Charla con José Muñoz
by El tio berni — published on Octubre 27th, 2009
El pasado día 10 de octubre y dentro de los actos de avantcomic 2009, se celebró en La Casa Encendida de Madrid una charla con José Muñoz como invitado principal, en la que actuaron como moderadores Christian Gasser y Max. A continuación presentamos la transcripción de dicha charla. Siempre que no se indique lo contrario, los párrafos en negrita se corresponden con las preguntas de Gasser, formuladas en inglés y traducidas aquí al español.
El año pasado publicasteis la primera parte de esta historia en dos volúmenes sobre Carlos Gardel, el famoso cantante de tango argentino. Cuando salió este libro, por una parte dije, “sí, pero por qué ahora un libro sobre Carlos Gardel, porque parecía tan obvio que algún día haríais un libro sobre Carlos Gardel”… y la otra pregunta era, ¿por qué hicisteis este libro?
Buenas tardes a todo el mundo. Yo soy americano, americano del sur, no existen solamente los americanos del norte, existen los americanos del sur, del centro, existen los americanos. Es un nombre que se le dio al continente en el cual yo nací a partir de que no tenía un nombre anterior, a partir de Americo Vespucio. Pero aceptamos, nos gusta, el nombre americano. Entonces, como americano del sur, de la ciudad cosmopolita de Buenos Aires, para mí, como amante de las imágenes narrativas, el cine, la historieta, sobre todo la historieta, después pasé al cine, siempre me interesó la extraordinaria apariencia estética y plástica. Al principio creo que también fuimos entrando con
Sampayo en lo de los problemas, el caso de Estados Unidos, la descomposición del imperio, la deconstrucción, el delirio de potencias, los negocios oscuros entre políticos imperialistas y criminales desarrollados… Nos fuimos metiendo en el cine negro, en el elemento negro. Lo llaman negro… Bueno, digamos en la parte oscura, mejor dicho, del ser, y encontramos en Alack Sinner, inventamos un personaje que se llama Alack Sinner, que quiere decir “Ay de mí, pecador”, allá por el setenta y cuatro. Estábamos en casa de unos amigos, por nuestras pobres finanzas del momento. Estábamos inventado a Alack Sinner ahí en Mallorca.
Max: ¿En Mallorca?
Claro, claro. Empezamos en Barcelona en verano del setenta y cuatro y después seguimos en Mallorca, agosto y septiembre, y el primer episodio de Alack Sinner lo terminamos en Italia, donde nos mudamos, y a finales del setenta y… principios del setenta y cinco salió la primera publicación de Alack Sinner en la revista Alter Linus de la editorial Milano Libri de Milán. Italia es un país el cual en parte yo vivo aún, estoy entre Italia y Francia. Esta cosa de ser americano y esta cosa de que la música, la buena música de Estados Unidos, la buena literatura negra y blanca, el cine, toda la leyenda gigantesca que los norteamericanos con su propaganda, su frescura y su ignorancia y su pujanza construyeron con respecto a sí mismos, fue muy sugestiva para nosotros y con mis amigos de la época pasábamos días enteros en los cines y analizábamos cada fotograma. Yo estudié cine. Para mí la sugestión de las imágenes y el dibujo que desciende directamente sobre la página siempre ha sido mi entretenimiento preferido. Hago un pequeño paréntesis. La palabra entretenimiento, que a veces en el castellano, en el español, en el italiano, las lenguas que yo conozco, se usa como una especie de inferiorización del contexto. Yo creo que la palabra entretenimiento, si la abrimos y la analizamos, es una palabra inmensa. La palabra entretenimiento tiene dentro de ella, para mí, esto que nos entretenemos, nos tenemos los unos a los otros contándonos historias. O sea, uno se cuenta historias. Yo te cuento una historia a vos, vos me contás una historia a mí, y pasa el fuego de la vida, pasan las noches, pasan las estrellas, pasa todo, y después volvemos al polvo que nos hizo nacer, y nos entretuvimos, nos tuvimos entre nosotros. O sea, entretenerse, aunque tú digas, “no, esto no es serio, esto es entretenimiento”, y bueno, digamos, hay entretenimiento y entretenimiento, esta Shakespeare como entretenimiento, está Borges como entretenimiento, está Arlt como entretenimiento, y después está Berlusconi como entretenimiento, también, así que son cosas diferentes [el público ríe]. Todos nos entretenemos, cada uno se entretiene como puede [Muñoz ríe].
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El guiñol, entretenimiento con mensaje en La comedia de los mestizos
Yo como chico, como producto auténtico de los barrios de tango, digamos, yo pibe en los años cuarenta, mi familia tenía un bar que se llamaba La Andaluza. Mi abuelo paterno era de Málaga, mi abuelo materno era de Las Palmas de Gran Canaria, así que muy hispánico ya, digamos, en casa se hablaba… nosotros hablábamos bien según nosotros y los abuelos hablaban mal, según nosotros [Muñoz y el público ríen]. La Andaluza estaba poblado de la tribu del tango. Yo veía a estos señores con un cierto sobrepeso, anillos lujosos en las manos, peinados con brillantina… Yo era chiquitito y los miraba… Lentamente, todo este tipo de imágenes que hoy estoy trabajando, fueron esperando, estaban esperando que terminase toda nuestra… cómo se puede decir… nuestra entrega amorosa y colérica e investigativa con respecto a los estímulos plásticos y narrativos de la América del Norte. Una vez que tal placer disminuyó, yo me encontré como exangüe, como luego de un amor exigente, y mi identidad, mi persona, mis fragmentos… yo soy un tipo que ha viajado siempre detrás del trabajo, no soy un aventurero, no soy un explorador. Mi trabajo, mi extraordinario trabajo me ha permitido conocer todos los países de nuestros antepasados en La Costa Blanca de Buenos Aires. El dibujo me ha llevado por lados insospechados. O sea, estaban todos esos fermentos en los barrios, pero después fui conociendo un poco el pasado de cada una de las formas extrañas de hablar castellano que me había encontrado en mi barrio. Eso es fantástico. Entonces, todo este paquete afectivo, durante los años se fue desarrollando y apareció como deseo impelente de poder contar, de querer contar historias que tuviesen que ver con mi entorno primordial, con mi entorno primero. Y en ese momento, en la Argentina de mi infancia había una construcción colectiva de sentido. Había el tango, por ejemplo, construcción del pueblo indígena y de los descendientes de la emigración… Toda esta cosa se fue creando, todos estos barrios donde yo nací y fui viendo casi baldosa por baldosa, todo esto me fermentó. Supongo que me tuve que alejar del barrio. Yo estaba en el barrio y miraba las películas de cowboys, y después me alejé del barrio, me fui a vivir bien lejos por diferentes razones, y esta cosa, esta construcción colectiva de sentido, esta especie de maravillosa creación temporánea de lo que fue esta amalgama cosmopolita de Buenos Aires, sale hoy, hoy quiere salir en mi trabajo.
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Aquel Buenos Aires, en Carlos Gardel. La voz de Argentina
Al leer este libro, Carlos Gardel, alguna gente puede sentirse decepcionada, porque no es vuestro objetivo hacer una biografía de Carlos Gardel.
Es una caricia cariñosa… tímida y cariñosa a un tío que no conocí. Es como un tío de nosotros, un joven muchacho, eterno joven muchacho, fotogénico y dotado que tuvo la conciencia de su talento, lo supo mejorar… En ese sentido, como talento en ejercicio, Gardel es una buena enseñanza, era consciente de sus capacidades y seriamente trató de llegar a hacer las cosas, de cantar las cosas lo mejor posible. Y lo consiguió. Y todo esto, digamos, este tío, es una especie de estrella solitaria pero rodeada de otras estrellas que son todos los que en el firmamento del barrio… están todos, está mi madre, que se fue… mi madre cantaba, mi tío cantaba… en la casa en la que yo nací se cantaba en el patio del fondo cuando se lavaba la ropa, se regañaba a los niños y salíamos a la vereda. Era una especie de paraíso. Bueno, por ahí la infancia es un paraíso para todos, es bastante probable, salvo para quien tuvo que tener una infancia, cómo se puede decir, no paradisíaca… pero esto ya, digamos, es… Yo he rescatado de esa época de mi vida, me he dado cuenta de que he estado presente en un fenómeno de construcción colectiva de emigrados, de desplazados económicos y políticos de las hambrunas europeas. Hay gente que dejaba toda la seguridad… la falta de seguridad de las aldeas del sur de la Italia, del feudalismo, de la Andalucía de los señoritos… se escapaba de las guerras y las hambrunas. Allá consiguieron muchos tener una vida digna, parir hijos, saludar a los nietos y morirse. Y luego la Argentina cayó en esta debacle de los años setenta, de la cual yo no fui recuperado. Muchos de mi generación tenemos una… Entonces yo, buscando esta Argentina de la juventud de mis padres, de la juventud de Gardel, fui haciendo como un viaje interior hacia una Argentina que no conocí rescatando y resucitando, porque yo, siendo, digamos, un poco exaltado, creo que el dibujo resucita.
bbaa
Buenos Aires, refugio de emigrantes, en Carlos Gardel. la voz de Argentina
Es difícil hacer una pregunta después de… [el público y los conferenciantes ríen]
Max: El tema de que el dibujo resucita… eso es que el dibujo está creando, está dando vida a algo que ya es del pasado. Lo está…
Que se fue. El fuego de los que se fueron y que están ahí. Hoy acabo de leer en no sé qué cosa, leo todo el tiempo… “El clamor de los muertos que no aceptan ser muertos.” Un poco terrorífico. La gran traición en la fragilidad última de nuestra vida, digamos que es esto de morir. Mal gusto, mal gusto. Fuera de lugar. No me gusta [el público ríe]. Es inevitable pero no estoy de acuerdo [el público ríe]. Entonces uno supone que todo aquello que vivió y, como dice Quevedo, “polvo enamorado seré”… hay como una persistencia en el deseo de estar respirando, digamos, con la materia consciente que somos hoy nosotros… digamos que somos materia consciente que será polvo. Todo este tráfico… ahí, cuando entrás en este tipo de deriva de la imaginación y del deseo, digamos, los muertos no están muertos del todo. Una imagen, una sonrisa, un brillo en el ojo de Gardel o en una niña que lo contempla en la puerta del mercado de abastos, el mercado de las grandes verduras de Buenos Aires a principios de siglo, en el barrio de este muchacho… Yo he ido a la Casa Museo de Gardel: la cocina, el bañito, el cuarto de planchar están ahí y es una cosa, cómo puedo decirte… Bueno, yo quiero entrar en este patio. Entonces, como yo soy un hijo de esos barrios, me sentí legitimado como para entrar a casa de gardel.
Max: Sí, pero seguramente la casa de Gardel, una visita a la casa de Gardel no nos ofrece la misma vivencia que leer vuestro cómic sobre Gardel.
No, no, no.
Max: El cómic resucita más que la Casa Museo, diría yo, aunque no he estado allí.
Sí, sí, está claro, está claro. Digamos que esta casa, yo fui… había sido abandonada, ocupada, semidestruida, en Buenos Aires la habían dejado, digamos, de lado absolutamente y luego en los últimos quince años la han refaccionado, la han, un poco, traicionado, es como medio indistinta. Pero esos tres cuartitos que mencioné, se parecen un poco a la vieja foto que yo he visto, así que vi a su madre… Uno dibuja porque se imagina. Yo no es que cuando dibujo, o sea, repito una cosa que previamente me imaginé. Yo, en el momento que dibujo, como pienso que muchos de nosotros, claro… bueno, después hay gente un poco más racional, que es una palabra también difícil, pero bueno, se puede aplicar a veces… Vos vas trabajando, tenés una emoción que te invade, la vas buscando dentro del papel, la encontrás de pronto, el perfil de Doña Berta, la madre de Gardel, ellos tuvieron que emigrar, eran nativos de Toulouse, Francia, la madre se tuvo que ir enseguida de Toulouse porque tuvo a Carlitos Gardel sin padre reconocido, esto fue una desgracia para la profunda provincia francesa y se escapó con su hijo a Buenos Aires para tener una vida más o menos tranquila. Y ahí trabajó duramente y el nene empezó a cantar y se volvió una estrella nacional y luego internacional. Así que es el barrio, es mi madre, es mi abuelo, y la emigración de mi abuelo, que llegó en el diez a la Argentina. Me alejo un poco de la Argentina actual. Ahora me gustaría volver a la actualidad, después de estos tres años en los años veinte, treinta, pero no tengo historia, aún no tenemos historia como para volver a tocar el presente, pero… Yo he querido… El dibujo resucita, yo he querido escapar del presente porque el presente me mata.
En casa de Gardel y su madre, Doña Berta, en Carlos Gardel. la voz de Argentina
Has mencionado la imaginación, que dibujas gracias a la imaginación. También has mencionado la palabra emoción. Me gustaría sacar a relucir otra palabra, la palabra mitología…
Bueno, es un mito, Gardel es un mito. Es un mito popular construido por el pueblo en base a una verdad, digamos que era la existencia de este hombre y el talento. Después, toda la construcción colectiva, como sucede en estos mitos populares, fue una gran aleación colectiva a partir de una… de una… digamos, de una existencia física real. Y después está toda la música del tango, con otros cantantes, otras cantantes, otros músicos. Fue una… mil novecientos veinte, treinta, cuarenta, hasta mitad de los cincuenta fue una especie de excelencia continuada, hasta que luego, digamos, la música rocanrolera norteamericana. Yo fui un rocanrolero profesional. En el cincuenta y cinco, cincuenta y seis, yo no estaba muy amigado con el tango. Esto fue una cosa que me empezó a… Yo me alejé de mi barrio para poder volver, supongo.
También está esa idea del mito que he encontrado en la historia, en una frase traducida así al inglés: “este país construye mitos para inventarse a sí mismo una identidad que no tiene”. Para mí, es la frase clave de todo vuestro…
Este país, la Argentina, digamos, está el problema de la identidad. O sea, uno tiene… parece que uno tiene que tener una identidad precisa con respecto a sí mismo, si no, entra en confusión. En mi caso, yo escucho las discusiones profundas, interminables con respecto a los… cuando voy a la Argentina, leo… las diferentes tribus peronistas, los radicales, los conservadores, toda la cosa así, digamos, el mito del gaucho… Gardel era de origen francés, pero Gardel empezó a cantar las canciones de la profundidad de la pampa, Gardel se disfrazó de gaucho, pero no se disfrazó de gaucho, se vistió de gaucho, porque él quiso entrar.
http://www.entrecomics.com/wp-content/uploads/2009/10/gaucho.jpg
El gaucho Gardel
Cuando vos vivís en una realidad tan real… Él entró como muchos emigrantes, que trataron de ser rápidamente… de acriollarse rápidamente para ser del lugar, para ser del lugar. Entonces, este deseo de entrar fue vivido por el criollo antiguo. El criollo antiguo. ¿Qué era el criollo antiguo? Era el fruto de la mezcla entre españoles y pobladores antiguos de América, entre los guerreros que llegaban y los indígenas. Ese fue el criollo. Cuando empezaron a llegar toda esta masa indistinta de calabreses… bueno, muchos de España también, pero digamos emigraciones masivas de países que no habían sido parte importante en la Argentina hasta ese momento… se creó todo un problema sobre la identidad nacional. A principios del siglo veinte, en Buenos Aires se temía que se perdiese el español como lenguaje de comunicación. Porque había más italianos que hispano parlantes en Buenos Aires. Pero como resulta que los italianos no hablaban italiano, hablaban los dialectos regionales de cada uno, usaban el castellano, el español, como lengua franca entre ellos. La clase dirigente… asustadísima por la pérdida de identidad nacional. Entonces bueno, está todo este bailongo de identidad. Para mí no… Siendo yo, digamos, cosmopolita, viajero, y habiendo nacido dentro de toda esta mezcla cosmopolita… esta cosa de la construcción del mito, que uno no es nadie, qué se yo… tiene, tiene su verdad pero también es una opinión, digamos, no definitiva con respecto a esto de la identidad. Hablamos mucho con Sampayo sobre este tipo de cosas. Hay gente que sin identidad no respira. Yo pienso que tenemos muchas, muchas. Entonces… pero… ¿qué era lo que me decías? [Muñoz rebusca entre los papeles de Christian Gasser. El público ríe] Inventarse a sí mismo. Inventarse. Sí, sí. Uno se inventa a sí mismo.
Algunos tienen muy claro el concepto de identidad nacional, en Carlos Gardel. La voz de Argentina
Así que vosotros, realmente, en este libro estáis haciendo una auto reflexión sobre como se formó la identidad argentina a través de…
Sí, está eso y está lo que le decía a él también. Que después de tanto cosmopolitismo historietístico en el cual yo me he encontrado, digamos, viajando dentro de las profundas heridas, de los políticos, los criminales, dentro del género que lo llaman policial negro aquí, cuando decidimos con Sampayo ponernos en este presente… Hemos estado siempre en el presente con Alack Sinner desde el setenta y cuatro hasta antes de ayer. Yo, para recuperar mi identidad, me tuve que ir a refugiar al lado de Gardel. Después de América del Norte, después de este gran amor plástico, tuve la necesidad… identitaria, en este aspecto, de dibujar, de tocar con mi plumín y mi pincel la baldosas que yo pisé, las sombras que yo vi, los cachos de sol repartidos por la vereda, la sombra de los árboles, la perspectiva de las calles que se pierden en el fondo, la señora que sale a hablar con el lechero… Yo de todo eso me acuerdo. Quise dibujar eso porque de pronto me sentía como extraviado dentro de un callejón neoyorquino. Esto tiene que ver por ahí con un problema identitario, pero bueno, inventándome a mí mismo… Inventando una soportación, porque uno tiene que, digamos, tolerar la vida no es fácil. Después, soportar la cohabitación con uno todos los días hasta el último de tus días a veces es problemático. Entonces uno tiene que andar como cambiando el disfraz.
La verdad sobre Carlos Gardel… ¿fue una cosa agradable con la que trabajar, o lo hizo más difícil? O sea, ¿qué es al final más real para ti? ¿Es la verdad sobre Gardel o es el mito de Gardel?
Es una sabia mezcla entre las cosas. Gardel, que fue muy parco en sus declaraciones y confesiones, dejó mucho espacio para el agregado mítico. Gardel se construyó presentándose cordialmente y escondiendo buena parte de su mundo íntimo, que lo expresaba a través de la emoción de sus canciones. O sea, que era un territorio… construir a Gardel, construir esa identidad buenosairina, porteña, con Gardel era el trabajo que el pueblo hizo simultáneamente a su vida y a su muerte y a posteriori. Luego exceso, digámoslo así, de… había un comentarista de tango que se llamaba Julio Jorge Nelson que siempre contaba que una vez Gardel, pasando por la calle Corrientes, le había acariciado la cabecita. Entonces él estaba viviendo siempre el recuerdo de Gardel acariciándole la cabecita cuarenta años después [el público ríe]. Lo llamaban La Viuda [el público ríe]. Había casos en cierta manera casi de tango cómico, pero esta cosa del tío, familiar… La casa de mi abuelo el canario era muy similar a esta Casa Museo Gardel, con las piezas que dan todas a un patio. Entonces yo recuerdo, frecuento en el pasado ese recuerdo, y sin dificultades lo veo a Gardel que entra y sale, que habla con mi mamá. Todo el delirio ese, digamos que nosotros, los imaginadores, los que nos soportamos creando… Nos soportamos creando… Yo tenía ahí toda una riqueza de mi circunstancia primordial que empecé a sentirme capaz de tocar, deseoso y capaz de tocar. Y esto es, si nosotros hablamos de esa famosa palabra identidad… Como te dije antes, yo he estado un poco, digamos, perdido allá en un callejón norteamericano. No me encontraba, también. Entonces, bueno, decidí volver a casa.
by El tio berni — published on Octubre 27th, 2009
El pasado día 10 de octubre y dentro de los actos de avantcomic 2009, se celebró en La Casa Encendida de Madrid una charla con José Muñoz como invitado principal, en la que actuaron como moderadores Christian Gasser y Max. A continuación presentamos la transcripción de dicha charla. Siempre que no se indique lo contrario, los párrafos en negrita se corresponden con las preguntas de Gasser, formuladas en inglés y traducidas aquí al español.
El año pasado publicasteis la primera parte de esta historia en dos volúmenes sobre Carlos Gardel, el famoso cantante de tango argentino. Cuando salió este libro, por una parte dije, “sí, pero por qué ahora un libro sobre Carlos Gardel, porque parecía tan obvio que algún día haríais un libro sobre Carlos Gardel”… y la otra pregunta era, ¿por qué hicisteis este libro?
Buenas tardes a todo el mundo. Yo soy americano, americano del sur, no existen solamente los americanos del norte, existen los americanos del sur, del centro, existen los americanos. Es un nombre que se le dio al continente en el cual yo nací a partir de que no tenía un nombre anterior, a partir de Americo Vespucio. Pero aceptamos, nos gusta, el nombre americano. Entonces, como americano del sur, de la ciudad cosmopolita de Buenos Aires, para mí, como amante de las imágenes narrativas, el cine, la historieta, sobre todo la historieta, después pasé al cine, siempre me interesó la extraordinaria apariencia estética y plástica. Al principio creo que también fuimos entrando con
Sampayo en lo de los problemas, el caso de Estados Unidos, la descomposición del imperio, la deconstrucción, el delirio de potencias, los negocios oscuros entre políticos imperialistas y criminales desarrollados… Nos fuimos metiendo en el cine negro, en el elemento negro. Lo llaman negro… Bueno, digamos en la parte oscura, mejor dicho, del ser, y encontramos en Alack Sinner, inventamos un personaje que se llama Alack Sinner, que quiere decir “Ay de mí, pecador”, allá por el setenta y cuatro. Estábamos en casa de unos amigos, por nuestras pobres finanzas del momento. Estábamos inventado a Alack Sinner ahí en Mallorca.
Max: ¿En Mallorca?
Claro, claro. Empezamos en Barcelona en verano del setenta y cuatro y después seguimos en Mallorca, agosto y septiembre, y el primer episodio de Alack Sinner lo terminamos en Italia, donde nos mudamos, y a finales del setenta y… principios del setenta y cinco salió la primera publicación de Alack Sinner en la revista Alter Linus de la editorial Milano Libri de Milán. Italia es un país el cual en parte yo vivo aún, estoy entre Italia y Francia. Esta cosa de ser americano y esta cosa de que la música, la buena música de Estados Unidos, la buena literatura negra y blanca, el cine, toda la leyenda gigantesca que los norteamericanos con su propaganda, su frescura y su ignorancia y su pujanza construyeron con respecto a sí mismos, fue muy sugestiva para nosotros y con mis amigos de la época pasábamos días enteros en los cines y analizábamos cada fotograma. Yo estudié cine. Para mí la sugestión de las imágenes y el dibujo que desciende directamente sobre la página siempre ha sido mi entretenimiento preferido. Hago un pequeño paréntesis. La palabra entretenimiento, que a veces en el castellano, en el español, en el italiano, las lenguas que yo conozco, se usa como una especie de inferiorización del contexto. Yo creo que la palabra entretenimiento, si la abrimos y la analizamos, es una palabra inmensa. La palabra entretenimiento tiene dentro de ella, para mí, esto que nos entretenemos, nos tenemos los unos a los otros contándonos historias. O sea, uno se cuenta historias. Yo te cuento una historia a vos, vos me contás una historia a mí, y pasa el fuego de la vida, pasan las noches, pasan las estrellas, pasa todo, y después volvemos al polvo que nos hizo nacer, y nos entretuvimos, nos tuvimos entre nosotros. O sea, entretenerse, aunque tú digas, “no, esto no es serio, esto es entretenimiento”, y bueno, digamos, hay entretenimiento y entretenimiento, esta Shakespeare como entretenimiento, está Borges como entretenimiento, está Arlt como entretenimiento, y después está Berlusconi como entretenimiento, también, así que son cosas diferentes [el público ríe]. Todos nos entretenemos, cada uno se entretiene como puede [Muñoz ríe].
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El guiñol, entretenimiento con mensaje en La comedia de los mestizos
Yo como chico, como producto auténtico de los barrios de tango, digamos, yo pibe en los años cuarenta, mi familia tenía un bar que se llamaba La Andaluza. Mi abuelo paterno era de Málaga, mi abuelo materno era de Las Palmas de Gran Canaria, así que muy hispánico ya, digamos, en casa se hablaba… nosotros hablábamos bien según nosotros y los abuelos hablaban mal, según nosotros [Muñoz y el público ríen]. La Andaluza estaba poblado de la tribu del tango. Yo veía a estos señores con un cierto sobrepeso, anillos lujosos en las manos, peinados con brillantina… Yo era chiquitito y los miraba… Lentamente, todo este tipo de imágenes que hoy estoy trabajando, fueron esperando, estaban esperando que terminase toda nuestra… cómo se puede decir… nuestra entrega amorosa y colérica e investigativa con respecto a los estímulos plásticos y narrativos de la América del Norte. Una vez que tal placer disminuyó, yo me encontré como exangüe, como luego de un amor exigente, y mi identidad, mi persona, mis fragmentos… yo soy un tipo que ha viajado siempre detrás del trabajo, no soy un aventurero, no soy un explorador. Mi trabajo, mi extraordinario trabajo me ha permitido conocer todos los países de nuestros antepasados en La Costa Blanca de Buenos Aires. El dibujo me ha llevado por lados insospechados. O sea, estaban todos esos fermentos en los barrios, pero después fui conociendo un poco el pasado de cada una de las formas extrañas de hablar castellano que me había encontrado en mi barrio. Eso es fantástico. Entonces, todo este paquete afectivo, durante los años se fue desarrollando y apareció como deseo impelente de poder contar, de querer contar historias que tuviesen que ver con mi entorno primordial, con mi entorno primero. Y en ese momento, en la Argentina de mi infancia había una construcción colectiva de sentido. Había el tango, por ejemplo, construcción del pueblo indígena y de los descendientes de la emigración… Toda esta cosa se fue creando, todos estos barrios donde yo nací y fui viendo casi baldosa por baldosa, todo esto me fermentó. Supongo que me tuve que alejar del barrio. Yo estaba en el barrio y miraba las películas de cowboys, y después me alejé del barrio, me fui a vivir bien lejos por diferentes razones, y esta cosa, esta construcción colectiva de sentido, esta especie de maravillosa creación temporánea de lo que fue esta amalgama cosmopolita de Buenos Aires, sale hoy, hoy quiere salir en mi trabajo.
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Aquel Buenos Aires, en Carlos Gardel. La voz de Argentina
Al leer este libro, Carlos Gardel, alguna gente puede sentirse decepcionada, porque no es vuestro objetivo hacer una biografía de Carlos Gardel.
Es una caricia cariñosa… tímida y cariñosa a un tío que no conocí. Es como un tío de nosotros, un joven muchacho, eterno joven muchacho, fotogénico y dotado que tuvo la conciencia de su talento, lo supo mejorar… En ese sentido, como talento en ejercicio, Gardel es una buena enseñanza, era consciente de sus capacidades y seriamente trató de llegar a hacer las cosas, de cantar las cosas lo mejor posible. Y lo consiguió. Y todo esto, digamos, este tío, es una especie de estrella solitaria pero rodeada de otras estrellas que son todos los que en el firmamento del barrio… están todos, está mi madre, que se fue… mi madre cantaba, mi tío cantaba… en la casa en la que yo nací se cantaba en el patio del fondo cuando se lavaba la ropa, se regañaba a los niños y salíamos a la vereda. Era una especie de paraíso. Bueno, por ahí la infancia es un paraíso para todos, es bastante probable, salvo para quien tuvo que tener una infancia, cómo se puede decir, no paradisíaca… pero esto ya, digamos, es… Yo he rescatado de esa época de mi vida, me he dado cuenta de que he estado presente en un fenómeno de construcción colectiva de emigrados, de desplazados económicos y políticos de las hambrunas europeas. Hay gente que dejaba toda la seguridad… la falta de seguridad de las aldeas del sur de la Italia, del feudalismo, de la Andalucía de los señoritos… se escapaba de las guerras y las hambrunas. Allá consiguieron muchos tener una vida digna, parir hijos, saludar a los nietos y morirse. Y luego la Argentina cayó en esta debacle de los años setenta, de la cual yo no fui recuperado. Muchos de mi generación tenemos una… Entonces yo, buscando esta Argentina de la juventud de mis padres, de la juventud de Gardel, fui haciendo como un viaje interior hacia una Argentina que no conocí rescatando y resucitando, porque yo, siendo, digamos, un poco exaltado, creo que el dibujo resucita.
bbaa
Buenos Aires, refugio de emigrantes, en Carlos Gardel. la voz de Argentina
Es difícil hacer una pregunta después de… [el público y los conferenciantes ríen]
Max: El tema de que el dibujo resucita… eso es que el dibujo está creando, está dando vida a algo que ya es del pasado. Lo está…
Que se fue. El fuego de los que se fueron y que están ahí. Hoy acabo de leer en no sé qué cosa, leo todo el tiempo… “El clamor de los muertos que no aceptan ser muertos.” Un poco terrorífico. La gran traición en la fragilidad última de nuestra vida, digamos que es esto de morir. Mal gusto, mal gusto. Fuera de lugar. No me gusta [el público ríe]. Es inevitable pero no estoy de acuerdo [el público ríe]. Entonces uno supone que todo aquello que vivió y, como dice Quevedo, “polvo enamorado seré”… hay como una persistencia en el deseo de estar respirando, digamos, con la materia consciente que somos hoy nosotros… digamos que somos materia consciente que será polvo. Todo este tráfico… ahí, cuando entrás en este tipo de deriva de la imaginación y del deseo, digamos, los muertos no están muertos del todo. Una imagen, una sonrisa, un brillo en el ojo de Gardel o en una niña que lo contempla en la puerta del mercado de abastos, el mercado de las grandes verduras de Buenos Aires a principios de siglo, en el barrio de este muchacho… Yo he ido a la Casa Museo de Gardel: la cocina, el bañito, el cuarto de planchar están ahí y es una cosa, cómo puedo decirte… Bueno, yo quiero entrar en este patio. Entonces, como yo soy un hijo de esos barrios, me sentí legitimado como para entrar a casa de gardel.
Max: Sí, pero seguramente la casa de Gardel, una visita a la casa de Gardel no nos ofrece la misma vivencia que leer vuestro cómic sobre Gardel.
No, no, no.
Max: El cómic resucita más que la Casa Museo, diría yo, aunque no he estado allí.
Sí, sí, está claro, está claro. Digamos que esta casa, yo fui… había sido abandonada, ocupada, semidestruida, en Buenos Aires la habían dejado, digamos, de lado absolutamente y luego en los últimos quince años la han refaccionado, la han, un poco, traicionado, es como medio indistinta. Pero esos tres cuartitos que mencioné, se parecen un poco a la vieja foto que yo he visto, así que vi a su madre… Uno dibuja porque se imagina. Yo no es que cuando dibujo, o sea, repito una cosa que previamente me imaginé. Yo, en el momento que dibujo, como pienso que muchos de nosotros, claro… bueno, después hay gente un poco más racional, que es una palabra también difícil, pero bueno, se puede aplicar a veces… Vos vas trabajando, tenés una emoción que te invade, la vas buscando dentro del papel, la encontrás de pronto, el perfil de Doña Berta, la madre de Gardel, ellos tuvieron que emigrar, eran nativos de Toulouse, Francia, la madre se tuvo que ir enseguida de Toulouse porque tuvo a Carlitos Gardel sin padre reconocido, esto fue una desgracia para la profunda provincia francesa y se escapó con su hijo a Buenos Aires para tener una vida más o menos tranquila. Y ahí trabajó duramente y el nene empezó a cantar y se volvió una estrella nacional y luego internacional. Así que es el barrio, es mi madre, es mi abuelo, y la emigración de mi abuelo, que llegó en el diez a la Argentina. Me alejo un poco de la Argentina actual. Ahora me gustaría volver a la actualidad, después de estos tres años en los años veinte, treinta, pero no tengo historia, aún no tenemos historia como para volver a tocar el presente, pero… Yo he querido… El dibujo resucita, yo he querido escapar del presente porque el presente me mata.
En casa de Gardel y su madre, Doña Berta, en Carlos Gardel. la voz de Argentina
Has mencionado la imaginación, que dibujas gracias a la imaginación. También has mencionado la palabra emoción. Me gustaría sacar a relucir otra palabra, la palabra mitología…
Bueno, es un mito, Gardel es un mito. Es un mito popular construido por el pueblo en base a una verdad, digamos que era la existencia de este hombre y el talento. Después, toda la construcción colectiva, como sucede en estos mitos populares, fue una gran aleación colectiva a partir de una… de una… digamos, de una existencia física real. Y después está toda la música del tango, con otros cantantes, otras cantantes, otros músicos. Fue una… mil novecientos veinte, treinta, cuarenta, hasta mitad de los cincuenta fue una especie de excelencia continuada, hasta que luego, digamos, la música rocanrolera norteamericana. Yo fui un rocanrolero profesional. En el cincuenta y cinco, cincuenta y seis, yo no estaba muy amigado con el tango. Esto fue una cosa que me empezó a… Yo me alejé de mi barrio para poder volver, supongo.
También está esa idea del mito que he encontrado en la historia, en una frase traducida así al inglés: “este país construye mitos para inventarse a sí mismo una identidad que no tiene”. Para mí, es la frase clave de todo vuestro…
Este país, la Argentina, digamos, está el problema de la identidad. O sea, uno tiene… parece que uno tiene que tener una identidad precisa con respecto a sí mismo, si no, entra en confusión. En mi caso, yo escucho las discusiones profundas, interminables con respecto a los… cuando voy a la Argentina, leo… las diferentes tribus peronistas, los radicales, los conservadores, toda la cosa así, digamos, el mito del gaucho… Gardel era de origen francés, pero Gardel empezó a cantar las canciones de la profundidad de la pampa, Gardel se disfrazó de gaucho, pero no se disfrazó de gaucho, se vistió de gaucho, porque él quiso entrar.
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El gaucho Gardel
Cuando vos vivís en una realidad tan real… Él entró como muchos emigrantes, que trataron de ser rápidamente… de acriollarse rápidamente para ser del lugar, para ser del lugar. Entonces, este deseo de entrar fue vivido por el criollo antiguo. El criollo antiguo. ¿Qué era el criollo antiguo? Era el fruto de la mezcla entre españoles y pobladores antiguos de América, entre los guerreros que llegaban y los indígenas. Ese fue el criollo. Cuando empezaron a llegar toda esta masa indistinta de calabreses… bueno, muchos de España también, pero digamos emigraciones masivas de países que no habían sido parte importante en la Argentina hasta ese momento… se creó todo un problema sobre la identidad nacional. A principios del siglo veinte, en Buenos Aires se temía que se perdiese el español como lenguaje de comunicación. Porque había más italianos que hispano parlantes en Buenos Aires. Pero como resulta que los italianos no hablaban italiano, hablaban los dialectos regionales de cada uno, usaban el castellano, el español, como lengua franca entre ellos. La clase dirigente… asustadísima por la pérdida de identidad nacional. Entonces bueno, está todo este bailongo de identidad. Para mí no… Siendo yo, digamos, cosmopolita, viajero, y habiendo nacido dentro de toda esta mezcla cosmopolita… esta cosa de la construcción del mito, que uno no es nadie, qué se yo… tiene, tiene su verdad pero también es una opinión, digamos, no definitiva con respecto a esto de la identidad. Hablamos mucho con Sampayo sobre este tipo de cosas. Hay gente que sin identidad no respira. Yo pienso que tenemos muchas, muchas. Entonces… pero… ¿qué era lo que me decías? [Muñoz rebusca entre los papeles de Christian Gasser. El público ríe] Inventarse a sí mismo. Inventarse. Sí, sí. Uno se inventa a sí mismo.
Algunos tienen muy claro el concepto de identidad nacional, en Carlos Gardel. La voz de Argentina
Así que vosotros, realmente, en este libro estáis haciendo una auto reflexión sobre como se formó la identidad argentina a través de…
Sí, está eso y está lo que le decía a él también. Que después de tanto cosmopolitismo historietístico en el cual yo me he encontrado, digamos, viajando dentro de las profundas heridas, de los políticos, los criminales, dentro del género que lo llaman policial negro aquí, cuando decidimos con Sampayo ponernos en este presente… Hemos estado siempre en el presente con Alack Sinner desde el setenta y cuatro hasta antes de ayer. Yo, para recuperar mi identidad, me tuve que ir a refugiar al lado de Gardel. Después de América del Norte, después de este gran amor plástico, tuve la necesidad… identitaria, en este aspecto, de dibujar, de tocar con mi plumín y mi pincel la baldosas que yo pisé, las sombras que yo vi, los cachos de sol repartidos por la vereda, la sombra de los árboles, la perspectiva de las calles que se pierden en el fondo, la señora que sale a hablar con el lechero… Yo de todo eso me acuerdo. Quise dibujar eso porque de pronto me sentía como extraviado dentro de un callejón neoyorquino. Esto tiene que ver por ahí con un problema identitario, pero bueno, inventándome a mí mismo… Inventando una soportación, porque uno tiene que, digamos, tolerar la vida no es fácil. Después, soportar la cohabitación con uno todos los días hasta el último de tus días a veces es problemático. Entonces uno tiene que andar como cambiando el disfraz.
La verdad sobre Carlos Gardel… ¿fue una cosa agradable con la que trabajar, o lo hizo más difícil? O sea, ¿qué es al final más real para ti? ¿Es la verdad sobre Gardel o es el mito de Gardel?
Es una sabia mezcla entre las cosas. Gardel, que fue muy parco en sus declaraciones y confesiones, dejó mucho espacio para el agregado mítico. Gardel se construyó presentándose cordialmente y escondiendo buena parte de su mundo íntimo, que lo expresaba a través de la emoción de sus canciones. O sea, que era un territorio… construir a Gardel, construir esa identidad buenosairina, porteña, con Gardel era el trabajo que el pueblo hizo simultáneamente a su vida y a su muerte y a posteriori. Luego exceso, digámoslo así, de… había un comentarista de tango que se llamaba Julio Jorge Nelson que siempre contaba que una vez Gardel, pasando por la calle Corrientes, le había acariciado la cabecita. Entonces él estaba viviendo siempre el recuerdo de Gardel acariciándole la cabecita cuarenta años después [el público ríe]. Lo llamaban La Viuda [el público ríe]. Había casos en cierta manera casi de tango cómico, pero esta cosa del tío, familiar… La casa de mi abuelo el canario era muy similar a esta Casa Museo Gardel, con las piezas que dan todas a un patio. Entonces yo recuerdo, frecuento en el pasado ese recuerdo, y sin dificultades lo veo a Gardel que entra y sale, que habla con mi mamá. Todo el delirio ese, digamos que nosotros, los imaginadores, los que nos soportamos creando… Nos soportamos creando… Yo tenía ahí toda una riqueza de mi circunstancia primordial que empecé a sentirme capaz de tocar, deseoso y capaz de tocar. Y esto es, si nosotros hablamos de esa famosa palabra identidad… Como te dije antes, yo he estado un poco, digamos, perdido allá en un callejón norteamericano. No me encontraba, también. Entonces, bueno, decidí volver a casa.