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Pokerman (Lo real no es lo verdadero) [Cuento Propio]

Arte5/21/2014
En estas últimas semanas gané dos millones de pesos en diferentes casinos de la ciudad, que gasté celosamente en cocaína y mujeres, una inversión inteligente. Y es que no me preocupo, porque sé que tengo un don. Quizás otorgado por Dios, o tal vez por el azar posándose sobre todo mi ser para brindarme este regalo. Puedo leer a los otros jugadores en el póker, me fijo en sus gestos y los interpreto. Con los que no poseen anteojos de sol cubriendo su mirada soy más eficiente, ya que puedo leer los más profundos y enterrados pensamientos que esa mente está formulando en ese determinado momento, puedo mirar a través de su persona y controlar sus ojos para que dé otra ojeadita a las cartas e informarme de lo que tiene en su posición. Además de este don, también se debe tener estrategia y una línea de juego marcada para no perder la meta. Siempre hay que doblar la apuesta inicial para meter presión y forzar su retiro, aunque esto puede variar, ya que depende de la lectura que realice de cada uno de los adversarios. Están los que no saben disimular su felicidad y tampoco camuflar su amargura, y los que no tienen gestos identificables. Estos últimos son los más difíciles de descifrar y me tengo que atener a recurrir a mi don para que ilumine mi jugada próxima. Ni el mejor actor puede doblegar mi sistema ni mi don. En conclusión, para triunfar en este juego se necesita una virtud natural y una habilidad estratégica. También se necesita un sistema de juego el cual consta de un gran número de reglas que es posible de resumirse en esta frase: "Lo real no es lo verdadero." La mentira puede ser tomada como posible y llegar al punto de alcanzar el rango de certeza de la cual no se aceptan dudas ni preguntas al respecto de su veracidad. Asimismo, la mentira tomada como verdadera (denominada falacia) posee en este juego la capacidad de transformarse en verdadera mediante un cambio de la concepción de las cosas, en la cual se tiende a confundir la realidad con una "realidad subalterna" la cual lleva al jugador a perder, ya que supone que esta nueva realidad es la que tiene que seguir para triunfar. En este punto se puede identificar la desesperación cuando el jugador grita con todas sus fuerzas, lastimando su garganta y con sus ojos repletos de sangre, salpicando la mesa y las caras de los demás adversarios con su saliva mezclada con mocos: "¡Olín!" (en un deficiente inglés, lo que se traduciría como All in). Y es allí cuando pierde, cuando la esperanza se pierde, un duro golpe psicológico para el imbécil que apostó su casa, su perro y su auto. Sin embargo, no nos olvidemos de los "actos de Dios" o "el puto azar" que puede interferir en el juego haciendo que la falsa realidad se convierta en la verdadera, y provocando que ésta no siga siendo una falacia, sino que se convierte en lo que es, en la verdad, en lo indudable. Por estas razones se debe respetar la afirmación que se enunció anteriormente: "Lo real no es lo verdadero." De ahí pueden sacar corolarios, si quieren. Pero esa es la regla para ganar. Y el don, por supuesto, junto con la estrategia enmarcada y guiada por aquella afirmación. Aunque, se debe tener en claro que la afirmación no debe ser llevada más allá que el juego, ya que en el futuro el jugador no será capaz de distinguir lo que tiene delante de sus propios ojos, y lo llevará a la locura. La habilidad del jugador con respecto a la tolerancia y la perseverancia, deberán llevarlo (junto con los demás elementos) a ganar la partida, y como consecuencia directa, la obtención de un fangote de guita a sus bolsillos para la utilización apacible en lo que sugiera más conveniente para su bien y realización personal (y quizás, hasta espiritual).

Pokerman (Lo real no es lo verdadero) [Cuento Propio]


Esta misma noche, llevaré mis métodos y estrategias a una mesa en el mejor casino de la ciudad, el cual el dueño, un viejo tuerto amante del juego (que con un ojo miente y con el otro dice la verdad), me invitó a participar junto con algunos de sus amigos, que como él, son expertos en el póker.
Pasó demasiado tiempo, y todavía no se me había dado la oportunidad para demostrar mis habilidades. Hasta que en el River, dio vuelta una carta y formé con esa la escalera real. En ese entonces, se estaba apostando un monto considerable de dinero, y entonces dije:

All in. Quiero todo lo que aparece delante tuyo.
— Está bien, pero, cuando de vuelta las cartas, no te pongás nervioso.
Nunca lo hago.
— Lo siento muchacho.
¿La K y el 10 de corazones? Pero si eso los tengo yo. ¡No jugués esos trucos sucios conmigo, porque no vas a poder!
— ¿Se te ha olvidado el significado de las cartas, muchacho?
No... no es posible. ¡Yo tenía esas cartas! ¡Estoy seguro, las vi delante de mi, oscilando en mi mano derecha, asegurando mi éxito!
— ¿Te encuentras bien?
— ¡Papá! ¡Llegaste otra vez tarde!
¿Qué estás haciendo Lucía? ¿De... de dónde te conozco?
— Sus pastillas, señor.
¡Sacámelas de mi vista! ¡Esas cartas son mías!
— Como usted diga, señor.
— Lo despedimos con el mejor de los recuerdos...
¡Me estafaron!
— Como el excelente padre, buen esposo y caritativo hijo de Dios...
Tengo... tengo una puta escalera real. ¡Deme mi dinero!
— ¡Papá, me estás avergonzando!
Perdoname, Camila.
— ¿Quién es Camila, muchacho?
¡Mis cartas! ¡Dónde están!
— ¡Infúndeles pánico Señor!
¡Sí! ¡Qué ardan!
— Para que sepán que no son más que hombres...
¿Y mi dinero?
— En estas últimas semanas gané dos millones de pesos en diferentes casinos de la ciudad...
¿Quién sos?
— Que gasté celosamente en cocaína y mujeres, una inversión inteligente.
¡Callate hijo de puta! ¡Éstas no son mis cartas, éstas no son mis cartas! ¡Éstas no son mis cartas, éstas no son mis cartas!
— Cuando les va bien a los justos la ciudad se alegra, cuando los malvados pierden, hay fiesta.
¿Dónde están mis cartas? ¿Dónde están mis cartas? ¿Dónde están mis cartas? ¿Dónde están mis cartas?




...porque lo real nunca puede llegar a ser verdadero, a menos que el sujeto se autoconvenza de lo contrario, que es lo que rara vez alguien no hace...

...es por eso que se necesita un sistema de juego el cual consta de la afirmación: "Lo real no es lo verdadero", la mentira puede ser tomada como posible y llegar al punto de alcanzar el rango de certeza de la cual no se aceptan dudas ni preguntas al respecto de su veracidad...
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