Era un hombre sencillo
que la palabra escondía.
Sus pisadas hablaban. Las
calles asustadas dormían.
Vestía ropa de buen lino
para ver a escondidas
a su mujer de años que
era cosa muy sabida.
Trabaja la tierra, Justo,
hasta que el Sol se enfría.
La noche la hace suya;
con, Pilar, muslos de bronce
y cama de sábanas limpias.
Con el gozo en la garganta
a un pedazo de tierra
le dejaba caer lagrimas
que llevan años de vida.
Más sus vacas tesoro eran
en las noches de luz fina.
En sus adentros pensaba:
mi tierra es seca, seca
como el punto más alto
de la montaña que al Cielo
mira con ojos blancos.
Justo Andalucía decían:
cambió, usted, el dinero
por tierra estéril. Solo
ahí crece la mala hierba,
que es cosa de gran porfía.
Justo, sembrador de sueños:
al Sol la tierra daba, y
y una ofrenda de luna:
¡mujer de sábanas blancas!
Amor y leche de miel
alimentaba su pecho.
¡Hombre de corazón blando
y manos encallecidas!
El cuerpo tiene sus años.
¿Ah, que más en esta vida?
Justo a Justo Andalucía
miró y no vio la mujer
que su desgracia traía.
Ella era como el oro
engañosa en su palabra.
¡Tembló el corazón de Justo!
Y esa que lo esperaba
quedó con la esperanza
de las lunas de su cama.
¡Ay! que noches tan frías.
Más sucedió un día:
que al oro lo vio negro.
en esa mujer amarilla
clavó la espada en el pecho.
al bueno de Justo Andalucía.
Bañó la tierra de sangre
Dos cruces de memoria
en tierra ajena vivían.
Justo Andalucía
Era un hombre sencillo
que la palabra escondía.
Sus pisadas hablaban. Las
calles asustadas dormían.
Vestía ropa de buen lino
para ver a escondidas
a su mujer de años que
era cosa muy sabida.
Trabaja la tierra, Justo,
hasta que el Sol se enfría.
La noche la hace suya;
con, Pilar, muslos de bronce
y cama de sábanas limpias.
Con el gozo en la garganta
a un pedazo de tierra
le dejaba caer lagrimas
que llevan años de vida.
Más sus vacas tesoro eran
en las noches de luz fina.
En sus adentros pensaba:
mi tierra es seca, seca
como el punto más alto
de la montaña que al Cielo
mira con ojos blancos.
Justo Andalucía decían:
cambió, usted, el dinero
por tierra estéril. Solo
ahí crece la mala hierba,
que es cosa de gran porfía.
Justo, sembrador de sueños:
al Sol la tierra daba, y
y una ofrenda de luna:
¡mujer de sábanas blancas!
Amor y leche de miel
alimentaba su pecho.
¡Hombre de corazón blando
y manos encallecidas!
El cuerpo tiene sus años.
¿Ah, que más en esta vida?
Justo a Justo Andalucía
miró y no vio la mujer
que su desgracia traía.
Ella era como el oro
engañosa en su palabra.
¡Tembló el corazón de Justo!
Y esa que lo esperaba
quedó con la esperanza
de las lunas de su cama.
¡Ay! que noches tan frías.
Más sucedió un día:
que al oro lo vio negro.
en esa mujer amarilla
clavó la espada en el pecho.
al bueno de Justo Andalucía.
Bañó la tierra de sangre
Dos cruces de memoria
en tierra ajena vivían.
que la palabra escondía.
Sus pisadas hablaban. Las
calles asustadas dormían.
Vestía ropa de buen lino
para ver a escondidas
a su mujer de años que
era cosa muy sabida.
Trabaja la tierra, Justo,
hasta que el Sol se enfría.
La noche la hace suya;
con, Pilar, muslos de bronce
y cama de sábanas limpias.
Con el gozo en la garganta
a un pedazo de tierra
le dejaba caer lagrimas
que llevan años de vida.
Más sus vacas tesoro eran
en las noches de luz fina.
En sus adentros pensaba:
mi tierra es seca, seca
como el punto más alto
de la montaña que al Cielo
mira con ojos blancos.
Justo Andalucía decían:
cambió, usted, el dinero
por tierra estéril. Solo
ahí crece la mala hierba,
que es cosa de gran porfía.
Justo, sembrador de sueños:
al Sol la tierra daba, y
y una ofrenda de luna:
¡mujer de sábanas blancas!
Amor y leche de miel
alimentaba su pecho.
¡Hombre de corazón blando
y manos encallecidas!
El cuerpo tiene sus años.
¿Ah, que más en esta vida?
Justo a Justo Andalucía
miró y no vio la mujer
que su desgracia traía.
Ella era como el oro
engañosa en su palabra.
¡Tembló el corazón de Justo!
Y esa que lo esperaba
quedó con la esperanza
de las lunas de su cama.
¡Ay! que noches tan frías.
Más sucedió un día:
que al oro lo vio negro.
en esa mujer amarilla
clavó la espada en el pecho.
al bueno de Justo Andalucía.
Bañó la tierra de sangre
Dos cruces de memoria
en tierra ajena vivían.
Justo Andalucía
Era un hombre sencillo
que la palabra escondía.
Sus pisadas hablaban. Las
calles asustadas dormían.
Vestía ropa de buen lino
para ver a escondidas
a su mujer de años que
era cosa muy sabida.
Trabaja la tierra, Justo,
hasta que el Sol se enfría.
La noche la hace suya;
con, Pilar, muslos de bronce
y cama de sábanas limpias.
Con el gozo en la garganta
a un pedazo de tierra
le dejaba caer lagrimas
que llevan años de vida.
Más sus vacas tesoro eran
en las noches de luz fina.
En sus adentros pensaba:
mi tierra es seca, seca
como el punto más alto
de la montaña que al Cielo
mira con ojos blancos.
Justo Andalucía decían:
cambió, usted, el dinero
por tierra estéril. Solo
ahí crece la mala hierba,
que es cosa de gran porfía.
Justo, sembrador de sueños:
al Sol la tierra daba, y
y una ofrenda de luna:
¡mujer de sábanas blancas!
Amor y leche de miel
alimentaba su pecho.
¡Hombre de corazón blando
y manos encallecidas!
El cuerpo tiene sus años.
¿Ah, que más en esta vida?
Justo a Justo Andalucía
miró y no vio la mujer
que su desgracia traía.
Ella era como el oro
engañosa en su palabra.
¡Tembló el corazón de Justo!
Y esa que lo esperaba
quedó con la esperanza
de las lunas de su cama.
¡Ay! que noches tan frías.
Más sucedió un día:
que al oro lo vio negro.
en esa mujer amarilla
clavó la espada en el pecho.
al bueno de Justo Andalucía.
Bañó la tierra de sangre
Dos cruces de memoria
en tierra ajena vivían.