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La Tierra se abría sedienta al suspiro de Maribel en aquél reclamo sin oídos, gesticulaba apenas sonidos evanescentes.
Ese hombre no me ama – pensó- y un aquelarre de demonios la envolvió.
El escultor de palabras se hacía de arena y viento (vidrio)
cristales de cuarzo que absorbían y devolvían estatuas sin formas.
¿Tiene forma el ser? – Sabía la respuesta- O éste es en devenir perpetuo al desamparo de saberse.
“La existencia es un invento”, los trazos sus secuelas…
Esculpo la palabra en el cuerpo esperando que allí se deshaga el hilo rojo que une el cosmos al ego maligno que inculpa una falsa libertad, un amor que es desposeyente de los lirios de abril en las maderas de Oriente y claro que el instinto me hace- solo hoy – mañana renace y su palabra trato de hacerla veraz, entre orgasmos espirituales.
En el mundo de las formas ser escultor informe es ya proeza.
En noche de pasión auto erótica- la pasión es siempre a uno mismo – esculpió en granito una enorme A y comenzó a realizar una pared.
Maribel se quejaba de su soledad- digna palabra retratada en el vacío se dijo el hombre.
El esculpió una muralla, abajo del mismo un prodigioso hoyo sin musgos, tempestades de pasados, los de ellas en sucesión metonímica, los de él en sincronía del ser hombre.
Pegó rubíes, soldó cada átomo con plomo, estaño y plata (seis piezas de ella)
El inmenso muro tras los quejidos y demandas de Maribel se cayó.
Abajo el hoyo lo succionó y vio su deseo en forma arbórea.
Tierra mujer, no te alcanzo… Amante y amada, madre e hija ¿Qué dices que no te escucho?
Susurros.
De podios con o sin trofeos la orgía eclesiástica del sexo en mi boca y las suya sin nada.
Maribel estrazó sus muslos contra una pared blanca y vidrios en la misma.
Sensual muerte de su carne roída – antes la palabra abyecta- amo.
¿A quién? se preguntó.
Mutilación, escansión retratada en pared blanca. Del pentagrama difónico de una acuarela sin colores.
El la esculpe en graznidos de cuervos cuando recuerda la pared entre el hombre y la mujer.
Esculpe nuevamente una A. El muro adviene sin cirios ardiendo al compás de lo que no es unidad.
La tierra es minúscula, el ser transitorio, la palabra flores entreabiertas. La sed insaciable.
Palabras…
1- A – prefijo: sin.
2- Tierra: refiere a la Madre y esposa.
3- Muro: distancia entre el hombre y la mujer: construcción lacaniana para explicar la diferencia del posible encuentro.
La Tierra se abría sedienta al suspiro de Maribel en aquél reclamo sin oídos, gesticulaba apenas sonidos evanescentes.
Ese hombre no me ama – pensó- y un aquelarre de demonios la envolvió.
El escultor de palabras se hacía de arena y viento (vidrio)
cristales de cuarzo que absorbían y devolvían estatuas sin formas.
¿Tiene forma el ser? – Sabía la respuesta- O éste es en devenir perpetuo al desamparo de saberse.
“La existencia es un invento”, los trazos sus secuelas…
Esculpo la palabra en el cuerpo esperando que allí se deshaga el hilo rojo que une el cosmos al ego maligno que inculpa una falsa libertad, un amor que es desposeyente de los lirios de abril en las maderas de Oriente y claro que el instinto me hace- solo hoy – mañana renace y su palabra trato de hacerla veraz, entre orgasmos espirituales.
En el mundo de las formas ser escultor informe es ya proeza.
En noche de pasión auto erótica- la pasión es siempre a uno mismo – esculpió en granito una enorme A y comenzó a realizar una pared.
Maribel se quejaba de su soledad- digna palabra retratada en el vacío se dijo el hombre.
El esculpió una muralla, abajo del mismo un prodigioso hoyo sin musgos, tempestades de pasados, los de ellas en sucesión metonímica, los de él en sincronía del ser hombre.
Pegó rubíes, soldó cada átomo con plomo, estaño y plata (seis piezas de ella)
El inmenso muro tras los quejidos y demandas de Maribel se cayó.
Abajo el hoyo lo succionó y vio su deseo en forma arbórea.
Tierra mujer, no te alcanzo… Amante y amada, madre e hija ¿Qué dices que no te escucho?
Susurros.
De podios con o sin trofeos la orgía eclesiástica del sexo en mi boca y las suya sin nada.
Maribel estrazó sus muslos contra una pared blanca y vidrios en la misma.
Sensual muerte de su carne roída – antes la palabra abyecta- amo.
¿A quién? se preguntó.
Mutilación, escansión retratada en pared blanca. Del pentagrama difónico de una acuarela sin colores.
El la esculpe en graznidos de cuervos cuando recuerda la pared entre el hombre y la mujer.
Esculpe nuevamente una A. El muro adviene sin cirios ardiendo al compás de lo que no es unidad.
La tierra es minúscula, el ser transitorio, la palabra flores entreabiertas. La sed insaciable.
Palabras…
1- A – prefijo: sin.
2- Tierra: refiere a la Madre y esposa.
3- Muro: distancia entre el hombre y la mujer: construcción lacaniana para explicar la diferencia del posible encuentro.