Observación e interpretación de obra pictórica
Edvard Munch: Muchachas en el puente
1899 Oslo, Nasjonalgallariet
Expresionismo
Edvard Munch pintor noruego (1863-1944)
Descripción iconográfica:
Materialidad de la obra:
Dimisiones: 136 cm x 126 cm
Técnica: oleo sobre tela
Esta es una obra de formato vertical, con síntesis formal y cromática.
En primer plano se ven tres muchachas que se asoman por el puente en actitud contemplativa, en sus vestidos se combinan los colores blanco, verde y rojo. El espacio se recorre mediante la perspectiva del puente que cruza la pintura en diagonal y nos conduce al fondo, donde la vista sigue por la línea horizontal blanca de derecha a izquierda, para terminar en los arboles de valores bajos, uno con su enorme copa, que se refleja en el rio y el cielo en tonos fríos de saturados, que dan la sensación de tarde donde todo parece quieto pero teñido de inquietud, es una imagen oscura y misteriosa.
Línea y color: Las líneas siguen un movimiento ondulante, que esta presente en toda la obra, destacándose en el cielo, el agua, la tierra y en las ramas oscuras de los arboles.
Superficies amplias y llenas de color puro y fuerte.
El esquema pone de relieve la estructura compositiva típica de Munch con la diagonal del puente que corta la escena, la horizontal del borde del rio y de la pared, y la gran maza del árbol que se refleja en el agua, de una profundidad misteriosa, sobre la que se asoman las tres muchachas.
Munch crea una impresión sobre el poder de la naturaleza y su fuerte constante movimiento. Un sosiego sombrío plantea sobre esta escena. Las muchachas están juntas, cada una permanece aislada. Se mantienen silenciosas ante la grandeza de la noche veraniega, formando un extraño contraste sus vestidos brillantes con el agua oscura que hay más abajo, y con el verdor sombrío de los árboles que dominan, no sólo a las muchachas, sino a los edificios blancos, al mismo tiempo que empequeñecen la luna, símbolo de la esperanza.
La estructura diagonal halla su complemento en la mitad izquierda del cuadro, ocupada casi totalmente por las copas de unos tilos, cuya imagen vemos reflejada en el agua. La impresión de alegría, producida ante todo por los colores a la vez discretos y brillantes de los vestidos, se ve contrarrestada por el motivo del reflejo oscuro y pesado de las copas. De modo semejante a la columna de luz que la luna proyecta sobre el mar, el reflejo de las copas parece ejercer una atracción mágica sobre las chicas.
ACERCAMIENTO A LAS CIRCUNSTANCIAS DE PRODUCCION Y DE RECEPCION
De 1896 a 1898, Munch vivió durante la mayor parte del tiempo en Paris, en un ambiente de artistas, pintores y músicos que profesaban una gran admiración por Gaugin y por Rodin.
La experiencia parisina le infundio una proyección de vitalidad que le permitió realizar, alrededor del fin de siglo, una serie de obras fundamentales, entre las que destaca “Muchachas en el puente”. Es una obra característica de Munch, que usa formas y colores muy definidos.
El pintor decía de sí mismo que, del mismo modo que Leonardo da Vinci había estudiado la anatomía humana y diseccionado cuerpos, él intentaba diseccionar almas. Por ello, los temas más frecuentes en su obra fueron los relacionados con los sentimientos y las tragedias humanas, como la soledad, la angustia, la muerte y el erotismo. Se le considera precursor del expresionismo, por la fuerte expresividad de los rostros y las actitudes de sus figuras, además del mejor pintor noruego de todos los tiempos. En 1885 realiza un corto viaje a París y conoce de cerca algunas obras de los impresionistas Monet, Renoir, Degas, Pisarro y Seurat. Sus pinceladas serán cada vez más audaces, menos atadas a las convenciones del realismo. Lo más importante de este periodo es la obra La niña enferma, en la que evoca su experiencia personal con la muerte de su hermana y donde ya aparece la desolada visión de la existencia que caracteriza la mayor parte de su producción. Hasta 1908 vive la mayor parte del tiempo en Alemania, sobre todo en Berlín, aunque hace frecuentes viajes a Noruega y a París. Son años cruciales en su pintura, crea un estilo sumamente personal basado en acentuar la fuerza expresiva de la línea, reduciendo las formas a su expresión más esquemática y a hacer un uso simbólico, no naturalista del color. Pinta El grito, Vampiro, La voz, la primera versión de Madonna, comienza un ciclo que el artista llamaría más tarde El Friso de la vida. Todas ellas expresan sus experiencias personales sobre el amor, la enfermedad, la muerte y la propia naturaleza. A Munch le interesa lo que se puede captar por el espíritu y no a través de la vista.
Lo Estético. La poética.
Edvard Munch, considerado precursor de la tendencia expresionista. El Expresionismo es una corriente artística que busca la expresión de los sentimientos y las emociones del autor más que la representación de la realidad objetiva. Cuando aún no había cumplido los cinco años, su madre murió a causa de tuberculosis. Nueve años más tarde, su hermana Sophie, dos años mayor que él, fallece de la misma enfermedad. Estos hechos ejercerán una influencia decisiva en su actividad artística. Sus tristes y angustiosas representaciones basadas en sus obsesiones y frustraciones personales abrieron el camino al desarrollo del expresionismo.
El expresionismo revela el lado pesimista de la vida generado por las circunstancias históricas del momento. La cara oculta de la modernización, la alineación, el aislamiento, la masificación, se hizo patente en las grandes ciudades y los artistas, creyeron que debían captar los sentimientos más íntimos del ser humano. La angustia existencial es el principal motor de su estética. En él la expresión surge como resultado de su vida atormentada. Siente predilección por la figura humana y las relaciones personales. Le obsesiona la impotencia del ser humano ante la muerte y la identifica con la mujer. Tiene una visión negativa de la vida, de la indefensión, de la soledad humana y del sexo.
Muchachas en el puente es una obra de colorista composición con tres muchachas asomadas a un puente sobre un riachuelo en una pequeña población.
Las líneas sinuosas, a veces mareantes de Munch, recrean un ambiente de cierta angustia, como si de una pesadilla se tratase. Las chicas no hablan, no se comunican, solamente observan en silencio, reflexionan sobre el sentido de la existencia, o sobre las contradicciones de la vida, o sobre la soledad.
Si bien el Munch más difundido nos remite al inexorable grito, áspero y solitario, otra faceta de su obra revela interesantes escenas que en lo superficial parecen tranquilas y abiertas. El tema del puente y las muchachas refleja los breves veranos del norte, con sus luces nítidas que exaltan colores esmaltados y que son reproducidos con un sentido de fugacidad: se contratan momentos de suspensión con la contemplación, la belleza de la juventud en la plenitud de la existencia como inevitablemente efímeras.