Nació en Venecia, Italia el 15 de enero de 1911 y falleció en Padua, Italia, el 22 de septiembre de 1981 , más conocido cómo Angelo (Giovanni) Bragolin, Franchot Seville, J. Bragolin (si se lee mal la firma en sus pinturas) ó El Pintor Maldito, fue un pintor italiano nacido en Venecia y afincado en España tras la Segunda Guerra Mundial. Se le atribuyen una serie de 27 retratos conocidos cómo Los Niños Llorones.
La leyenda que lo rodea dice que sus cuadros atraen desgracias a quienes los poseen. No obstante, han sido obras de mucha difusión, siendo muy solicitadas sus reproducciones en países como España o Inglaterra.
Al parecer, Bruno Amadio fue movilizado como soldado en el Ejército italiano durante la Segunda Guerra Mundial. Fue durante ésta experiencia cuando vio el sufrimiento de los niños de diversas aldeas y ciudades a causa del conflicto. Ésta angustiosa imagen hendiría la sensibilidad del artista y marcaría posteriormente de forma significativa su obra.
Terminada la guerra, se marchó a España1 y se instaló en la ciudad de Sevilla. Posteriormente al parecer residió en Madrid. Ahí mismo es dónde comenzaría a utilizar el seudónimo "Giovanni Bragolin" para firmar sus cuadros, los conocidos retratos de Los Niños Llorones, que muestran imágenes de niños y niñas en primer plano en cara y busto, los cuáles muestran un gesto triste con grandes y visibles lágrimas escurriéndoles por la cara. Éstos cuadros fueron posteriormente reproducidos en láminas de papel y tablé, teniendo una amplia comercialización en numerosos países del mundo, sobre todo durante la década de 1970 y 1980.
Se dice que frustrado por su nula fama como artista, Amadio hizo un pacto con el Diablo para que sus pinturas tuvieran éxito en la sociedad. A partir de entonces realizó cuadros en los que aparecen niños llorando. Uno de ellos fue un retrato de un niño que vivía en un orfanato que, una vez finalizado el cuadro, se incendió y acabó con la vida del niño. Su alma, entonces, se dice que habita en el cuadro.
Al igual que otros cuadros, como El Grito de Edvard Munch, las obras de este pintor han trascendido el posible hecho pictórico. La gran expresividad y el simbolismo que reflejan, emanada de la sensibilidad del autor influida por los acontecimientos sociales del momento, han llevado a la creación de fábulas que nunca han sido corroboradas.





















































La leyenda que lo rodea dice que sus cuadros atraen desgracias a quienes los poseen. No obstante, han sido obras de mucha difusión, siendo muy solicitadas sus reproducciones en países como España o Inglaterra.
Al parecer, Bruno Amadio fue movilizado como soldado en el Ejército italiano durante la Segunda Guerra Mundial. Fue durante ésta experiencia cuando vio el sufrimiento de los niños de diversas aldeas y ciudades a causa del conflicto. Ésta angustiosa imagen hendiría la sensibilidad del artista y marcaría posteriormente de forma significativa su obra.
Terminada la guerra, se marchó a España1 y se instaló en la ciudad de Sevilla. Posteriormente al parecer residió en Madrid. Ahí mismo es dónde comenzaría a utilizar el seudónimo "Giovanni Bragolin" para firmar sus cuadros, los conocidos retratos de Los Niños Llorones, que muestran imágenes de niños y niñas en primer plano en cara y busto, los cuáles muestran un gesto triste con grandes y visibles lágrimas escurriéndoles por la cara. Éstos cuadros fueron posteriormente reproducidos en láminas de papel y tablé, teniendo una amplia comercialización en numerosos países del mundo, sobre todo durante la década de 1970 y 1980.
Se dice que frustrado por su nula fama como artista, Amadio hizo un pacto con el Diablo para que sus pinturas tuvieran éxito en la sociedad. A partir de entonces realizó cuadros en los que aparecen niños llorando. Uno de ellos fue un retrato de un niño que vivía en un orfanato que, una vez finalizado el cuadro, se incendió y acabó con la vida del niño. Su alma, entonces, se dice que habita en el cuadro.
Al igual que otros cuadros, como El Grito de Edvard Munch, las obras de este pintor han trascendido el posible hecho pictórico. La gran expresividad y el simbolismo que reflejan, emanada de la sensibilidad del autor influida por los acontecimientos sociales del momento, han llevado a la creación de fábulas que nunca han sido corroboradas.




















































