
Aquí os dejo la séptima parte de esta saga. Espero que os guste. Gracias por leer, comentar y puntuar.
Diario de una mente enferma VII
Me senté en la terraza a contemplar como las luces de la calle cegaban las estrellas; dejando un resplandor naranja en el cielo nocturno. Quizás pasé horas así; dejando el tiempo pasar como siempre.
Sonreí en la soledad de esa misera noche esperando algo que sabía que no iba a llegar. Me levanté, me puse los zapatos y prendí rumbo hacía el río. Las manos en los bolsillos de mi sudadera y un cigarro en la boca que dejé que se consumiera solo, sin dar caladas.
Caminé con mi habitual parsimonia hasta llegar a la orilla del río. Me detuve a contemplar el reflejo de la luna sobre el agua acompañada de las luces de las farolas.
"¿Que he estado haciendo todo este tiempo? Quiero irme de aquí y empezar de cero, pero sé que no serviría de nada. Dejadme ser libre..."
Empecé a correr tan rápido como me permitían mis piernas. Sin rumbo; en la soledad; casi sin aliento.
El dolor de mi pecho era cada vez mayor y no pude evitar llorar mientras mis piernas comenzaban a quejarse de aquel acto deportivo inesperado. Pero pese al dolor, pese a las lágrimas de rabia, pese al mundo, pese a todo, pese a mi misma, seguí corriendo.
Subí el puente sin pararme a descansar ni a pensar. Llegué hasta la mitad y sin dudarlo, salté.
Salté al agua helada. Salte haciendo que mis pulmones se contrajeron ahogándome. Caí al fondo lentamente viendo como las luces se alejaban de mi y como unas burbujas con mi ultimo suspiro de aire subían a la superficie.
...
Oí voces a mi alrededor, gritos, una sirena. Abrí los ojos, veía borroso. "¿Donde estoy?"
Nota: Nada de esta historia es real ni está basado en alguien real. Si encuentra semejanza con algo de su vida o algún conocido es pura coincidencia.
