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Zaratustras rockeando en The Cavern

Zaratustras rockeando en The Cavern
¿Cómo podían condensarse las corrientes electromagnéticas del sol?
Roberto Arlt, El juguete rabioso

El cuento es viejo y conocido: un grupo de hombres crece encadenado y obligado a ver sombras en una caverna. Si uno fuera liberado, dañado por la luz, tendría que acomodar su vista para ver la hoguera y las personas que proyectan las sombras en la caverna. Si acomodara aún más su vista, vería el sol. Al volver a la caverna, tendría que acomodar su vista nuevamente, pero adaptándola a las tinieblas ¿Cómo explicaría que un cambio de la vista es positivo y el otro es negativo? Platón resuelve este problema apelando al uso de la inteligencia, que permite valorar la importancia de la luz y reconocer los peligros de su exceso. El problema que no resuelve Platón es la salida de los hombres de la caverna.
Los encavernados viven prisioneros, encadenados. Dejan salir a uno, pero lo hacen volver y lo vuelven a encadenar. Los encavernados pueden entender la luz, pero no hay indicios en la alegoría de que quieran salir de la caverna.
Tal vez, la única acción posible que existe es la de explicar la luz para vivir en el simple odio de la vivencia en la caverna y no existe la posibilidad de vivir en la luz. Estoy bastante seguro de que Platón saldría de su tumba con un machete y una máscara para asesinarme por reducirme a unas meras páginas de La República y, encima, vaciarle de vocabulario la alegoría para poner pequeños retazos de un Nietzsche que ya me está esperando con un guante afilado en mis sueños. Dichoso postestructuralismo posmoderno. Lo interesante de la crítica literaria es su capacidad de ser un thriller clase B bien llevado: con una motosierra le corto una uña a Nietszche y otra a Platón y se las meto por las orejas a Silvio Astier para que, luego de sus nueve meses de parto en la librería de don Gaetano, vaya dando a luz, poco a poco, por aquí, por allá, a los antihéroes contemporáneos.
Desde el capítulo “Los trabajos y los días” podemos rastrear las analogías que hace Silvio Astier entre la caverna y el mundo laboral y mundano y generalizarlas para entender la concepción que tiene de un mundo rutinario y común. En las descripciones de la venta de libros usados y del ambiente en el que viven don Gaetano, doña María y Dío Fetente encontramos directamente la palabra caverna. Arriba, en los balcones, en los edificios, están el astrólogo, los amantes, la dama que lo besa; el sol. Silvio Astier siempre parte de una oscuridad y llega hasta la claridad, pero la luz lo expulsa y lo devuelve cada vez más derrotado a las tinieblas.

critica

El encavernamiento de un mundo, llamémoslo, envuelto en la rutina laboral, es un encamellamiento. El espíritu sólido echa sobre sí todas estas cosas tan pesadas, y como el camello que corre cargado por el desierto, así corre él por su desierto. Edison, Napoleón, Baudelaire y Rocambole guían la libertad siempre frustrada de Silvio Astier. De esta construcción quijotesca nace el sol por el cual ruge rabioso cada vez que se descubre camello. Aquí el espíritu se torna león; quiere conquistar la libertad y ser dueño de su propio desierto (…) ¿Cuál es el gran dragón que el espíritu no quiere ya llamar ni dios ni dueño? El gran dragón se llama ‘Tú debes’, pero el espíritu del león dice ‘Yo quiero’. La derrota del rugido será la imposibilidad de escapar de la caverna. El triunfo será la final construcción del niño individualista, que juega entre las sombras y los encadenados, resignado a no poder escapar de la caverna:
El niño es inocencia y olvido, un nuevo comenzar y un juego, una rueda que gira sobre sí, un primer movimiento, una santa afirmación (…) El espíritu quiere ahora su propia voluntad; el que ha perdido el mundo quiere ganar su propio mundo.
Silvio Astier descubre y redescubre su encamellamiento en el mundo laboral al fracasar con sus propias construcciones quijotescas basadas en las características del antihéroe del siglo XIX. El personaje de El juguete rabioso es derrotado por el trabajo, pero, en sus derrotas, termina asumiendo su rol de vencido y resurge de sus cenizas con los rasgos del antihéroe contemporáneo. Reconociéndose inevitable juguete del mundo laboral, recibe las mordeduras y, luego del dolor, intenta contagiar la rabia que le contagiaron.
El antihéroe contemporáneo puede ser white trash, lumpen, pelafustán, intelectualoide; es un individualista con toques de heroísmos sociales y carisma gramsciano; y se construye dentro del sistema que lo destruye. No pudiendo vivir cerca del sol, lleva su propia idea de sol a la caverna para iluminarse o protegerse del frío o calentar un poco de agua para el mate o el café.



Silvio Astier es el velatorio del antihéroe del siglo XIX y el nacimiento del antihéroe contemporáneo. Si el quijotismo puede ser la explosión de un género o de un imaginario que engendra un diálogo extrañado con el mundo, en ese diálogo extrañado, el personaje del Juguete rabioso se va construyendo como seudovencedor vencido combatiente: Comprendí que nunca me resignaría a la vida penuriosa que sobrellevan naturalmente la mayoría de los hombres. Su anhelo es distinguirse y ser recordado; desea que su vida sea objeto de pinturas, canciones y novelas: No me importa no tener traje, ni plata, ni nada (…) Lo que yo quiero es ser admirado por los demás, elogiado por los demás (…) Ser olvidado cuando me muera, esto sí que es horrible.
Durante el primer capítulo, triunfa como héroe quijotesco porque no tiene preocupaciones económicas. Las ganancias de sus robos son despilfarradas en lujos y Silvio invierte su tiempo en invenciones y ficciones.
Enrique y Lucio son los cómplices con los que comparte sus aventuras rocambolescas de la preadolescencia. Los tres forman una sociedad de muchachos inteligentes, el Club de los Caballeros de Media Noche.
Reconoce el vacío rocambolesco del robo mundano y lo trasciende con un nuevo premio para la vitrina de trofeos de los antihéroes del siglo XIX: el Club de los Caballeros de la Media Noche asalta la biblioteca de una escuela:
La certeza de una impunidad absoluta contagió de optimista firmeza a mis camaradas, y reímos con tan estridentes carcajadas, que desde la calle oscura nos ladró tres veces un perro errante (…)
– Bonnot desde el infierno debe aplaudirnos – dijo Enrique.
Pero, debido a la presencia de la policía, Silvio y Lucio deciden dejar el Club y la hazaña termina reducida a un pequeño recorte releído infinitas veces:
- ¿Así que el club se disuelve? – dice Enrique.
– No. Paraliza sus actividades por tiempo indeterminado – replica Lucio -. No es programa trabajar ahora que la policía husmea algo.
A partir del segundo capítulo, las reglas cambian. Silvio tiene que trabajar. Su familia se muda a un siniestro caserón y una agria tiniebla se apodera de sus días.



Don Quijote se sorprende, se encoge de hombros; alzando sus palmas, mira hacia arriba; mira al ventero, no entiende, frunce el seño ¿Cómo que no es un castillo? ¿Cómo que tiene que pagar por su hospedaje? Amadís se ofendería. Orlando, se pondría furioso. Cómo le van a querer cobrar a él, ¡a un caballero andante! Don Quijote se va ofendido, montado en Rocinante, olvidándose de su escudero. Sancho continúa el discurso de su señor, pero no logra escapar de la manteada de cuatro fabricantes de paños de Segovia, tres fabricantes de agujas del Potro de Córdoba y dos vecinos de la Feria de Sevilla.
En este fragmento del capítulo XVII del Quijote podemos observar cómo la realidad económica está alejada de los héroes: los caballeros andantes no pagan; Don Quijote supone la regla porque jamás leyó que pagasen en posadas. El fracaso de la regla irrisoria se cumple en el aporreamiento a Sancho.
Rocambole, como todo antihéroe del siglo XIX, no hace trabajos mundanos. Silvio Astier y su quimera rocambolesca caen derrotados ante el encamellamiento del mundo laboral por primera vez. No quiere trabajos que no estén a su altura, pero termina trabajando en la venta de libros usados de don Gaetano.
La obligación de trabajar es la inserción a un círculo vicioso que culmina con la adolescencia y el idilio rocambolesco: Y así es la vida, y cuando yo sea grande y tenga un hijo, le diré: ‘Tenés que trabajar. Yo no puedo mantenerte’. Así es la vida. Un ramalazo de frío me sacudía en la silla.
Nadie lee en la caverna de don Gaetano; a lo sumo, simulan leer. Los libros no son literatura; mucho menos, la vida. Los libros no son literatura; son instrumento de evasión de discusiones de don Gaetano o golpes arrojables para descargar la rutinaria bronca de doña María. No sólo viven en una caverna, también la voz de don Gaetano es cavernosa.
Silvio Astier sale de la caverna y sube por primera vez a un edificio, se encuentra con una vida que desea. Timoteo Souza, el astrólogo, alienta su genio, promete ayudarle, conseguirle un trabajo digno para él, pero le cierra la puerta en la cara en el momento de contratarlo, hundiéndolo en el mundo sordo y oscuro de don Gaetano, doña María y Dío Fetente. El sol se queda arriba, es un deseo insatisfecho.
Durmiendo mal y comiendo mal, Silvio Astier cae en el ritmo de la caverna y se olvida de los libros como literatura. Se queda sordo porque pierde su diálogo extrañado con el mundo.
Nuevamente en lo alto de un edificio, ve el mundo que desea: Pasamos junto a un balcón iluminado. Un adolescente y una niña conversaban en la penumbra; de la sala anaranjada partía la melodía de un piano (…) Pensé que yo nunca sería como ellos…
Finalmente, una escena decimonónica lo devuelve rabioso a su ensueño rocambolesco. En el departamento 4 de un tercer piso de Charcas al 1600, una dama seudo cortesana le da un beso como propina por su mandado. Silvio Astier, aún antihéroe decimonónico, ruge, adorando las cosas hermosas de la tierra.
Incendiando la venta de libros; llevando el sol a la caverna, a Dío Fetente, a don Gaetano y a doña María; pretende devolverle la Vida a la literatura y a los encavernados. Pero la caverna no está en llamas, tan sólo hay una mancha de sol que se filtra por el tragaluz. La brasa se apagó en un charco de agua y sólo él se libera del encamellamiento, renunciando.
Silvio Astier, quijotesco antihéroe del siglo XIX, ahora será una piedra chapoteando por la superficie de algún río. El mundo laboral no necesita leones rugiendo rabiosos, necesita camellos.
Entre las tinieblas, sigue el camino que lo conduce al casino de los oficiales. Después de su ayer taciturno, su hoy vaciloso se convierte también en oscuridad.
Los militares lo rechazan: Su puesto está en una escuela industrial. Aquí no necesitamos personas inteligentes, sino brutos para el trabajo. Pero cómo estudiar si tiene que aprender un oficio para ganarse la vida.
Silvio Astier vuelve a fracasar y responde a esta derrota con otro acto decimonónico: caminando por las veredas oscuras, entra en una casa de empeños y compra un revólver y cinco balas. Decide matarse pero no morirse para buscar su engrandecimiento ante la idea de la pérdida: Ya en otras circunstancias la teatralidad que secunda con lutos el catafalco de un suicida, me había seducido con su prestigio. Envidiaba los cadáveres en torno de cuyos féretros sollozaban las mujeres hermosas.
Esa muerte paródica, el desmayo, el único disparo vacío de su revolver de cinco balas, no le da gloria ni mujeres ni lo salva de la necesidad de trabajar, pero es el anuncio de la derrota definitiva del antihéroe decimonónico ante la caverna del mundo laboral encamellado y del surgimiento del antihéroe contemporáneo.



Silvio se reencuentra con Lucio, el regenerado, el agente de investigaciones ácrata. Enrique terminó “a la sombra”, encarcelado. Vendiendo papel (hojas en blanco, vacías) el encamellamiento ya es insoportable: hay que aprender a dominarse, para soportar las insolencias de los burgueses menores (…) se tolera, y se sonríe y se saluda… porque ‘así es la vida’.
Si para Lucio la vida es acoplarse al orden social, para el Rengo es sobrevivirlo con robos mundanos e inventos mediocres. Sus narraciones son “monótonas, oscuras y sanguinosas”, pero logran cierta aceptación que Silvio jamás pudo obtener. Para el Rengo, la galvanoplastia sirve para fabricar monedas falsas. Silvio, anunciando la llegada de Erdosain, preferiría las rosas de cobre.
La traición al Rengo es un rugido individualista que asume la imposibilidad de salir de la caverna y es el velatorio del antihéroe del siglo XIX. Rocambole traicionó y también fue derrotado por sus actos. Si Rocambole cae por la muerte de su mujer amada, Silvio Astier se erige ante la derrota de su rocambolismo: Lucio se regeneró, Enrique está preso, el Rengo es un ladrón mundano y el ingeniero Vitri es una víctima.
Silvio traiciona al Rengo y salta del siglo XIX al XX, lo delata contándole a Vitri que el amante de su empleada doméstica quiere robarle. Se convierte en niño, en antihéroe contemporáneo; y lo sabe. El único lugar en dónde vivir es la caverna y jugará con sus propias reglas en ella hasta que algún camello, como por ejemplo, el ingeniero Vitri, escuche su canto a la Vida. Sus juegos ahora son círculos viciosos que buscan evadir la culpa y la derrota. Y sale a su nueva vida tropezando con una silla.
Napoleónicamente hablando, la estrategia es perfecta. Siendo y dejando de ser Rocambole, traiciona al Rengo. Destruye a su parodia grotesca parodiando el lugar de agente de Lucio, invirtiendo el regeneramiento que le pregona éste último.
Silvio denuncia al Rengo, pero esto lo convierte en un niño individualista que juega en la caverna, rugiendo rabioso. Esta superioridad del derrotado que sigue combatiendo por sobrevivir al encabellamiento, le permite ponerse por encima del ingeniero Vitri. El título deseado por Silvio es poco. Es él el que le enseña al ingeniero sobre la vida. Silvio es un Edison callejero.
¿Y Baudelaire? Basta con releer la obra para encontrar excéntricas escenas de padecimiento laboral superadas para que aparezca con un ramo en su mano izquierda con los Chinaski, los Moody, los Miller, los Kerouac, saludando calurosamente a su padre Silvio Astier; Cucurto pone cumbia y arranca con los dientes el borde de un tetrabrik. Y que se enciendan el baile y las libaciones en la oscuridad de la caverna, carajo!



Saludos taringueros!
May the force be with you (and Mickey Mouse)
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