ELISEO
El místico vidente de alma hastiada y cansada, y de modos profundos y alocados, tiene en sus abismos unas ansias vesánicas, un deseo extraño, delirante, inusitado: ¡la enfermedad! ¡la infame y atroz enfermedad! El suspiro de la Muerte, su beso sensual, su caricia hirsuta, su hálito mórbido, su advertencia de que el hombre es un lampo ilusorio, una quimera desteñida y abandonada.
…y surcan los sueños cerúleos unas bandadas de buitres, formando como vorágines nefastas, como pesadillas de pétalos ennegrecidos por una noche desgarrada. Y Eliseo el poeta, el filósofo de la beldad y la armonía oculta, observa y se pierde en aquellas espirales de hipnotismo, y cree estar en diversos trasmundos, muriendo y renaciendo constantemente; y piensa con álgida severidad:
-¿Será que esos buitres esperan por mí? ¿Será que perciben los aromas infectos de mi ser? ¿Sería posible que el más bello éter ocultara en sus fúlgidas estrellas el deseo misterioso de poseer algún abismo del más oscuro y solitario mar?
¡Ay Delirio Mayor! ¡Ay Locura Santa!
¿Por qué no me basta con tener el alma enferma y adolorida? ¿Por qué incluso deseo que mi cuerpo sea como un rosal marchito y de aromas enlutados y malditos? ¿Será que anhelo mofarme de la Muerte? ¿Será el hombre tan atrevido de ultrajar a la misma Muerte hurtando los secretos arcanos de su amor y su guadaña?
¡Ay Delirio Mayor! ¡Ay Vorágines Nefastas! ¿Pero… será, será?-
L. ESTEBAN TORRES
El místico vidente de alma hastiada y cansada, y de modos profundos y alocados, tiene en sus abismos unas ansias vesánicas, un deseo extraño, delirante, inusitado: ¡la enfermedad! ¡la infame y atroz enfermedad! El suspiro de la Muerte, su beso sensual, su caricia hirsuta, su hálito mórbido, su advertencia de que el hombre es un lampo ilusorio, una quimera desteñida y abandonada.
…y surcan los sueños cerúleos unas bandadas de buitres, formando como vorágines nefastas, como pesadillas de pétalos ennegrecidos por una noche desgarrada. Y Eliseo el poeta, el filósofo de la beldad y la armonía oculta, observa y se pierde en aquellas espirales de hipnotismo, y cree estar en diversos trasmundos, muriendo y renaciendo constantemente; y piensa con álgida severidad:
-¿Será que esos buitres esperan por mí? ¿Será que perciben los aromas infectos de mi ser? ¿Sería posible que el más bello éter ocultara en sus fúlgidas estrellas el deseo misterioso de poseer algún abismo del más oscuro y solitario mar?
¡Ay Delirio Mayor! ¡Ay Locura Santa!
¿Por qué no me basta con tener el alma enferma y adolorida? ¿Por qué incluso deseo que mi cuerpo sea como un rosal marchito y de aromas enlutados y malditos? ¿Será que anhelo mofarme de la Muerte? ¿Será el hombre tan atrevido de ultrajar a la misma Muerte hurtando los secretos arcanos de su amor y su guadaña?
¡Ay Delirio Mayor! ¡Ay Vorágines Nefastas! ¿Pero… será, será?-
L. ESTEBAN TORRES