que hacía diferencia para Max entre la vida y la muerte, era una fuerza sobre natural que lo hacía levitar evitando que su propio peso le rompiera la cervical. -Está bien, haré lo que me pidas, haré lo que ordenes, pero ya no más, por lo que más quieras ya no me castigues más mamá-.Gritó Max ahogado entre sus sollozos y la sábana anudada alrededor de su cuello. Esa misma noche fue al sótano y preparó el ritual exactamente como lo decía en la nota, faltaban nueve eternos minutos para la hora convenida, pero antes de que llegara el momento las velas se apagaron, y las cosas de las estanterías comenzaron a caerse, el joven no veía nada y parecía que algo lo tenía sujetado aunque de todos modos no podía huir por el miedo, y parecía que alguien esculcaba las cosas en el suelo. Luego las luces se encendieron, y las velas también, y a los pies de Max había una pila de cartas rectadas por su madre cuando aún vivía, el resto de las cosas del sótano se encontraban en orden. Cuando él se puso a revisar las cartas pensaba qué pudo haber hecho tan mal, fue en ese momento cuando se percató de un detalle, una diferencia pequeña pero no menos importante entre esas cartas escritas de puño y letras, y la “carta” recientemente escrita por quien hace días lo estaba acechando. La escritura reciente, no estaba firmada, y al notarlo, Max recordó que ella siempre le decía lo importante que era la firma para un autor, le decía que ese era el verdadero punto final de un escrito. Subió corriendo al primer piso para verificar que la carta siguiera en su lugar, que todo estuviera bien, pero una vez más el escritorio estaba volcado y sobre su dorso, balanceándose estaba la carta ahora terminada. “PD: Querido, me gustaría que Jenny viniera a mi encuentro también” Ahora la carta estaba firmada al pie. Jenny había sido la última pareja de más, fue durante algo más de un año, no fue una relación sin importancia pero tampoco había marcado sus vidas para siempre, habían cortado en buenos términos, incluso eran amigos, sin embargo Max no entendía qué podía tener ella que ver con este episodio que estaba viviendo, mucho menos con contactar espíritus, a pesar de todo Max sabía que si la citaba, ella no iba a rehusarse bajo ningún concepto. A la noche siguiente, luego de que el joven le diera las explicaciones pertinentes, Max y Jenny estaban en el sótano, ella había creído que todo era una broma, o un intento por llevarla a la cama, pero al ver las velas y la sal, y el pesado clima que regía en ese sótano, y la perturbadora mirada de su ex novio, quiso correr con todas sus fuerzas pero ya era demasiado tarde, las puertas se bloquearon, la luz eléctrica se apagó y Jenny estaba sujeta al suelo como Max en aquella otra oportunidad, el sótano solo era iluminado por la luz de las velas, de ellas comenzó a emanar un asfixiante humo blanco que poco a poco fue elevándose muy lentamente hasta llegar al espejo del cual Jenny no se había percatado, el mismo espejo que pendía sobra el cuerpo de Jenny. En el preciso instante en el que entró en contacto con el espejo, el humo se disparó como una ráfaga en dirección a Jenny envolviéndola por completo. Max se había quedado atónito al ver toda esa situación tan confusa, y no pudo hacer absolutamente nada ni siquiera cuando vio como el cuerpo de Jenny iba consumiendo todo ese humo por cada uno de sus orificios. El cerebro de Max quería que su cuerpo despertara para poder huir de ese lugar que no parecía el mundo de los vivos, por eso los fuertes temblores, por eso el horrible escalofrío en su nuca que finalmente lo hizo entrar en razón y salir de aquel trance de pánico en el que se hallaba, cuando reaccionó, Jenny se encontraba tirada en el piso, las luces del sótano se encendieron, pero al querer huir, el muchacho notó con temor que la puerta seguía cerrada. En ese momento Jenny se alzó desde el suelo y miraba con una sonrisa perversa la temerosa expresión del joven. -Hola Maxie JIJIJIIIAJAj-. Dijo Jenny sin ser del todo ella, con su voz y la del espíritu superpuestas. Se acercó a él dando pasos irregulares y muy torpes y lentos, con los ojos blancos pues se le habían dado vuelta dentro de sus cuencas, y con una sonrisa como de desquiciada. -¿Qué eres, q qué quieres?-. Preguntó Max paralizado del miedo. -Maaaxie soy yo, mami, ¿acaso no me recuerdas?-. Pregunto con delicadeza y con ternura. -¿Tan solo unos pocos días de muerta y ya te olvidaste de mi estúpido bueno para nada?-. Dijo esbozando un grito que hizo temblar las paredes del sótano. - Lo siento, mami ha estado un poco nerviosa, alterada estos días, se ha vuelto un ser muy dual ¿sabes? Es que créeme, la muerte puede enloquecer a cualquiera. -Pero eso ya no importa hijito, porque él me ha enviado para abrir tu mente. - ¿Él? ¿Quién es él?-. Preguntó apenas pudiendo mover su mandíbula. - Eso a ti no te importa inútil… - Tú has amado a esta chica Maxie, la has amado más de lo que te puedes imaginar, incluso más de lo que tu débil cuerpo humano puede soportar y más de lo que tu mente podrá concebir mientras estés con vida, más de lo que tu cerebro puede resistir, olvídalo, realmente no hay forma de que puedas comprender esto sin mi ayuda. -Ven con mami querido, tu amada madre te hará un gran favor-. Dijo con una sonrisa cada vez más amplia y perversa, como si estuviese a punto de causarle un gran daño. Max no entendió en ese momento, pero de todos modos no pudo moverse, cuando su madre le puso un dedo sobre la frente con suavidad, Max sintió el calor más abrazador que jamás había sentido, entonces una serie de imágenes se manifestaron en su cabeza. Maxie vivía con Jenny en una enorme pero modesta casa en un campo lindero a una ciudad, con tres niños maravillosos, esa familia le daba todo el amor que él jamás había podido desear, tenía la imagen de él jugando con los niños y son Jenny al aire libre, una imagen que se contraponía con la infancia de Max, una imagen que por eso deseaba tanto. Por eso su cuerpo se llenó de amor. - ¿Qué es esto mami?-. Dijo totalmente relajado, con ternura y una sonrisa de paz. -¿Viniste a mostrarme el futuro? - No cariño, son recuerdos, y esa, fue una parte de tu vida con Jenny, a veces sucede que vivimos momentos tan pero tan hermosos, tan perfectos, que nos extasían, nos llenan de júbilo, tanto así que nuestros cerebros comienzan a liberar poderosas sustancias en enormes cantidades, y sin quererlo, elimina esos momentos hermosos de los recuerdos, de lo contrario colapsarías hasta morir. Pero ese no fue el caso contigo cariño, no te sientas tan bien que el amor y la belleza no son lo único que pueden hacerte olvidar de las cosas auténticas en esta vida, hay otras emociones que pueden llevarnos al olvido, continúa observando-. Dijo mientras comenzaba a presionar con fuerza el dedo sobre la frente de Max causándole un inmenso dolor que parecía que en cualquier momento iba a agujerear su cabeza. Entonces, el joven comenzó a visualizar una tormentosa noche en la casa de campo, en su alcoba, él y Jenny discutían fuertemente, por algo que no debieron haber discutido nunca pues Max le reclamó que ella no le dedicaba suficiente tiempo y que todo era a causa de los niños, las cosas se les fueron a ambos de las manos y él comenzó a golpearla brutalmente entre insultos y gritos, ella respondió con más violencia y tomó la lámpara de noche que estaba al lado de la cama y se le partió en la frente abriéndole una herida muy profunda. -Así que no quieres a nuestros niños, de acuerdo, está bien, está perfecto-. Dijo Jenny como si ya no fuera ella. Primero bajó a la cocina, Max yacía tirado en el piso y solo atinó a llamar a una ambulancia mientras la escuchaba subir las escaleras y la oía gritando. - Así que el rey de la casa no quiere más a sus príncipes-. Gritó con furia. Se escuchó el grito de la segunda de sus víctimas pues la primera no tuvo tiempo de pedir clemencia. - Mamá por fav… Y luego solo se oía al bebé llorando, y ese llanto se acercaba cada vez más a la habitación en la que estaba Max, él tenía la vista disminuida por que sus ojos estaba cubiertos de sangre, a cambio sus oídos se agudizaron justo a tiempo para que las palabras de Jenny se le grabaran a fuego en la mente por al menos unos instantes. -Mira entonces lo que ocurre con tus príncipes-. Dijo ya cubierta de sangre y riéndose. Jenny degolló a la criatura de once meses delante de la nublada vista de Max. Luego de revivir todos esos recuerdos en su cabeza Max entró en razón, una vez más se veía en el sótano de su casa, frente al endemoniado cuerpo de su ex novia o mujer o lo que fuere. -No, no esto no pasó, nunca pudo haber pasado-. Decía para convencerse, pero sabiendo que nunca había vivido nada más real que eso. Él le pedía explicaciones intentando persuadirse. -La cicatriz en mi frente yo me la hice cuando caí de la escalera pintando el techo, y, y con Jenny no estuvimos tanto tiempo como para tener tres hijos tan hermosos. ¡Qué estás haciéndome madre por todos los cielos!-. -Ah pero sí que estuvieron hijito, y no fue ninguna caída, fue ella quien te lo hizo tu amada esposa Jenny-. - ¿Y… Y la policía? Un crimen tan aberrante hubiese salido en todos los noticieros… - Sobre eso no hay nada que recordar realmente hijito, tanto la policía como los medios de comunicación están al servicio de los gobiernos de turno para generar la sensación de seguridad o de inseguridad en la medida justa y precisa que consideren los gobernantes. -¿Y tú? ¿Y el resto de la familia? ¿Nadie nunca supo nada?-. Preguntaba de alguna vez más calmo y convencido de que ya no tenía nada de donde agarrarse. -Eso fue lo más divertido hijito, pero solo puedes entender la perversidad de esta vida cuando ya no la tienes, cuando puedes ver el mundo desde otro lugar. - En esta vida que vives, cuando las emociones son realmente fuertes, todos están de algún modo conectados, y les importa lo que te ocurre, ¿Recuerdas que yo no quería que fueras padre de tan joven? No, bueno, no lo recuerdas, en fin, cuando me enteré de lo que Jenny le había hecho a mis nietitos, me invadió una incontrolable alegría, euforia, éxtasis, eso fue lo que a mí me dejó en estado de shock, mi mente y mi cuerpo no toleraron esa alegría causada por tu sufrimiento, y esos suceso fueron eliminados para siempre, yo era un ser cercano, pero créeme hijo, que en este mundo no existen los tibios, llegado el momento son todos peores y más abominables que bestias, sólo que estas bestias a veces son conscientes, y todos absolutamente todos, se alegraran o sufrirán por tus triunfos y fracasos, tus sufrimientos y alegrías, siempre y cuando sean emociones más fuertes y genuinas. Tanto el sufrimiento como la alegría cuando son genuinos, son emociones tan fuertes que shockean y obnubilan creando recuerdos falsos en las personas, un recuerdo que tendrá la capacidad de diseminarse por todas partes. Pero por suerte para ti, he venido para despertarte, para que vivas esta vida al máximo, solo tienes que animarte, nadie lo sabrá, ahora tú estás despierto, este miedo que sientes… Ese miedo intenso recorriendo tu cuerpo, mírate, reviviste la euforia y la más profunda de las tristezas, y piénsalo, aún lo recuerdas y ahora sabes algo que nadie más sabe. -¿Puedo hacer lo que me plazca? ¿Golpear, matar, cometer cualquier tipo de abuso? -Si hijo, pero escoge bien a tu víctima, pues es muy importante que generes una emoción muy fuerte e intensa en al menos una persona, luego la empatía natural hará el resto, puedes quitar una vida o darla, curar enfermedades o causarlas, o humillar a un pobre inútil hasta llevarlo a la locura, siempre que lo hagas sentir algo intenso. -No me queda más tiempo Maxie, y para empezar puede hacer lo que quieras con esta perra-. Dijo guiñando un ojo. Las puertas se destrabaron, Jenny quedó una vez más tendida en el piso, el ambiente de la habitación se alivianó. Inevitablemente Max dejó de lado el hermoso recuerdo de los años vividos y se dejó invadir por el amargo recuerdo de aquella noche tormentosa, tomó un pequeño frasco de ácido que estaba en una estantería, tensó cada músculo de su cuerpo y apretó fuerte los dientes mientras se acercaba a la joven. -Despierta Jenny cariño-. Dijo tratando de contenerse. Jenny abrió los ojos solo para ver a Max por última vez, él vertió todo el frasco sobre los ojos de la hermosa muchacha, dejándola ciega y desfigurándole todo el rostro. Luego llamó a una ambulancia, los paramédicos llegaron al instantes, eran lo peor de todo, le practicaban curaciones allí mismo, sin anestesia, relamiéndose por cada gesto y expresión de sufrimiento agónico que expresaba la chica, hacían su mejor esfuerzo por curarla, pocas veces habían visto tal sufrimiento, y querían que la chica viviera, para poder volver a ver ese sufrimiento alguna vez. -¿Jenny como te sientes? Le dijo Max-. - Mal, soy una estúpida, dijo llorando mira mi rostro, dime como está porque yo ya no puedo verlo, jamás debí intentar hacer ese trabajo con ácido, el profesor me advirtió que sería muy peligroso, mi vida, he arruinado mi vida entera. Ella creó su propia versión por el momento, más tarde sus padres creerían que ese accidente en realidad había ocurrido cuando ella era pequeña, y todos los que se pusieron tristes o alegres por ese accidente recuerdan exactamente lo mismo. Excepto Max, que muy precavido, ahora estudia bien a sus futuras víctimas porque aprendió gracias a otra cita con su madre que la oscilación de dolor no es la misma para todos, dependiendo de cuánto dolor pueda soportar requerirá emociones más o menos intensas para bloquearlo, él intenta poner a prueba los límites de la gente y se pregunta ¿Qué clase de situación límite necesitará para bloquearse quien recuerda realmente como perdió un brazo, que cosa tan terrible le habrá ocurrido a quien su recuerdo implantado es haber pasado ya de por sí, por cosas horribles y escalofriantes?
Bueno gente acá les traigo un cuento propio, esta vez de terror, se trata sobre un joven que tiene un encuentro espiritual con alguien que le revelará un secreto sobre la existencia humana. Es extenso pero espero que les guste, gracias por leer y comentar Bloqueo intenso No hacía mucho que la madre de Max había partido de este mundo, esos eternos días que transcurrieron no alcanzaron a completar dos semanas. Max había nacido huérfano de padre, y luego de la tragedia de su madre tuvo que vivir solo en esa gran casa, pero a partir del séptimo día del deceso habían comenzado a ocurrir extraños sucesos. Al comienzo solo eran sueños en los cuales veía a su madre pidiéndole entre gritos agónicos e iracundos a veces, y otras veces con una voz alegre, suave y apacible. -Mi bolígrafo Max, te pido que me des mi bolígrafo, por favor, por lo que más quieras. Max, por un lado, se mostraba escéptico ante estas cosas pues ya con veintinueve años se consideraba un adulto incapaz de creer en esas cosas. Por otro lado esos sueños eran muy pero muy reales, desde el principio, cuando comenzó a soñar con los gritos agónicos se despertaba aterrorizado, con un sudor gélido recorriendo su espalda y palpitaciones justo dentro de su cerebro. Cuando luego su madre comenzó a presentarse en “buenos términos” los sueños no dejaron de ser en extremo reales y sentidos, por eso Max creyó que sería lo más adecuado hacer caso al pedido de su madre, ella había sido una escritora de medio pelo, su hijo creyó que tal ve soñaba esas cosas porque la artista quería llevarse consigo su herramienta de trabajo, supuso que tan pronto le diera su bolígrafo ambos podrían descansar en paz. Esa noche luego de tanto razonamiento y reflexión, y llegando a la conclusión de que no tenía nada que perder, dejó el bolígrafo personalizado de su difunta madre encima del escritorio de roble iluminado por la luz que entraba por la ventana, ya fuera luz del sol o de la luna. Luego volvió a su cama para intentar dormir, y durmió, durmió dos cortas horas y al despertar, se dirigió intranquilo hacia el escritorio y quedó aterrorizado y estupefacto al ver el precioso escritorio rasgado con símbolos casi ilegibles que se asemejaban a letras del alfabeto. Él siempre se había mostrado indiferente ante cualquier fenómeno paranormal que había enfrentado en su vida pero cuando vio esto, sintió que realmente estaba lidiando con algo que no pertenecía a este mundo, esa noche decidió, más bien se vio obligado a ser un creyente, o crédulo, como le gustaba llamar a quienes creían en esas cosas. A la noche siguiente dejó junto al bolígrafo de tinta verde, una hoja de papel, esperando que sobre ella, su madre pudiese expresarse del mismo modo en que lo hacía en vida. El joven se fue a dormir con la conciencia tranquila, como si realmente hubiese cumplido con la última voluntad de su madre, que no era otra cosa que el deseo de seguir escribiendo incluso desde el más allá. Pero esa noche Max volvió a soñar con aquél ser colérico e incontrolable. -Imbécil, esto no es lo quiero, dame mi bendito cuaderno pedazo de inútil, ¿Acaso no puedes hacer nada bien?-. Luego Max fue despertado por el fuerte ruido de de algo pesado que se cayó al piso, en efecto, lo que se había caído era ese precioso escritorio de roble, como si la madre del joven le estuviese diciendo que no le importaba aquél maldito escritorio, por otro lado, como si quisiese escribir tal cual lo hacía en vida. Entonces él alzó de nuevo el escritorio abrió un cajón del mueble con una llave, y apoyó sobre él un cuaderno grueso con hojas amarillas cuyo color había sido adquirido por el paso del tiempo, pero esta vez tomó coraje y decidió quedarse en el lugar donde ocurrían los hechos. Y no tuvo que esperar mucho tiempo, pues pasaron a penas unos desde que dejó allí el cuaderno y el momento en que este se abrió, entonces, se dio vuelta la hoja, y la siguiente y la siguiente como si alguien estuviera pasando las hojas con sus dedos índice y pulgar acariciara las hojas con movimientos delicados, la velocidad fue aumentando de manera que parecía que un viento fuerte soplara sobre las hojas del cuaderno, primero de izquierda a derecha, luego a la inversa, de principio a fin y de fin a principio, hasta que finalmente, se desprendió una hoja y se deslizó con delicadeza sobre el escritorio, acto seguido, el bolígrafo se elevó, y levitó hasta posicionarse sobre la hoja, la punta descendió sobre la ya antigua hoja de papel, y comenzó a escribir de manera lenta y débil, como si la mano invisible que empuñaba el bolígrafo tuviese serias dificultades para moverse. “Dos velas blancas, una roja, triángulo de sal fina, un espejo pendiente y con dirección al suelo, hazlo en el sótano, a las 5:59 AM, como para que no tengas más que la sola esperanza de un nuevo amanecer”. Max estaba atónito, sentía que su madre le estaba dando órdenes, que continuaba sometiéndolo incluso después de muerta. Luego el bolígrafo se dejó caer sobre el escritorio de la mujer, el joven no supo qué hacer ante esa situación que lo sobrepasaba, esa noche no consiguió cerrar un ojo, investigó entonces en la computadora, en pocas palabras, este ente que era ahora su madre, le había dado los instrumentos y pasos a seguir para llevar a cabo un muy poderoso conjuro milenario, un hechizo obscuro para poder establecer contacto con planos distantes al terrenal, por si eso no fue ya suficiente tenebroso no había encontrado nada sobre aquella frase del final “ como para que no tengas más que la sola esperanza de un nuevo amanecer” Aunque le dolió en el alma la idea de darle la espalda a su madre, decidió guardar el bolígrafo y el cuaderno en el cajón del escritorio y bajo llave, e intentó olvidarse de todo, fue a partir de allí que todo comenzó a ponerse realmente horrible, no valdría la pena ni el dolor que causaría el dar a conocer lo que Max había estado padeciendo en los días posteriores a la pésima decisión que había tomado. Más allá de simples objetos moviéndose, incluso más allá de dormir con una presencia a su lado cada noche, durante los nueve días que pudo aguantar, Max fue humillado, y torturado, pues aunque no podía tener contacto físico con él, el espíritu seguía siendo su madre, y sabía qué tenía que hacer exactamente para causarle dolor, que hilos tenía que mover para reabrir heridas en su hijo. Una noche Max se despertó, su cuello estaba envuelto en una sábana blanca, miró hacia el techo, y estaba anudado, estaba a punto de suicidarse, lo único que hacía diferencia para Max entre la vida y la muerte, era una fuerza sobre natural que lo hacía levitar evitando que su propio peso le rompiera la cervical. -Está bien, haré lo que me pidas, haré lo que ordenes, pero ya no más, por lo que más quieras ya no me castigues más mamá-.Gritó Max ahogado entre sus sollozos y la sábana anudada alrededor de su cuello. Esa misma noche fue al sótano y preparó el ritual exactamente como lo decía en la nota, faltaban nueve eternos minutos para la hora convenida, pero antes de que llegara el momento las velas se apagaron, y las cosas de las estanterías comenzaron a caerse, el joven no veía nada y parecía que algo lo tenía sujetado aunque de todos modos no podía huir por el miedo, y parecía que alguien esculcaba las cosas en el suelo. Luego las luces se encendieron, y las velas también, y a los pies de Max había una pila de cartas rectadas por su madre cuando aún vivía, el resto de las cosas del sótano se encontraban en orden. Cuando él se puso a revisar las cartas pensaba qué pudo haber hecho tan mal, fue en ese momento cuando se percató de un detalle, una diferencia pequeña pero no menos importante entre esas cartas escritas de puño y letras, y la “carta” recientemente escrita por quien hace días lo estaba acechando. La escritura reciente, no estaba firmada, y al notarlo, Max recordó que ella siempre le decía lo importante que era la firma para un autor, le decía que ese era el verdadero punto final de un escrito. Subió corriendo al primer piso para verificar que la carta siguiera en su lugar, que todo estuviera bien, pero una vez más el escritorio estaba volcado y sobre su dorso, balanceándose estaba la carta ahora terminada. “PD: Querido, me gustaría que Jenny viniera a mi encuentro también” Ahora la carta estaba firmada al pie. Jenny había sido la última pareja de más, fue durante algo más de un año, no fue una relación sin importancia pero tampoco había marcado sus vidas para siempre, habían cortado en buenos términos, incluso eran amigos, sin embargo Max no entendía qué podía tener ella que ver con este episodio que estaba viviendo, mucho menos con contactar espíritus, a pesar de todo Max sabía que si la citaba, ella no iba a rehusarse bajo ningún concepto. A la noche siguiente, luego de que el joven le diera las explicaciones pertinentes, Max y Jenny estaban en el sótano, ella había creído que todo era una broma, o un intento por llevarla a la cama, pero al ver las velas y la sal, y el pesado clima que regía en ese sótano, y la perturbadora mirada de su ex novio, quiso correr con todas sus fuerzas pero ya era demasiado tarde, las puertas se bloquearon, la luz eléctrica se apagó y Jenny estaba sujeta al suelo como Max en aquella otra oportunidad, el sótano solo era iluminado por la luz de las velas, de ellas comenzó a emanar un asfixiante humo blanco que poco a poco fue elevándose muy lentamente hasta llegar al espejo del cual Jenny no se había percatado, el mismo espejo que pendía sobra el cuerpo de Jenny. En el preciso instante en el que entró en contacto con el espejo, el humo se disparó como una ráfaga en dirección a Jenny envolviéndola por completo. Max se había quedado atónito al ver toda esa situación tan confusa, y no pudo hacer absolutamente nada ni siquiera cuando vio como el cuerpo de Jenny iba consumiendo todo ese humo por cada uno de sus orificios. El cerebro de Max quería que su cuerpo despertara para poder huir de ese lugar que no parecía el mundo de los vivos, por eso los fuertes temblores, por eso el horrible escalofrío en su nuca que finalmente lo hizo entrar en razón y salir de aquel trance de pánico en el que se hallaba, cuando reaccionó, Jenny se encontraba tirada en el piso, las luces del sótano se encendieron, pero al querer huir, el muchacho notó con temor que la puerta seguía cerrada. En ese momento Jenny se alzó desde el suelo y miraba con una sonrisa perversa la temerosa expresión del joven. -Hola Maxie JIJIJIIIAJAj-. Dijo Jenny sin ser del todo ella, con su voz y la del espíritu superpuestas. Se acercó a él dando pasos irregulares y muy torpes y lentos, con los ojos blancos pues se le habían dado vuelta dentro de sus cuencas, y con una sonrisa como de desquiciada. -¿Qué eres, q qué quieres?-. Preguntó Max paralizado del miedo. -Maaaxie soy yo, mami, ¿acaso no me recuerdas?-. Pregunto con delicadeza y con ternura. -¿Tan solo unos pocos días de muerta y ya te olvidaste de mi estúpido bueno para nada?-. Dijo esbozando un grito que hizo temblar las paredes del sótano. - Lo siento, mami ha estado un poco nerviosa, alterada estos días, se ha vuelto un ser muy dual ¿sabes? Es que créeme, la muerte puede enloquecer a cualquiera. -Pero eso ya no importa hijito, porque él me ha enviado para abrir tu mente. - ¿Él? ¿Quién es él?-. Preguntó apenas pudiendo mover su mandíbula. - Eso a ti no te importa inútil… - Tú has amado a esta chica Maxie, la has amado más de lo que te puedes imaginar, incluso más de lo que tu débil cuerpo humano puede soportar y más de lo que tu mente podrá concebir mientras estés con vida, más de lo que tu cerebro puede resistir, olvídalo, realmente no hay forma de que puedas comprender esto sin mi ayuda. -Ven con mami querido, tu amada madre te hará un gran favor-. Dijo con una sonrisa cada vez más amplia y perversa, como si estuviese a punto de causarle un gran daño. Max no entendió en ese momento, pero de todos modos no pudo moverse, cuando su madre le puso un dedo sobre la frente con suavidad, Max sintió el calor más abrazador que jamás había sentido, entonces una serie de imágenes se manifestaron en su cabeza. Maxie vivía con Jenny en una enorme pero modesta casa en un campo lindero a una ciudad, con tres niños maravillosos, esa familia le daba todo el amor que él jamás había podido desear, tenía la imagen de él jugando con los niños y son Jenny al aire libre, una imagen que se contraponía con la infancia de Max, una imagen que por eso deseaba tanto. Por eso su cuerpo se llenó de amor. - ¿Qué es esto mami?-. Dijo totalmente relajado, con ternura y una sonrisa de paz. -¿Viniste a mostrarme el futuro? - No cariño, son recuerdos, y esa, fue una parte de tu vida con Jenny, a veces sucede que vivimos momentos tan pero tan hermosos, tan perfectos, que nos extasían, nos llenan de júbilo, tanto así que nuestros cerebros comienzan a liberar poderosas sustancias en enormes cantidades, y sin quererlo, elimina esos momentos hermosos de los recuerdos, de lo contrario colapsarías hasta morir. Pero ese no fue el caso contigo cariño, no te sientas tan bien que el amor y la belleza no son lo único que pueden hacerte olvidar de las cosas auténticas en esta vida, hay otras emociones que pueden llevarnos al olvido, continúa observando-. Dijo mientras comenzaba a presionar con fuerza el dedo sobre la frente de Max causándole un inmenso dolor que parecía que en cualquier momento iba a agujerear su cabeza. Entonces, el joven comenzó a visualizar una tormentosa noche en la casa de campo, en su alcoba, él y Jenny discutían fuertemente, por algo que no debieron haber discutido nunca pues Max le reclamó que ella no le dedicaba suficiente tiempo y que todo era a causa de los niños, las cosas se les fueron a ambos de las manos y él comenzó a golpearla brutalmente entre insultos y gritos, ella respondió con más violencia y tomó la lámpara de noche que estaba al lado de la cama y se le partió en la frente abriéndole una herida muy profunda. -Así que no quieres a nuestros niños, de acuerdo, está bien, está perfecto-. Dijo Jenny como si ya no fuera ella. Primero bajó a la cocina, Max yacía tirado en el piso y solo atinó a llamar a una ambulancia mientras la escuchaba subir las escaleras y la oía gritando. - Así que el rey de la casa no quiere más a sus príncipes-. Gritó con furia. Se escuchó el grito de la segunda de sus víctimas pues la primera no tuvo tiempo de pedir clemencia. - Mamá por fav… Y luego solo se oía al bebé llorando, y ese llanto se acercaba cada vez más a la habitación en la que estaba Max, él tenía la vista disminuida por que sus ojos estaba cubiertos de sangre, a cambio sus oídos se agudizaron justo a tiempo para que las palabras de Jenny se le grabaran a fuego en la mente por al menos unos instantes. -Mira entonces lo que ocurre con tus príncipes-. Dijo ya cubierta de sangre y riéndose. Jenny degolló a la criatura de once meses delante de la nublada vista de Max. Luego de revivir todos esos recuerdos en su cabeza Max entró en razón, una vez más se veía en el sótano de su casa, frente al endemoniado cuerpo de su ex novia o mujer o lo que fuere. -No, no esto no pasó, nunca pudo haber pasado-. Decía para convencerse, pero sabiendo que nunca había vivido nada más real que eso. Él le pedía explicaciones intentando persuadirse. -La cicatriz en mi frente yo me la hice cuando caí de la escalera pintando el techo, y, y con Jenny no estuvimos tanto tiempo como para tener tres hijos tan hermosos. ¡Qué estás haciéndome madre por todos los cielos!-. -Ah pero sí que estuvieron hijito, y no fue ninguna caída, fue ella quien te lo hizo tu amada esposa Jenny-. - ¿Y… Y la policía? Un crimen tan aberrante hubiese salido en todos los noticieros… - Sobre eso no hay nada que recordar realmente hijito, tanto la policía como los medios de comunicación están al servicio de los gobiernos de turno para generar la sensación de seguridad o de inseguridad en la medida justa y precisa que consideren los gobernantes. -¿Y tú? ¿Y el resto de la familia? ¿Nadie nunca supo nada?-. Preguntaba de alguna vez más calmo y convencido de que ya no tenía nada de donde agarrarse. -Eso fue lo más divertido hijito, pero solo puedes entender la perversidad de esta vida cuando ya no la tienes, cuando puedes ver el mundo desde otro lugar. - En esta vida que vives, cuando las emociones son realmente fuertes, todos están de algún modo conectados, y les importa lo que te ocurre, ¿Recuerdas que yo no quería que fueras padre de tan joven? No, bueno, no lo recuerdas, en fin, cuando me enteré de lo que Jenny le había hecho a mis nietitos, me invadió una incontrolable alegría, euforia, éxtasis, eso fue lo que a mí me dejó en estado de shock, mi mente y mi cuerpo no toleraron esa alegría causada por tu sufrimiento, y esos suceso fueron eliminados para siempre, yo era un ser cercano, pero créeme hijo, que en este mundo no existen los tibios, llegado el momento son todos peores y más abominables que bestias, sólo que estas bestias a veces son conscientes, y todos absolutamente todos, se alegraran o sufrirán por tus triunfos y fracasos, tus sufrimientos y alegrías, siempre y cuando sean emociones más fuertes y genuinas. Tanto el sufrimiento como la alegría cuando son genuinos, son emociones tan fuertes que shockean y obnubilan creando recuerdos falsos en las personas, un recuerdo que tendrá la capacidad de diseminarse por todas partes. Pero por suerte para ti, he venido para despertarte, para que vivas esta vida al máximo, solo tienes que animarte, nadie lo sabrá, ahora tú estás despierto, este miedo que sientes… Ese miedo intenso recorriendo tu cuerpo, mírate, reviviste la euforia y la más profunda de las tristezas, y piénsalo, aún lo recuerdas y ahora sabes algo que nadie más sabe. -¿Puedo hacer lo que me plazca? ¿Golpear, matar, cometer cualquier tipo de abuso? -Si hijo, pero escoge bien a tu víctima, pues es muy importante que generes una emoción muy fuerte e intensa en al menos una persona, luego la empatía natural hará el resto, puedes quitar una vida o darla, curar enfermedades o causarlas, o humillar a un pobre inútil hasta llevarlo a la locura, siempre que lo hagas sentir algo intenso. -No me queda más tiempo Maxie, y para empezar puede hacer lo que quieras con esta perra-. Dijo guiñando un ojo. Las puertas se destrabaron, Jenny quedó una vez más tendida en el piso, el ambiente de la habitación se alivianó. Inevitablemente Max dejó de lado el hermoso recuerdo de los años vividos y se dejó invadir por el amargo recuerdo de aquella noche tormentosa, tomó un pequeño frasco de ácido que estaba en una estantería, tensó cada músculo de su cuerpo y apretó fuerte los dientes mientras se acercaba a la joven. -Despierta Jenny cariño-. Dijo tratando de contenerse. Jenny abrió los ojos solo para ver a Max por última vez, él vertió todo el frasco sobre los ojos de la hermosa muchacha, dejándola ciega y desfigurándole todo el rostro. Luego llamó a una ambulancia, los paramédicos llegaron al instantes, eran lo peor de todo, le practicaban curaciones allí mismo, sin anestesia, relamiéndose por cada gesto y expresión de sufrimiento agónico que expresaba la chica, hacían su mejor esfuerzo por curarla, pocas veces habían visto tal sufrimiento, y querían que la chica viviera, para poder volver a ver ese sufrimiento alguna vez. -¿Jenny como te sientes? Le dijo Max-. - Mal, soy una estúpida, dijo llorando mira mi rostro, dime como está porque yo ya no puedo verlo, jamás debí intentar hacer ese trabajo con ácido, el profesor me advirtió que sería muy peligroso, mi vida, he arruinado mi vida entera. Ella creó su propia versión por el momento, más tarde sus padres creerían que ese accidente en realidad había ocurrido cuando ella era pequeña, y todos los que se pusieron tristes o alegres por ese accidente recuerdan exactamente lo mismo. Excepto Max, que muy precavido, ahora estudia bien a sus futuras víctimas porque aprendió gracias a otra cita con su madre que la oscilación de dolor no es la misma para todos, dependiendo de cuánto dolor pueda soportar requerirá emociones más o menos intensas para bloquearlo, él intenta poner a prueba los límites de la gente y se pregunta ¿Qué clase de situación límite necesitará para bloquearse quien recuerda realmente como perdió un brazo, que cosa tan terrible le habrá ocurrido a quien su recuerdo implantado es haber pasado ya de por sí, por cosas horribles y escalofriantes?
Acá les dejo un poema que escribí anoche antes de dormir, como me gusta la sensación de terminar de escribir algo y firmarlo como si fuese un artista jajaj. Bueno espero que lo disfruten. Criticando Vivo en un hermoso mundo Vaya que es realmente hermoso En él se habla siempre de honestidad También da que hablar la prosperidad Y vivo una maravillosa vida, lo juro Siempre estoy hablando de pocas cosas Sobre mi felicidad entre otras cosas Oh si… Esa magnífica enorme felicidad Y amo la paz que hay en mi hogar Y admiro más que a nada los buenos gestos Aquellos de los que siempre se oye hablar De la boca de las maravillosas personas De este horrendo y bello mundo Adoro los buenos recuerdos de mi infancia Allí, cuando las cosas iban bien pero No me da nostalgia, no puedo quejarme Pues creo que todos aquí saben bien Saben siempre cuando estoy contento Lo lindo es la buena gente toda unida Lo bello la gente simple, honesta desde ya Son hermosos todos los felices Y admirables los bellos recuerdos Lo triste es que en mi bello mundo Da que hablar lo que es atípico Lo que ocurre y transcurre rara vez Enamora a la vista lo que es raro de ver Lo patético de mí ya comienza a presumirse Es que amo hablar de mi auténtica sonrisa Y si no es de eso, sólo hablo de mi alegría Cuando estoy alegre, y bueno… Ya comienza a presumirse mi verdad Lo cierto es… Que no hablo mucho últimamente.
Hola gente, acá les dejo un poema que escribí ayer, cuando lo terminé era bastante tarde como para subirlo, espero que les agrade, gracias por leer. El vuelo Los jóvenes ya no ven la hora de volar No es que estén ansiosos por partir a algún lado Es más bien algo literal mitad metáfora Ellos realmente no pueden verlo No ven la hora, porque no pueden ver el vuelo Y yo, yo soy joven, y hay días como hoy Días grises en los que no veo la hora de volar Porque no veo ese vuelo del que oigo hablar Porque apenas sé a lo que me estoy refiriendo Y sobre que estoy hablando cuando hablo de volar ¿Volará quien yace enjaulado en su mente todo el día? ¿Volará más bien el volando llega a su interior? ¿Volarán acaso los empáticos que emigran de si para poder estar en así en el lugar de otros? ¿O volarán solo los que tienen sueños? No estoy seguro de que se sientan en las nubes Aquellos que pueden ver un sueño realizado No estoy seguro, creo haber estado allí Creo también que luego mi cielo se hizo más alto ¿pueden volar aquellos que están vivos Encerrados en un mundo de leyes físicas Leyes que indican precisamente qué es volar? ¿Será posible cuando hay algo indestructible Y que no deja de señalar lo impotentes que somos? ¿Y qué tal si volar es otra cosa? Y qué si se puede volar sin sueños Y qué si aunque la física lo niegue Puede uno volar incluso sin sus alas Tal vez somos como esos indefensos pichones Que necesitamos que nos enseñen a volar O esa pequeña ayuda o ese pequeño empujón O alguien más que nos lleve a su mente dando vida en su vida Puede que sea tarde para mi pues nadie me tiene en miras ¿Serán dichosos entonces quienes recientemente Fueron acogidos por las gélidas manos del descanso eterno? No sabría decirlo, ellos están más trabajosos que nunca Están en una mente y en otra, y en todas a la vez Una vez muertos viven volando y todo sucede tan rápido Que su nueva vida aún no lo podrá ver Volarán plácidamente entonces Todos aquellos que no fueron olvidados Más que no son pensados en el sufrimiento Volarán plácidamente aquellos Que en forma de recuerdo, en forma de alegría Vuelen a visitar una vida querida.
Bueno gente acá les traigo un cuento propio, esta vez de terror, se trata sobre un joven que tiene un encuentro espiritual con alguien que le revelará un secreto sobre la existencia humana. Es extenso pero espero que les guste de todos modos Bloqueo intenso No hacía mucho que la madre de Max había partido de este mundo, esos eternos días que transcurrieron no alcanzaron a completar dos semanas. Max había nacido huérfano de padre, y luego de la tragedia de su madre tuvo que vivir solo en esa gran casa, pero a partir del séptimo día del deceso habían comenzado a ocurrir extraños sucesos. Al comienzo solo eran sueños en los cuales veía a su madre pidiéndole entre gritos agónicos e iracundos a veces, y otras veces con una voz alegre, suave y apacible. -Mi bolígrafo Max, te pido que me des mi bolígrafo, por favor, por lo que más quieras. Max, por un lado, se mostraba escéptico ante estas cosas pues ya con veintinueve años se consideraba un adulto incapaz de creer en esas cosas. Por otro lado esos sueños eran muy pero muy reales, desde el principio, cuando comenzó a soñar con los gritos agónicos se despertaba aterrorizado, con un sudor gélido recorriendo su espalda y palpitaciones justo dentro de su cerebro. Cuando luego su madre comenzó a presentarse en “buenos términos” los sueños no dejaron de ser en extremo reales y sentidos, por eso Max creyó que sería lo más adecuado hacer caso al pedido de su madre, ella había sido una escritora de medio pelo, su hijo creyó que tal ve soñaba esas cosas porque la artista quería llevarse consigo su herramienta de trabajo, supuso que tan pronto le diera su bolígrafo ambos podrían descansar en paz. Esa noche luego de tanto razonamiento y reflexión, y llegando a la conclusión de que no tenía nada que perder, dejó el bolígrafo personalizado de su difunta madre encima del escritorio de roble iluminado por la luz que entraba por la ventana, ya fuera luz del sol o de la luna. Luego volvió a su cama para intentar dormir, y durmió, durmió dos cortas horas y al despertar, se dirigió intranquilo hacia el escritorio y quedó aterrorizado y estupefacto al ver el precioso escritorio rasgado con símbolos casi ilegibles que se asemejaban a letras del alfabeto. Él siempre se había mostrado indiferente ante cualquier fenómeno paranormal que había enfrentado en su vida pero cuando vio esto, sintió que realmente estaba lidiando con algo que no pertenecía a este mundo, esa noche decidió, más bien se vio obligado a ser un creyente, o crédulo, como le gustaba llamar a quienes creían en esas cosas. A la noche siguiente dejó junto al bolígrafo de tinta verde, una hoja de papel, esperando que sobre ella, su madre pudiese expresarse del mismo modo en que lo hacía en vida. El joven se fue a dormir con la conciencia tranquila, como si realmente hubiese cumplido con la última voluntad de su madre, que no era otra cosa que el deseo de seguir escribiendo incluso desde el más allá. Pero esa noche Max volvió a soñar con aquél ser colérico e incontrolable. -Imbécil, esto no es lo quiero, dame mi bendito cuaderno pedazo de inútil, ¿Acaso no puedes hacer nada bien?-. Luego Max fue despertado por el fuerte ruido de de algo pesado que se cayó al piso, en efecto, lo que se había caído era ese precioso escritorio de roble, como si la madre del joven le estuviese diciendo que no le importaba aquél maldito escritorio, por otro lado, como si quisiese escribir tal cual lo hacía en vida. Entonces él alzó de nuevo el escritorio abrió un cajón del mueble con una llave, y apoyó sobre él un cuaderno grueso con hojas amarillas cuyo color había sido adquirido por el paso del tiempo, pero esta vez tomó coraje y decidió quedarse en el lugar donde ocurrían los hechos. Y no tuvo que esperar mucho tiempo, pues pasaron a penas unos desde que dejó allí el cuaderno y el momento en que este se abrió, entonces, se dio vuelta la hoja, y la siguiente y la siguiente como si alguien estuviera pasando las hojas con sus dedos índice y pulgar acariciara las hojas con movimientos delicados, la velocidad fue aumentando de manera que parecía que un viento fuerte soplara sobre las hojas del cuaderno, primero de izquierda a derecha, luego a la inversa, de principio a fin y de fin a principio, hasta que finalmente, se desprendió una hoja y se deslizó con delicadeza sobre el escritorio, acto seguido, el bolígrafo se elevó, y levitó hasta posicionarse sobre la hoja, la punta descendió sobre la ya antigua hoja de papel, y comenzó a escribir de manera lenta y débil, como si la mano invisible que empuñaba el bolígrafo tuviese serias dificultades para moverse. “Dos velas blancas, una roja, triángulo de sal fina, un espejo pendiente y con dirección al suelo, hazlo en el sótano, a las 5:59 AM, como para que no tengas más que la sola esperanza de un nuevo amanecer”. Max estaba atónito, sentía que su madre le estaba dando órdenes, que continuaba sometiéndolo incluso después de muerta. Luego el bolígrafo se dejó caer sobre el escritorio de la mujer, el joven no supo qué hacer ante esa situación que lo sobrepasaba, esa noche no consiguió cerrar un ojo, investigó entonces en la computadora, en pocas palabras, este ente que era ahora su madre, le había dado los instrumentos y pasos a seguir para llevar a cabo un muy poderoso conjuro milenario, un hechizo obscuro para poder establecer contacto con planos distantes al terrenal, por si eso no fue ya suficiente tenebroso no había encontrado nada sobre aquella frase del final “ como para que no tengas más que la sola esperanza de un nuevo amanecer” Aunque le dolió en el alma la idea de darle la espalda a su madre, decidió guardar el bolígrafo y el cuaderno en el cajón del escritorio y bajo llave, e intentó olvidarse de todo, fue a partir de allí que todo comenzó a ponerse realmente horrible, no valdría la pena ni el dolor que causaría el dar a conocer lo que Max había estado padeciendo en los días posteriores a la pésima decisión que había tomado. Más allá de simples objetos moviéndose, incluso más allá de dormir con una presencia a su lado cada noche, durante los nueve días que pudo aguantar, Max fue humillado, y torturado, pues aunque no podía tener contacto físico con él, el espíritu seguía siendo su madre, y sabía qué tenía que hacer exactamente para causarle dolor, que hilos tenía que mover para reabrir heridas en su hijo. Una noche Max se despertó, su cuello estaba envuelto en una sábana blanca, miró hacia el techo, y estaba anudado, estaba a punto de suicidarse, lo único que hacía diferencia para Max entre la vida y la muerte, era una fuerza sobre natural que lo hacía levitar evitando que su propio peso le rompiera la cervical. -Está bien, haré lo que me pidas, haré lo que ordenes, pero ya no más, por lo que más quieras ya no me castigues más mamá-.Gritó Max ahogado entre sus sollozos y la sábana anudada alrededor de su cuello. Esa misma noche fue al sótano y preparó el ritual exactamente como lo decía en la nota, faltaban nueve eternos minutos para la hora convenida, pero antes de que llegara el momento las velas se apagaron, y las cosas de las estanterías comenzaron a caerse, el joven no veía nada y parecía que algo lo tenía sujetado aunque de todos modos no podía huir por el miedo, y parecía que alguien esculcaba las cosas en el suelo. Luego las luces se encendieron, y las velas también, y a los pies de Max había una pila de cartas rectadas por su madre cuando aún vivía, el resto de las cosas del sótano se encontraban en orden. Cuando él se puso a revisar las cartas pensaba qué pudo haber hecho tan mal, fue en ese momento cuando se percató de un detalle, una diferencia pequeña pero no menos importante entre esas cartas escritas de puño y letras, y la “carta” recientemente escrita por quien hace días lo estaba acechando. La escritura reciente, no estaba firmada, y al notarlo, Max recordó que ella siempre le decía lo importante que era la firma para un autor, le decía que ese era el verdadero punto final de un escrito. Subió corriendo al primer piso para verificar que la carta siguiera en su lugar, que todo estuviera bien, pero una vez más el escritorio estaba volcado y sobre su dorso, balanceándose estaba la carta ahora terminada. “PD: Querido, me gustaría que Jenny viniera a mi encuentro también” Ahora la carta estaba firmada al pie. Jenny había sido la última pareja de más, fue durante algo más de un año, no fue una relación sin importancia pero tampoco había marcado sus vidas para siempre, habían cortado en buenos términos, incluso eran amigos, sin embargo Max no entendía qué podía tener ella que ver con este episodio que estaba viviendo, mucho menos con contactar espíritus, a pesar de todo Max sabía que si la citaba, ella no iba a rehusarse bajo ningún concepto. A la noche siguiente, luego de que el joven le diera las explicaciones pertinentes, Max y Jenny estaban en el sótano, ella había creído que todo era una broma, o un intento por llevarla a la cama, pero al ver las velas y la sal, y el pesado clima que regía en ese sótano, y la perturbadora mirada de su ex novio, quiso correr con todas sus fuerzas pero ya era demasiado tarde, las puertas se bloquearon, la luz eléctrica se apagó y Jenny estaba sujeta al suelo como Max en aquella otra oportunidad, el sótano solo era iluminado por la luz de las velas, de ellas comenzó a emanar un asfixiante humo blanco que poco a poco fue elevándose muy lentamente hasta llegar al espejo del cual Jenny no se había percatado, el mismo espejo que pendía sobra el cuerpo de Jenny. En el preciso instante en el que entró en contacto con el espejo, el humo se disparó como una ráfaga en dirección a Jenny envolviéndola por completo. Max se había quedado atónito al ver toda esa situación tan confusa, y no pudo hacer absolutamente nada ni siquiera cuando vio como el cuerpo de Jenny iba consumiendo todo ese humo por cada uno de sus orificios. El cerebro de Max quería que su cuerpo despertara para poder huir de ese lugar que no parecía el mundo de los vivos, por eso los fuertes temblores, por eso el horrible escalofrío en su nuca que finalmente lo hizo entrar en razón y salir de aquel trance de pánico en el que se hallaba, cuando reaccionó, Jenny se encontraba tirada en el piso, las luces del sótano se encendieron, pero al querer huir, el muchacho notó con temor que la puerta seguía cerrada. En ese momento Jenny se alzó desde el suelo y miraba con una sonrisa perversa la temerosa expresión del joven. -Hola Maxie JIJIJIIIAJAj-. Dijo Jenny sin ser del todo ella, con su voz y la del espíritu superpuestas. Se acercó a él dando pasos irregulares y muy torpes y lentos, con los ojos blancos pues se le habían dado vuelta dentro de sus cuencas, y con una sonrisa como de desquiciada. -¿Qué eres, q qué quieres?-. Preguntó Max paralizado del miedo. -Maaaxie soy yo, mami, ¿acaso no me recuerdas?-. Pregunto con delicadeza y con ternura. -¿Tan solo unos pocos días de muerta y ya te olvidaste de mi estúpido bueno para nada?-. Dijo esbozando un grito que hizo temblar las paredes del sótano. - Lo siento, mami ha estado un poco nerviosa, alterada estos días, se ha vuelto un ser muy dual ¿sabes? Es que créeme, la muerte puede enloquecer a cualquiera. -Pero eso ya no importa hijito, porque él me ha enviado para abrir tu mente. - ¿Él? ¿Quién es él?-. Preguntó apenas pudiendo mover su mandíbula. - Eso a ti no te importa inútil… - Tú has amado a esta chica Maxie, la has amado más de lo que te puedes imaginar, incluso más de lo que tu débil cuerpo humano puede soportar y más de lo que tu mente podrá concebir mientras estés con vida, más de lo que tu cerebro puede resistir, olvídalo, realmente no hay forma de que puedas comprender esto sin mi ayuda. -Ven con mami querido, tu amada madre te hará un gran favor-. Dijo con una sonrisa cada vez más amplia y perversa, como si estuviese a punto de causarle un gran daño. Max no entendió en ese momento, pero de todos modos no pudo moverse, cuando su madre le puso un dedo sobre la frente con suavidad, Max sintió el calor más abrazador que jamás había sentido, entonces una serie de imágenes se manifestaron en su cabeza. Maxie vivía con Jenny en una enorme pero modesta casa en un campo lindero a una ciudad, con tres niños maravillosos, esa familia le daba todo el amor que él jamás había podido desear, tenía la imagen de él jugando con los niños y son Jenny al aire libre, una imagen que se contraponía con la infancia de Max, una imagen que por eso deseaba tanto. Por eso su cuerpo se llenó de amor. - ¿Qué es esto mami?-. Dijo totalmente relajado, con ternura y una sonrisa de paz. -¿Viniste a mostrarme el futuro? - No cariño, son recuerdos, y esa, fue una parte de tu vida con Jenny, a veces sucede que vivimos momentos tan pero tan hermosos, tan perfectos, que nos extasían, nos llenan de júbilo, tanto así que nuestros cerebros comienzan a liberar poderosas sustancias en enormes cantidades, y sin quererlo, elimina esos momentos hermosos de los recuerdos, de lo contrario colapsarías hasta morir. Pero ese no fue el caso contigo cariño, no te sientas tan bien que el amor y la belleza no son lo único que pueden hacerte olvidar de las cosas auténticas en esta vida, hay otras emociones que pueden llevarnos al olvido, continúa observando-. Dijo mientras comenzaba a presionar con fuerza el dedo sobre la frente de Max causándole un inmenso dolor que parecía que en cualquier momento iba a agujerear su cabeza. Entonces, el joven comenzó a visualizar una tormentosa noche en la casa de campo, en su alcoba, él y Jenny discutían fuertemente, por algo que no debieron haber discutido nunca pues Max le reclamó que ella no le dedicaba suficiente tiempo y que todo era a causa de los niños, las cosas se les fueron a ambos de las manos y él comenzó a golpearla brutalmente entre insultos y gritos, ella respondió con más violencia y tomó la lámpara de noche que estaba al lado de la cama y se le partió en la frente abriéndole una herida muy profunda. -Así que no quieres a nuestros niños, de acuerdo, está bien, está perfecto-. Dijo Jenny como si ya no fuera ella. Primero bajó a la cocina, Max yacía tirado en el piso y solo atinó a llamar a una ambulancia mientras la escuchaba subir las escaleras y la oía gritando. - Así que el rey de la casa no quiere más a sus príncipes-. Gritó con furia. Se escuchó el grito de la segunda de sus víctimas pues la primera no tuvo tiempo de pedir clemencia. - Mamá por fav… Y luego solo se oía al bebé llorando, y ese llanto se acercaba cada vez más a la habitación en la que estaba Max, él tenía la vista disminuida por que sus ojos estaba cubiertos de sangre, a cambio sus oídos se agudizaron justo a tiempo para que las palabras de Jenny se le grabaran a fuego en la mente por al menos unos instantes. -Mira entonces lo que ocurre con tus príncipes-. Dijo ya cubierta de sangre y riéndose. Jenny degolló a la criatura de once meses delante de la nublada vista de Max. Luego de revivir todos esos recuerdos en su cabeza Max entró en razón, una vez más se veía en el sótano de su casa, frente al endemoniado cuerpo de su ex novia o mujer o lo que fuere. -No, no esto no pasó, nunca pudo haber pasado-. Decía para convencerse, pero sabiendo que nunca había vivido nada más real que eso. Él le pedía explicaciones intentando persuadirse. -La cicatriz en mi frente yo me la hice cuando caí de la escalera pintando el techo, y, y con Jenny no estuvimos tanto tiempo como para tener tres hijos tan hermosos. ¡Qué estás haciéndome madre por todos los cielos!-. -Ah pero sí que estuvieron hijito, y no fue ninguna caída, fue ella quien te lo hizo tu amada esposa Jenny-. - ¿Y… Y la policía? Un crimen tan aberrante hubiese salido en todos los noticieros… - Sobre eso no hay nada que recordar realmente hijito, tanto la policía como los medios de comunicación están al servicio de los gobiernos de turno para generar la sensación de seguridad o de inseguridad en la medida justa y precisa que consideren los gobernantes. -¿Y tú? ¿Y el resto de la familia? ¿Nadie nunca supo nada?-. Preguntaba de alguna vez más calmo y convencido de que ya no tenía nada de donde agarrarse. -Eso fue lo más divertido hijito, pero solo puedes entender la perversidad de esta vida cuando ya no la tienes, cuando puedes ver el mundo desde otro lugar. - En esta vida que vives, cuando las emociones son realmente fuertes, todos están de algún modo conectados, y les importa lo que te ocurre, ¿Recuerdas que yo no quería que fueras padre de tan joven? No, bueno, no lo recuerdas, en fin, cuando me enteré de lo que Jenny le había hecho a mis nietitos, me invadió una incontrolable alegría, euforia, éxtasis, eso fue lo que a mí me dejó en estado de shock, mi mente y mi cuerpo no toleraron esa alegría causada por tu sufrimiento, y esos suceso fueron eliminados para siempre, yo era un ser cercano, pero créeme hijo, que en este mundo no existen los tibios, llegado el momento son todos peores y más abominables que bestias, sólo que estas bestias a veces son conscientes, y todos absolutamente todos, se alegraran o sufrirán por tus triunfos y fracasos, tus sufrimientos y alegrías, siempre y cuando sean emociones más fuertes y genuinas. Tanto el sufrimiento como la alegría cuando son genuinos, son emociones tan fuertes que shockean y obnubilan creando recuerdos falsos en las personas, un recuerdo que tendrá la capacidad de diseminarse por todas partes. Pero por suerte para ti, he venido para despertarte, para que vivas esta vida al máximo, solo tienes que animarte, nadie lo sabrá, ahora tú estás despierto, este miedo que sientes… Ese miedo intenso recorriendo tu cuerpo, mírate, reviviste la euforia y la más profunda de las tristezas, y piénsalo, aún lo recuerdas y ahora sabes algo que nadie más sabe. -¿Puedo hacer lo que me plazca? ¿Golpear, matar, cometer cualquier tipo de abuso? -Si hijo, pero escoge bien a tu víctima, pues es muy importante que generes una emoción muy fuerte e intensa en al menos una persona, luego la empatía natural hará el resto, puedes quitar una vida o darla, curar enfermedades o causarlas, o humillar a un pobre inútil hasta llevarlo a la locura, siempre que lo hagas sentir algo intenso. -No me queda más tiempo Maxie, y para empezar puede hacer lo que quieras con esta perra-. Dijo guiñando un ojo. Las puertas se destrabaron, Jenny quedó una vez más tendida en el piso, el ambiente de la habitación se alivianó. Inevitablemente Max dejó de lado el hermoso recuerdo de los años vividos y se dejó invadir por el amargo recuerdo de aquella noche tormentosa, tomó un pequeño frasco de ácido que estaba en una estantería, tensó cada músculo de su cuerpo y apretó fuerte los dientes mientras se acercaba a la joven. -Despierta Jenny cariño-. Dijo tratando de contenerse. Jenny abrió los ojos solo para ver a Max por última vez, él vertió todo el frasco sobre los ojos de la hermosa muchacha, dejándola ciega y desfigurándole todo el rostro. Luego llamó a una ambulancia, los paramédicos llegaron al instantes, eran lo peor de todo, le practicaban curaciones allí mismo, sin anestesia, relamiéndose por cada gesto y expresión de sufrimiento agónico que expresaba la chica, hacían su mejor esfuerzo por curarla, pocas veces habían visto tal sufrimiento, y querían que la chica viviera, para poder volver a ver ese sufrimiento alguna vez. -¿Jenny como te sientes? Le dijo Max-. - Mal, soy una estúpida, dijo llorando mira mi rostro, dime como está porque yo ya no puedo verlo, jamás debí intentar hacer ese trabajo con ácido, el profesor me advirtió que sería muy peligroso, mi vida, he arruinado mi vida entera. Ella creó su propia versión por el momento, más tarde sus padres creerían que ese accidente en realidad había ocurrido cuando ella era pequeña, y todos los que se pusieron tristes o alegres por ese accidente recuerdan exactamente lo mismo. Excepto Max, que muy precavido, ahora estudia bien a sus futuras víctimas porque aprendió gracias a otra cita con su madre que la oscilación de dolor no es la misma para todos, dependiendo de cuánto dolor pueda soportar requerirá emociones más o menos intensas para bloquearlo, él intenta poner a prueba los límites de la gente y se pregunta ¿Qué clase de situación límite necesitará para bloquearse quien recuerda realmente como perdió un brazo, que cosa tan terrible le habrá ocurrido a quien su recuerdo implantado es haber pasado ya de por sí, por cosas horribles y escalofriantes?
Bueno gente acá les dejo un pequeño relato, espero que les guste los que me han leído saben que me gusta escribir variado, gracias por leer y les agradecería mucho un comentario. Opuestos por naturaleza El viento fluía más de lo que soplaba, el muy cruel acaricia el rostro de los hombres, como recordándoles quien es el más libre de todos. Créanme que el viento a veces fluye más que el agua, y que ha creado y visto más aventuras que los siete mares. Y yo sé que es admirable todo lo que puede hacer el viento, lo que puede ser el viento, tal vez pudimos haber sido amigos, camaradas, incluso algo más si se me permite soñar, claro, realmente lo lamento con cada parte de mi, pero está vez nos tocó ser opuestos por naturaleza. Yo, la tierra, lo arraigado, donde la vida comienza y donde también termina, la que mantiene a las personas apegadas a la realidad como dice el dicho “con los pies sobre la tierra”, de mi comen mis frutos, de mi no obtienen menos que todo lo que puedo darles, sobre mi se han derramado ríos de sangre y yo misma con gusto los he absorbido, y si un humano llora pues seré yo quien a la larga cargue con el peso de sus lágrimas. Y no me pesa en realidad que me esclavicen, que utilicen, si es para eso que estoy yo aquí, eso es para lo que sirvo, para que todo y todos se nutran de mí, yo soy quien lo permite, a riesgo de algún día dejar de existir. Es sólo que a veces deseo al punto de la envidia poder ser como el viento, por su culpa a veces la gente me desprecia, a veces la gente no quiere tener los pies sobre mí, los pies sobre la tierra, ellos realmente desearían poder pararse en aquellos lugares en los cuales sólo el viento puede hacerlos pensar, y que tal vez él incluso logra alcanzar alguna vez. Y a mí, a mí nadie me agradece por los hermosos paisajes, las monumentales montañas, y los poderosos volcanes, nadie piensa en las toneladas de alimento que produzco al año para ellos pero claro, llega él y baja la fruta inalcanzable de la copa más alta de mi árbol más alto, me roba, y lo consideran poderoso y milagroso. Me gustaría estar en su lugar porque él no tiene que cargar con las lágrimas de las personas, el sólo viene y las seca simplemente, incluso hace cosquillas a la gente triste y les roba una sonrisa, aunque sea por la fuerza, tiene el poder de hacer sonreír a alguien en el peor momento. Pero lo peor, lo peor de todo, es que es destructivo a veces, y no está mal, todos los elementos podemos ser destructivos, está en nuestra naturaleza, y todos podemos enojarnos de vez en cuando, ciclones, huracanes, tornados. Lo malo es que siempre termino pagando yo por sus arranques de ira, él destruye casas y talan mis árboles para conseguir madera para la reconstrucción. Su poder hace sentir impotente a cualquier rey, todos lo respetan, lo idolatran por su enorme poder, en cambio yo, si yo me estremezco de dolor a causa del maltrato que recibo haciendo temblar la tierra , voy a oír algo tan simple e inútil como “oh vaya, la madre tierra está cansada”. Lo he visto manipulando hojas de mis árboles que en sus corrientes quedaron atrapadas ¡es un tirano! Sin embargo, las mueve de tal manera que provoca admiración, hasta a mi me provoca admiración, me provoca un montón de sensaciones inexplicables, tan fuertes que tengo que contenerme para no causar destrozos y tragedias. Sueño con poder andar junto al viento, y me angustia saber que es imposible, por eso, por tanta angustia es que ahora cae una tormenta como si mi amiga el agua estuviese ayudándome a llorar. Le pido al desgraciado que me condenó a ser esto que soy, que por favor alguna vez, en otra vida, me ponga en el camino del viento, tal vez podamos darnos una oportunidad y podamos volar juntos como deseo hace tantos años.
Leyendo "La república" me llamó particularmente la atención la parte en la que Sócrates, tratando de instaurar las bases de su ciudad perfecta, habla de qué relatos e historias deberían contárseles a los niños y cuales no, para así educar futuros hombres de bien. Se me ocurrió entonces, ponerme en la piel de un soberbio artista de la época que se dirige al filósofo diciendo tener aquella historia con la que todo futuro hombre de bien debería formarse. Espero que les guste o que al menos sean respetuosos, muchas gracias. A Sócrates: Oh Sócrates, aquél que a mi humilde juicio conoce más que el total desconocimiento del que dice ser titular. Ante todo y como artista, debo decir que te desprecio, no sólo porque han llegado a mis oídos algunos fragmentos de conversaciones que has tenido con la juventud de nuestra ciudad, sobre un sistema de gobierno en el que se restringen las libertades de muchos ciudadanos incluyendo la libertad de expresión de los artistas. Sino también porque ha llegado a mi corazón el temor de que pronto de algún modo te sea otorgado el poder para materializar tus ideas. Pero no me dirijo a ti Sócrates, para pelear lo hago más bien para ponerme a tu servicio, podrás llamarlo como te plazca pero, llegado el caso de que un día obtengas el poder político yo, desde mi lugar de artista voy a ayudarte a dominar a la población como sé que es tu voluntad, a cambio solo te pido lo que todo griego que se precie de ser tal desearía tener, buena fama y honor, pues las riquezas me sobran amigo mío. He aquí en las siguientes líneas, el relato que deberán contar a los niños e las futuras generaciones de buenos guerreros. El alma del guerrero Aniseo que acaba de caer en combate, deja este mundo ya, parte del tan llamado mundo de los vivos, lo deja para ya comenzar a vivir pues no hay manera mejor de sentir que con el alma inmortal, esa exquisita parte del ser que le da su sentido a la existencia, aquella esencia tan pura y delicada, demasiado frágil como para andar libre por el mundo de los vivos. Ya habiendo contentado al barquero, estando al final el río, entrando ya en la parte profunda del averno, es Hades quien lo espera, es quien impera en el inframundo quien aguarda por su alma, tal y como lo hace con cada uno de los que llegan a la eterna morada, Hades tiene forma de alma pues solo entre dioses son merecedores de ver la forma de dios. Y con su voz de alma le pregunta al guerrero. -Y tú, alma fuerte y valerosa, ¿Qué crees que estás haciendo aquí en mis dominios? -Estoy en este lugar en esencia porque por usted he sido convocado señor, contra mi voluntad he sido despojado de mi cuerpo finito y limitado para convertirme en exactamente lo opuesto. - ¿Contra tu voluntad? ¿Acaso osarás decirme que es injusto que estés aquí? – Dijo poniendo sobre el alma del guerrero una sofocante presión. Pero él supo quitarse de encima esa presión con humilde simpleza. -De ninguna manera señor mío, con esta nueva forma de vida pocas son las cosas que puedo comprender, pero una de esas pocas, es que si estoy aquí es porque así debe ser. - Comprendo... y dime Aniseo ¿Estás asustado? - De ninguna manera, he sido y soy un guerrero, no temo a la muerte ni a todo lo que esta conlleva, por eso y por todo lo que es justo arriesgué y di la vida por mi patria aun sabiendo que eso podría ponerle fin a mi vida, de hecho señor, hubiese muerto por cualquiera en mi ciudad si así hubiese sido justo. - ¿Pero por qué? ¿Acaso no valorabas tu vida humana? -Pero por supuesto que la valoraba, la apreciaba, la disfrutaba, y con justicia debo agregar… -Veo que estás utilizando mucho esa palabra, pero dime a qué te refieres tú cuando te refieres a la justicia. -Justo es usted mi dios, que es exactamente como debe ser y lo que debe ser, y no lo digo por adularte inútilmente, lo justo es la medida exacta de las cosas, solo lo útil es justo, y lo justo es lo útil, por ejemplo, el justo tamaño y la forma del cuchillo, lo hace un cuchillo y no una espada, el cuchillo solo sirve para ser cuchillo, si con él se intentara hacer una escultura entonces sería algo inútil o al menos poco provechoso. También cabe decir que siempre he sido un gran creyente del destino, el amo y señor de todo lo que es justo, por eso sé que actué de manera justa y precisamente como debí actuar, pues mi vida ya estaba escrita. Caí en combate peleando en la medida justa, con cada parte de mí, caí luchando por amor también en la medida justa, demasiado. Por eso en este momento me invade la medida justa de orgullo, la necesaria para estar en paz. -Oh Aniseo, puedo percibir la sinceridad y la humildad en todo aquello que acabas de decir, de entre todas las almas que han pasado frente a mí desde mi existencia, tu eres no solo un alma fuerte y valerosa como ya mencioné, eres la más fuerte y valerosa de todas. Has pasado por cientos de situaciones terribles, algunas te las procuraste tu solo, como la pereza que te hizo enfermar, otras solo fueron circunstancias de la vida muy lejos de tu alcance, la demencia de tu padre, la pérdida de tu primer hijo varón, y sin embargo, y a pesar de que de joven no recibiste ayuda, has sabido como reponerte, lograste ponerte de pie ante todo eso, te fortaleciste, y continuaste con tu vida, eres virtuoso pues fuiste el único en esa tierra que supo encontrar su lugar sin ayuda de nadie, fuiste un justo guerrero, y la gente que te rodeaba estaba contigo por gusto y no por lástima aun sabiendo por todo lo que habías pasado, y no es obra de nadie más que de ti, ese hijo menor que tienes, tan bien educado en el arte de la guerra que próximamente va a superarte dando más honor a tu familia. Virtuoso eres también aquí Aniseo, más que nadie, porque otro tanto lo fuiste en aquél cuerpo, fuiste feliz a pesar de todo, viste y resolviste todo siempre con valor, por eso dejas aquél mundo tú empapado en gloria guerrero, la misma que aquí rebalsa y emana desde lo más profundo de tu alma. Las almas que en algo se parecen a la tuya permanecen por siempre a mi lado, con una incomparable sensación de libertad, algunos también dichosos, si así lo desean son ascendidos a tan solo unos metros de la cima del olimpo y luchan en favor de los dioses que los hayan escogido. Pero tú no alma querida, tú no, pues como bien dijiste el destino y la justicia van de la mano, y por esta vez es justo que cambie las leyes de la vida, déjame decirte mi estimado Aniseo, morirás pero no será este día. Un año más tarde, el guerrero se convirtió en comandante de todo el ejército de la ciudad y cada vez que sus hombres van a la guerra con él al frente, justo antes de comenzar, el guerrero se pasea con calma y fiereza frente a sus hombres, y mira a cada uno de ellos directamente a los ojos como si estuviesen en una conversación de uno a uno, de hombre a hombre. -Hermanos, padres, hijos, compañeros… No teman a matar, ni mucho menos teman a morir, más no dejen nunca de honrar la vida, porque ese es su deber, porque ese es nuestro deber, hoy vamos a hacer justicia.