Los niños jugaban a atrapar la luz. Yo me escondí detrás de sus inocencias, ya que estaba acorralado. Mi enemigo se acercaba. Arrojé el puñal para no ser descubierto. Algo extraño sentí en mi cuerpo. Traté de ocultar mi herida. Los pequeños formaron un círculo concéntrico y quedé en el medio de la ronda. Vi pasar a mi perseguidor. Estaba a salvo con los pequeños y su juego. Si juego… Sus pequeñas manos lograron arrástrame y pasearme, y en vano fue mi resistencia. Les grité ante lo inexplicable, -¡qué me dejaran tranquilo! y desaparecieron. El alarido alertó a mi contrincante. Se acercó y supe que estaba indefenso. Bajé la cabeza esperando el disparo final. Ante mi asombro él atravesó todo mi ser. Siguió caminando buscando el puñal que yo había tirado. Guardó el arma y exclamó:
-¿Dónde está su cuerpo?
Otra vez se formó la ronda de niños y supe que ya era parte del aire.
JORGE REBOREDO
-¿Dónde está su cuerpo?
Otra vez se formó la ronda de niños y supe que ya era parte del aire.
JORGE REBOREDO