Segunda Parte La metáfora Ideológica de una obra: “Sota de bastos, caballo de espadas” Enunciada en la década del 70, “Sota de bastos, caballos de espadas”, se propone, en palabras del propio autor, el argentino Héctor Tizón, narrar una instancia temporal que va desde la primera mitad del siglo XVII hasta el momento mismo del éxodo situado en la historia oficial el 22 de Agosto de 1812. Su condición de relato ulterior, conlleva una instancia de significación en sí misma, significación cuya orientación se percibe en las líneas del paratexto asimilado a la obra: [Será] un gran fresco del mundo y de la vida en este país del norte. Debo, tal vez, empezar con la epopeya de la guerra gaucha, del éxodo, pero no vista desde arriba, sino desde abajo, desde el punto de vista de quién la sufrió y la hizo, sin perspectiva histórica (…)” 37 El narrador, aquí, homologa o legitima una perspectiva historiográfica donde resulta atinado el pronunciamiento bajtiniano en cuanto a la actitud de cruce discursivo: creer lo que dicen los ideólogos oficiales o escuchar la voz del pueblo. El diálogo que establecemos, nos permite evidenciar que hay una alusión a las distancias que los géneros cristalizan en función de sus orígenes y a la vez en razón de sus destinatarios. La historia, no se escribe en el surco de lo acontecimental dado, sino que resulta de una coagulación discursiva mediada por el que enuncia y la ideología en que está inserto. Mientras que la Literatura, y más específicamente la novela, siendo una narrativa de aproximación hace de la creación una naturaleza cuya maleabilidad temporal habla de situaciones aún no canceladas para los sujetos. Esa zona de contacto con el pasado como inacabado. Es decir, que lo que la historia cristaliza e inmoviliza discursivamente, la Literatura lo reconoce como latente, inacabado: el sujeto es el pasado ficcionalizado de su contexto, que no asume y cuestiona38 y el devenir que el mismo lenguaje le permite. Es la preocupación por “como nos representamos, somos representados o podríamos representarnos”. 39 La arquitectura novelística de “Sota de bastos, caballos de espada”, asume el cómo podríamos representarnos desde el momento mismo de su concepción. Narrar un mundo desde el punto de vista “de quien lo sufrió” lo que de alguna manera pergenia su disposición cuasi-estructural. Conformando una trilogía –junto a “Fuego en Casabindo” (1969) y “El Cantar del Profeta y el Bandido” (1972)- “Sota de bastos…”fue escrita en tiempo posterior (1975) y corresponde situarla en primer lugar de acuerdo al orden cronológico pautado por el autor. La obra, que a su vez se materializa en tres partes, está a las fronteras, donde lo real es ficción y la ficción es realidad. La parte primera, en su condición de paratexto, puesto que es un diario de trabajo, está fechada in domingo de carnaval, de 1970” y va hasta Diciembre 21, de 1975. Narra los pormenores de su escritura en relación a la novela. Preanuncia situaciones textuales-reales-de escritura, corrobora predicciones, inserta personajes del mundo de la puna. Sugiere conexiones entre lo observado y conciso y la realidad objeto de narración; legitima para la literatura estrategias propias de un investigador de la Historia. En suma, construye la referencialidad. En la segunda, el comienzo de la novela propiamente dicha –si consideramos la novela en su genericidad canónica- con el titulo “Pulperos, caballeros, pordioseros”, instala ala narrador que pretendemos descubrir. Predice acontecimientos, deja entrever, describe un estado de situaciones, muestra la realidad plena de un pensamiento conjetural. El lugar común, vuelto, a la vez, ficción. Ya en la tercera parte “EL Centinela y la aurora”, profundiza, no el éxodo mismo sino sobre los momentos previos al mismo. Producción escrituraria que, el mismo autor llama un “libro confuso y fragmentario” 40 En el término de quinientos treinta y cuatro páginas, la materia narrada, se podría centrar en el siguiente argumento41: [ofrecido en Massei, A: 40-41], basados en estas unidades menores: “Pulperos, caballeros y pordioseros” tiene como personaje central al giboso Manuel de Urbata, propietario de Yala que se define como enemigo del progreso y defensor del rey Del matrimonio de Urbata con doña Teotilde nacen una hijo y una hija, el primero de los cuales42desaparece de niño tras un cerdo blanco, para reaparecer años más tarde, ya convertido en hombre, como agitador contrario al poder colonial español. La seña que lo distingue es una marca con forma de estrella en uno de los dedos de su mano, así como el catalejo que trae consigo y del cual nunca se separa. Hijo y padre dan forma a dos itinerarios que caracteriza a esta primera parte de la novela: mientras que el hijo emprende el camino de regreso hacia el sur en busca de una espuela de plata impar y un verso perdido, el padre deambula en una búsqueda incierta de sí mismo, para terminar en la locura y en la negación del monarca español. Como parte de nuestros planteo, si tomamos en cambio, la referencia a la historia enunciada en “El centinela…” descubrimos un argumento, poco común, enmarcado en una explicación de la narrativa. Se puede aducir que, la novela, en su anti-estructura provoca una casi imposibilidad de ordenar una matriz narrativa caótica. No hay un principio ni un fin determinado. También aquí hay una borradura de voces o si se quiere de ideologías, de formas de pensar distinto. Cabe aquí repensar que este relato no es un relato canónico. “El centinela y la Aurora” –argumenta Massei43- se inicia como un proyecto novelístico independiente de “Pulperos, caballeros, pordioseros”. Centrada en la noche en que comienza en éxodo jujeño (…) se presenta, en principio, deslindada de la primera parte. Sin embargo, poco a poco, comienzan a permear el texto los personajes y las historias en torno a Manuel de Urbata y su familia, así como las vicisitudes del hombre que vino del norte, aquel de la estrella en el dedo”(…) (…) Centrada principalmente en la figura del héroe patrio Manuel Belgrano y en la reconstrucción del éxodo jujeño, retoma temáticamente a la anterior y propone un desenlace a varios de sus núcleos narrativos”. [Massei ] Contrariamente a lo aquí descripto, el suceso a partir del cual se inicia el movimiento del relato (no la historia ficcionalizada) es la partida del hijo, que se constituye, en el primer éxodo. Un acto singular, casi mítico: Doña Teotilde jamás se resignó a la pérdida de su hijo, que desapareció en el bosque corriendo detrás de un chancho. Y este incidente adquirió luego, andando en el tiempo, cierta importancia para la historia. El hecho fue que ese hijo, enterado de la existencia de grandes chanchos y de uno, particularmente, del tamaño de un clavicordio y de colmillos tan filosos como una hoz, que vegetaban en las laderas y pampitas boscosas del distrito de ocloyas, empujado por su propia codicia salió de cacería una tarde acompañando sólo de un par de peones y con la recomendación de que no se lo esperase sino de aquel momento a dos días. La víspera de la partida, obstinado, sordo a los ruegos de su madre, el niño, metió un queso de cabra con ají, de buen tamaño, tres chorizos y un par de bollos en la escarcela, colmó de pólvora dos yescas, encebó el capirote, los guardamontes y las traíllas de los mejores perros y sopló el polvo de la bocina de cuerno, comprobando todos y cada uno de los enseres de montería. Con tales aprestos partió al galope, llenando de presentimientos el corazón de doña Teotilde y de polvo y ruidos el callejón de hortensias que crecían, semiesferas azules y violáceas, a partir de la entrada de la vieja sala y hasta el camino se convertía en un sendero de herraduras (…) 44 En párrafos posteriores se desliza la implicatura de las cuatro líneas de la primera frase: (…) Ella no volverá a ver a su hijo, pero con el correr de los años llegará a tener –primero, tímidos monólogos- largas conversaciones en secreto con él. Unos diran que el perdido, cansado de correr en pos del chancho durante varios años, avergonzando de su fracaso, había decidido no volver y convertirse en indio chiriguano; otros que en efecto, había hallado a la bestia y por ella logró una fortuna y esa plata le pervirtió el alma; unos más llegarán a musitar que, castigado por Dios debido a su codicia, se había convertido en ganso y en esa forma vivía, afónico y desgraciado, en ciertos charcos del gran estero bellaco no muy distante del río que llaman de valbuena. Otros más en fin, que en lugar del chancho había descubierto un tesoro y era propietario ahora de una imprenta subterránea de donde salían cartillas y hojas de doctrina en contra del rey, que circulaban en forma de naipes de lectura secreta. De los monteros que lo acompañaran sólo uno regresó, muy viejo y completamente sordo, a tal punto que no respondía ni por señas y sólo contestaban estupideces en los interrogatorios, a pesar de los apremios a que se lo sometiera y que le aparejaron la pérdida de un ojo, de la totalidad del cabello y de un pie. 45 Estos rizoma de conjeturas propio de los ámbitos jurídicos o policiales más ajenos a la vulgaridad de las polifónicas murmuraciones, dispersa el andamiaje propio de la novela: “unos dirán”/…otros (dirán)/unos mas llegarán a musitar…/otros más en fin (dirán) es una estrategia de escritura que acentúa lo difuso, esparce la duda una visión escasa del hecho narrado y a la vez representa un mecanismo de anticipaciones de lo que vendrá (para el lector) en materia de lo narrado. Predice un futuro incierto que es a la vez pasado, único en la conformación de sentido. Determina que la verdad se vuelve difusa. Tras una primera lectura de los textos particularizados, podríamos aludir al proceso de construcción de los relatos orales y sus versiones. No obstante, cuando leemos en las paginas 316 – 317, que otro narrador, Desiderio, movido por la mención de un objeto evocador, -el catalejo- trae a un presente circunstancial la construcción de una memoria personal, volvemos a encontrar fragmentariamente, partes de este rizoma en una situación de identidad mediada por “la palabra ajena” (…) “Don Manuel del Urbata tuvo dos hijos: hembra y varón, con su esposa; pero ya traía un hijo propio, opa y sordomudo, y luego según cuentan tuvo varios más, un enano con una puta y una hija baldadita o rara del pie, con una molinera, cuando volvió de ver el mar y de estar preso, años después (…) En líneas posteriormente, el mismo narrador, retoma el flujo del recuerdo y afirma: “cuando aún era muy mozo ese hijo, al ir de cacería, se extravió detrás de un chancho grande como un novillo en los montes de ocloyas. Pasaron muchos años, entre diez y quince, y un día cualquiera un hombre joven cuyo ojos recordaban vagamente a los del niño perdido se apareció en la casa con una guitarra y maltrecho (…) 46 Una parte de la historia rizomática, se vuelve a narrar con agregados y excedencias, trescientas páginas después, en que otros narran su propia historia. Repitiendo una parte –la gran historia- asimilándola a la suya, la pequeña historia personal, pero en circunstancias y contextos diferentes: cada uno cuenta la parte que les toca, lo que vieron, lo que oyeron del todo y lo propio. Repetición y diferencia. Pedro Santana Martínez, en una ponencia presentada en las jornadas de literatura norteamericana, en 1994, Alcalá de Henares refiriéndose a la estructura fractal de “Moon Palace” cuyo autor es Paul Auster, explica que la clave de construcción, en la novela reseñada, reside en un primer párrafo que resume la novela -que dicho resumen lo es cuanto reflejo de una materia narrada y también en cuanto narración señala “lo semejante que las partes y el todo resultan en una obra literaria donde la combinatoria de sus partes aumenta la complejidad y las riquezas que éstas de por sí aportan. Mediante una estructura geométrica de tipo fractal, reduce en un primer párrafo una obra de casi 300 páginas”47 En el estudio mencionado podemos encontrar conceptos sobre la idea de fractal. “la idea de fractal ha sido desarrollada por Benoie Mandelbrot, en 1975, en su “Teoría de los Fractales” en palabras del mismo Mandelbrot48: Invente la palabra fractal en 1975, palabra que viene del latín fractus, la cual describe una piedra partida e irregular. Los fractales son formas geométricas que, contrarias a aquellas de Euclides, no son regulares en ningún sentido. En primer lugar, son irregulares en todo su entorno. En segundo lugar de irregularidad en todas las escalas. Un objeto fractal es similar aún cuando se examine de lejos o de cerca (es semisimilar). Sin embargo, si uno se le aproxima, puede encontrar piezas pequeñas del todo, que a la distancia parecían ser manchas sin formas las cuales se vuelven objetos bien definidos, cuya forma es aproximada a aquellas previamente examinadas (del todo) [1998:123-124]. La imagen de fractales está en las especies mismas que conserva la naturaleza. Si tomamos el caso de los evangelios, siempre en el contexto de lo señalado por Mandelbrot, hay una visión de conjunto, diríamos de un todo; sin embargo –lo señala el exégeta- junto con éstas semejanzas se perciben notables diferencias. Sin perder la condición de similaridad –todos hablan de la vida de Jesús- cada evangelio, está producido en un contexto histórico, lo hemos señalado, y con una intencionalidad, dirigirse a distintos tipos de cristianos de allí su caracterización: evangelio espiritual, evangelio de la misericordia, etc. No obstante y aunque todos los elementos descriptos por Santana se pueden mensurar en la novela que nos ocupa “Sota de bastos, caballo de espada”, es importante resignificar, para el desarrollo de este trabajo, lo destacado para “Moon Palace”: “Las pericias a pequeña escala reproducen la gran peripecia”. [Santana Martinez, 316]. Cada narrador, en “Sota de bastos,…”, produce el ejercicio de la combinatoria de las partes en los puntos de vistas diferentes y, en sus versiones de lo mismo pero esta construcción “azarosa” no es tal si lo micro tiene en el cosmos su continente. Hay una crucial conexidad entre el éxodo (una situación global) y cada uno de ellos en situación de éxodo (una situación particular): “La disposición general de la novela reaparece en la disposición de sus elementos”. El resumen de por sí produce estructura cuasi fractal, reune en un todo la generalización de las partes, de su configuración aunque no siempre es así, a veces lo resumido intenta reflejar lo acontecimental y otras se vuelve objeto de la modalidad narrable tal es el caso del argumento de Massei. Otras veces, se ubica en un estado de situaciones: la guerra, el éxodo, las migraciones, los enfrentamientos con el poder, la pérdida de alguien, etc. En Sota de bastos… las versiones hegemonizan y la excedencia, la refracción, es la que muestra el posicionamiento. Cada narrador cumple una consigna revela y oculta, su relato es una suerte de mecanismo que se pone en juego la materia narrada, a simple vista parece se la misma; pero una línea aporta ese algo mas que connota nueva información. Un análisis más aproximado de lo que se plantea lo podemos hacer a partir de éste modelo de seguimiento de las peripecias: El hecho de que aún en lo que se ve como caótico, podemos descubrir o reconocer un cierto orden es la esencia de lo novelable en Tizón. El rizoma narrativo, es un componente aglutinador que persiste en la estructura para acreditar su coherencia. La excedencia/diferencia, en cambio, es el mecanismo que hace avanzar lo narrativo. No obstante, es preciso volver sobre la intencionalidad del escritor (la que, a su vez, también, esa la distancia, manipuladas); reconstruir la historia del éxodo, desde abajo. Ineludiblemente, debe producir repetición y diferencia. Precisa de una memoria textual, en este caso el rizoma aludido y producir la “diferencia” hecho que se materializa en la presencia de los puntos de vista. Al referirnos a las fronteras lábiles entre la literatura y la historia en esta novela, es que para dar formar a una memoria alternativa (Gramsci) –que por otro lado pervive ya en la oralidad de un pueblo- precisa de una tematización de repetición y diferencia. Un constructo sobre el que ninguna cultura puede certificar clausura ni desestimación: “la memoria no es memoria sólo de una parte: es memoria también de las practicas implicadas en esa memoria y de sus negaciones dialécticas (…).49 Por lo tanto, dos visiones discursivas cruzan la memoria textual en la novela de Tizón. Una, la hegemónica, que lo está forzando a instalar, como un archivo, el pretexto del diario y la otra, esta memoria alternativa, de los textos que la oralidad vuelve permanentes o latentes, en las prácticas de la tradición, por el hábito y que también de alguna manera son hegemonizados. Pensemos en lo que Tizón dice50: La historia principal –el tronco de la Historia- de Sota quiere volver a cada rato y meterse en El Centinela; esto es a causa, seguramente, de que no la he rematado, por incapacidad y/o por deliberación subconsciente” (…) Pensemos en lo dicho pero también pensemos en lo que Tizón no explicita en su declaración. Asumir la caída de “los grandes relatos” implica asumir que las correas de transmisión que los ha sostenido han perdido su fuerza. El éxodo, como parte de ese gran relato –legítimamente en la construcción del Estado Nación- se materializó como una gesta patriótica en el ideario de unas fronteras, una concepción de sujeto y de país con poder propio. Sin embargo, las distancias de saber, interpuestas entre el ciudadano común y los poseedores del constructo ideológico que sustentaba esa noción de patria, determinaron que los primeros fueran objeto de ocultamiento. Los mismos que en el presente son deconstruído y enunciados con la otra verdad. Por otro lado, la temporalidad lineal casi inmutable que estos textos, “oficializados”, detentan, también da cuenta de relatos omnímodos –que cristalizan un principio y un fin de las cosas- cancelatorios de toda alteridad, de toda diferencia y de todo proceso pero, fundamentalmente, cancelatorio de las incidencias que la cristalización de éstos relatos tiene sobre las identidades y las crisis en las que las subsumen. Hay una insistencia de Tizón en develar que el éxodo no es el momento mismo que la historia resume –en su presunción de objetividad y en su sesgo ideológico- sino un estado de cosa, ya latentes con anterioridad, que no han sido recosntruídas y al menos, conjeturadas. Probablemente, al literaturizar el éxodo, esté reclamando esa visión historiográfica, sobre el pasado, que involucra mirar origen, causas y consecuencias en todos los hechos de la historia principalmente las de los orígenes de este país. “Pulperos, caballeros, pordioseros”… y “El Centinela…” “no son ajenas en sí mismas. La historia y el contexto familiar de los Urbata es a la vez la historia y el contexto, el punto de mira, en el relato de conformación como nación. Por ejemplo, no es casual que la memoria del narrador salte de un personaje a otro por la conexidad de filiación –de Doña Teotilde a Don Alejo- es una necesidad de verosimilitud y de legitimación del gran relato que construye, conjeturando el pasado: Quince años atrás de nada valieron sus firmezas y todo debió suceder según estaba escrito pero también todo estaba dado para que hubiera sucedido de otro modo: la ley, la fuerza, los intereses de las familias decentes, la doctrina de la Iglesia, los accidentes geográficos.” (…) (Pensamiento Conalejo Marquiegui/del narrador) 51 La mención de los mecanismos que la sociedad conserva para condicionar o generar acciones da cuenta de los AIE que Athusser distingue el giro lingüístico que subrayamos primeros –propio del discursos bíblico o derivado de sus frecuentes lecturas- tiene su confrontación ideológica, su réplica inmediata en la construcción de la objeción “pero…” Esto se puede leer como una insinuación, un atisbo de la conciencia ideológica que habla por la boca de los narradores. Que postula, sin ser ficcionalizado, esa terceridad en cuestión que manipula el decir y lo dicho. La alusión cobra cuerpo, en otra alusión más aproximada52: (…) Ese día de fines de Julio (…) trajo el bochorno (…) cuando ese hijo de italianos, lampiño y sonrosado y de guerras asentaderas ordenó la lectura del bando en la plaza, dirigido expresamente a los hacendados, labradores y comerciante; quizás porque los otros estaban ya jugados (…) Pensemos nada más con Zizek, en esa porción de significado materializada en el bando como instrumento ideológico. En la apariencia externa de la ideología, cuando no se mencionan los verdaderos motivos de la intervención”. El bando, texto que es a la vez doctrina, creencia y ritual. Genéricamente, como texto del lenguaje de performación- que deberíamos situarlos tal cual un elemento de un AIE de represión o por lo menos regulador es, respecto de la novela y en la historia una especie de de arcaísmo: se alude, se cita parte de sus palabras, nunca completo; se cuestiona su intencionalidad y hasta podríamos decir significa en la novela de Tizón el intertexo de una deliberada deconstrucción. Pensemos desde una perspectiva ideológica, cómo este texto, símbolo y voz del rey, fue usado por Belgrano para imponer una estrategia impulsada por las ideas de la ilustración D cómo usando el aparato del poder denostado, buscó asegurarse la llegada a los destinatarios que representaban históricamente el estamento más fuerte: “Hacendados, labradores, comerciantes”. Aspecto que, por otra parte, en el espacio de la ficcionalización de lo real que se propone la literatura, el narrador tizoniano lo remarcará en varias oportunidades (Sota,…., 33; 249). El texto, cualquier texto, no dice lo que dice: en la vida real –tal cual lo señala Stockli y parafraseando a Zizek, “Belgrano está integrado en el universo ideológico del colonizador” 53 y de alguna forma, al tener como referente de su narrativa en esta obra, al bando, Tizón también lo está. Al ficcionalizar las circunstancias, el narrador toma el bando en la perspectiva que Zizek señala que debemos analizar lo ideológico: lo cuestiona por medio de la palabra del otro, con el pensamiento que genera en la otredad, mostrando el conflicto en toda su asimetría, acentuando sus incoherencias. En la deriva de este trabajo, como sujeto lector asumimos la validez plena de la literatura, toda vez que es réplica de los que se impone como verdad; y por otro lado, descubrimos que la ficcionalización pierde su territorio frente a lo real que se nos muestra con todas las connotaciones de lo ficcional. 54 Pareciera que el contexto pugna sobre el texto. Una visión que ayuda a comprender cómo se mensura la ideología es la que Gregorio Klimovky y Cecilia Hidalgo ofrecen en La Inexplicable Sociedad: “los juicios acerca del comportamiento de una persona (nosotros agregaríamos acercad e un hecho) se basan en aquello que se nos ha enseñado a ver o ignorar por nuestra educación o por el lugar que ocupamos en la sociedad (…) Chejov, en uno de sus cuentos ilustra cómo diversos intereses cambian la visión del mundo (…) 55 Precisar la ideología puede ser un trabajo complejo o simplificador cuando reconocemos en la literatura un hacer de la ficcionalización de acontecimientos. Más aún, cuando existe la certeza de que la ideología puede designar cualquier cosa: un texto, una forma de pensar, las creencias, una forma de relacionarse, una verdad si la hay y hasta las ideas falsas que se ponen en circulación. Si buscamos un símil no tan extremo, diríamos que, a la vieja idea de esclavitud –cuya imagen clásica es la de un sujeto encadenado o despojado de identidad- le suceden nuevas formas de esclavización que trascienden lo étnico, lo histórico, lo social-, pero que al no tener al cuerpo como objeto primario de posesión, modela la mente, es más sutil. Así la ideología tiene formas de reticulación cuando: Se ejerce el conflicto a una situación externa, lejana, macro (…); Toma a veces, el papel de un observador cuasi – antropológico; Se desplaza hacia la demonización Construye la “mistificación ideológica”, la que se materializa cuando aparece la mención “complejidad de las circunstancias, lo que sirve para librarnos de la responsabilidad de actuar; Se opta por “culpar a las circunstancia”; No se mencionan los verdaderos motivos de una intervención; “Se miente con el ropaje de la verdad”, hoy trasladado al cinismo. La “falsa conciencia” según Horkheimer. Deberíamos leer (la topicalidad del pensamiento) la manera en que un pensamiento se inscribe en su objeto (…) la manera en que el marco mismo es parte del contenido enmarcado (Derrida); Al analizar las ideologías oficiales (que se muestran cada vez más indiferentes hacia su propia coherencia) debemos tener en cuenta “sus inconsistencias inherentes y constitutivas”; “es crucial si queremos penetrar su autentico modo de funcionamiento”. Zizek: 2003 Nos centramos en los mecanismos discursivos que generan la “evidencia” del sentido; en otros (…) 56 El narrador de Sota de Bastos,… tematizará de continuo las dos ideas puestas en la voz de Alejo Marquiegui, el padre de Teotilde: “todo debió suceder según estaba escrito”; “pero también todo estaba dado para que hubiera sucedido de otro modo” (…) La vieja oposición entre predestinación o libre albedrio de “La Vida es Sueño”, se posiciona en el cronotopo del éxodo. La primera, es una concepción ideológica que será ejercida en la segunda tras el juego continuo de la repetición y la excedencia. Un giro, por otro lado, de naturaleza hegemónica que, más allá de persistir en la cultura, lo hace partícipe de la construcción de lo que pretende: deconstruir. Esto demuestra que el narrador se reconoce como objeto de la performación del pensamiento de la otredad, del poder que pretende desestimar. Arbitra los medios para hacer “ver” lo que él ya conoce o aprendió a visualizar en el puro ejercicio de la palabra. Conoce la verdad con “los otros”. Lee al otro y lo juzga –extemporáneo- recortando el discurso que dejó. Citándolo irónicamente en la ficción. Es la carnavalización de la palabra a partir de la escritura. Asentir la idea de que memoria y escritura son un continuum basta para comprender por qué algunas culturas o ciertas estructuras de poder trabajan en la construcción o destrucción de ambas, siguiendo ideologías o formas de pensamiento fuertes. Así, podemos recordar situaciones de conquista y colonización aseguradas por la lengua y la religión como pilares básicos y a la inversa; reemplazar las creencias y construir una unificación lingüística que nunca es tal, marginando dialectos. En “Sota de bastos, caballo de espada” se revelan los conflictos de poder que derivan del valor asignado a la cultura escrituraria. El mundo creado gira en torno, en cercanías o la distancia de la palabra. Lo que está escrito a fe. Se puede seguir el derrotero que va del pensamiento agrario al pensamiento letrado. Los temores propios de quien lee libros y los peligros que se “asignan” a todos aquellos que tras las lecturas regresan con nuevas ideas, en este caso las del Evangelio: [Manuel de Urbata]…comenzó a leer hasta que llegó a esa parte de la historia, esa meditación en la noche del huerto y el apresamiento, entonces se enteró de cómo Jesús había muerto y no pudo soportarlo; algo endureció en el pecho y comenzó a llorar desconsoladamente (…) pensó en sí mismo conjeturando que su destino le ofrecía tres alternativas: dejarse morir, lo cual le pareció ejemplar pero inútil, marcharse en busca del mar o emprender el camino de Potosí (…) comenzó a guardar un par de camisas, (…) se puso a escribir (…) la carta decía entre otras cosas: me he enterado esta noche cómo Dios ha muerto. Ahora sé por qué todos duermen cuando los gallos cantan. La mujer vieja tiene razón y justamente donde hay luz no hay oro. La deuda hipotecaria queda cancelada y así lo declaro. Vale. Declaro también que no reconozco a ninguno de mis hijos. Manuel de Urbata, jiboso.”57 * En el diálogo entre Teotilde y el “huésped” (el hijo perdido) se desliza la idea de los libros: -Mi señora- dice, descubriéndose. -¿Qué es lo que haces ahora? -Con vuestro permiso, trataba de descubrir la geometría- dijo- mido. -¿Echando a volar vejigas de vaca es como se descubren esas cosas? - Pienso que sí. La geometría es lo más importante ahora. Sin ella estamos perdidos; varios libros lo dicen. - El rey ha prohibido leer libros- dice ella. - Tanto mejor. Los libros pervierten la contemplación de la propia alma; pero echar a volar estas vejigas puede que no sea pecado. 58 Lo paradojal, si atendemos a las contradicciones ideológicas es que: en todos los tiempos y tal vez en cualquier Estado, escribir y leer han sido los imperativos del progreso y de las dominaciones; pero “qué leer” y “qué escribir” ha sido el objeto de persecución, el leitmotiv de la represión en cualquier contexto. Esta forma de pensamiento no ha cambiado. Es el constructo ideológico y la forma de aniquilación por excelencia. Estamos ante la idea del libro como arma: objeto prohibido por unos, objetos deseados para otros, puerta del conocimiento para todos. En toda la novela de Tizón, hay situaciones que remiten a leer, dejar de leer libros, ser salvados por haberlos leído, ser condenados por poseerlos. Hay razones muy fuertes para aceptar en que en esta cultura escrita, “todo el sistema legal de una sociedad, el sistema sobre el cual se basa la verosimilitud, se asienta en sistemas de escrituras”. 59 De manera que un texto ficcional como “Sota de bastos, caballo de espada” se verosimiliza citando, enunciando libros y hablando de ellos: “El tercer tomo de la historia del Gral. Martín de Güemes y de la provincia de Salta, o sea de la independencia argentina”, del doctor Bernardo Frías; “la benemérita historia civil del Jujuy” (en un tomo) del doctor Joaquín Carrillo; “El viejo testamento”, de donde saca el título de “El Centinela y la Aurora” ;la obra del Padre Pedro Lozano, autor del mamotreto titulado “Descripción Choreográfica del terreno, ríos, arboles y animales de las dilatadísimas provincias del Gran Chaco Gualamba y de los ritos y costumbres de las innumerables naciones barbarás e infieles que las habitan. Con una cabal relación histórica de lo que en ellos han obrado para conquistarla algunos gobernadores y ministros reales; y los misioneros jesuitas para reducirlos a la Fe del verdadero Dios, El Reglamento y Aranceles para el comercio libre de España e Indias…” Los libros de Erasmo de Rotterdam; el Archivo Capital de Jujuy, La Carta del Gral. George Washington, entre otros. 60 La condición de todo individuo persiste o se fragmenta en la medida que se acerca –alineación- o sea aleja de esta concepción, una alienación. ¿El que sólo tiene una oralidad como universo lingüístico, con otras formas de fijación pierde su condición de persona? Parece ser el interrogante que subyace en esta narrativa y es objeto de la réplica en la pregunta de Teotilde al hombre del catalejo: * -¿Qué piensas de una mujer ignorante como yo?61 También esta distancia entre los libros y no saber leer, entre ignorancia y conocimiento aparece en el dialogo entre el general y el padre Urreta cuando éste último lo recuerda: … “los libros superan la propia pobreza! Ya lo ve, señor Previsor” (dijo el General) “No” –había replicado [el cura]- “nunca” (…) No, jamás. Los libros no cambiarán nada. Nunca nos acercaremos a los otros por los libros. Siempre seremos diferentes.62 Estas frases que generalmente aparecen en bastardillas hacen de lo visual de la escritura una preocupación del narrador. Filtrándose en todos los intersticios de la oralidad textualizada este cambio de tipografía simula un enclave, una marca de alguien, simula una conciencia muchas veces; otras, se vuelve discurso de autoridad. Son disrupción, contraargumento, discurso estable, intertexto, aparecen y desaparecen. Resultan articulaciones de pensamientos en voz alta, a veces. El narrador se dispone a ofrecer un sitio para disentir, perpetuar una dialogicidad poco común, estilizando la palabra cuestionada, la manipula para carnavalizarla. Podríamos retornar a la sentencia “cada sentido tendrá su fiesta de resurrección” [Bajtin, M. 1975, (1982):395]. En resumen, hay clara conexión con la forma de textualización bíblica y al parecer, son los narradores letrados los que la denotan. Es, fundamentalmente en la escritura y por donde la escritura que la otredades enmascara al punto de subsumirse en la palabra ajena. La ajenidad de la cita “del decir con”; de la repetición de un genotexto que permite la conexidad con otro texto que modeliza; la presencia de la palabra semidicha aunque se escribe para ser uno, lo que se refracta es “un otro” en nosotros. No es mi palabra. Es palabra ajena de los otros en mí. ¿Quién sabe desde cuándo habitan mi discurso? Estéticamente, la palabra plasma la otredad. Puesto que su dialogicidad permanece inalterable y es capaz de interpelarnos en otros contexto históricos. Puntualmente, hay narradores en “Sotas de bastos, caballo de espada” que de cotidiano acotan desde una memoria textual: dice…, he leído…está escrito…, escribió que… ¿has escuchado hablar de…? La oralidad –en la obra- tiene su sitio de partida, de tránsito y de llegada en la escritura. Un viaje que también es resistencia y hegemonía “es difícil producir un exterminio absoluto de la memoria” 63, no habría escritura. Tampoco oralidad. Así como en la escritura la excedencia devuelve la validez al texto, en la oralidad –mediada por la escritura- Tizón destina en la memoria el papel de garante absoluto de lo dicho. El mecanismo clásico o más estructurado es el que se menciona cuando Juan el adobero alude a los relatos de Casiana. Enuncia: “Ella fue quién le habría contado –muchas veces, y cada vez en forma distinta con quitas y agregadas- que, hacia mucho…” 64 Estas quitas y agregados comportan distintas tipificaciones en lo narrado: Casos en que lo narrado simula las entradas y salidas de personajes en la escena teatral y que están diciendo algo con ese tipo de acción: (…) Al doblar una esquina distinguió a una mujer que corría llamando a gritos a un niño que escapaba por el callejón abajo (…) [4° párrafo, pág. 257] En la página 259 2° párrafo: “la mujer que llamaba donde gritos por fin había alcanzado al niño y ahora estaba zurrándolo con una varilla, hasta que el chico volvió a escapársele de las manos y ambos se perdieron en las sombras (…) Lo mismo pero en distintos planos y narradores sucede con: -La peripecia de Urbata en la posada de Casiana (pag. 285) -El encuentro del padre Urreta con Santa Magdalena (pág. 297) -La desaparición del hijo de Teotilde y Urbata (pág. 316) -El asunto del ajusticiamiento de Marquiegui (pág. 242) -La historia del Sindedo (pág. 326) Una mirada superficial sobre el mecanismo y el efecto que produce narrar muchas veces, y cada vez en forma distinta, con quitas y agregados, puede llevar a pensar que lo novelable en Tizón es un giro más sobre las versiones de un relato. No obstante –forzados a pensar- lo que configura es nada más y nada menos que una especie de gramática de la memoria o para ser más exactos: narra desde la instancia deconstructiva del sueño, la evocación, el recuerdo, la embriaguez e incluso desde la semiosis que va desde el recuerdo al olvido. El que lee tiene la sensación constante de que ya había leído esto, que lo que se está narrando es tema y rema. Entonces tiene la urgencia de aportar a este discurso configurador con la propia memoria; por lo que constantemente se verá obligado a volver sobre lo leído, corroborar, verificar cómo dice lo que dice, con qué intencionalidad y a qué distancia de los hechos. Hay toda una construcción ideológica, pendiente de la memoria como forma de estructurar el relato. Esta “lógica” de la memoria provoca que en “Sota de bastos, caballo de espada” se narre el presente como un futuro, desde el pasado. Es decir, posicionado en el pasado, recrea literariamente como un futuro lo que como país ya vivimos y estamos viviendo puesto que aún hoy la idea de patria se digita desde el puerto. Para el Norte, pasado o presente, se recortan en ciertas similitudes. “Pura sonsera de la memoria”65 acompaña Juan el adobero, justificando la compra de un zapallo, justamente porque le recuerda sus días en la fonda y a su abuela Casiana. La línea de la cita es el gozne que legitima las líneas inmediatamente posteriores de un relato que en la segunda parte, “El Centinela y la aurora”, completa y vuelve coherente otros anteriores narrados en “Pulperos, caballeros, pordioseros” sobre lo acontecido en la fonda con la llegada y estancia de Manuel de Urbata: • PRIMER RELATO: El acontecimiento como tal, narrado en tercera persona y en primera: La noche era ya alba lechosa y fría, cuando el recaudador, aguijando a su asno con los talones enfiló por el callejón principal. La bestia chapoteaba en el fango de la calle y el jinete, con la barba crecida, macilento y destemplado de cuerpo, se caló hasta las cejas el sombrero para abrigarse de la llovizna. Finalmente descubrió la casa entre la bruma y, animándose, sin apegarse del asno, comenzó a aporrear la puerta con el cabo del fuste. -¡Mujeres!-gritó. La casa era dos plantas, de adobes descubiertos sin revoque, con un par de ventanas por cada piso. Varias veces llamó a la puerta, cada vez con mayor impaciencia, hasta que una de las ventanas con un crujido se abrió y una mujer vieja, abrigada con una pañoleta, el pelo gris sobre la caída, dijo: -¿Quién es y qué es lo que quiere a estas horas? - Soy yo, Manuel de Urbata, propietario de Yala; y puedo hacerlas ahorcar. -¡Maldito borracho! - Abre anciana. He soportado muchas adversidades. Vengo a beber y a jugar al sapo. La ventana, al cerrarse, volvió a crujir y luego de varios minutos la puerta se abría para dejar paso al recaudador, que entró empapado. Fiero el rostro, montado en su asno hasta el centro del patio donde la patrona, sosteniéndose el pelo ceniciento que la llegaba a las caderas, lo invitó a apearse; un enano o un chico robusto se encargó de la cabalgadura y en seguida el visitante estuvo sentado junto a una mesa en un cuarto contiguo donde el fuego de un brasero agonizaba; allí se quitó el sombrero mojado se churmó los pelos de la barba y, mirando atentamente al grupo de mujeres a medio vestir que habían acudido con el alboroto y que ahogaban risas y cuchicheaban, dijo: -Benditas sean, mujeres. Pueden tomar asiento si es que permanecerán calladas. Tengo el corazón estropeado pero, aunque no traje mucho oro conmigo, me sobra, y puedo firmar cualquier papel. ¿Dónde está la dueña? -Soy yo, señor; la que abrió la puerta. -Bien. Trae entonces un porrón de aguardiente y papel y tinta. Al cabo de la mitad del botijo las mujeres parloteaban y el enano, que había atizado el fuego hasta hacerle brotar llamas, circulaba entre el medio de ellas, acariciándoles las nalgas con indiferente naturalidad. Luego el hombrecito dijo: -Probablemente no sepan ustedes cómo Jesucristo fue asesinado por los extranjeros, yo lo se. Ahora sólo queda llorar y tratar de irse al infierno, da lo mismo. El enano, mal dormido, bostezaba junto al fuego, las mujeres sentían frio y se apretujaban unas junto con otras, también somnolientas y algo borrachas. La vieja, desgreñada, sentada a la mesa frente al giboso disimulaba su impaciencia. -Soy jorobado –dijo Urbata, sin dirigirse particularmente a nadie- dicen que tocar una jiba trae suerte; pueden tocarla una por vez. Pero que antes ese malparido vuelva a atizar el fuego. -Es deshora, señor –dijo la patrona- volvámonos a acostar. Luego podras jugar al sapo. El recaudador, a punto de dormirse en ese momento, escuchó vagamente las últimas palabras de la vieja. -He perdido a mi mujer –dijo. Ahora las otras comenzaban a escabullirse, cansadas, rumbo a sus cuartos. -¿Con quién te quedas, por fin? –preguntó la patrona. -Con esa; la más gorda. La del vestido rabón –dijo el giboso. Después de atravesar nuevamente el patio, caminaba el recaudador detrás de la mujer que había elegido, ella con un candil en la mano, luego un corredor oscuro y maloliente y llegaron a un cuarto de techumbre muy alta donde se metieron en cama. La mujer desnuda y el jiboso abrigado en su camiseta, la barba negra apenas emergiendo del borde delas sábanas. De pronto pareció oscurecerse la mañana, en un intento de la noche por persuadir, pero en seguida un gallo cantó. Manuel de Urbata, en cama, continuaba con los ojos abiertos mirando hacia el techo, frio, inmóvil e indiferente a las caricias de la mujer gorda, cuando de repente dijo: -Mujer, he olvidado mi alfombra en las ancas del burro. Debes ir a buscarla y traérmela cuanto antes. Ella trató de disuadirlo acariciándole el vientre frotando sus piernas sobre las de él, pero todo fue en vano. -¿Para qué quieres ese bolso ahora? -¿Cómo para qué? ¿No querrás que ese enano me robe? Seguramente ésa es la costumbre del lugar; pero deben saber ustedes que por mucho menos he mandado a ahorcar gentes, ¡A correr! La mujer, de muy mal talante, se echó encima una ropa oscura y al cabo estuvo de vuelta, arrastrando la alforja del huésped. -Dámela –dijo él al verla- tengo aquí dos libros, el Reglamento y pranceles para el comercio libre de España e Indias y el Evangelio. ¿Qué tienes en contra de ellos, desgraciada? A la mujer, ahora otra vez entre las tibias cobijas, le había vuelto el buen ánimo y se acurrucó junto a él. -Señor, ¿nunca te quitas esa camiseta? -Jamás –dijo él, luego de guardar ambos libro debajo de la almohada- No hay nada peor para un hombre de mi edad que enfriarse el pecho. Ella de costado, se apretaba aún más junto a él, acariciándole las piernas con las suyas, encogida. Él, inmóvil, se dejaba acariciar. -¿Qué es lo que buscas leyendo en esos libros? -El rey y yo necesitamos dinero –contestó- y en ese libro está dicho todo. Ella ahora trataba nuevamente de quitarle la camiseta, mientras él continuaba con las manos cruzadas debajo de la nuca, mirando al techo. -Aquí, una vaca o un caballo valían más que un hombre. Y no hablaremos nada de los metales…Ahora parece que todo va a cambiar ¿Cómo es tu nombre? -Mencia –respondió ella, en voz baja, sin dejar de acariciarlo. -¿Cómo dices? Ella no contesto. También él había olvidado la pregunta. El gallo volvió a cantar, a los lejos pero llovía. Y él comenzó a pensar que la alegría de la vida había desparecido y que el Rey de España quizás se hubiese vuelto loco. Manuel de Urbata, apretado a la mujer, haciendo un esfuerzo cuidadoso se sentó en la cama, con uno de los libros, abierto en las manos, pero no pudo leer aquello que había leído muchas veces: Porque vosotros sabéis muy bien que, como el ladrón de noche, así vendrá el día del Señor…No despreciéis las profecías, honrad al huésped y vivid alegres. -Es una desgracias ser genio en un pequeño lugar –dijo casi imperceptiblemente- Así la diferencia es más notable, Jesús. Por eso nos odian y nos persiguen en secreto –sentía en su cuello la respiración acompasada y levemente ronca de la mujer y el ruido de la lluvia y el viento sobre los cristales-. Soy dueño de una casa grande y bien techada, repleta de maíz, trigo y aguardiente. Soy propietario de once personas, mi mujer y un huésped que tiene un catalejo para mirar las nubes y un instrumento de cuerdas. ¿Qué opinas de todo eso? La mujer, por toda respuesta, dormida, le dio la espalda y él sintió de pronto todo el calor de sus grandes nalgas junto a sí. Alguien pasó azuzando unos bueyes por el callejón debajo de la ventana y enseguida escuchó el ruido seco de un portazo hacia los fondos. Se palpó la frente y notó que transpiraba sintiéndose cada vez más pequeño y por un momento tuvo miedo. Entonces recordó a su propia mujer; Dios nos hace desdichados y lo amamos, se dijo. También las mujeres nos hacen desdichados. Ahora el recaudador se creía ebrio y trató de cerrar los ojos, pero todo fue peor. Al cabo, cuando se hundía en un sopor lóbrego, recuperó la conciencia y sentándose bruscamente en la cama corrió hacia la ventana y la abrió de par en par dejando que el viento y la lluvia penetraran. La mujer gorda, sobresaltada, despertó justo a tiempo para cubrirse de los golpes del hombrecillo que la injuriaba a gritos; entonces lo tomó de los brazos y comenzó a golpearlo a su vez hasta que él dejó de moverse, luego fue hasta la ventana y la cerró. Unos instantes después, ambos, abrazados, lloraban. (…) 66 • SEGUNDO RELATO: veintidós páginas después, el narrador vuelve al mismo acontecimiento, desde otro punto de vista “muchos años después”67 al modo de una evocación hecha por uno de los dos hombres que juegan en una taberna oscura. …”el más joven de los hombres, de grandes ojos castaños y cabello claro, es el que menos habla. Ha llegado del Chaco no hace mucho y se ha instalado en la funda; debajo de su grueso cinturón guarda unas pepitas de oro, tres o cuatro del tamaño de un garbanzo. Nadie sabe que el joven ha llegado del norte y que, estando en Chuquisaca, ha tenido mucho que ver con cierta imprenta de libros y panfletos, por ahora sólo juega a los dados con el otro, en la semipenunbra de la posada. En la mesa mas cercana, un gato grueso se desespereza mostrando sus dientes agudos y filosos como espolones de rosal. Los dados caen sobre la mesa sin que los jugadores se alteren por el giro de la suerte. Después de un rato, el gato salta al suelo y huye, asustado quizás por su propio sueño alterado por la secreta señal de alguna presa. Ahora la mujer de la fonda se acerca a la mesa y mirando atentamente a los jugadores les dice: -Tengo para vosotros algo mucho más agradable: mujeres. Los jugadores se detuvieron sus manos por un momento. -Mujeres –dijo la dueña- Mujeres jóvenes; tengo tres. Son mis hijas. -¿Tus hijas? -Sí, ninguna pasa de los dieciocho años; y están buenas. ¿Qué hay de malo en ello? hasta aquí trabajaron las tres y no prosperaron, y ya se les va desparejando la edad para el matrimonio. El mayor de los jugadores miró al otro, pero éste no lo miraba, observaba en realidad los tres dados inmóviles sobre la mesa, como si fueran tres grandes huevos. -¿Son tus hijas? -Si. -¿Dónde están? -Las tres arriba. Una de ellas es muy alta y creo que virgen; se llama Florinda. El jugador de más edad volvió a mirar a su compañero, buscando su parecer; el otro seguía absorto en la contemplación de los dados. -Créanme, caballeros son buenas chicas y saben hacer lo suyo; pero han estado fregando baldosas toda la vida y eso no les ha servido para comprarse un colchón…de todos modos, Dios nuestro señor desprecia el cuerpo. Después el hombre de más edad podrá relatar. Hecho el trato subí a uno de los cuartos, la habitación daba de frente a un corredor oscuro, junto a la escalera; llamé a la puerta con cierta timidez. Luego la abrí; estaba sin cerrojo y la penumbra, que afuera era densa, adentro era aún más tupida. Tardé así unos instantes en descubrir el bulto sobre la cama. Era una mujer, muy blanca y muy alta, de grandes ojos de ave, que al descubrirme en la habitación pareció asustarse e intentó gritar; entonces la violé, quizás a causa de la mirada de sus ojos, mansos y asustados. Sobre una pequeña mesa, al canto de la cama, había un botijo de vino negro; arranque con los dientes el tapón y eché unos tragos mientras la mujer yacía en silencio, acurrucada en la cama en desorden, las otras dos, en un rincón del mismo cuarto, parecían reir y luchar entre si, sin que yo pudiera verlas. Cuando bajé al salón era de noche y no encontré al otro. Había salido de pronto, me dijo la fisgona. -Él se negó a subir. Parecía asustado –dijo la mujer-. Le quise dar una vela pero no aceptó y se fue. Tal vez no comprende. El cuerpo no es bueno para Dios y debe ser maltratado, nuestro Señor Jesucristo nos ha enseñado eso. Sólo el alma vale. Etas tres irán para santas, que Dios me oiga. -¿Dónde está él?- preguntó el otro. -¿Quién es él? -Ha salido parecía huir. Tenía marcada una estrella en uno de sus dedos. Tal vez todo el oro que llevaba fuera robado- dijo la mujer.68 • TERCER RELATO: con las marcas propias de un hecho recordado, el relato traduce una distancia temporal y a la vez refracta un discurso criptado por la cita de lo dicho. (…) He aquí el relato del otro: (…) Conocí a un giboso de pelo y barba muy negros, que usaba un zamarro de piel. Recuerdo muy bien nuestro encuentro. Un par de hombres jugaban a la taba en silencio en un patio de tierra. Nadie apostaba salvo ellos dos y una llovizna apenas si humedecía. El jorobado parecía el dueño del negocio o persona familiar y luego supe que había estado preso en Lima, varios años. “El rey es el rey”, dije como para hablar de algo. “y no estamos peor que los perros”. “Si”, dijo, “quizás no lo estemos” “Las leyes escritas son buenas” dije después. El jiboso empujó con el pie la taba que había caído cerca, y dijo: “El rey dicta leyes sabias que no se cumplen. Además ¿Qué es lo que puede saber de todo esto un holgazán como tú? Yo lo he perdido todo, hasta la honra, y bien puedo opinar”. La taba volvió a caer junto a sus pies y él arrojó lejos, como una pedrada, diciendo “¡Mierdas!”. Entonces sucedió lo siguiente: uno de los jugadores extrajo un cuchillo y abalanzándose sobre el jorobado le abrió el vientre de un solo tajo; enseguida huyeron todos y únicamente quedé yo junto al herido bañado en sangre bajo la llovizna, di un grito y comencé a pedir ayuda levantando al herido. Enseguida acudieron dos mujeres y entre los tres lo llevamos adentro. El jorobado tenia los ojos muy brillantes y me miraba como si acabara de descubrirme, y gritaba:” ¡Sálvenme, hijos de puta; llévenme a mi cama y pongan barras en el fogón!”. Sin perder tiempo le acomodé otra vez las tripas adentro, lavándosela con vino y luego le fajamos el vientre. Toda esa noche estuve a su lado escuchando cómo gemía en sueños y pronunciaba un nombre. Hacia el amanecer intentó ponerse en pie gritando: “Ha entrado una gata al cuarto, y es lo peor!” Yo busqué por todos lados y no vi la gata. “Estas soñando” le dije. “Si, voy a cambiar de postura”. Después trajeron las agujas y los hechos de tripa fresca de res, cosí la herida y el hombre se desmayó. Las mujeres espiaban por la ventana y de vez en cuando aparecía alguna a mudar el paño de su frente mojado en agua. El herido durmió durante todo el día siguiente y al amanecer del tercer día despertó casi curado. Cuando abrió los ojos se dio conmigo, que lo miraba, y le dije: “Ya está bien”. “No –dijo- aún tengo frio ahora debes llevarme hasta el corral de vacas y enterrarme en el estiércol. Sólo eso da calor y así el alma no se me escapará. No sé por qué prometí que lo haría y él volvió a caer en un sueño pesado69. Al comparar estos relatos entre si descubrimos que las divergencias se presentan entre las perspectivas, el momento crucial del ataque a Urbata y las acciones que llevan a cabo las mujeres de la fonda.
El Narrador y la Ideología en “Sota de Bastos, Caballo d
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