Llegas a mí, invitándome con una avellana al amanecer. Invierno mío, tu indigencia en los árboles se hará patente, cuando en el campo ya no sople el molino. Invierno de los osos en la cueva y de la emigrante golondrina, te amo con toda mi alma. Quiero que lo sepas, y me regales así el café para tus noches azabache, y un mordisco en los labios, en los relojes lentos. Carolina Sánchez Carrizo