Mis primeras 20 navidades. [Primera parte] La navidad, fue lo que más unió a la familia por cada año que pasaba. Recuerdo muy bien que yo varias veces pensé que, sin las navidades, no seríamos una. Es decir… mi familia está compuesta por gente excéntrica y bastante “salvaje” Podría intentar recordarlo, pero sé que es prácticamente imposible que yo vaya a recordar mi primera navidad, aquí en la tierra. Respirando el penetrante olor a pólvora de los fuegos artificiales que mis tíos lanzaban hacia el vasto cielo del año 1994. Supongo que en esa época, no había tanto mecanismo tecnológico, por ende la gente se comunicaba y pasaban el rato platicando. No como en la actualidad, en donde la gente se comunica a través de celulares, incluso si se tienen en frente el uno del otro. Así que, podría decirse que mi primera navidad, fue un 60% más agradable que las que viví los últimos 7 años. Está claro que tampoco podría recordar mi segunda navidad, pero sí puedo decir que, en esa navidad de 1995, nuestra familia estuvo más unida que nunca, después de que ciertos inconvenientes atacaran los lazos de nuestra unida familia de aquella época. Obviamente, jamás supe qué pasó exactamente en esa navidad, o en aquel año, pero sólo sé que, muchos la recuerdan como algo trágico. Y no miento al decir que puedo imaginarme muchas cosas posibles que pudieron haber pasado. Espero no sean ciertas, sería muy triste. Mi tercera navidad son sólo murmullos en mis oídos, gritos de alegría, aromas que recién lograba distinguir y a la vez, intentar memorizar. Sé que esa navidad también fue alegre, mi abuelo había logrado retirarse de su trabajo en la fábrica, y abundaba el dinero para nuestro gran hogar. Sí, fuimos y fueron felices en 1996. Por cierto, recuerdo la lluvia después de las 00:00 hs. Fue torrencial, y mis oídos vibraban al reconocer lo que era el miedo a los sonidos estruendosos. Desde este punto, tengo imágenes mentales como recuerdos, situaciones y escenas de una navidad oscura, pero alegre. Ese año mi madre dio a luz a mi hermano Maximiliano, y estábamos todos ansiosos por verlo crecer. Recuerdo que mi familia jugaba a las cartas en la ya desaparecida mesa de mi abuelo. Yo por primera vez tomé la famosa Ananá Fizz, y en aquella navidad, empecé a temerle a los fuegos artificiales. Recuerdo que pensaba que el techo se nos caería encima, y mi madre intentaba calmar mis sollozos con una tapita de Coca Cola que contenía algo de Sidra. Sí… fueron muchas cosas nuevas para mí… como saber reconocer la felicidad, a pesar del ambiente tétrico. Fue una navidad entretenida, que traía nuevas sensaciones a mi mente, como niño que era, me siento afortunado de haber podido recorrer todo ese tipo de situaciones. Pues, para mí, es algo normal ver a una familia servir su pollo asado en una mesa, o eso idealizo. Pero mi familia servía el famoso asado, de diferentes carnes, tradición de cada año, y servida por el esposo de mi tía. También supe lo que era tener un hermano menor. 1997, fue próspero. Después de aquel año, todo cambió, pues uno de mis tíos se encontraba totalmente enfermo, con el reuma atacando sus piernas y sus articulaciones. La familia decayó en aquél año, y muy de a poco, se iba notando la pobreza que nos invadía en esos tiempos de cambios. Fue todo muy veloz, tajante para un niño como yo, que apenas sabía hacer sus berrinches para atraer la atención, mientras mi madre y mi familia comenzaban a acumular problemas monetarios. Sí… fue una navidad muy triste, pero el asado de mi otro tío, no faltó. Pudieron sonreír, aunque preocupados por los que les deparaba el mañana. Mi abuelo cayó en una depresión total por el recuerdo de mi abuela. De 1998 tengo pocos recuerdos, pues la felicidad lograba atraer mi atención, y en aquél año, fueron escasas las sonrisas de mis seres queridos. Al siguiente año, en la 6ta navidad de mi vida, año 1999, todo volvía a la normalidad. Recuerdo muy bien que yo recibí mi primera bicicleta como regalo de navidad, y mi familia lograba estabilizar sus problemas. Mi tío recibiendo tratamiento para sus piernas, mi abuelo esforzándose por superar a su esposa, y todos los demás como soporte para que en esa navidad, nos demos un banquete especial, ya que Raúl, el tío de los asados, decidió hacer empanadas en aquella navidad. Obviamente, fue la notoria falta de dinero el cual nos llevó a eso, pero estuvieron excelentes. Aprendí como hacerlas, ignorando que en este año, nos “ajustamos los pantalones” para poder pasarlo igual de bien que en anteriores navidades. 1999, fue un año que logró enseñarnos que, perder la tradición no significaba que no podíamos ser felices de igual manera. Fue un año próspero también. Año 2000, un nuevo siglo, una nueva vida entre nosotros. Mi hermano Jorge por fin nació. La familia volvía a estar feliz, y yo aprendía que, mi familia descendía de muchos tipos de religiones y países. Alemania, Italia, Chile. La sangre de parientes de esos tres países, corrían por las venas de nuestra familia, a excepción del esposo de mi madre, y el esposo de mi tía. Aprendí algo nuevo, lo cual me impactó de sólo saberlo. También supe que yo podía pertenecer a un “cuadro”, sin embargo, yo era “hincha” de River, de Chacarita Juniors y de Argentina. Si, no puedo evitar reírme de mi pasión un tanto extraña por aquellos cuadros en esa época. Cómo un niño de mi edad iba a saber que, Argentinos éramos todos… Y más encima debía aceptar la realidad de nuestros antepasados, que provenían de lugares que ni siquiera sabía que existían. Sí… todo fue muy extraño, pero alegre. Mi familia, en aquella navidad, decidió volver a la vieja tradición, el buen asado. Raúl feliz de volver a tocar la oxidada parrilla casera que hizo con chapas, tejidos de alambre y mucho esfuerzo. Ese año, fue uno de los mejores de mi vida. Mi tío Javier mejoraba en su problema con sus piernas, y mi abuelo volvió a esbozar su tan extrañada sonrisa. En el año 2001 empecé segundo grado. Intenté omitir ésta parte, pero me jacto de haber sido un niño con pocos problemas para el aprendizaje, pues entré a primer grado en el año 2000 sabiendo leer, sumar, restar, y muy de a poco aprendía a multiplicar esos números que eran un misterio para mí. 2001 fue un año totalmente lleno de nuevas ganas de ser felices. Pero no como familia, sino como la gente que antes unidos, habitaban ese hogar. Nosotros estábamos de visita. Yo, mi madre y mis hermanos. Mi madre decidió separarse de la familia por un hombre, y aprendí a vivir sin mi “Tata”, mi querido abuelo. Mis hermanos a vivir sin sus respectivos padres, pues los tres pertenecíamos a uno diferente. Aprendí a notar lo promiscuo de mi madre. En 2001, también fuimos felices… pero sólo por el hecho de que volvimos a ver los rostros de la gente que nos quería a nosotros, los pequeños. A mi Tata, a mi tío Javier, a mi tío Raúl, a mi tío Ernesto, alias El Chompiras, a mi tía, y a los vecinos que nos vieron crecer allí. Sí… ver los rostros de aquella gente, causó la felicidad en nosotros. En aquella navidad fuimos felices, pero aprendí a sentir un vacío dentro de mi panza al saber que al otro día nos despediríamos de todos ellos. Año 2002, una navidad totalmente oscura. Y un año que no olvido aún. En aquel año, nosotros volvimos a vivir a la casa, por problemas con aquel hombre que dejó una hija en mi madre, la cual nació tres días después de la muerte de mi querido tío Javier. Será irónico… pero dos meses después de la navidad del 2001, volvimos a vivir con toda la familia. Mi abuelo siempre tuvo las puertas abiertas para todos. Pero en aquel año, yo fui quien detectó el estado de paro de mi tío, quien fallecería dos semanas después. Raúl no pudo evitar llorar al ver como mi tío no reaccionaba esa vez, después de que yo alerté a todos. Fue muy triste. Mi abuelo volvió a quedarse en la nada misma, inerte en aquel 2002, en que una vida se fue, y otra vino al mundo. Esa navidad, fue un lamento. Año 2003, volvimos a irnos, y en esa navidad no volvimos para festejar con mi querida ya desunida familia. Mi abuelo se quedó prácticamente solo con su hijo y su hija. Ésta última no tenía suficiente tiempo para él. En aquella navidad, la pasé castigado, a causa de “haber perdido una boina” de aquel demente que teníamos como padrastro, padre de mi hermana. Nada más que decir de aquella tétrica navidad. Último año de una triste racha de años en que todo se perdía y se iba de las manos de los pocos seres queridos que se unían en aquella ya desaparecida mesa. Mi hermanito Fabián nació en aquél 2004. Pasamos la navidad en otra casa desconocida, con un padre desconocido, que pronto sería el padre biológico de unos de mis otros hermanos. Yo aprendí que la vida dura no era mala, y la pobreza en la que vivíamos, no sólo era negatividad. Aquel desconocido padre, demostró ser alguien digno, con una integra fe en la vida de un obrero honrado. Pero en esa navidad, nosotros, los hermanos conscientes de lo que pasaba, decidimos no pedir, por primera vez, un regalo de navidad. Siento haber sido tan abstracto con el paso del escrito autobiográfico, pero pienso que, no todo debe salir a la luz, sin tener un motivo el cual deja un aprendizaje en todos nosotros. Las navidades son y serán una tradición, a veces comerciales, otras veces un día especial que puede lograr unir personas que ya no se quieren, ni se respetan. Pueden serlo todo, dependiendo de cuanto amor creas que haya en anhelar la felicidad de otro, por más lejos que pueda estar. Espero haber sido leído por alguien, y también espero tener el valor de afrontar las siguientes navidades de mis otros 10 años de vida. -Joven anónimo.
Mis primeras 20 navidades. [Primera parte]
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