Aquí os dejo la segunda parte de esta saga que no sé a donde me llevará. Como información, esta saga no va a tener mucho sentido, es simplemente los pensamientos de una mente enferma.Eso si, lo mismo dentro de unas partes más cambio bruscamente la historia como acostumbro a hacer. Yo soy más de improvisar que de regirme por un guión. En fin, espero que os guste. Gracias por leer, comentar y puntuar.
Diario de una mente enferma II
A veces vago en soledad por las calles de las noches más oscuras, cuando la luna se digna a desaparecer. Intentando dejarme llevar por el murmullo de la luz de las farolas. Ese sonido de electricidad que vibra en el aire cuando todo es silencio.
Y a veces, el frío hiela mi piel bajando la temperatura de mi cuerpo; adormeciéndome. Quiero dormir así para siempre; en una eternidad donde no haya nada que me dañe, donde solo esté yo y nada más.
Sin embargo, en las noches de verano, cuando el insomnio hace su ceremoniosa visita nocturna y la melodía orquestal de los grillos no me deja descansar. Cuando el calor se adhiere a la piel y no queda más prenda para quitarse. Esos días, desfilo la orilla del río bajo la perenne calima con la falsa esperanza de encontrar alguna brisa que me devuelva las ganas de vivir.
Pero ya lo he dicho muchas veces, de nada sirve seguir aquí.
Hay días en los que sueño con un mundo distinto. Un laberinto donde al menos me siento útil intentando buscar una salida a todo ese caos que posiblemente habite sólo en mi cabeza.
¿Cuando empecé a volverme tan oscura en todos los aspectos?
Recuerdo cuando me gustaba contemplar el cielo azul tirada en la hierva dejando que el tiempo pasase. Pero ya toda esa vitalidad que tenia se marchitó y mi alma se volvió tan negra como el azabache.
Nota: Nada de esta historia es real ni está basado en alguien real. Si encuentra semejanza con algo de su vida o algún conocido es pura coincidencia.