Ella, no hablaba mi idioma
era un error semántico y semiológico
hasta que la besé
y miles de años
de guerras y evolución
nos acercaron un poco
entre estos continentes
nuestras lenguas peleaban
como dos animales
puros y salvajes
que buscan en el campo
un lugar donde dormir
y nuestras bocas durmieron
sobre nosotros y sobre todos
los que nos veían por las avenidas
caminar sin rumbo
cogidos de la mano
como una película tonta de Hollywood
fuimos reales
sobre la mentira del universo
una tarde ella lloró
y me gritó
desnuda, con el clítoris aún hinchado
no puedo amarte
no puedo imaginar un caos contigo
entonces
ella me dejó con el sabor del malecón
a las cinco de la tarde
y el olor al café mezclado con su desnudez
no la volví a ver
ayer recibí una postal de un lugar
con mucha nieve
y personas hermosas
de ojos transparentes
no era mi lugar
mi lugar siempre fue el desorden y la intermitencia
de espacios imperpetuos
y alcohólicos sin historias
que te piden una limosna
cuando la luz se vuelve ámbar
ella no hablaba mi idioma
pero nos comprendíamos lentamente
mientras la ciudad ardía fuera de mi cuarto
y le contaba
que no tenía una historia
sin final feliz
y nada
sin ella.