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bunnySky

Usuario (Argentina)

Primer post: 11 ene 2011Último post: 7 ene 2015
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10 cosas que no debes decir en la cama.
10 cosas que no debes decir en la cama.
HumorporAnónimo2/13/2011

bueno aca dejo un video de las 10 cosas prohibidas por decir en la cama. PD : algunas me pasaron

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2 filipinos hacen imitaciones variadas de cantantes xD
2 filipinos hacen imitaciones variadas de cantantes xD
HumorporAnónimo1/11/2011

Aca dejo a 2 boludos que hacen imitaciones xd, me rei tanto que casi me meo encima o,...,o, dejo un par de videos que son graciosos XD link: http://www.youtube.com/watch?v=lJ0mJm4TWRo link: http://www.youtube.com/watch?v=I_giciv2AQU&feature=related link: http://www.youtube.com/watch?v=hoIv4gUIiDE&feature=related link: http://www.youtube.com/watch?v=rNV6E1vNdkk link: http://www.youtube.com/watch?v=Slfh4GpD3i4 link: http://www.youtube.com/watch?v=yyQhdONDXO4 Aca dejo los que me hicieron reir un bastante, despues de estos se aputasan mas de lo que son jaja. y el bonus track de el botellazo en medio de la cabeza del fucking justin bieber link: http://www.youtube.com/watch?v=OHw9PRd0SIg no se olviden de comentar y/o putearme por poner pelotudeces

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Odiar estar vivo... pero que sea inevitable.
HumorporAnónimo1/7/2015

Y cómo carajos no odiar estarlo, si hay momentos en la vida cotidiana que, por más que intentes evitarlos, no podés porque al puto día se le ocurre cagarte en toda la cara. Por ejemplo, cuando estás en el ñoba, cagando tranca, no hay nada que pueda arruinarte tu momento más glorioso del día, y de repente justo ahí, afuera del baño, casi pegados a la puerta, se les ocurre hablar. Pero justo ahí, eh, no en el living, ni la cocina, ni algún que otro cuarto de la casa. No, tiene que ser justo ahí, donde vos estabas cagando plácidamente y sin ninguna molestia. Te jactás de que sos paciente, y podés esperar para tirarte esos pedos floripondios que probablemente tengas por consumo excesivo de Coca Cola, pero hasta que eso pase, vos cagaste ñoquis de marca Milka, combinados con lágrimas y pequeñas flatulencias que intentaste suprimir para que los muy argolludos que están afuera platicando, no los escuchen. Sí... son una verga. Por la noche estás recontra cagadísimo de frío y te ponés una frazada de más, pero cuando te despertás hace un calor de la puta madre. La espalda pegada a la sábana, saliva por todos lados, te measte, te cagaste y más encima, te vinieron a ver tus hermanos para ver cómo sufrías en un estado agónico que a la puta rutina se le ocurre darte. Es asqueroso, hay que admitirlo. No es posible que un evento tan pequeño nos haga empezar el día como el culo. (Así te verías vos, boca arriba, cagado en tu propio asco) Tenés que darte un baño increíble para sacarte el olor a morcilla que dejaste en tu feo cuerpo. Pero ahí viene lo más lindo del día, no hay jabón, estás solo en la casa, y más encima justo en ese momento hace un frío que te cagás de las patas. No sabés qué hacer; si auto-pegarte un cascotazo en la cabeza para que el día deje de cagarte, o decidir salir en pelotas del baño (estás apurado) para agarrar tu jabón. Pero como el día es tan, pero tan puto, se le ocurre hacer que venga algún familiar, justo cuando estás pasando por en medio del comedor y tu asqueroso cuerpo queda descubierto para todos los vecinos wachinegros que se juntaron en frente para tomarse una Palermo y comerse un choripán bien grasoso. Se cagan de risa de vos, tu familiar se caga de risa de vos, y más encima... vos también te cagás de risa de vos mismo, y te preguntás si vas a tener algún día positivo en tu vida. Después de tanto jaleo en tu casa, y esperar a que los negros de en frente se dispersen de su nido con aroma a vino tinto de calidad dudosa, decidís salir para ir al laburo. No importa qué tan tarde vas a llegar al laburo. Tenés que esperar. Nadie quiere verle la cara a negros, y menos si esos negros vieron tu horrenda desnudéz. Vas caminando tranquilo. Todo va bien hasta que te cruzás más negros. Uno, y otro, y otro. Todos en fila en cada cuadra, mangueándote para el chupe o para clavarse un porro. ¿Pero qué pasa? Vos plata tenés, pero no querés ni siquiera tocar a esa clase de gente, ni un poco. Nada. Esto sonará racista, pero la posta es que son inaguantables cuando no tenés un peso y te siguen pidiendo, como si estuvieses obligado a alimentar sus bocas de mierdas, pero no. Vos firme decidís decirle: "No tengo flaco" Seguís caminando, pancho, ignorando que los negros están detrás tuyo siguiéndote para quién sabe qué carajos hacerte. Pero no les prestás bola, caminás. Vas acelerando tu paso, igual que ellos. De repente volteás un poco y notás como los muy hijos de su madre están dispuestos a cagarte robando. Corré, corré, y seguí corriendo, porque donde te agarran, sos boleta. Los perdiste de vista cuando te acercaste a la primer comisaría que tenías a tu alcance. Que negros de mierda... Te quedan dos horas de laburo, probablemente tu jefe te vaya a cagar a puteadas, y más encima te vas a tener que bancar que diga lo verga que sos haciendo tu trabajo. Por ende, decidís no ir ni mierda hoy, y dejar que mañana explote una bomba en tu cabeza. Ya es por la tarde, y no tenés ni putas para hacer. Tu día fue una reverenda cagada, tu mamá piensa que sos una reverenda cagada como persona, y por si fuera poco, la gente que pasa cerca tuyo, también piensa que sos una reverendísima cagada. Así que no prestás bola, sólo seguís en tu solitaria y perdedora caminata. Llegás al primer shopping que conocés para darte un descanso con el aire acondicionado del lugar (sos tan pobre que ni ventilador tenés). Te cruzaste con una amiga! Estás de suerte viejo, al menos hoy no vas a estar solo, como cada día de tu vida. Pero qué pasa... la flaca te gusta desde hace banda, y no le mandás ni un msj porque sos un terrible cagón. Probablemente ni te ficha ya, pero decide hablarte porque conoce lo feo de tu cara. Tratás de remar la conversación, se decide sentar con vos en la banqueta porque vio interesante tu discurso sobre el apareo de jirafas intergalácticas. Bien loco, ya casi, te falta poco para que pienses que sos una persona normal. Cuando ves que el momento es propicio por tener una conversación tan profunda sobre animales apareándose, decidís decirle que te gusta, y que ésta noche amerita una cena en el bar más mugriento de tu barrio. Pero qué pasóooo, oh, oh, oh. Tiene novioooooo, conchudo! Y justo ella te dice "Ay!, ahí viene mi novio", tipo fachero, con buenas pilchas, terrible bulto asomando por la rendija de su pantalón, dispuesto a voltearse a la minusa. Llega, se besan, vos te quedás mirando y ahí pensás lo siguiente: "Por qué yo?" El tipo te saluda, te pregunta quién cornos sos, y se queda a charlar con la flaca al lado tuyo, como dejándote claro, y recalcándote una y otra vez, que sólo él puede hablar de sexo entre jirafas con ella. Bigotón. Vos en tus pensamientos: Y bueno campeón, decidís irte a la mierda, dejar a la minusa con su macho alfa y volver a casa, angustiado. La noche te consumió de nuevo, no hiciste ni mierda, probablemente te despidan, los negros te quisieron robar, también te vieron en pelotas, y por si fuera poco, das mucho asco. Te sentás en la mesa solo, porque ningún familiar se quiere acercar a vos (a ver si los contagiás?) y te ponés a comer solo, sin nadie cerca tuyo, y dejando que otro día de tu fea vida se vaya a la mierda. Te acostás, llorás... y te volvés a tapar con una frazada de más porque ésta noche, hace frío. Mucho frío en tu solitaria cama. Fin. Gracias por leer ésta cagada.

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Diario de un asesino serial.
OfftopicporAnónimo2/3/2011

Tan temprano y me puse a leer relatos, vi un relato de un asesino serial y la verdad que esta para verlo varias veces y recapacitar lo que es el odio y a que nos podria llevar, leanlo y opinen de el. Diario de un asesino serial. Tenía catorce años cuando asesiné a mi abuela Carlota. No fue algo que tuviera previsto, pero es que la vieja era una necia y amargaba mi vida con sus achaques, su senectud, sus fastidiosas peroratas sobre tiempos ya pasados pero sobre todo por su insistencia en decir que yo estaba loco, que ella estaba segura de que a Camila no la había matado un carro ni se había ido. Ella aseguraba, siempre mirándome a los ojos, que yo había sido el autor de la desaparición de la desgraciada gata. Recuerdo que veía televisión una tarde cuando mi abuela empezó con su cháchara, se hallaba detrás de mi, sentada en su silla de ruedas. De espaldas a ellas acostado sobre mi pecho la escuché impasible durante un rato. Mi madre en la cocina no le prestaba la más mínima atención, puesto que ya se había convertido casi en un hábito eso de decir que yo había matado a Camila. Mientras hablaba y hablaba sin parar, gesticulaba moviendo sus nudosas manos y cambiando la entonación de su chillona voz, tanto que por momentos parecía que gritaba histérica. De pronto, su voz cambió y se dirigió directamente a mi, bajó el tono de su voz para que sólo yo pudiera escucharla y me dijo: — Se que tu mataste a la gata, eres un maldito engendro. Lo lamento por mi querido Alberto – mi padre -, pero tu no eres normal. No lo eres. Ya sin poder aguantarme, voltee hacia ella y la miré con una frialdad y un odio tales que la vieja quedó paralizada empezando a temblar. Me incorporé lentamente y me paré junto a ella, acerqué mi rostro a su oído y le susurré con un tono infantil, casi tierno: — Tienes razón abuelita, yo maté a la maldita gata. Nunca has estado equivocada. Ahora te digo algo más, tú serás la próxima. Hagas lo que hagas, digas lo que digas tú serás a quien mate la próxima vez. — Luego le di un delicado beso en su arrugada mejilla. Alejé mi rostro para mirarla y me sentí complacido al observar como la anciana respiraba agitada y sus manos temblaban visiblemente debido al terror. — No te preocupes, — agregué, haciéndole un guiño — no te dolerá. Te lo prometo. — Luego le di la espalda y me dirigí a la cocina donde me tomé un vaso de agua helada. Estaba tranquilo, feliz. Había dado el paso decisivo que le daría sentido a mi vida y era mi abuela Carlota quien me lo había permitido. De alguna manera me sentí agradecido con la fastidiosa anciana. Debo agregar, eso si, que era ella se lo había buscado y no había marcha atrás. Era un enojoso estorbo en mi tranquila vida y además, no tenía sentido que siguiera viviendo. Ese día, mi querida abuelita había decidido su propio destino y sería yo el encargado de ese destino fuera una realidad.

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Historia de un asesino serial: El asesinato de camila.
Historia de un asesino serial: El asesinato de camila.
OfftopicporAnónimo2/3/2011

Como algunos se quedaron con las ganas de leer la continuacion de un asesino serial, aqui les dejo la primera parte de su primer asesinato, en poco tiempo subire parte 2 y 3. Camila (I parte) Iniciar un relato donde se narren las vicisitudes de un asesino no es tarea fácil, más aún cuando se trata de las propias vivencias, del día a día personal e íntimo de quien escribe. ¿Cómo describirles lo primero que maté? ¿Qué palabras usar para contarles con mi primera víctima? Complejo, definitivamente es una tarea harto difícil, sin embargo, no estoy acá para excusarme o dar grandes introducciones, sólo estoy aquí para narrarles mis historias de muerte. — o — Como dije en una oportunidad anterior, de niño siempre supe que sería un asesino serial, sin embargo esa no fue una certeza sino hasta los seis o siete años, más o menos. Recuerdo que a esa temprana edad había en mi casa una gata, Camila, era la minina un animal adulto cuya única función en la casa radicaba en maullar constantemente pidiendo comida, recostársele a todo el mundo en busca de mimos y parir cada cierta cantidad de meses. Eso sin contar con su bendita flojera, en todas partes estaba durmiendo, pero jamás donde le correspondía, siempre se las arreglaba para terminar en la cama de cualquiera de los habitantes de la casa, llenando todo de pelos incluyendo la mía. Realmente detestaba eso. Lo cierto es que el animal me causaba gran repugnancia – como siguen causándome todos los gatos -. El asco que nacía en mi hacia aquella gata consentida estribaba en el hecho de querer dárselas de superior, no hacía nada, no servía para, pero aún así exigía su comida como si fuese quien mantuviera la casa. Cuando mi madre la llamaba se desentendía completamente simplemente era un ser abyecto que no merecía el más mínimo respeto o consideración, tal era mi animadversión por la felina. En una oportunidad, mi madre me pidió que la alimentara, me dio algunas sobras de carne del almuerzo, unos pellejos de pollo que había cocinado y sazonado para la bendita gata y me pidió que se la sirviera en el platillo que había dispuesto para tal fin. Salí de la cocina bastante enojado, pero sin rechistar. Soy un asesino, pero siempre respeté a mis padres. Cogí el plato con la comida y me dirigí al lavandero, donde se le servía siempre la comida al animalejo. Eché la comida en el platillo de plástico que tenía la gata dispuesto para su alimentación. No había terminado de hacerlo cuando la felina apareció de la nada, maullando como loca con su cola levantada cual poste y sin importarle nada ni nadie. Me quedé unos instantes observándola mientras devoraba con fruición la comida y sin saber porque se me ocurrió pasar mi mano por su cabeza. Ese simple gesto desató una furia en Camila que jamás he visto en ningún otro animal – imagino que sabía de mi repulsión hacia ella -. De manera imprevista la gata comenzó a morder mi mano, a arañarme el brazo lanzando siseos horribles, el susto hizo que cayera de espalda y lejos de tranquilizarse la gata pareció más enardecida. De un salto brincó sobre mi pecho y empezó a rasguñar mi franela con sus corvas y sucias garras. Seguía siseando de modo espantoso. Tal alboroto y el terror que me invadió hizo que empezara a dar gritos. Eran los gritos de alguien aterrado. Mis gritos hicieron que la gata se envalentonara más aún y subió por sobre mi pecho hasta llegar a mi rostro, con mis manos llenas de rasguños, arañazos y mordiscos cubrí como pude mi cara, pero sin poder evitarlo la gata logró arañarme una mejilla dejándome abriendo tres largos surcos desde la base de mi ojo izquierdo hasta la barbilla en una diagonal de líneas paralelas que aún marcan mi rostro en una fea cicatriz. ¿Qué ocurrió luego? No lo se, perdí el conocimiento. En aquel tiempo tenía yo sólo unos seis o siete años. Imagino que el terror hizo que me desmayara. Cuando desperté estaba en cama, me sentía adolorido y mi rostro ardía muchísimo por las heridas que la gata me había inflingido. - ¡Ya despertó!, – era la voz de mi madre – ¿cómo estas mi cielo? – preguntó en seguida mientras acariciaba mi cabeza mirándome con ojos preocupados. - Me arde la cara mamá, – respondí con voz queda – ¿dónde está Camila? – inquirí al punto. - No te preocupes por ella, está sedada – era la voz de mi padre esta vez. Cerré los ojos pero antes de quedar dormido otra vez logré escuchar: – Que hermoso niño, aún se preocupa por el animal – era una voz que no conocía. Luego me enteré que se trataba del doctor Aurelio, el médico de la familia. Que equivocado estaba, no pregunté por Camila debido a mi preocupación. Mi único interés se centraba en lo que haría con ella. Camila, una gata cualquiera había abierto la puerta a mi destino, a lo que sería de mi de ahí en adelante. Continuará…

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Relatos de terror: parte 1.
Relatos de terror: parte 1.
Apuntes Y MonografiasporAnónimo2/9/2011

como siempre, a la mañana me pongo a leer relatos, asi que quise compartir estos relatos de terror que me parecieron bastante buenos, espero les agrade y opinen de ellos. La niña que nunca se fue Hace 3 meses al lado de mi casa vivía una familia en la que habian 2 niñas, una pequeña y una grande y los padres y el perro. Cuando se mudaron la niña pequeña, se sentó fuera, en una roca y comenzó a hacer collares de rosas. Todo el día se encontraba allí, la niña me daba miedo ya que nunca ví a los padres. La hermana mayor a veces salia de noche, miraba la luna y recitaba un poema que yo no entendía muy bien. Una vez sali de noche y la pequeña estaba allí, me miró con los ojos fijos y me saludó con una voz muy aguda, estaba con un vestido rojo que siempre llevava. Su piel estaba pálida, pero sus mejillas se veian púrpura. La invité a mi casa y le di un refresco, le presté un abrigo y fui a buscarle unas sábanas, pero la niña no estaba allí. La niña ya estaba en su patio igual que antes. Recuerdo que los padres martillaban las paredes, siempre crei que alli colgaban cuadros pero yo oía gritar gente por cada martillaso, luego se mudaron de esa casa. La niña subió a un coche el cual desaparecio en la neblina. Nunca más los volví a ver, pero aún se escuchan los martillazos. Decidi investigar. Sali con mi prima y atravesamos la reja y con un martillo abrimos la puerta. Me encontré a la niña allí, con su vestido rojo y alrededor habían cabezas y cuerpos con sangre colgando de la pared de cuerdas en clavos. La niña me sonrió y me dijo : ¿Te gustan mis muñecos ? Salimos corriendo. Nunca más volvimos a escuchar los martillazos, pero sé que la pequeña sigue allí, pues habla, habla como si estuviera jugando con muñecas. Espero les halla gustado. PD: Puse "RELATOS", porque enseguida posteo las otras partes de relatos de terror

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Mis primeras 20 navidades. [Primera parte]
ArteporAnónimo12/26/2014

Mis primeras 20 navidades. [Primera parte] La navidad, fue lo que más unió a la familia por cada año que pasaba. Recuerdo muy bien que yo varias veces pensé que, sin las navidades, no seríamos una. Es decir… mi familia está compuesta por gente excéntrica y bastante “salvaje” Podría intentar recordarlo, pero sé que es prácticamente imposible que yo vaya a recordar mi primera navidad, aquí en la tierra. Respirando el penetrante olor a pólvora de los fuegos artificiales que mis tíos lanzaban hacia el vasto cielo del año 1994. Supongo que en esa época, no había tanto mecanismo tecnológico, por ende la gente se comunicaba y pasaban el rato platicando. No como en la actualidad, en donde la gente se comunica a través de celulares, incluso si se tienen en frente el uno del otro. Así que, podría decirse que mi primera navidad, fue un 60% más agradable que las que viví los últimos 7 años. Está claro que tampoco podría recordar mi segunda navidad, pero sí puedo decir que, en esa navidad de 1995, nuestra familia estuvo más unida que nunca, después de que ciertos inconvenientes atacaran los lazos de nuestra unida familia de aquella época. Obviamente, jamás supe qué pasó exactamente en esa navidad, o en aquel año, pero sólo sé que, muchos la recuerdan como algo trágico. Y no miento al decir que puedo imaginarme muchas cosas posibles que pudieron haber pasado. Espero no sean ciertas, sería muy triste. Mi tercera navidad son sólo murmullos en mis oídos, gritos de alegría, aromas que recién lograba distinguir y a la vez, intentar memorizar. Sé que esa navidad también fue alegre, mi abuelo había logrado retirarse de su trabajo en la fábrica, y abundaba el dinero para nuestro gran hogar. Sí, fuimos y fueron felices en 1996. Por cierto, recuerdo la lluvia después de las 00:00 hs. Fue torrencial, y mis oídos vibraban al reconocer lo que era el miedo a los sonidos estruendosos. Desde este punto, tengo imágenes mentales como recuerdos, situaciones y escenas de una navidad oscura, pero alegre. Ese año mi madre dio a luz a mi hermano Maximiliano, y estábamos todos ansiosos por verlo crecer. Recuerdo que mi familia jugaba a las cartas en la ya desaparecida mesa de mi abuelo. Yo por primera vez tomé la famosa Ananá Fizz, y en aquella navidad, empecé a temerle a los fuegos artificiales. Recuerdo que pensaba que el techo se nos caería encima, y mi madre intentaba calmar mis sollozos con una tapita de Coca Cola que contenía algo de Sidra. Sí… fueron muchas cosas nuevas para mí… como saber reconocer la felicidad, a pesar del ambiente tétrico. Fue una navidad entretenida, que traía nuevas sensaciones a mi mente, como niño que era, me siento afortunado de haber podido recorrer todo ese tipo de situaciones. Pues, para mí, es algo normal ver a una familia servir su pollo asado en una mesa, o eso idealizo. Pero mi familia servía el famoso asado, de diferentes carnes, tradición de cada año, y servida por el esposo de mi tía. También supe lo que era tener un hermano menor. 1997, fue próspero. Después de aquel año, todo cambió, pues uno de mis tíos se encontraba totalmente enfermo, con el reuma atacando sus piernas y sus articulaciones. La familia decayó en aquél año, y muy de a poco, se iba notando la pobreza que nos invadía en esos tiempos de cambios. Fue todo muy veloz, tajante para un niño como yo, que apenas sabía hacer sus berrinches para atraer la atención, mientras mi madre y mi familia comenzaban a acumular problemas monetarios. Sí… fue una navidad muy triste, pero el asado de mi otro tío, no faltó. Pudieron sonreír, aunque preocupados por los que les deparaba el mañana. Mi abuelo cayó en una depresión total por el recuerdo de mi abuela. De 1998 tengo pocos recuerdos, pues la felicidad lograba atraer mi atención, y en aquél año, fueron escasas las sonrisas de mis seres queridos. Al siguiente año, en la 6ta navidad de mi vida, año 1999, todo volvía a la normalidad. Recuerdo muy bien que yo recibí mi primera bicicleta como regalo de navidad, y mi familia lograba estabilizar sus problemas. Mi tío recibiendo tratamiento para sus piernas, mi abuelo esforzándose por superar a su esposa, y todos los demás como soporte para que en esa navidad, nos demos un banquete especial, ya que Raúl, el tío de los asados, decidió hacer empanadas en aquella navidad. Obviamente, fue la notoria falta de dinero el cual nos llevó a eso, pero estuvieron excelentes. Aprendí como hacerlas, ignorando que en este año, nos “ajustamos los pantalones” para poder pasarlo igual de bien que en anteriores navidades. 1999, fue un año que logró enseñarnos que, perder la tradición no significaba que no podíamos ser felices de igual manera. Fue un año próspero también. Año 2000, un nuevo siglo, una nueva vida entre nosotros. Mi hermano Jorge por fin nació. La familia volvía a estar feliz, y yo aprendía que, mi familia descendía de muchos tipos de religiones y países. Alemania, Italia, Chile. La sangre de parientes de esos tres países, corrían por las venas de nuestra familia, a excepción del esposo de mi madre, y el esposo de mi tía. Aprendí algo nuevo, lo cual me impactó de sólo saberlo. También supe que yo podía pertenecer a un “cuadro”, sin embargo, yo era “hincha” de River, de Chacarita Juniors y de Argentina. Si, no puedo evitar reírme de mi pasión un tanto extraña por aquellos cuadros en esa época. Cómo un niño de mi edad iba a saber que, Argentinos éramos todos… Y más encima debía aceptar la realidad de nuestros antepasados, que provenían de lugares que ni siquiera sabía que existían. Sí… todo fue muy extraño, pero alegre. Mi familia, en aquella navidad, decidió volver a la vieja tradición, el buen asado. Raúl feliz de volver a tocar la oxidada parrilla casera que hizo con chapas, tejidos de alambre y mucho esfuerzo. Ese año, fue uno de los mejores de mi vida. Mi tío Javier mejoraba en su problema con sus piernas, y mi abuelo volvió a esbozar su tan extrañada sonrisa. En el año 2001 empecé segundo grado. Intenté omitir ésta parte, pero me jacto de haber sido un niño con pocos problemas para el aprendizaje, pues entré a primer grado en el año 2000 sabiendo leer, sumar, restar, y muy de a poco aprendía a multiplicar esos números que eran un misterio para mí. 2001 fue un año totalmente lleno de nuevas ganas de ser felices. Pero no como familia, sino como la gente que antes unidos, habitaban ese hogar. Nosotros estábamos de visita. Yo, mi madre y mis hermanos. Mi madre decidió separarse de la familia por un hombre, y aprendí a vivir sin mi “Tata”, mi querido abuelo. Mis hermanos a vivir sin sus respectivos padres, pues los tres pertenecíamos a uno diferente. Aprendí a notar lo promiscuo de mi madre. En 2001, también fuimos felices… pero sólo por el hecho de que volvimos a ver los rostros de la gente que nos quería a nosotros, los pequeños. A mi Tata, a mi tío Javier, a mi tío Raúl, a mi tío Ernesto, alias El Chompiras, a mi tía, y a los vecinos que nos vieron crecer allí. Sí… ver los rostros de aquella gente, causó la felicidad en nosotros. En aquella navidad fuimos felices, pero aprendí a sentir un vacío dentro de mi panza al saber que al otro día nos despediríamos de todos ellos. Año 2002, una navidad totalmente oscura. Y un año que no olvido aún. En aquel año, nosotros volvimos a vivir a la casa, por problemas con aquel hombre que dejó una hija en mi madre, la cual nació tres días después de la muerte de mi querido tío Javier. Será irónico… pero dos meses después de la navidad del 2001, volvimos a vivir con toda la familia. Mi abuelo siempre tuvo las puertas abiertas para todos. Pero en aquel año, yo fui quien detectó el estado de paro de mi tío, quien fallecería dos semanas después. Raúl no pudo evitar llorar al ver como mi tío no reaccionaba esa vez, después de que yo alerté a todos. Fue muy triste. Mi abuelo volvió a quedarse en la nada misma, inerte en aquel 2002, en que una vida se fue, y otra vino al mundo. Esa navidad, fue un lamento. Año 2003, volvimos a irnos, y en esa navidad no volvimos para festejar con mi querida ya desunida familia. Mi abuelo se quedó prácticamente solo con su hijo y su hija. Ésta última no tenía suficiente tiempo para él. En aquella navidad, la pasé castigado, a causa de “haber perdido una boina” de aquel demente que teníamos como padrastro, padre de mi hermana. Nada más que decir de aquella tétrica navidad. Último año de una triste racha de años en que todo se perdía y se iba de las manos de los pocos seres queridos que se unían en aquella ya desaparecida mesa. Mi hermanito Fabián nació en aquél 2004. Pasamos la navidad en otra casa desconocida, con un padre desconocido, que pronto sería el padre biológico de unos de mis otros hermanos. Yo aprendí que la vida dura no era mala, y la pobreza en la que vivíamos, no sólo era negatividad. Aquel desconocido padre, demostró ser alguien digno, con una integra fe en la vida de un obrero honrado. Pero en esa navidad, nosotros, los hermanos conscientes de lo que pasaba, decidimos no pedir, por primera vez, un regalo de navidad. Siento haber sido tan abstracto con el paso del escrito autobiográfico, pero pienso que, no todo debe salir a la luz, sin tener un motivo el cual deja un aprendizaje en todos nosotros. Las navidades son y serán una tradición, a veces comerciales, otras veces un día especial que puede lograr unir personas que ya no se quieren, ni se respetan. Pueden serlo todo, dependiendo de cuanto amor creas que haya en anhelar la felicidad de otro, por más lejos que pueda estar. Espero haber sido leído por alguien, y también espero tener el valor de afrontar las siguientes navidades de mis otros 10 años de vida. -Joven anónimo.

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