El gótico italiano nunca llega a triunfar tanto como en otros lugares de Europa porque se ve superado por las tendencias del Trecento. La arquitectura italiana es más horizontal y sencilla, más próxima al románico. Elementos como el arco apuntado o la bóveda nervada estaban ligados a los modelos cistercienses, aunque las novedades del gótico entraron de la mano de las órdenes mendicantes y existe una tensión entre la horizontalidad y la verticalidad, además de la solidez de los muros, lo cual lleva a una predilección por la planta basilical, la tendencia a vanos reducidos y arcos ligeramente apuntados. La horizontalidad todavía se remarca más por el uso de bandas horizontales de colores alternados, sobre todo en la Toscana, donde serán característicos del gótico los campaniles. Ejemplos de este gótico son la Iglesia de Santo Domingo en Bolonia, que se inspira en modelos florentinos y Santa María Novella en Florencia,
con planta de tres
naves y cabecera de capillas rectas. En el interior se busca, más que la verticalidad y la desmaterialización del espacio. También se consigue una cierta unidad espacial en el interior porque hay poca diferencia de altura entre las naves. Se reduce el número de tramos, con lo cual resultan más anchos, y la articulación mural de la nave central es de dos pisos: arquería apuntada y ventanales. La misma estructura se siguió en la catedral de Santa María de las Flores en Florencia, en donde intervino el arquitecto Arnolfo Cambio. Los franciscanos construyen dos edificios paradigmáticos: Santa Croce en Florencia y la basílica de San Francisco de Asís. La primera está cercana a las estructuras basilicales románicas, con una iluminación del espacio interior propia de la arquitectura cisterciense, la nave central cubierta con armadura de madera y las arcadas apuntadas de separación de naves apoyadas en pilares octogonales. La segunda está conformada por dos iglesias superpuestas, la baja a modo de cripta, ambas de nave única.
La reacción contra las formas góticas es muy temprana y ya se ve en la catedral de Orvieto, cuya fachada occidental sirvió de inspiración a de Siena, donde la horizontalidad se remarca por el juego cromático. La capilla de Santa María de la Espina, en Pisa, y el campanil diseñado por Giotto en Florencia ponen de manifiesto que en Italia el preciosismo del gótico radiante no se interpreta con los efectos de la luz coloreada que producen las vidrieras, sino con la dignidad del colorido de los mármoles. Aunque a pesar de todo Italia acoge en el norte uno de los más paradigmáticos ejemplos de arquitectura gótica, la catedral de Milán. Está auspiciada por el duque Gian Galeazo Visconti y el arzobispo Saluzzo, y está ligada al poder, entrando de lleno en el gótico flamígero.
con planta de tres
naves y cabecera de capillas rectas. En el interior se busca, más que la verticalidad y la desmaterialización del espacio. También se consigue una cierta unidad espacial en el interior porque hay poca diferencia de altura entre las naves. Se reduce el número de tramos, con lo cual resultan más anchos, y la articulación mural de la nave central es de dos pisos: arquería apuntada y ventanales. La misma estructura se siguió en la catedral de Santa María de las Flores en Florencia, en donde intervino el arquitecto Arnolfo Cambio. Los franciscanos construyen dos edificios paradigmáticos: Santa Croce en Florencia y la basílica de San Francisco de Asís. La primera está cercana a las estructuras basilicales románicas, con una iluminación del espacio interior propia de la arquitectura cisterciense, la nave central cubierta con armadura de madera y las arcadas apuntadas de separación de naves apoyadas en pilares octogonales. La segunda está conformada por dos iglesias superpuestas, la baja a modo de cripta, ambas de nave única.
La reacción contra las formas góticas es muy temprana y ya se ve en la catedral de Orvieto, cuya fachada occidental sirvió de inspiración a de Siena, donde la horizontalidad se remarca por el juego cromático. La capilla de Santa María de la Espina, en Pisa, y el campanil diseñado por Giotto en Florencia ponen de manifiesto que en Italia el preciosismo del gótico radiante no se interpreta con los efectos de la luz coloreada que producen las vidrieras, sino con la dignidad del colorido de los mármoles. Aunque a pesar de todo Italia acoge en el norte uno de los más paradigmáticos ejemplos de arquitectura gótica, la catedral de Milán. Está auspiciada por el duque Gian Galeazo Visconti y el arzobispo Saluzzo, y está ligada al poder, entrando de lleno en el gótico flamígero.