Paulina Jaimes nacida en el D.F. pinta a partir de la vida misma. El tema del cuerpo se ha vuelto parte esencial en su trabajo ya que puede conocer aspectos relevantes de su condición humana, aunque tiende a la figuración, hay una preocupación e insistencia por ser brutal con cada personaje al que retrata, es por eso que su forma de pintar; la técnica y el tratamiento sobre aquella superficie, busca tener fuerza y ser expresivo, consiguiendo hablar por sí mismo, siendo este el factor más primordial e importante ya que está convencida que la función de la pintura es el de hacerse y el de emocionar. Por medio del óleo y barnicetas a base de cera y entre pinceladas de color que tienden a su desfragmentación, muestra la condición vulnerable del cuerpo frente a los embates de un mundo insospechadamente inestable. PROCESO DE UN CUADRO ESTHER. 150 X 100 cm. Oleo sobre tela. Nov 2011 LA MASCARA "Como definir en tan pocos renglones lo que determino la máscara en mis cuadros, es más fácil escoger una imagen que pueda evocar muchas más cosas, y ofrecer a quien la vea la resonancia de algo que dijo más haya de lo que podría determinar con esta corta descripción." Letargo #1. 100 x 120 cm. Oleo sobre tela Letargo #2. 100 x 120 cm. Oleo sobre tela La Máscara La máscara representa la alteridad. Cubre el rostro a manera de estrategia defensiva, forma parte del doble juego ocultar y develar. La retracción, el mito, la danza, lo ominoso, lo ausente. El yo es otro, la definición. A travez de la máscara se adoptan los particulares de lo que representa. La máscara plantea interrogantes. La imagen que encarnamos es resultado de un proceso doloroso, deliberado y consecuente. La realidad es que somos lo que podemos, no lo que queremos. Con la máscara surge la posibilidad de la trasformación, de la prolongación, de esa encarnación que nos invita a ser algo más y que nos aleja de la realidad. Volvernos Otro nos libera, desata y nos exhibe: eres lo que ocultas. La educación la sociedad, las costumbres, las siempre irracionales tradiciones, la imposición de mitos monoteístas como ética regulatoria y esclavizante, nos obligan a conformar una imagen, que trabajamos y padecemos, hasta que decidimos llegar al límite y rompemos con ella, abiertamente o en el flujo libertino de la clandestinidad. La máscara es una transformación catártica, revulsiva, purificadora, nos permirte ser, y paradojicamente, ilumina la escencia más auténtica de nosotros. El disfraz nos representa nos crea un sitio donde estar.
Figuraciones plásticas de Paulina Jaimes
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