Triste desenlace para San Valentín.
Angostas calles de adoquines decoran el barrio de San Telmo, donde Valentín vive.
Valentín no tenía una existencia común y corriente, como cualquier individuo que trabaja en una oficina o atiende un parripollo. Éste adolescente de tan sólo veintidós años, hace no mucho había tenido una revelación que le cambió la vida y de un tiempo a esta parte, debía cargar con una responsabilidad inneludible.
Eran las diez de la noche que caminando por la calle Estados Unidos, de atrás de un volquete escuchó que alguien lo chistaba y llamaba por su nombre. Valentín preso de la intriga se acercó hasta allí para comprobar cómo un anciano de traje arapiento descansaba recostándose sobre las bolsas de basura.
-Vos sos Valentín, no es asi?- le preguntó el anciano con mucha seguridad.
-Si, cómo lo sabe? Acaso me conoce usted a mi?- respondió Valentín perplejo.
-Digamos que no, no viene al caso. Simplemente debia encontrarte en éste lugar para otorgarte una misión, una responsabilidad, tu destino.
Valentín ya se disponía a irse al escuchar lo que le parecía un disparate cuando el anciano insistió...
-Verás, yo al igual que vos, también me llamo Valentín y sabrás que hoy es 13 de febrero. ¿Sabés que se conmemora mañana?. - El anciano de barba crecida le cuestionó.
-Claro, el día de los enamorados. Respondió Valentín muy acertadamente.
-Sí, algunos también lo llaman así, pero también es San Valentín, y vos, como yo y otras 23.145 personas si no me equivoco llevamos ese nombre y un deber. El destino quizo que vos seas quien mañana deberá salir a flechar a las parejas que deben enamorarse. Es un trabajo de un día, pero arduo y conlleva una gran responsabilidad.
-No puedo creer - dijo al viento el joven Valentín- mañana tenia que ensayar con mi banda, "La axila de Grondona".
-Lo lamento, mañana con este arco y estas flechas de sopapitas vas a ir a flechar a las personas que figuran en esta lista, para que se enamoren de la persona que desean.- El anciano Valentín se levant+o, sacudió el polvo que le cubría el saco y lentamente comenzó a irse. Valentín lo siguió hasta la esquina mientras le consultaba los detalles de la tarea. No podía flechar a quien no figure en la lista, ni podía flecharse a él mismo.
El joven no pegó un ojo en toda la noche, lo aterraba su tarea del día siguiente. Fue entonces que sin poder conciliar el sueño, se hicieron las seis de la mañana y decidió empezar su tarea. Tomó el arco, las flechas que en lugar de punta tenían sopapitas rojas y no podía olvidarse de llevar el listado de personas que debían flechar.
El primero, un tal Marcelo en Cabildo y Juramento. Valentín lo esperó en una esquina y al identificarlo lo flechó desde mas de veinte metros, un gran tiro para un principiante.
Así siguió durante toda la mañana, hasta que ya cuando estaba por la Zona Sur de Buenos Aires decidió comprobar quien era la próxima persona que debía de flechar. Era Jorge, alias "El Gordo prótesis" famoso por tener partes de platino en su rostro luego de arremeter a cabezazos contra tres patrulleros de la Policía Federal.
Fue cuando al terminar de leer, Valentín vio al Gordo prótesis pasar frente a él con una damajuana en una mano y la revista "Gente" en la otra. Y se dispuso a disparar la flecha.
Valentín estiro la cuerda del arco con todas sus fuerzas -sabía que no podía fallar ante tal oportunidad-. Tenía al Gordo prótesis servido. Contó hasta tres, respiro profundo y disparó...
La flecha sopapa se la clavó en la nuca al objetivo, que vestía musculosa Blanca, un short de fútbol de Nueva Chicago y llevaba ojotas.
El Gordo prótesis se detuvo y se dio vuelta, envuelto en una rabia enceguecida y acabó por encarar hacia el joven Valentín que atinó a dispararle con mas flechas acertandole una en la frente y otra en su rodilla.
En el Hospital Posadas debieron hacerle una traqueotomía para sacarle el arco que El Gordo prótesis le habia obligado a tragarse. Y las flechas fueron introducidas una a una por el upite.
Valentín, enyesado yacía en terapia intensiva, reflexionaba sobre el amor y entendió que este no puede ser inducido en todas las personas y que hay que estar predispuesto a conocer aquella hermosa sensación.
Valentín no podría volver a sentir amor, pues habia perdido el 67% de la sensibilidad de su cuerpo.
Fin ---->
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Angostas calles de adoquines decoran el barrio de San Telmo, donde Valentín vive.
Valentín no tenía una existencia común y corriente, como cualquier individuo que trabaja en una oficina o atiende un parripollo. Éste adolescente de tan sólo veintidós años, hace no mucho había tenido una revelación que le cambió la vida y de un tiempo a esta parte, debía cargar con una responsabilidad inneludible.
Eran las diez de la noche que caminando por la calle Estados Unidos, de atrás de un volquete escuchó que alguien lo chistaba y llamaba por su nombre. Valentín preso de la intriga se acercó hasta allí para comprobar cómo un anciano de traje arapiento descansaba recostándose sobre las bolsas de basura.
-Vos sos Valentín, no es asi?- le preguntó el anciano con mucha seguridad.
-Si, cómo lo sabe? Acaso me conoce usted a mi?- respondió Valentín perplejo.
-Digamos que no, no viene al caso. Simplemente debia encontrarte en éste lugar para otorgarte una misión, una responsabilidad, tu destino.
Valentín ya se disponía a irse al escuchar lo que le parecía un disparate cuando el anciano insistió...
-Verás, yo al igual que vos, también me llamo Valentín y sabrás que hoy es 13 de febrero. ¿Sabés que se conmemora mañana?. - El anciano de barba crecida le cuestionó.
-Claro, el día de los enamorados. Respondió Valentín muy acertadamente.
-Sí, algunos también lo llaman así, pero también es San Valentín, y vos, como yo y otras 23.145 personas si no me equivoco llevamos ese nombre y un deber. El destino quizo que vos seas quien mañana deberá salir a flechar a las parejas que deben enamorarse. Es un trabajo de un día, pero arduo y conlleva una gran responsabilidad.
-No puedo creer - dijo al viento el joven Valentín- mañana tenia que ensayar con mi banda, "La axila de Grondona".
-Lo lamento, mañana con este arco y estas flechas de sopapitas vas a ir a flechar a las personas que figuran en esta lista, para que se enamoren de la persona que desean.- El anciano Valentín se levant+o, sacudió el polvo que le cubría el saco y lentamente comenzó a irse. Valentín lo siguió hasta la esquina mientras le consultaba los detalles de la tarea. No podía flechar a quien no figure en la lista, ni podía flecharse a él mismo.
El joven no pegó un ojo en toda la noche, lo aterraba su tarea del día siguiente. Fue entonces que sin poder conciliar el sueño, se hicieron las seis de la mañana y decidió empezar su tarea. Tomó el arco, las flechas que en lugar de punta tenían sopapitas rojas y no podía olvidarse de llevar el listado de personas que debían flechar.
El primero, un tal Marcelo en Cabildo y Juramento. Valentín lo esperó en una esquina y al identificarlo lo flechó desde mas de veinte metros, un gran tiro para un principiante.
Así siguió durante toda la mañana, hasta que ya cuando estaba por la Zona Sur de Buenos Aires decidió comprobar quien era la próxima persona que debía de flechar. Era Jorge, alias "El Gordo prótesis" famoso por tener partes de platino en su rostro luego de arremeter a cabezazos contra tres patrulleros de la Policía Federal.
Fue cuando al terminar de leer, Valentín vio al Gordo prótesis pasar frente a él con una damajuana en una mano y la revista "Gente" en la otra. Y se dispuso a disparar la flecha.
Valentín estiro la cuerda del arco con todas sus fuerzas -sabía que no podía fallar ante tal oportunidad-. Tenía al Gordo prótesis servido. Contó hasta tres, respiro profundo y disparó...
La flecha sopapa se la clavó en la nuca al objetivo, que vestía musculosa Blanca, un short de fútbol de Nueva Chicago y llevaba ojotas.
El Gordo prótesis se detuvo y se dio vuelta, envuelto en una rabia enceguecida y acabó por encarar hacia el joven Valentín que atinó a dispararle con mas flechas acertandole una en la frente y otra en su rodilla.
En el Hospital Posadas debieron hacerle una traqueotomía para sacarle el arco que El Gordo prótesis le habia obligado a tragarse. Y las flechas fueron introducidas una a una por el upite.
Valentín, enyesado yacía en terapia intensiva, reflexionaba sobre el amor y entendió que este no puede ser inducido en todas las personas y que hay que estar predispuesto a conocer aquella hermosa sensación.
Valentín no podría volver a sentir amor, pues habia perdido el 67% de la sensibilidad de su cuerpo.
Fin ---->
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