Un par de cuentos de Betsyhaab

Primer cuento de Betsyhaab
La muerte viste de turquesa
Betiana viajaba en el subte como cualquier otro día. Había poca gente pues era fin de semana largo. Tenía los ojos teñidos de tristeza y el alma apelmazada de dolor. No podía soportar esa profunda soledad que maceraba su cuerpo, cada día, luego de que Esteban la abandonó rodeándola de un silencio mortal... Con la mirada perdida, veía sucederse las estaciones una a una, como si la vida se proyectase frente a ella cuadro a cuadro, recordando...
Al llegar a la estación Uruguay subió al vagón una extraña mujer de piel alba. Su vestimenta parisina atrajo su atención. Cubría su cuerpo oscuras vestiduras rematadas en guantes de piel, bufanda y boina turquesa. Se sentó frente a ella sin prestarte atención, mientras el subte continuaba su viaje arrancado con violencia inusitada...
De pronto un chirrido... La formación se detuvo bruscamente sintiendo un rudo impacto, mientras todos eran arrastrados por la fuerza de la coalición, quedando en tinieblas. Gritos y gemidos desgarradores partían de todos lados, obligándola el dolor a entregarse, mientras un aroma a muerte inundaba el espacio...
Al poco rato Betiana entreabrió los ojos extrañada, descubriendo en el silencio que ya no sentía dolor. Una potente luz iluminaba el vagón, aunque el subte aun se deslazaba lentamente. A los pocos instantes detuvo la marcha llegando a la próxima estación. La mujer misteriosa se levantó dirigiéndose hacia la puerta más cercana. Desde allí levantó la mirada posándola sobre los ojos azules de Betiana, quien se estremeció al verse reflejada en sus hermosísimas pupilas turquesa que atravesaban su anima. La mujer le sonrió con ternura al tiempo que se abrían las puertas. Descendió dedicándole nuevamente una larguísima y profunda mirada, mientras los demás ocupantes del vagón la acompañaban. Se quedó petrificada hasta que las puertas volvieron a cerrarse. Entonces buscó saber en que estación se hallaba. Encontró un cartel escrito en letras rojas que rezaba: ESTACION CIELO. Sintiéndose confundida allí cayó desmayada...
Despertó rodeada de extraños sonidos. Una máquina monitoreaba el ritmo de su corazón y una aguja enclavada en su brazo alimentaba su cuerpo goteando con regularidad... Por fin distinguió una enfermera ataviada con delantal blanco que corría a su lado con urgencia al tiempo que anunciaba: -Por fin ha despertado!!!
- Donde estoy? Preguntó Betiana con un hilo de voz...
- Está en Terapia intensiva del Hospital Naval... Hace dos días que fue traída como única sobreviviente del accidente de subtes en la estación Callao... Es un milagro!!!
En su ser ya no quedaba rastros de dolor. Había hallado la alegría al comprender el valor de la propia vida. Entendió que a veces la muerte se viste de turquesa para decirnos que aun no es tiempo de partir...
segundo cuento de betsyhaab
Era Semana Santa y Mariana decidió ir a la costa, con su amiga Carla, para aprovechar esos días. Sacaron pasaje para Mar del Plata, un poco antes. Pensaron viajar de noche, apenas salieran de sus trabajos, para aprovechar mejor los cuatro días a pleno. Pararían en la casa de los padres de Carla, que estaba escasa cuadra del mar.
- ¡Tiene un inmenso ventanal y balcón desde donde podremos disfrutar del mar! Le decía entusiasmada Carla.
- ¡¡Un lugar bellísimo para descansar!! Respondía Mariana contagiada de alegría.
Los preparativos las entusiasmaron tanto, pues era la primera vez que se irían juntas.
El día anterior tuvieron la oportunidad de enterarse, por el noticiero del canal 13, que a causa de niebla muy espesa había habido una serie accidentes camino a la costa. El resultado de los mismos: decenas de victimas fatales y numerosos heridos, en la ruta 11 a la altura de Vivorata.
Los padres de ambas se pusieron muy nerviosos y les suplicaron que no viajaran. Ellas tan ilusionadas no quisieron ceder, aduciendo que no podría repetirse la niebla dos días seguidos.
Trabajaron todo el día deseando terminara y luego se encontraron en la Terminal de Retiro para abordar el micro, de La Estrella, que las conduciría a su merecido descanso. Cenaron tranquilas y risueñas, en un lugar que les salió carísimo, pero eran vacaciones.
Abordaron el micro en horario, casi a las 23 horas, totalmente repleto. Buscaron sus asientos: 36 y 37, casi en el medio. Se acomodaron en ellos dispuestas a pernoctar todo el viaje. Tan cansadas, luego de la jornada laboral, se durmieron casi al instante, como los demás pasajeros…
Luego de un largísimo rato despertaron inquietas, llenas de ansiedad. Presintieron algo inusual y observaron, casi sin pensarlo, por las ventanillas descubiertas del micro.
No vieron nada, absolutamente nada. La niebla profunda y cerrada, el silencio espeluznante. Solo sintieron el latir agitado de los corazones. Las luces rojizas hicieron de marco a la tenebrosa escena.
Curiosas vieron por el parabrisas delantero. Apenas divisaron las luces de un auto a escasísimos dos o tres metros…solo las luces.
Extrañadas advirtieron que, como un mullido manto, ese extraño el vapor sobre el suelo y la ruta que se diluía a cierta altura dejando asomar un cielo estrellado. Una luna llena iluminó fantasmagóricamente la neblina, haciéndola mas blanquecina e impenetrable a los ojos…
Observaron en derredor y notaron que los demás estaban despiertos, muy callados, examinando el entorno con una expresión de terror dibujada en sus ojos desencajados…
La unidad avanzó con velocidad medida, mientras el tiempo trascurrió inevitable. El zumbido monótono del motor diesel y alguna pequeña sacudida acompañó el lento avanzar.
Por fin, en medio de la oscuridad, los faros iluminaron un cartel verde que se divisó entre la bruma. El mismo decía, en letras blancas de imprenta mayúscula y brillante: VIVORATA.
Detrás del mismo alcanzaron a ver una silueta que hacia señas para que se detuvieran, rompiendo la cadencia del viaje. El chofer, impresionado, decidió parar al instante dejándose ir a la banquina con cuidado, mientras se preguntó que podía hacer una persona en medio de tan espectral oscuridad. Su compañero abrió la puerta y descendió para ver como podía ayudar, se perdió en la bruma, en medio de la nada. …
Todos los pasajeros se incorporaron, siguiendo sus pasos, mientras se encendieron las luces del interior del vehículo. “No era cuestión que dejara de verlos algún descuidado automovilista. “
A los pocos instantes volvió a subir con los ojos asombrados, y apenas murmurando dijo:
- No hay nadie… - Dejando traslucir en su mirar el miedo que comenzaba a sentir, como una helada ola que alzaba por la espalda.
- ¿Como si lo hemos visto? Dijo el conductor de turno…- Contagiándose del sentir del entorno.
Algunos escucharon… Otros imaginaron en silencio…Pero todos, sin excepción, fisgonearon a través de las ventanillas asombrados, esperando encontrar algún indicio, algo que les permitiera explicar lo que habían visto, sin éxito… Supieron de esa silueta en medio de la noche negrísima, aquella que inexplicablemente ahora no divisaron mas.
Continuó el viaje. El silencio, desde entonces, se cortó a cuchillo… Nadie perdió de vista ni un segundo la ruta. Sus almas se atormentaron con mil ideas que se les escurrieron. Auque no lo dijeron, recordaron una y otra vez el cartel y los accidentes del día anterior…
Pasaron las horas que se les antojaron eternas. Ya no durmieron. Algunos rezaron sus rosarios o se encomendaron al creador…
Llegaron a destino en horario. Y bajaron, dejando partir un largísimo suspiro de sus labios, relajados…
Íntimamente supieron que esa noche… la muerte los dejó pasar…
Pertenece al libro "CUENTOS Y RELATOS PARA SOÑAR DESCALZA"®
Al llegar a la estación Uruguay subió al vagón una extraña mujer de piel alba. Su vestimenta parisina atrajo su atención. Cubría su cuerpo oscuras vestiduras rematadas en guantes de piel, bufanda y boina turquesa. Se sentó frente a ella sin prestarte atención, mientras el subte continuaba su viaje arrancado con violencia inusitada...
De pronto un chirrido... La formación se detuvo bruscamente sintiendo un rudo impacto, mientras todos eran arrastrados por la fuerza de la coalición, quedando en tinieblas. Gritos y gemidos desgarradores partían de todos lados, obligándola el dolor a entregarse, mientras un aroma a muerte inundaba el espacio...
Al poco rato Betiana entreabrió los ojos extrañada, descubriendo en el silencio que ya no sentía dolor. Una potente luz iluminaba el vagón, aunque el subte aun se deslazaba lentamente. A los pocos instantes detuvo la marcha llegando a la próxima estación. La mujer misteriosa se levantó dirigiéndose hacia la puerta más cercana. Desde allí levantó la mirada posándola sobre los ojos azules de Betiana, quien se estremeció al verse reflejada en sus hermosísimas pupilas turquesa que atravesaban su anima. La mujer le sonrió con ternura al tiempo que se abrían las puertas. Descendió dedicándole nuevamente una larguísima y profunda mirada, mientras los demás ocupantes del vagón la acompañaban. Se quedó petrificada hasta que las puertas volvieron a cerrarse. Entonces buscó saber en que estación se hallaba. Encontró un cartel escrito en letras rojas que rezaba: ESTACION CIELO. Sintiéndose confundida allí cayó desmayada...
Despertó rodeada de extraños sonidos. Una máquina monitoreaba el ritmo de su corazón y una aguja enclavada en su brazo alimentaba su cuerpo goteando con regularidad... Por fin distinguió una enfermera ataviada con delantal blanco que corría a su lado con urgencia al tiempo que anunciaba: -Por fin ha despertado!!!
- Donde estoy? Preguntó Betiana con un hilo de voz...
- Está en Terapia intensiva del Hospital Naval... Hace dos días que fue traída como única sobreviviente del accidente de subtes en la estación Callao... Es un milagro!!!
En su ser ya no quedaba rastros de dolor. Había hallado la alegría al comprender el valor de la propia vida. Entendió que a veces la muerte se viste de turquesa para decirnos que aun no es tiempo de partir...
segundo cuento de betsyhaab
Un viaje sin certezas
Era Semana Santa y Mariana decidió ir a la costa, con su amiga Carla, para aprovechar esos días. Sacaron pasaje para Mar del Plata, un poco antes. Pensaron viajar de noche, apenas salieran de sus trabajos, para aprovechar mejor los cuatro días a pleno. Pararían en la casa de los padres de Carla, que estaba escasa cuadra del mar.
- ¡Tiene un inmenso ventanal y balcón desde donde podremos disfrutar del mar! Le decía entusiasmada Carla.
- ¡¡Un lugar bellísimo para descansar!! Respondía Mariana contagiada de alegría.
Los preparativos las entusiasmaron tanto, pues era la primera vez que se irían juntas.
El día anterior tuvieron la oportunidad de enterarse, por el noticiero del canal 13, que a causa de niebla muy espesa había habido una serie accidentes camino a la costa. El resultado de los mismos: decenas de victimas fatales y numerosos heridos, en la ruta 11 a la altura de Vivorata.
Los padres de ambas se pusieron muy nerviosos y les suplicaron que no viajaran. Ellas tan ilusionadas no quisieron ceder, aduciendo que no podría repetirse la niebla dos días seguidos.
Trabajaron todo el día deseando terminara y luego se encontraron en la Terminal de Retiro para abordar el micro, de La Estrella, que las conduciría a su merecido descanso. Cenaron tranquilas y risueñas, en un lugar que les salió carísimo, pero eran vacaciones.
Abordaron el micro en horario, casi a las 23 horas, totalmente repleto. Buscaron sus asientos: 36 y 37, casi en el medio. Se acomodaron en ellos dispuestas a pernoctar todo el viaje. Tan cansadas, luego de la jornada laboral, se durmieron casi al instante, como los demás pasajeros…
Luego de un largísimo rato despertaron inquietas, llenas de ansiedad. Presintieron algo inusual y observaron, casi sin pensarlo, por las ventanillas descubiertas del micro.
No vieron nada, absolutamente nada. La niebla profunda y cerrada, el silencio espeluznante. Solo sintieron el latir agitado de los corazones. Las luces rojizas hicieron de marco a la tenebrosa escena.
Curiosas vieron por el parabrisas delantero. Apenas divisaron las luces de un auto a escasísimos dos o tres metros…solo las luces.
Extrañadas advirtieron que, como un mullido manto, ese extraño el vapor sobre el suelo y la ruta que se diluía a cierta altura dejando asomar un cielo estrellado. Una luna llena iluminó fantasmagóricamente la neblina, haciéndola mas blanquecina e impenetrable a los ojos…
Observaron en derredor y notaron que los demás estaban despiertos, muy callados, examinando el entorno con una expresión de terror dibujada en sus ojos desencajados…
La unidad avanzó con velocidad medida, mientras el tiempo trascurrió inevitable. El zumbido monótono del motor diesel y alguna pequeña sacudida acompañó el lento avanzar.
Por fin, en medio de la oscuridad, los faros iluminaron un cartel verde que se divisó entre la bruma. El mismo decía, en letras blancas de imprenta mayúscula y brillante: VIVORATA.
Detrás del mismo alcanzaron a ver una silueta que hacia señas para que se detuvieran, rompiendo la cadencia del viaje. El chofer, impresionado, decidió parar al instante dejándose ir a la banquina con cuidado, mientras se preguntó que podía hacer una persona en medio de tan espectral oscuridad. Su compañero abrió la puerta y descendió para ver como podía ayudar, se perdió en la bruma, en medio de la nada. …
Todos los pasajeros se incorporaron, siguiendo sus pasos, mientras se encendieron las luces del interior del vehículo. “No era cuestión que dejara de verlos algún descuidado automovilista. “
A los pocos instantes volvió a subir con los ojos asombrados, y apenas murmurando dijo:
- No hay nadie… - Dejando traslucir en su mirar el miedo que comenzaba a sentir, como una helada ola que alzaba por la espalda.
- ¿Como si lo hemos visto? Dijo el conductor de turno…- Contagiándose del sentir del entorno.
Algunos escucharon… Otros imaginaron en silencio…Pero todos, sin excepción, fisgonearon a través de las ventanillas asombrados, esperando encontrar algún indicio, algo que les permitiera explicar lo que habían visto, sin éxito… Supieron de esa silueta en medio de la noche negrísima, aquella que inexplicablemente ahora no divisaron mas.
Continuó el viaje. El silencio, desde entonces, se cortó a cuchillo… Nadie perdió de vista ni un segundo la ruta. Sus almas se atormentaron con mil ideas que se les escurrieron. Auque no lo dijeron, recordaron una y otra vez el cartel y los accidentes del día anterior…
Pasaron las horas que se les antojaron eternas. Ya no durmieron. Algunos rezaron sus rosarios o se encomendaron al creador…
Llegaron a destino en horario. Y bajaron, dejando partir un largísimo suspiro de sus labios, relajados…
Íntimamente supieron que esa noche… la muerte los dejó pasar…
Pertenece al libro "CUENTOS Y RELATOS PARA SOÑAR DESCALZA"®
Espero que les haya gustado
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