“Levitar: elevarse en el espacio sin intervención de agentes físicos conocidos”. No pone nada en concreto sobre palomas. Para Jeremy Geddes, las ratas del aire aparecen siempre que despegamos los pies del suelo. Somos así de crudos porque las pinturas de este genio australiano insertan el arte de levitar en el día a día, lejos de los tipificados momentos románticos (aunque nosotros, en el fondo, siempre le encontremos este punto). Aunque lo hace de manera elegante, sin aburrimiento, sin rutinas; cada sensación al levitar es como unas cosquillas interminables a nuestras ganas. Un placer que dura toda la noche. Al despertarnos, levitar es romper con los cristales que, de buena mañana, te opacan la vista. Levitar es acurrucarte en el sueño matutino que te pega a la cama, dejándote pensar, y del que no quieres salir, menos todavía si estás acompañado de otra gente o de tus otros yo. Es volar (a toda leche) a por ese deseado café de buenos días. Levitar, para Jeremy Geddes, conlleva la contradicción implícita de ser consciente de la propia e inminente caída. Para el autor, este verbo no significa caer ni tampoco volar, es precisamente aquello que los niños piensan que hacen los astronautas: levitar bonito, con arte.
Esto fue todo!