I El viento entró con el sol en la mañana. A la noche la puerta se había cerrado sin dejarnos ver más nada. Se detuvo el tiempo en el tatuaje de tu espalda, mientras yo recordaba cuando caminabas. Tu sonrisa fue la llave que abrió la puerta que luego fue cerrada por nuestras miradas. Contra el mármol de tu casa nos besamos sin demasiadas palabras y el metal de tu lengua, contra el mármol, fue mi espada. Me estremecí al ver tus pies volar sobre las almohadas mientras el sudor apagaba el calor que había incendiado la casa. Qué daría por volver a afirmar tu cintura y que juntos nos embarquemos sin sentido en este viaje de locura.
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