Escribi esta historia hace poco después de una clase de historia de méxico. Empezó con un pequeño cuento de un hombre sin nombre, y acabó como un cuento corto lleno de historia. No me baso en ninguna historia o novela, las ideas y frases nacieron en mi cabeza. Si alguna persona es ofendida por algún comentario en esta historia, le ruego me perdone y recuerde que esto es solo ficcion. Es un poco largo, pero les aseguro que valdrá la pena (eso espero). Sin más que decir, repitan conmigo unas viejas frases de el maestro Stephen King (Con algunos agregados míos) para prepararse:
Creo que una moneda de diez centavos puede hacer descarrilar un tren.
Creo que hay caimanes en el sistema de alcantarillas de Nueva York, sin olvidar ratas del tamaño de poneys.
Creo que se puede arrancar la sombra de alguien con una estaca de acero.
Creo que en verdad existe Papa Noel, y que todos esos tipos vestidos de rojo en Navidad son sus ayudantes.
Creo que hay un mundo invisible a mi alrededor.
Creo que las pelotas de tenis estan llenas de gas venenoso, y que si las partes por la mitad y respiras el gas que desprenden puedes morir.
Creo que hay criaturas debajo de mi cama y en mi closet, y que todas las noches salen a intentar asustarme.
Creo que hay trolls debajo de los puentes, y que si no adivinas su acertijo o les pagas te devoran.
Creo en el chupacabras, lo llorona y pie grande.
Creo que todos esos signos extraños hechos en los campos de maíz son hechos por extraterrestres.
Pero sobre todo creo en los fantasmas, creo en los fantasmas, creo en los fantasma.
¿Listos? Aqui vamos.
ESTA HISTORIA NO PRETENDE SER HISTORICAMENTE CORRECTA
El Normando
El normando se levantó lentamente de lo que creyó sería su lecho de muerte. Milagrosamente había sido curado, no sentía dolor en la herida. Había sido golpeado hasta caer por nazis, y luego uno de ellos le había dado un disparo que falló por poco al corazón. Empezó a perder los sentidos y justo cuando creyó que no podía más se levantó totalmente sano.
Observo el campo de batalla. ¿Quién había ganado? Era imposible decir. Había muchos cuerpos nazis, pero también muchos cuerpos flácidos con el signo aliado. Le pareció reconocer a un soldado de su batallón, sin embargo era difícil decir cuando le faltaba la mitad de la cabeza. Vio a otro hombre aliado con una herida gigante a la altura del estomago, los nazis eran brutales y no tomaban prisioneros aliados.
El gran día D. El día para el mundo. El fin del eje. La derrota de Hitler. Eso había oído él. Todo tenía que salir bien, tenían que ganar ese día. El normando explotó en lagrimas. La situación no se veía muy favorable para su bando.
El horizonte se veía teñido de sangre, o tal vez eran los ojos del normando los que causaban el espeluznante efecto. El cielo estaba lleno de trazos de humo, y las nubes estaban hechas jirones. La batalla aérea había sido cruenta.
Siguió caminando por el campo de batalla. Esquivaba los cuerpos que podía. Peor la sangre no la podía evitar. Tras varios minutos de su monótona caminata, sus zapatos acorzados estaban repletos de sangre. Solo había pisado uno o dos cuerpos, pero al presionarlos estos habían liberado un montón de sangre como esponjas liberando el agua que tenían absorbida. Si no fuera imposible juraría haber visto a los muertos hacer muecas cuando los pisaba. Las caras de sufrimiento en los hombres eran notablemente macabras a sus ojos. Le recordaban aquellos zombis de la película de La Legión de los Hombre sin Alma.
De pronto llegó a una larga planicie libre de cuerpos esparcidos. En lugar, había una larga fila de personas a quienes parecían haber torturado. Algunos aún estaban vivos. Se dirigió a ver el primero; estaba vivo pero completamente ido. Lleno de cicatrices, no hacía nada más que pronunciar palabras en alemán. Observo su camisa raída y vio que tenía una estrella de seis picos parchado en el pecho. Era judío, probablemente procedente de un campo de concentración. Sintió lástima por él, era bien sabida la situación de los judíos ante los nazis, debió haber sido torturado hasta el cansancio. No notó al normando cuando paso junto a él. Estaba sumido en su mundo.
El segundo hombre estaba muerto. Tenía tantas o más cicatrices que el primero, y so cara estaba adornada con un disparo entre lo ojos. Había penetrado limpiamente. Solo había unos pocos chorros de sangre que alcanzaban los ojos y luego seguían bajando, dando la apariencia de lágrimas.
La tercera era mujer. Los nazis eran unos animales. La habían golpeado a más no poder y luego la apuñalaron hasta matarla. Debió haber sido muy hermosa antes de haber caído en manos de los nazis. Al normando le recordaba a su querida esposa El pelo le llegaría hasta las rodillas de haber estado parada, pero la gente suele batallar para pararse después de muertas, la mayoría al menos.
El cuarto también parecía estar muerto. Le habían cortado un brazo. Sin embargo, cuando se acercó, el hombre se hincó y lo miró. El lugar donde deberían estar los ojos estaba vacío, se los habían arrancado. Y sin embargo alcanzó a percibir al normando.
--¿Qué buscas aquí, fariseo?—preguntó el hombre. El normando se quedó perplejo. No sabía que significaba fariseo. Le parecía conocido de alguna lección de catecismo de pequeño—Yo te puedo ver.
--¿Cómo me has llamado?—le preguntó aún perplejo.
--Hipócrita. Asesino—dijo el hombre, luego se empezó a reír. Era una risa terrible, del tipo que te hacen temblar en una película de terror. Del tipo que te hacen creer que el hombre ha perdido su cabeza. Y así lo pensó el normando. Tal vez crea que soy un nazi, pensó.
--¿Por qué me acusas?, si yo no te he tocado—le dijo el normando—Tus verdugos se han ido hace tiempo.
--Tú eres mi verdugo. Y yo soy el tuyo. Eres un asesino y no lo puedes negar. Torturaste a tu enemigo sin piedad, y buscaste la ruina del adversario. Cinco vidas de enmiendo no te ayudarían.
--¿Quién eres?—pregunto el normando cuando empezaba a agitarse.
--¿Quieres saberlo en verdad?
La siguiente escena que presenció el normando, fue una de las más terribles y horripilantes que jamás llegó a ver. Y hablando de un hombre de guerra qua había visto mutilados miles de veces es algo. El hombre ciego liberó un grito tremendo y luego su mandíbula se desencajo como serpiente. Empezó a golpear su cara contra la tierra plana hasta que su nariz quedó destruida. Sus brazos y piernas llegaron a posiciones imposibles mientras se oías el tronar de sus huesos. Y el grito seguía.
Empezó a agarrarse la cara con fuerza y a arrancarse piel con las manos desnudas. Y luego cayó pecho abajo. Pero nunca dejó de mirar al normando. Incluso caído hacia abajo, miraba al normando en una posición en la que cualquier hombre se hubiera roto el cuello. El normando decidió que ya había sido mucho de la fila de torturados. Tan solo había explorado los primeros y aunque había una fila aun larga de cuerpos flácidos y algunos no tan flácidos, decidió seguir.
El campo de batallas regresó a su normalidad. Cuerpos esparcidos por doquier. Vio a dos hombre tirados en el piso. Uno sostenía la mano del otro, eran muy jóvenes. Uno de ellos era nazi, y el otro parecía judío y era aliado. Habían muerto juntos. Los hombres se arrepienten hasta que están en las puertas de la muerte. Probablemente eran soldados sin experiencia que casi se mataron entre ellos en su primer día en el campo de batalla. Al ver lo que habían hecho se habían arrepentido, y se habían consolado uno a otro. Eso pasaba con muchos jóvenes, para los experimentados ya era tarde, ya estaban corrompidos.
Vio un avión en frente de él, o lo que quedaba de un avión. Se veía el distorsionado signo de la esvástica que había sido dañado al caer. Había caído en plena batalla derribado por aviones aliados. Debajo del avión se alcanzaban a ver brazos piernas que habían sido aplastados en la caída. Una de las alas estaba rota y había una abertura en el vidrio delantero. Se asomó por la abertura y vio a un hombre masacrado, lleno de balas. Aún así, las heridas parecían frescas, probablemente murió al caer y luego un aliado cargado de adrenalina se había terminado un cartucho en él.
Siguió a lo que, según creía era el norte. No eran gritos de terror, parecían órdenes. Tras unos segundos apareció una tropa nazi frente a él. Justo cuando llegaban se tiro al piso pecho-tierra. Los nazis pasaron a unos metros sin notarlo. Dio gracia a Dios de haberse salvado de aquella. Espero a que la tropa desapareciera y salió de cubierto. Se había salvado por poco. Debía ir en dirección contraria a los nazis. Tal vez huían de los aliados.
El horizonte teñido de sangre empezaba a tornarse color vino. El día D decaía. ¿Si los nazis huían entonces habían ganado los aliados?? No lo sabía, pero pretendía averiguarlo.
Siguió la marcha, aún después de andar todo el día. Mientras que cualquier otro hombre habría caído el seguía. Y seguía, hasta que de pronto, sin aviso alguno, sus fuerzas flaquearon un segundo y cayó.
Cuando se levantó, se encontraba en un lugar diferente. Era la plaza de su ciudad natal. Se veía flameante, como solo le recordaba de pequeño. Todo fue un sueño. Nunca hubo segunda guerra mundial. Vio a su esposa del otro lado de la calle. Corrió hacia ella.
--¡Sarah!—gritó. Ella no le contestó pero sonrió. La misma sonrisa radiante que recordaba. De la mano de Sarah iba su hijo. Cuando estaba a un palmo de llegar a ella, Sarah puso los ojos en blanco y cayó hacia atrás. Se había desmayado. Corrió hacia ella, la abrazo en el piso y lloró. Ella abrió los ojos y le guiño. Menuda broma.
--Regresé—dijo el Normando.
EL FIN
El normando hubiera deseado que esas palabras hubieran aparecido pero no fue así. De pronto la cara de Sarah se transformó en la visión grotesca de un nazi muerto con la cara hinchada. El normando rompió en llanto. Recordó los buenos tiempos con Sarah y su hijo, Rafael. Por ellos había venido a las tropas. Para protegerlos. Por amor.
Entonces empezó a ver imágenes de su vida. Vio cada momento bueno y cada momento malo. Cada sufrimiento y cada gozo. Cada buena acción, cada acción atroz.
Un niño corre por la plaza buscando a sus padres
Un hombre joven se niega a dar dinero a un pobre mendigo
Un hombre golpea a su hijo.
Un hombre se alista en el ejército, su mujer tiene a su hijo en brazos
Un nazi cae a los pies del hombre
Una tropa nazi invade la casa de una familia pobre
Un pobre hombre jorobado y moribundo es largado por un hombre enojado de enfrente de su casa.
El hombre ve como le cortan los brazos a un grupo de judíos.
Un hombre se quema con la sopa ante las risas de su hijo
Un viejo muere en los brazos de su hijo
Su mujer tiene a su hijo en brazos
El sonido de un carro interrumpió sus dolorosos recuerdos. Dos faros se acercaban hacia él. Se levantó ahora lleno de dolor, ahora se sentía muy cansado. El carro lo pasó de largo, no tenía fuerzas para gritar pero empezó a seguirlo lentamente. La luna ya salía y la sangre desaparecía del cielo. Se dejo guiar por las ya lejanas luces del carro. Vio a lo lejos un resplandor rojizo y vio como el carro se detenía ahí. El normando se acercó y vio que el resplandor era en realidad fuego, el campamento se quemaba. Un hombre se había bajado del carro, el normando se acercó y le tocó el hombro. El hombre lo volteó a ver y entonces se alcanzaron a ver, aún en la oscuridad, sus cuencas vacías.
--Aquí solo hay muerte normando, y tú has participado en ella—le dijo el hombre con la misma vos que recordaba del torturado.
--Esto debe ser una pesadilla.
--Las pesadillas nacen del suelo que pisas y los caminos que recorres, y solo mueren en el amor que sientes. ¿Acaso tú sientes amor?
--Siento amor por mi familia.
--Eso no es amor, normando, eso es un sentimiento falso que tú crees amor. Tú familia ha muerto hace poco, estás solo. Ya no hay a quien amar. Aún así nunca les prestaste atención ¿o sí?. No creo que hubieran llorado tu pérdida—el hombre sin ojos hizo una extraña mueca que pudo haber sido interpretada con una sonrisa. El normando estalló en ira.
--¡No hables de mi familia!—dijo, y se abalanzó sobre el hombre—Tú no sabes nada.
--Créeme normando. Yo sé—dijo la voz. Pero la voz salió de la nada porque el hombre no estaba allí.
El carro había desaparecido junto con el hombre, pero el normando creyó ver un grupo de luces a lo lejos. Se acercó y distinguió a un soldado aliado con el uniforme de la infantería. Tenía una luz entre manos. Estaba salvado. Vio una larga fila de personas que caminaban hacia una gran luz, el campamento. Se metió en la fila. Nadie se inmutó, un hombre más un hombre menos no hacía diferencia. El normando oyó la conversación que tenían los hombre delante de él.
--¿Sabes cómo empezó el incendio?
--Dicen que todo fue culpa de un cocinero.
--No, no; yo oí que un cigarrillo fue el causante.
--No sean fantasiosos, alguien debe haber hecho un fuego para calentarse, y este se fue de control.
--Yo lo he visto de cerca y creo que tiene razón, debe haber sido un fuego fuera de control—irrumpió el normando. Los demás siguieron hablando sin prestarle atención. Se sintió excluido.
Cuando llegaron al campamento les repartieron cobijas y comida, pero el normando que estaba al borde del campamento no recibió nada, por lo que tuvo que ir el mismo por sus víveres. Nadie pareció notar que se llevo una cobija y un plato de sopa. Amaneció a la mañana siguiente con el sol.
Vio como se acercaba un grupo de soldados. Reconoció a algunos de ellos. ¡Era su tropa! El normando salió a su encuentro, contento de ver tantas caras conocidas. Los primeros soldados lo pasaron de largo. Tal vez no lo reconocían debido a su condición. Toco a uno en el pecho intentando llamar su atención. Le dio una palmada en la espalda a otro. Empezó a agitar a algunos de sus compañeros. No había respuesta. Golpeo a uno de ellos en la cara. Vio sangre manar, pero nadie se inmutó. Llegaron alucinaciones
Un hombre latiga a un grupo de esclavos.
Hay una balacera en frente de la casa de un hombre.
Crucifican a un fanático cristiano.
El cementerio se llena.
Las mujeres y niños despiden a los soldados.
Le grito a su capitán. Ese que los había guiado valientemente durante toda la campaña. Aquel que lo había consolado en las noches de insomnio causadas por el temor a la pérdida de su familia.
Un viejo muere en los brazos de su hijo.
Le arrancó las medallas a un sargento.
Un niño corre por las calles de su ciudad.
El normando se rindió y vociferó un grito de desesperación.
Entonces finalmente un soldado noto que estaba ahí y se aparto del grupo.
--¿Qué te sucede?—le preguntó el soldado. El normando se volvió para verlo a la cara. Era un insulto darle la espalda a un soldado de rango más alto que él, lo cual probablemente era el caso. Vio sus cuencas vacías.
--¡No! ¿Qué quieres de mí? ¿Yo que te he hecho?
--No es lo que me has hecho a mí, si no lo que le has hecho a los demás. Te lo podrías repetir mil veces normando, pero aun así no aclararía tu vista.
--¿Qué harás conmigo?—le preguntó el normando
--¿No entiendes aún? ¿Es que no está claro?
El normando volvió a gritar. Una idea retorcida y odiada empezó a crecer entre sus pensamientos.
--Estas muerto Hyriev.
El normando cayó al piso y lloró.
Un viejo muere en los brazos de su hijo.
Un niño corre por la plaza de su ciudad
Un hombre se enlista en el ejército
Y su mujer sostiene a su hijo en brazos.
Al hijo del normando.
Espero que hayan disfrutado la historia. Como curiosidad, no se si lo notaron pero la historia empieza y termina con las mismas palabras "el normando".
En la historia original, que escribí a mano había puesto un final que explicaba lo que había sucedido, pero este fue cambiado por una sola frase.
Aquí el final original:
[--¿No entiendes aun? ¿Es que no esta claro?.
El Normando al fin entendio. Cayó al piso y lloró.
Y asi se quedó Hyriev. Tirado en el piso como muerto, pero condenado. Y aún hoy ahi está recordando a su familia perdida y ahí permanecera hasta que el mundo cambie.
Y su mujer sostiene a su hijo en brazos.
Al hijo del normando. ]
A los que han leído a tolkien esa frase se les debe de hacer conocida. En varios fragmentos del Silmarillion, y si mal no recuerdo aún en el señor de los anillos, Tolkien dice la frase "hasta que el mundo cambie" o "ahi permanecera hasta que el mundo cambie" o bien "Ahi permaneció hasta que el mundo cambió". En la mayoria de las veces Tolkien se refería a cuando Illuvatar (El dios "mayor" en la tierra media" se harta finalmente de Morgoth (Melkor) y lo expulsa hacia el vacío. Además aleja Valinor (En donde viven los dioses menores, las tierras Imperecedoras. Para los que no saben del tema pero han visto la película, es ahí a donde parten los elfos, y finalmente Gandalf y tambien Frodo y Bilbo) de la tierra media y crea Numenor, de donde eran los antepasados de Aragorn. El mundo vuelve a cambiar cuando Numenor intenta atacar Valinor gracias a Sauron, el antigua terrateniente de Morgoth. Los antepasados de Aragorn logran huir mientras le resto de Numenor es hundida en el mar como una especie de Atlantida; y Valinor queda oculta para siempre excepto para los elfos.
Bueno basta de citar a Tolkien. Como sea ¿cual final creen que habría quedado mejor?
Espero que hayan disfrutado esta historia, que dedica a mi abuelos, en experto en historia, y a un amigo que entre broma y broma me animo a terminar el cuento.

