Ella lloró
debajo de un árbol calcinado
hundió el rostro
sobre las cenizas
masticó terrones de tierra
su vestido azul se degradó
en un ligero blues
de dos compases
que su piel interpretaba
qué difícil
poder soportar el rastro
cada vez que siento su perfume
por las calles en otra mujer
yo le advertí que los trozos que fue dejando
en cada espacio que habíamos creado
los perdería por siempre
me dio un juego de estampitas
y los coció junto al último beso en mi pecho
no, me dijo
no importa si te dejo rastros míos
porque tengo más tuyos
en mis maletas
para el invierno que voy a perseguir
los dejaré secar para quitarles el alcohol
y los tendré junto a mi pecera
entonces comprendí
que sería su trofeo
ahora, un rastro de ella ha vuelto
con la fragancia de una chica
no me apuro en desnudarla
quiero olerla, imaginar
que pudo ser ella
aunque ella
esté sucumbiendo
en un espacio
que no hemos creado.