El vaso con pisco
no tenía mucho hielo
se volvió denso como la sangre
una pareja de cubos nadaban
en la superficie
rompí su armonía
con una uña
rompí los mares y el orden del caos
para no verlos acercarse en un naufragio
de siete centímetros de diámetro
esa noche
Tartini sacó un violín debajo de su tul
y bailamos
hasta que una sombra
me dijo
debes volver
pegué la mirada sobre la pared blanca
de ese hotel
perdido en medio de la carretera
la chica aún dormía
nuestros sueños se maceraban
a las dos de la mañana
debajo de su almohada
ella es una ilusión formada
de carne, huesos y polvo
ella no era de ningún lugar
y de todos a la vez
cuando la conocí
después de beber dos cafés
y preguntarle
por la belleza de sus ojos
ella dormía
y no quedaban botellas de pisco
o colillas mal apagadas
para nuestra soledad.