Es un cuento corto que escribí...en sí, algo ficticio.
Pero lamentablemente, es una realidad casi que cotidiana...no es nada loco lo que se ve en el cuento corto.
Es un aporte chiquito para tratar de crear cabeza sobre un tema que lo requiere...LA VIOLACION ES UN ACTO ATROZ, INJUSTO, ABUSIVO Y DENIGRANTE. Para ambos sexos, para todas las edades...no es pavada.
Espero lo lean y les deje algo...y entiendan que no es sólo un tema teórico, o una noticia en el informativo. Es una realidad emocional destructiva para la persona que lo vive.
Gracias por tomarse el tiempo de leerlo...es solo un intento medio ingenuo de crear conciencia sobre la importancia del tema.
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Escogiendo Confesiones.
Jadeante, Lynette irrumpió en el bar. Sus ojos estaban inflamados de derramar tantas lágrimas. Su ropa, rasgada. Sus bazos, cubiertos de moretones…y en su ceja, un corte poco profundo trazaba un fino pero preocupante sendero color escarlata, que recorría toda su mejilla derecha y se extendía ahora hasta su cuello. Aunque lo más inquietante era su mirada: una mezcla perfecta de nada y todo…perdida e inexpresiva, pero con pequeños y significativos matices de dolor y desesperación.
Su llegada, como era de esperarse, no resultó desapercibida. Por más que ella caminara muy lentamente, temblorosa y con mucho miedo, las personas que allí se encontraban no podían dejar de escudriñarla con ofensivas y curiosamente incómodas miradas…pero nada de esto parecía importarle. Es más...todo lo que parecía querer Lynette era evitar cualquier tipo de contacto físico con aquellos individuos. Su realidad estaba ahora más allá de ese bar…de ese entorno. El sentido del mundo tal y como ella lo conocía había dado un giro tan violento como repentino…y todo lo que alguna vez tuvo importancia para ella en algún momento de su vida, ahora le resultaba patéticamente insignificante, igual que la forma de verse a sí misma. Como un recipiente vacío…incapaz de contener absolutamente nada…y estropeado por una profunda rajadura que anticipaba la rotura del frágil cristal del cual estaba hecho.
Perturbado, el hombre encargado de la seguridad del lugar habló con el dueño, y le comentó la situación. Dejó en claro que el estado de la misteriosa muchacha no fue producto de ninguna pelea en su local, y una vez detallada toda la situación, le preguntó qué se suponía que tenía que hacer. Por un lado, pensó en hablarle para luego llamar a la policía, pero en su mente también revoloteaba la idea de echarla del bar, y de esta forma no se vería involucrado con ningún problema que no le afectara de manera directa…causarse más complicaciones no era parte de su plan.
En el preciso momento en el que el hombre de la seguridad se dirigía a hablar con el “jefe”, Lynette ya se encontraba en el baño de damas…el cual se desocupó casi inmediatamente después de que ella entró. Parsimoniosamente, tomó un poco de papel higiénico y comenzó a limpiarse la sangre que le manchaba su pálido rostro. Luego lo mojó con un poco con agua, y volvió a limpiarse el rastro del rojo fluido que había coagulado un poco sobre su piel. Después, comenzó a ejercer presión sobre la herida que tenía en la ceja para detener la hemorragia, al mismo tiempo que una nueva lágrima brotaba de su ojo izquierdo. Y justo en ese instante, la realidad visceral de lo ocurrido hasta el momento embistió contra su sentir de la forma más violenta y abrupta. Desesperada, no pudo mantener el pulso, y con la mano temblando deliberadamente, dejó caer el trozo de papel. Llorando ahora descontroladamente, se llevó las manos a la cabeza, y comenzó a tomar varios mechones de su pelo con tanta fuerza que casi logró arrancarse más de uno. Con un grito sordo, se dejó caer en el piso y se encogió sobre sí misma, quedando casi en posición fetal. Acto seguido, manteniendo la misma postura, comenzó a susurrar una serie de palabras ininteligibles, a la vez que aumentaban sus temblores y su angustia plasmada en forma de llanto. Y así se quedó hasta que alguien la tomó bruscamente del brazo y la sacó con fuerza de ese lugar. Su vista estaba nublada de tanto llorar, y por todos lados divisaba una serie de puntos negros que no estaban ayudándola en lo más mínimo a conseguir presenciar la situación con un poco más de nitidez. Tanto era así que, para cuando pudo incorporarse un poco y lograr ver con cierta claridad, se encontraba en la puerta del bar con el hombre que todavía agarraba su extremidad superior izquierda. Desconcertada e histérica, Lynette comenzó a forcejear, la sola idea de que ese individuo pusiera sus asquerosas manos sobre ella la llenaba de rabia, dolor y repulsión. El hombre, con el rostro preocupado y con un toque de pena, la soltó diciéndole que tenía que irse del local porque no quería problemas; y ella, que no tenía ningún interés particular en continuar allí, se dio media vuelta y comenzó a alejarse apresuradamente hacia la calle. Poco le interesaba el tráfico…poco le interesaban los demás. Y mucho menos su propia existencia. Solo caminaba, sola, perdida…desorientada pero a voluntad, lento pero a conciencia…como arrancada de sí misma.
Fue así como conocí a Lynette. Saliendo de otro local que no quedaba muy lejos de aquél en el que la echaron. Yo me retiraba por voluntad propia en realidad, indignada por no poder estar en un mismo lugar físico con esos toscos proyectos de vida inteligente a los que comúnmente se les conoce como “hombres”. Dios mío, son detestables…desagradables, irrespetuosos y para nada atractivos. Sus líneas son rectas, su contorno simple y sin forma alguna…grotescos, simplemente bizarros. Salvando un par de excepciones, todos merecen ser quemados. Y vivos de ser posible. No los tolero…creo que los odio a todos hasta que me demuestren lo contrario, es por eso que prefiero a las mujeres. Hasta la menos llamativa tiene algo de dulzura…son por naturaleza más delicadas y curvilíneas. No existe comparación alguna entre acariciar suavemente la cintura y las caderas de una mujer que hacer lo mismo con un hombre…es exquisito, continuo y suave, como si fuese creado para tocar en el primer caso. El perfume que tiene una mujer es de por sí más agradable…sus cabellos, la expresión de su rostro, su voz más fina y musical…sin duda alguna la femineidad característica de la mujer es mucho más interesante, rica y explorable para mí que las “cuestiones propias del hombre”. Y justamente por todo lo antes mencionado me chocó tanto encontrarme con tan bello ejemplar en semejantes condiciones cuando vi a Lynette aquella noche. De inmediato me dirigí hacia donde estaba ella y le pregunté que le había sucedido, si necesitaba algo, si se encontraba bien…pero ella con los ojos muy abiertos miraba fijo hacia un punto inexistente, y muda se negó indirectamente a contestarme. Con un nudo en la garganta la miré y decidí abrazarla, no muy fuerte…sino más bien con mucho cuidado, y en ese preciso momento ella se desplomó, rompió en llanto y comenzó a jadear expresando un dolor increíble, al mismo tiempo que agarraba mi blusa con fuerza. Yo me quedé estupefacta. No estaba muy segura de qué tenía que hacer. Pero no interesaba demasiado eso…decidí llevarla conmigo a mi casa y cuidar de ella hasta que lograra reponerse un poco. Y sin más, sin dejar de abrazarla la llevé hacia mi auto para largarnos de ese oscuro lugar lo antes posible.
……………………………………………………………………………………………………………………………………………….....
Hola, me llamo Lynette. Hace dos años, cuando yo tenía dieciocho, tres desconocidos me violaron. Uno a uno se aprovecharon de lo único que preservé en mi vida, y se rieron de mis inocentes intentos de escape para poder preservar lo poco que me quedaba de dignidad. No fue algo que yo vi venir, no lo esperaba…nunca pensé que me iba a pasar a mí. Siempre hice las cosas bien, fui moderada, clásica, normal…responsable y cuidadosa. No me lo busqué, solamente pasó. Desde ese día me siento sucia, despreciable. No concibo la idea de que alguien me desee… ¿cómo desear a un ser que fue usado como un mísero pañuelo y al cual no le queda nada de respeto por sí mismo?, para mi es algo incomprensible. No me siento bien conmigo, no me veo agradable. No me siento respetable, no me considero valiosa. No puedo dejar de llorar cada vez que me acuerdo de lo que pasó, no puedo evitar sentirme vacía cada vez que tengo sexo con mi pareja, y dormir me resulta imposible cuando las cortas horas de sueño de las cuales dispongo se ven plagadas de imágenes vívidas que muestran brutalmente toda la secuencia de ese episodio negro en mis vivencias personales. Nada parecía tener sentido para mí. Pero apareció Anna, y me cambió la forma de pensar. Ella me rescató del infierno que se estaba apoderando de mí en ese entonces. Comprensiva y dulce cuidó de mí. Y me hizo entender el verdadero significado de la muy trillada pero no por eso insignificante palabra “amor”. Me hizo comprender que los sentimientos no están enjaulados en un estereotipo, que lo bello se puede encontrar más allá de los estándares, y que, si nos damos la oportunidad, las cosas menos pensadas pueden ser las mas motivantes, atractivas y excitantes de todas. Y si hoy vine aquí para hablar con usted, fue porque ella me convenció, porque quiere que yo pueda disfrutar de algo que según ella es tan puro como debe ser, no con culpa, remordimiento, dolor o tan siquiera un momento de vacilación. No quiero parecer egoísta, pero no pretendo que mucha gente lo sepa. No es algo que quiero que forme parte de la definición de mi persona. Todo lo que quiero es que Anna ya no se preocupe más por mí (ya lo hizo demasiado), y para eso supongo que tengo que estar mejor yo. Pero déjeme decirle doctor que, en retrospectiva y con cierta objetividad, no me torturo ni lamento que todo esto me haya pasado. Porque si bien me sigue doliendo, me permitió ver las cosas de otra manera, y conocer a personas maravillosas como mi actual pareja que no dejan de asombrarme con su sensibilidad y su capacidad sobrenatural de irradiar luz. Porque si bien sé que llevará tiempo y que no será fácil, son las personas a las que amo mi único capital real en la vida. Y lo único que no me perdonaría jamás, es verlos mal por mi culpa…bueno, a grandes rasgos, esta es mi “introducción” sobre todo esto que pasa dentro de mí. ¿Qué piensa usted al respecto…?, ¿podré alguna vez volver a ser yo, y sentirme segura de mi, mi sexualidad y recuperar las ganas de comunicarme con Anna fusionando su cuerpo con el mío…?, ¿podré…?
…Por favor, ayúdeme…
…Porque yo quiero creer que sí podré lograrlo algún día.
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Pero lamentablemente, es una realidad casi que cotidiana...no es nada loco lo que se ve en el cuento corto.
Es un aporte chiquito para tratar de crear cabeza sobre un tema que lo requiere...LA VIOLACION ES UN ACTO ATROZ, INJUSTO, ABUSIVO Y DENIGRANTE. Para ambos sexos, para todas las edades...no es pavada.
Espero lo lean y les deje algo...y entiendan que no es sólo un tema teórico, o una noticia en el informativo. Es una realidad emocional destructiva para la persona que lo vive.
Gracias por tomarse el tiempo de leerlo...es solo un intento medio ingenuo de crear conciencia sobre la importancia del tema.
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Escogiendo Confesiones.
Jadeante, Lynette irrumpió en el bar. Sus ojos estaban inflamados de derramar tantas lágrimas. Su ropa, rasgada. Sus bazos, cubiertos de moretones…y en su ceja, un corte poco profundo trazaba un fino pero preocupante sendero color escarlata, que recorría toda su mejilla derecha y se extendía ahora hasta su cuello. Aunque lo más inquietante era su mirada: una mezcla perfecta de nada y todo…perdida e inexpresiva, pero con pequeños y significativos matices de dolor y desesperación.
Su llegada, como era de esperarse, no resultó desapercibida. Por más que ella caminara muy lentamente, temblorosa y con mucho miedo, las personas que allí se encontraban no podían dejar de escudriñarla con ofensivas y curiosamente incómodas miradas…pero nada de esto parecía importarle. Es más...todo lo que parecía querer Lynette era evitar cualquier tipo de contacto físico con aquellos individuos. Su realidad estaba ahora más allá de ese bar…de ese entorno. El sentido del mundo tal y como ella lo conocía había dado un giro tan violento como repentino…y todo lo que alguna vez tuvo importancia para ella en algún momento de su vida, ahora le resultaba patéticamente insignificante, igual que la forma de verse a sí misma. Como un recipiente vacío…incapaz de contener absolutamente nada…y estropeado por una profunda rajadura que anticipaba la rotura del frágil cristal del cual estaba hecho.
Perturbado, el hombre encargado de la seguridad del lugar habló con el dueño, y le comentó la situación. Dejó en claro que el estado de la misteriosa muchacha no fue producto de ninguna pelea en su local, y una vez detallada toda la situación, le preguntó qué se suponía que tenía que hacer. Por un lado, pensó en hablarle para luego llamar a la policía, pero en su mente también revoloteaba la idea de echarla del bar, y de esta forma no se vería involucrado con ningún problema que no le afectara de manera directa…causarse más complicaciones no era parte de su plan.
En el preciso momento en el que el hombre de la seguridad se dirigía a hablar con el “jefe”, Lynette ya se encontraba en el baño de damas…el cual se desocupó casi inmediatamente después de que ella entró. Parsimoniosamente, tomó un poco de papel higiénico y comenzó a limpiarse la sangre que le manchaba su pálido rostro. Luego lo mojó con un poco con agua, y volvió a limpiarse el rastro del rojo fluido que había coagulado un poco sobre su piel. Después, comenzó a ejercer presión sobre la herida que tenía en la ceja para detener la hemorragia, al mismo tiempo que una nueva lágrima brotaba de su ojo izquierdo. Y justo en ese instante, la realidad visceral de lo ocurrido hasta el momento embistió contra su sentir de la forma más violenta y abrupta. Desesperada, no pudo mantener el pulso, y con la mano temblando deliberadamente, dejó caer el trozo de papel. Llorando ahora descontroladamente, se llevó las manos a la cabeza, y comenzó a tomar varios mechones de su pelo con tanta fuerza que casi logró arrancarse más de uno. Con un grito sordo, se dejó caer en el piso y se encogió sobre sí misma, quedando casi en posición fetal. Acto seguido, manteniendo la misma postura, comenzó a susurrar una serie de palabras ininteligibles, a la vez que aumentaban sus temblores y su angustia plasmada en forma de llanto. Y así se quedó hasta que alguien la tomó bruscamente del brazo y la sacó con fuerza de ese lugar. Su vista estaba nublada de tanto llorar, y por todos lados divisaba una serie de puntos negros que no estaban ayudándola en lo más mínimo a conseguir presenciar la situación con un poco más de nitidez. Tanto era así que, para cuando pudo incorporarse un poco y lograr ver con cierta claridad, se encontraba en la puerta del bar con el hombre que todavía agarraba su extremidad superior izquierda. Desconcertada e histérica, Lynette comenzó a forcejear, la sola idea de que ese individuo pusiera sus asquerosas manos sobre ella la llenaba de rabia, dolor y repulsión. El hombre, con el rostro preocupado y con un toque de pena, la soltó diciéndole que tenía que irse del local porque no quería problemas; y ella, que no tenía ningún interés particular en continuar allí, se dio media vuelta y comenzó a alejarse apresuradamente hacia la calle. Poco le interesaba el tráfico…poco le interesaban los demás. Y mucho menos su propia existencia. Solo caminaba, sola, perdida…desorientada pero a voluntad, lento pero a conciencia…como arrancada de sí misma.
Fue así como conocí a Lynette. Saliendo de otro local que no quedaba muy lejos de aquél en el que la echaron. Yo me retiraba por voluntad propia en realidad, indignada por no poder estar en un mismo lugar físico con esos toscos proyectos de vida inteligente a los que comúnmente se les conoce como “hombres”. Dios mío, son detestables…desagradables, irrespetuosos y para nada atractivos. Sus líneas son rectas, su contorno simple y sin forma alguna…grotescos, simplemente bizarros. Salvando un par de excepciones, todos merecen ser quemados. Y vivos de ser posible. No los tolero…creo que los odio a todos hasta que me demuestren lo contrario, es por eso que prefiero a las mujeres. Hasta la menos llamativa tiene algo de dulzura…son por naturaleza más delicadas y curvilíneas. No existe comparación alguna entre acariciar suavemente la cintura y las caderas de una mujer que hacer lo mismo con un hombre…es exquisito, continuo y suave, como si fuese creado para tocar en el primer caso. El perfume que tiene una mujer es de por sí más agradable…sus cabellos, la expresión de su rostro, su voz más fina y musical…sin duda alguna la femineidad característica de la mujer es mucho más interesante, rica y explorable para mí que las “cuestiones propias del hombre”. Y justamente por todo lo antes mencionado me chocó tanto encontrarme con tan bello ejemplar en semejantes condiciones cuando vi a Lynette aquella noche. De inmediato me dirigí hacia donde estaba ella y le pregunté que le había sucedido, si necesitaba algo, si se encontraba bien…pero ella con los ojos muy abiertos miraba fijo hacia un punto inexistente, y muda se negó indirectamente a contestarme. Con un nudo en la garganta la miré y decidí abrazarla, no muy fuerte…sino más bien con mucho cuidado, y en ese preciso momento ella se desplomó, rompió en llanto y comenzó a jadear expresando un dolor increíble, al mismo tiempo que agarraba mi blusa con fuerza. Yo me quedé estupefacta. No estaba muy segura de qué tenía que hacer. Pero no interesaba demasiado eso…decidí llevarla conmigo a mi casa y cuidar de ella hasta que lograra reponerse un poco. Y sin más, sin dejar de abrazarla la llevé hacia mi auto para largarnos de ese oscuro lugar lo antes posible.
……………………………………………………………………………………………………………………………………………….....
Hola, me llamo Lynette. Hace dos años, cuando yo tenía dieciocho, tres desconocidos me violaron. Uno a uno se aprovecharon de lo único que preservé en mi vida, y se rieron de mis inocentes intentos de escape para poder preservar lo poco que me quedaba de dignidad. No fue algo que yo vi venir, no lo esperaba…nunca pensé que me iba a pasar a mí. Siempre hice las cosas bien, fui moderada, clásica, normal…responsable y cuidadosa. No me lo busqué, solamente pasó. Desde ese día me siento sucia, despreciable. No concibo la idea de que alguien me desee… ¿cómo desear a un ser que fue usado como un mísero pañuelo y al cual no le queda nada de respeto por sí mismo?, para mi es algo incomprensible. No me siento bien conmigo, no me veo agradable. No me siento respetable, no me considero valiosa. No puedo dejar de llorar cada vez que me acuerdo de lo que pasó, no puedo evitar sentirme vacía cada vez que tengo sexo con mi pareja, y dormir me resulta imposible cuando las cortas horas de sueño de las cuales dispongo se ven plagadas de imágenes vívidas que muestran brutalmente toda la secuencia de ese episodio negro en mis vivencias personales. Nada parecía tener sentido para mí. Pero apareció Anna, y me cambió la forma de pensar. Ella me rescató del infierno que se estaba apoderando de mí en ese entonces. Comprensiva y dulce cuidó de mí. Y me hizo entender el verdadero significado de la muy trillada pero no por eso insignificante palabra “amor”. Me hizo comprender que los sentimientos no están enjaulados en un estereotipo, que lo bello se puede encontrar más allá de los estándares, y que, si nos damos la oportunidad, las cosas menos pensadas pueden ser las mas motivantes, atractivas y excitantes de todas. Y si hoy vine aquí para hablar con usted, fue porque ella me convenció, porque quiere que yo pueda disfrutar de algo que según ella es tan puro como debe ser, no con culpa, remordimiento, dolor o tan siquiera un momento de vacilación. No quiero parecer egoísta, pero no pretendo que mucha gente lo sepa. No es algo que quiero que forme parte de la definición de mi persona. Todo lo que quiero es que Anna ya no se preocupe más por mí (ya lo hizo demasiado), y para eso supongo que tengo que estar mejor yo. Pero déjeme decirle doctor que, en retrospectiva y con cierta objetividad, no me torturo ni lamento que todo esto me haya pasado. Porque si bien me sigue doliendo, me permitió ver las cosas de otra manera, y conocer a personas maravillosas como mi actual pareja que no dejan de asombrarme con su sensibilidad y su capacidad sobrenatural de irradiar luz. Porque si bien sé que llevará tiempo y que no será fácil, son las personas a las que amo mi único capital real en la vida. Y lo único que no me perdonaría jamás, es verlos mal por mi culpa…bueno, a grandes rasgos, esta es mi “introducción” sobre todo esto que pasa dentro de mí. ¿Qué piensa usted al respecto…?, ¿podré alguna vez volver a ser yo, y sentirme segura de mi, mi sexualidad y recuperar las ganas de comunicarme con Anna fusionando su cuerpo con el mío…?, ¿podré…?
…Por favor, ayúdeme…
…Porque yo quiero creer que sí podré lograrlo algún día.
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