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Segundo capítulo de Ronin. En esta novela se intercalan dos sagas: Ronin y Crónicas de Ronin.
El primer capítulo fue Ronin #01, que les dejamos en este post como adelanto:
Ronin #01: Que no parezca un accidente
I kept a chain upon my door
that would shake the shame of Cain
into a blind submission
-Gotta knock a little harder - The Seatbelts
El Lungo arrima el auto al cordón; no se puede considerar que estaciona porque el VW Bora modelo 2010 gris perlado (que consiguió como parte de pago por una deuda de un gil cocainómano) queda muy lejos de la vereda y, además, en diagonal. Se baja con desgano del auto, acomodándose la Luger PO8 que antaño fue de su bisabuelo en la cintura del jean, tapándola con su buzo canguro; introduce las manos en los bolsillos para acariciarla. Camina en dirección a la remisería de su hermana, la Bicha, pero se detiene, prefiere pasar primero por el almacén, comenzar a trabajar con una buena provisión de cervezas. Ve que todavía no llegó el Morta de su turno, estará haciendo horas extras. La Renault Traffic 1987 blanca todavía no está estacionada.
Bufando se desplaza El Lungo hasta la esquina, le cuesta mover su extenso metro no-venta. Acomoda su gorra como intentando encender el motor de su voluntad, no da más de la pereza, recién acaba de despertarse. La resaca lo está matando, ni doce horas de sueño lo pudieron rescatar de la movida de la noche anterior.
Entra al almacén que se mantiene abierto hasta altas horas de la noche a pesar de la zona, que todos marcan como rabiosamente insegura. El lugar es pequeño, pero, sin embargo, el espacio está maximizado. Cuatro góndolas temáticas separan la puerta de entrada de los congelados. En las paredes hay snacks, golosinas, tentaciones y pecados capitales. A la derecha de la entrada hay un fortín de cigarrillos, revistas y chindogus, la zona del cajero.
En una tv de 24 pulgadas ubicada arriba de las heladeras, un informe del canal de noticias habla de un asesinato ocurrido durante el fin de semana:
"El cuerpo de La Anguila fue encontrado muerto por la mañana, pero se presume que fue asesinado alrededor de la medianoche cuando el mismo salía de la whiskería de La Gran Dama con dirección hacia su auto. Se descarta el móvil del robo ya que la víctima tenía todas sus pertenencias. Todo parece indicar que se trata de algún tipo de venganza. Recordemos que La Anguila fue públicamente acusado por el periodista Javier Heredia de haber mantenido secuestrada y presuntamente violado a su hija Catalina Heredia, de dieciséis años"
Algo perdido entre las góndolas, El Lungo le presta más atención a la tv que a su caminata. Se dirige lentamente al fondo del comercio para agarrar cuatro litros de cerveza rubia no retornable.
Se acerca a la caja para pagar. El informe termina y le deja lugar a la conductora del canal de noticias, que traza un paralelismo entre el asesinato y el incendio de la whiskería del Rey David, ocurrido el jueves por la medianoche:
"Con esta muerte ya no estamos tan seguros de que el incendio de la whiskería que se llevó siete vidas sea un accidente. Comienza a entreverse un accionar violento y puntual contra un sector de la sociedad cuya moralidad estaba puesta en duda. El jueves murió quemado El Rey David junto con sus hijos y varios asociados. Las trece mujeres que trabajaban en el lugar resultaron ilesas, siete de ellas eran menores de edad y declararon haber sido secuestradas y obligadas a ejercer la prostitución. El sábado le tocó a La Anguila. Ahora nos preguntamos: ¿habrá más? ¿Es esto una venganza? ¿Tenemos que hablar de criminales o justicieros?"
Mientras le dispara al código de barras con su pistola láser, el cajero busca la complicidad del cliente, a quien conoce desde hace tiempo ya que le compra cerveza día por medio porque se turna con El Morta para ir al almacén:
- Ya era hora de que empiecen a matar a todos esos hijos de puta -mira la tele, no tanto al Lungo, procesa las cuatro ventas y se prepara para embolsar las botellas de cerveza, pero cuando levanta la vista para decirle el precio, ve que una pistola Luger le apunta casi a quemarropa entre las cejas. Eso es lo último que ve. Se va de la vida un pobre cajero, sin decir nada grandilocuente antes de morir, sin despedirse de nadie, de pronto, Bang-.
Con tranquilidad, El Lungo se guarda la pistola y agarra las botellas, dos en cada mano, sin bolsas, siempre odió las bolsas. Le parece de doña o de idiota ir cargando bolsas que se bambolean como si jugaran, cuán poca seriedad, cuánta falta de masculinidad, por Dios.
La Renault Traffic modelo 1987 que era de algún perejil del sur del país ya está estacionada, hace años que tiene el motor limado y una patente trucha, sin embargo, no deja de pasar verificaciones y controles policiales. El Morta debe estar adentro intentando levantarse a su hermana como todos los malditos días, hasta que El Lungo se canse y le meta un balazo en la pierna como viene amenazando. No es un mal amigo El Morta. Cuando están juntos, salen a emborracharse y encaran lo que venga, pero, cada vez que aparece La Bicha, al Morta se le traba la cabeza y El Lungo es un tipo muy celoso y violento. Más violento que celoso.
Empezó a robar cuando tenía diez años. Salía con su padre los viernes y sábados por la noche. Eran más bien hurtos y pequeños engaños, excentricidades de una relación padre ladrón de camiones blindados e hijo.
A los catorce, cuando se metió en la movida del paco y el poxi, necesitaba robar cinco autos y tres maxikioscos para llegar a fin de mes.
Se escapó de tres correccionales de menores hasta que, cuando cumplió los 18, celebró su mayoría de edad con un bautismo de sangre: se vengó en un duelo de pistolas del Malevo, ex compañero del Negro TNT, su padre, a quien vendió sin piedad condenándolo perpetuamente a la cárcel a cambio de su propia libertad. Un tipo tan impune como para pavonearse por el cumpleaños del hijo de su viejo amigo.
El Malevo gatilló primero, apretando acostumbrado el gatillo de su viejo Colt Python calibre .357, con caño de 6". La bala dio en el hombro derecho del Lungo, que justo en ese momento jalaba el gatillo de la Luger que pocos días atrás había recibido de manos de su padre. El Negro TNT le legó a su hijo la única herencia de la familia, cuando las luces azules y rojas de los patrulleros se metían por las ventanas y golpeaban la puerta, la derribaban, entraban para arrestarlo. Desviada por el disparo en el hombro, la bala de la Luger, que iba a impactar en el corazón, se elevó hacia el mentón y penetró la cabeza del Malevo desde la mandíbula hacia los sesos. Todos los presentes se marcharon del lugar, nadie quería limpiar ese desastre.
Al Lungo le dieron diez años de prisión. Salió a los siete por buena conducta, justo como lo había planeado, luego de haber compartido celda con su padre. Como esperaba, El Negro TNT le enseñó todos sus trucos, pero le hizo prometerle que sentaría cabeza, se lo pidió desde lo más puro posible de su corazón de padre. El viejo le pidió que laburara con su hermana, que le ayudara en la remisería.
Cuando salió de prisión, La Bicha lo recibió con una casa prefabricada propia, un Peugeot 504 modelo 1991 y un turno de remisero. A cambio, tenía que hacerle unas changuitas, unos mandados.
La Bicha le había rescatado la Traffic blanca modelo 87 que tanto le gustaba, no porque estuviera bien de motor ni en buen estado, sino porque le recordaba al perejil que venía del sur del país haciéndose el hippie, con una minita que estaba re linda. Le recordaba cómo se dio el gusto de cagarlo a trompadas hasta noquearlo y de violarse a la pibita sin nadie que los viera al costado de la ruta, con las luces apagadas de la Traffic y del Taunus modelo 83 que había robado horas atrás y yacía con el motor fundido. Para vengarse del Taunus, lo prendió fuego. Metió a los dos chicos adentro del auto sólo para aprovechar la ocasión.
Ahora usa la Traffic para trabajar, cada vez que La Bicha le pide que haga horas extras. En el amplio asiento único de la Traffic siempre hay una carpeta apoyada, contiene fo-tos, nombre, descripción, hábitos y caminos de una o más mujeres, ordenadas por nivel de dificultad.
El Lungo levanta mujeres de la calle, las chupa por el trasero de su Traffic blanca modelo 87. A veces usa cloroformo, otras las noquea de una trompada en la cara. Cuando está de humor, improvisa, lo calienta jugar al límite, así se tiene más ganas de abusar de ellas adentro de la Traffic hasta que llega el momento pautado de entrega y las despacha en un galpón al azar, cuya dirección figura en la carpeta. El proceso de descarga es rápido. Hay una sola regla: el Lungo tiene prohibido bajar del vehículo y mirar los rostros de los que descargan.
Él haría todo lo que le piden por placer y diversión simplemente, pero, encima, La Bicha paga muy bien las horas extras.
La situación es extraña. Todos los remises están estacionados en la vereda que le correspondía a la remisería, lo cual tendría que significar que los cuatro remiseros están adentro del local. Sin embargo, las luces están apagadas.
El Lungo apura sus pasos para llegar al comercio. Tantea la manija, la puerta está abierta, aunque todo está oscuro. En la cuadra hay luz. Tal vez hubo un corte interno. Cuando el Lungo está por entrar, los cuatro Peugeot 504 estacionados, la Renault Traffic blanca y su VW Bora explotan repentinamente. Seis llamaradas se agigantan en la calle. El Lungo suelta las botellas, sobresaltado. Cuatro rubias mueren en la entrada de la remisería, estallando en mil esquirlas de vidrio que se clavan en las piernas del Lungo, que no se da cuenta por la exaltación y los nervios. Entra corriendo al local. En la parte de atrás hay una luz anaranjada, como si fueran llamas.
En el medio del cuarto que usan para comer o acostarse a dormir un par de horitas cada turno, La Bicha está atada a una silla. Sacada, intenta gritar. No puede hacerlo porque una soga amordaza cruelmente su boca. A un costado, El Morta yace tirado en el piso, prendido fuego. Los otros tres remiseros, muertos sobre la cama, con los cuellos quebrados.
El Lungo está inmóvil, no puede procesar la escena.
Una sombra se desprende del techo, lanzándose hacia él. Cuando no responde el cerebro, los músculos toman el control. El Lungo apenas alcanza a cubrirse con los brazos y empuja hacia adelante, deshaciéndose de la sombra. Casi logra hacerlo caer sobre el cuerpo en llamas del Morta.
El tipo es escalofriante. Una especie de mameluco entallado negro, borcegos, guantes y un pasamontañas con dos lentes espejados de anteojos modelo aviador cosidos. El Lungo rápidamente desenfunda su Luger y le da tres balazos en el pecho al enmascarado.
Como si no hubiera pasado nada, el hombre disfrazado salta hacia la pared que tiene a su derecha para apoyar sus pies y tomar impulso hacia el techo. Utilizando sus brazos como si fueran resortes, eyecta una patada en el mentón del Lungo. Una torre de un metro noventa se derrumba.
- ¿Quién sos? -le pregunta aterrado desde el suelo- ¿Qué querés?
- Soy Ronin -le responde con voz gruesa y anónima. Saca su 9 mm Sig P220 y le dispara en la cabeza-.
Lo último que ve El Lungo antes de morir no lo puede vivir porque lo ve tan sólo en tercera persona. Es pequeño, tendrá unos doce años. Está sentado en el umbral de una casa desconocida junto a su padre, contando las monedas que obtuvieron de un engaño.
El enmascarado se llama Ronin. El jueves pasado incendió la whiskería del Rey David y el sábado asesinó a La Anguila. Ahora se para frente a La Bicha. Le habla con una voz distorsionada por un modulador de voz:
- ¿Querés vivir? -La Bicha sólo ve un rostro negro y fuego, está aterrorizada-.
- S... -intenta decir, pero la soga apenas le deja mover la boca. Ronin le corta la atadura que la amordaza-. Te digo lo que quieras, hago lo que quieras… dejame ir, yo no tengo nada que ver, te lo juro, yo sólo atiendo la remisería, pero sé, los vi a estos hijos de puta –señala a sus empleados muertos-. Yo te entiendo, a mí no me mates -la mujer está des-esperada, le cuesta modular debido al dolor que siente en su boca ultrajada por la soga-.
- ¿Quién es tu jefe? -la voz impersonal funciona perfectamente, mete más presión-.
- A mí me pasan las carpetas unos policías cuyo nombre no conozco. A veces me las pasa El Sheriff en persona, que es el jefe de todos ellos. A esas hay que prestarles más atención, es lo único que sé. Yo te juro que ni las miro, no sé lo que hacen -La Bicha llora, intenta suplicar... hay mucha fantasía en su pose, está actuando, cumpliendo aún un papel, esta vez para intentar salvar su vida-.
Ronin saca de su bolsillo una petaca de metal cargada con nafta y moja a La Bicha. Rubrica su tarea tirándole un fósforo encendido.
La Bicha grita de dolor unos segundos y luego muere.
Ronin sale a la calle. Los patrulleros están tan sólo a un par de cuadras. No quiere pelear contra ellos, no todavía. Toma impulso en un tacho de basura para saltar contra la pared de la remisería y de ahí salta al balcón de la casa vecina. Luego se instala en el techo de la remisería. Se siente en el suelo el calor de las llamas del interior.
Se escapa de la escena saltando entre los tejados.
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Segundo capítulo de Ronin. En esta novela se intercalan dos sagas: Ronin y Crónicas de Ronin.
El primer capítulo fue Ronin #01, que les dejamos en este post como adelanto:
Ronin #01: Que no parezca un accidente
I kept a chain upon my door
that would shake the shame of Cain
into a blind submission
-Gotta knock a little harder - The Seatbelts
El Lungo arrima el auto al cordón; no se puede considerar que estaciona porque el VW Bora modelo 2010 gris perlado (que consiguió como parte de pago por una deuda de un gil cocainómano) queda muy lejos de la vereda y, además, en diagonal. Se baja con desgano del auto, acomodándose la Luger PO8 que antaño fue de su bisabuelo en la cintura del jean, tapándola con su buzo canguro; introduce las manos en los bolsillos para acariciarla. Camina en dirección a la remisería de su hermana, la Bicha, pero se detiene, prefiere pasar primero por el almacén, comenzar a trabajar con una buena provisión de cervezas. Ve que todavía no llegó el Morta de su turno, estará haciendo horas extras. La Renault Traffic 1987 blanca todavía no está estacionada.
Bufando se desplaza El Lungo hasta la esquina, le cuesta mover su extenso metro no-venta. Acomoda su gorra como intentando encender el motor de su voluntad, no da más de la pereza, recién acaba de despertarse. La resaca lo está matando, ni doce horas de sueño lo pudieron rescatar de la movida de la noche anterior.
Entra al almacén que se mantiene abierto hasta altas horas de la noche a pesar de la zona, que todos marcan como rabiosamente insegura. El lugar es pequeño, pero, sin embargo, el espacio está maximizado. Cuatro góndolas temáticas separan la puerta de entrada de los congelados. En las paredes hay snacks, golosinas, tentaciones y pecados capitales. A la derecha de la entrada hay un fortín de cigarrillos, revistas y chindogus, la zona del cajero.
En una tv de 24 pulgadas ubicada arriba de las heladeras, un informe del canal de noticias habla de un asesinato ocurrido durante el fin de semana:
"El cuerpo de La Anguila fue encontrado muerto por la mañana, pero se presume que fue asesinado alrededor de la medianoche cuando el mismo salía de la whiskería de La Gran Dama con dirección hacia su auto. Se descarta el móvil del robo ya que la víctima tenía todas sus pertenencias. Todo parece indicar que se trata de algún tipo de venganza. Recordemos que La Anguila fue públicamente acusado por el periodista Javier Heredia de haber mantenido secuestrada y presuntamente violado a su hija Catalina Heredia, de dieciséis años"
Algo perdido entre las góndolas, El Lungo le presta más atención a la tv que a su caminata. Se dirige lentamente al fondo del comercio para agarrar cuatro litros de cerveza rubia no retornable.
Se acerca a la caja para pagar. El informe termina y le deja lugar a la conductora del canal de noticias, que traza un paralelismo entre el asesinato y el incendio de la whiskería del Rey David, ocurrido el jueves por la medianoche:
"Con esta muerte ya no estamos tan seguros de que el incendio de la whiskería que se llevó siete vidas sea un accidente. Comienza a entreverse un accionar violento y puntual contra un sector de la sociedad cuya moralidad estaba puesta en duda. El jueves murió quemado El Rey David junto con sus hijos y varios asociados. Las trece mujeres que trabajaban en el lugar resultaron ilesas, siete de ellas eran menores de edad y declararon haber sido secuestradas y obligadas a ejercer la prostitución. El sábado le tocó a La Anguila. Ahora nos preguntamos: ¿habrá más? ¿Es esto una venganza? ¿Tenemos que hablar de criminales o justicieros?"
Mientras le dispara al código de barras con su pistola láser, el cajero busca la complicidad del cliente, a quien conoce desde hace tiempo ya que le compra cerveza día por medio porque se turna con El Morta para ir al almacén:
- Ya era hora de que empiecen a matar a todos esos hijos de puta -mira la tele, no tanto al Lungo, procesa las cuatro ventas y se prepara para embolsar las botellas de cerveza, pero cuando levanta la vista para decirle el precio, ve que una pistola Luger le apunta casi a quemarropa entre las cejas. Eso es lo último que ve. Se va de la vida un pobre cajero, sin decir nada grandilocuente antes de morir, sin despedirse de nadie, de pronto, Bang-.
Con tranquilidad, El Lungo se guarda la pistola y agarra las botellas, dos en cada mano, sin bolsas, siempre odió las bolsas. Le parece de doña o de idiota ir cargando bolsas que se bambolean como si jugaran, cuán poca seriedad, cuánta falta de masculinidad, por Dios.
La Renault Traffic modelo 1987 que era de algún perejil del sur del país ya está estacionada, hace años que tiene el motor limado y una patente trucha, sin embargo, no deja de pasar verificaciones y controles policiales. El Morta debe estar adentro intentando levantarse a su hermana como todos los malditos días, hasta que El Lungo se canse y le meta un balazo en la pierna como viene amenazando. No es un mal amigo El Morta. Cuando están juntos, salen a emborracharse y encaran lo que venga, pero, cada vez que aparece La Bicha, al Morta se le traba la cabeza y El Lungo es un tipo muy celoso y violento. Más violento que celoso.
Empezó a robar cuando tenía diez años. Salía con su padre los viernes y sábados por la noche. Eran más bien hurtos y pequeños engaños, excentricidades de una relación padre ladrón de camiones blindados e hijo.
A los catorce, cuando se metió en la movida del paco y el poxi, necesitaba robar cinco autos y tres maxikioscos para llegar a fin de mes.
Se escapó de tres correccionales de menores hasta que, cuando cumplió los 18, celebró su mayoría de edad con un bautismo de sangre: se vengó en un duelo de pistolas del Malevo, ex compañero del Negro TNT, su padre, a quien vendió sin piedad condenándolo perpetuamente a la cárcel a cambio de su propia libertad. Un tipo tan impune como para pavonearse por el cumpleaños del hijo de su viejo amigo.
El Malevo gatilló primero, apretando acostumbrado el gatillo de su viejo Colt Python calibre .357, con caño de 6". La bala dio en el hombro derecho del Lungo, que justo en ese momento jalaba el gatillo de la Luger que pocos días atrás había recibido de manos de su padre. El Negro TNT le legó a su hijo la única herencia de la familia, cuando las luces azules y rojas de los patrulleros se metían por las ventanas y golpeaban la puerta, la derribaban, entraban para arrestarlo. Desviada por el disparo en el hombro, la bala de la Luger, que iba a impactar en el corazón, se elevó hacia el mentón y penetró la cabeza del Malevo desde la mandíbula hacia los sesos. Todos los presentes se marcharon del lugar, nadie quería limpiar ese desastre.
Al Lungo le dieron diez años de prisión. Salió a los siete por buena conducta, justo como lo había planeado, luego de haber compartido celda con su padre. Como esperaba, El Negro TNT le enseñó todos sus trucos, pero le hizo prometerle que sentaría cabeza, se lo pidió desde lo más puro posible de su corazón de padre. El viejo le pidió que laburara con su hermana, que le ayudara en la remisería.
Cuando salió de prisión, La Bicha lo recibió con una casa prefabricada propia, un Peugeot 504 modelo 1991 y un turno de remisero. A cambio, tenía que hacerle unas changuitas, unos mandados.
La Bicha le había rescatado la Traffic blanca modelo 87 que tanto le gustaba, no porque estuviera bien de motor ni en buen estado, sino porque le recordaba al perejil que venía del sur del país haciéndose el hippie, con una minita que estaba re linda. Le recordaba cómo se dio el gusto de cagarlo a trompadas hasta noquearlo y de violarse a la pibita sin nadie que los viera al costado de la ruta, con las luces apagadas de la Traffic y del Taunus modelo 83 que había robado horas atrás y yacía con el motor fundido. Para vengarse del Taunus, lo prendió fuego. Metió a los dos chicos adentro del auto sólo para aprovechar la ocasión.
Ahora usa la Traffic para trabajar, cada vez que La Bicha le pide que haga horas extras. En el amplio asiento único de la Traffic siempre hay una carpeta apoyada, contiene fo-tos, nombre, descripción, hábitos y caminos de una o más mujeres, ordenadas por nivel de dificultad.
El Lungo levanta mujeres de la calle, las chupa por el trasero de su Traffic blanca modelo 87. A veces usa cloroformo, otras las noquea de una trompada en la cara. Cuando está de humor, improvisa, lo calienta jugar al límite, así se tiene más ganas de abusar de ellas adentro de la Traffic hasta que llega el momento pautado de entrega y las despacha en un galpón al azar, cuya dirección figura en la carpeta. El proceso de descarga es rápido. Hay una sola regla: el Lungo tiene prohibido bajar del vehículo y mirar los rostros de los que descargan.
Él haría todo lo que le piden por placer y diversión simplemente, pero, encima, La Bicha paga muy bien las horas extras.
La situación es extraña. Todos los remises están estacionados en la vereda que le correspondía a la remisería, lo cual tendría que significar que los cuatro remiseros están adentro del local. Sin embargo, las luces están apagadas.
El Lungo apura sus pasos para llegar al comercio. Tantea la manija, la puerta está abierta, aunque todo está oscuro. En la cuadra hay luz. Tal vez hubo un corte interno. Cuando el Lungo está por entrar, los cuatro Peugeot 504 estacionados, la Renault Traffic blanca y su VW Bora explotan repentinamente. Seis llamaradas se agigantan en la calle. El Lungo suelta las botellas, sobresaltado. Cuatro rubias mueren en la entrada de la remisería, estallando en mil esquirlas de vidrio que se clavan en las piernas del Lungo, que no se da cuenta por la exaltación y los nervios. Entra corriendo al local. En la parte de atrás hay una luz anaranjada, como si fueran llamas.
En el medio del cuarto que usan para comer o acostarse a dormir un par de horitas cada turno, La Bicha está atada a una silla. Sacada, intenta gritar. No puede hacerlo porque una soga amordaza cruelmente su boca. A un costado, El Morta yace tirado en el piso, prendido fuego. Los otros tres remiseros, muertos sobre la cama, con los cuellos quebrados.
El Lungo está inmóvil, no puede procesar la escena.
Una sombra se desprende del techo, lanzándose hacia él. Cuando no responde el cerebro, los músculos toman el control. El Lungo apenas alcanza a cubrirse con los brazos y empuja hacia adelante, deshaciéndose de la sombra. Casi logra hacerlo caer sobre el cuerpo en llamas del Morta.
El tipo es escalofriante. Una especie de mameluco entallado negro, borcegos, guantes y un pasamontañas con dos lentes espejados de anteojos modelo aviador cosidos. El Lungo rápidamente desenfunda su Luger y le da tres balazos en el pecho al enmascarado.
Como si no hubiera pasado nada, el hombre disfrazado salta hacia la pared que tiene a su derecha para apoyar sus pies y tomar impulso hacia el techo. Utilizando sus brazos como si fueran resortes, eyecta una patada en el mentón del Lungo. Una torre de un metro noventa se derrumba.
- ¿Quién sos? -le pregunta aterrado desde el suelo- ¿Qué querés?
- Soy Ronin -le responde con voz gruesa y anónima. Saca su 9 mm Sig P220 y le dispara en la cabeza-.
Lo último que ve El Lungo antes de morir no lo puede vivir porque lo ve tan sólo en tercera persona. Es pequeño, tendrá unos doce años. Está sentado en el umbral de una casa desconocida junto a su padre, contando las monedas que obtuvieron de un engaño.
El enmascarado se llama Ronin. El jueves pasado incendió la whiskería del Rey David y el sábado asesinó a La Anguila. Ahora se para frente a La Bicha. Le habla con una voz distorsionada por un modulador de voz:
- ¿Querés vivir? -La Bicha sólo ve un rostro negro y fuego, está aterrorizada-.
- S... -intenta decir, pero la soga apenas le deja mover la boca. Ronin le corta la atadura que la amordaza-. Te digo lo que quieras, hago lo que quieras… dejame ir, yo no tengo nada que ver, te lo juro, yo sólo atiendo la remisería, pero sé, los vi a estos hijos de puta –señala a sus empleados muertos-. Yo te entiendo, a mí no me mates -la mujer está des-esperada, le cuesta modular debido al dolor que siente en su boca ultrajada por la soga-.
- ¿Quién es tu jefe? -la voz impersonal funciona perfectamente, mete más presión-.
- A mí me pasan las carpetas unos policías cuyo nombre no conozco. A veces me las pasa El Sheriff en persona, que es el jefe de todos ellos. A esas hay que prestarles más atención, es lo único que sé. Yo te juro que ni las miro, no sé lo que hacen -La Bicha llora, intenta suplicar... hay mucha fantasía en su pose, está actuando, cumpliendo aún un papel, esta vez para intentar salvar su vida-.
Ronin saca de su bolsillo una petaca de metal cargada con nafta y moja a La Bicha. Rubrica su tarea tirándole un fósforo encendido.
La Bicha grita de dolor unos segundos y luego muere.
Ronin sale a la calle. Los patrulleros están tan sólo a un par de cuadras. No quiere pelear contra ellos, no todavía. Toma impulso en un tacho de basura para saltar contra la pared de la remisería y de ahí salta al balcón de la casa vecina. Luego se instala en el techo de la remisería. Se siente en el suelo el calor de las llamas del interior.
Se escapa de la escena saltando entre los tejados.
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