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Dos textos narrativos de Gaby M. SABA

Arte8/19/2015



-I-
(«ERES MI AMO Y YO TU ESCLAVA»)

Te echas al suelo exhausto después de agotar tu sed, más yo aún quiero más, y me vuelvo una mariposa turquesa que se posa en cada poro de tu piel velluda deleitando mi lengua en ese cultivo de filamentos que cosquillean; y, cada vez que mis dedos se tropiezan con uno de tus lunares, me torno una abejas color oro que hace con ellos un panal de chocolate. Toda yo me transformo en una gata dócil, te beso continuamente hasta matar el alma, tomo tus pies y los perfumo con mi saliva. Mis manos te recorren y llego a tu entrepierna, aferro con sutil delicadeza tus testículos para empollarlos en mi boca, juego con ellos; simultáneamente, mis nudillos bordean tu enorme pene de prepucio abultado y provocativo: lo chupo, una y otra vez. Mi vagina es un río inundado y, a la vez, mi lengua sigue por tu ombligo, llego a tus tetillas, las beso y succiono. Reaccionas con especial sensibilidad, me monto sobre ti explayando mis piernas entre tu pelvis ocupando tu pene en mi interior haciéndote mío, te cabalgo y me acurruco en tu pecho, acobijada en tus brazos, y me quedo dormida con el tic tac de la música, del reloj de tu corazón, donde se abre un portal y me vuelvo luz en paz. Mientras te afirmo con intenso placer: ¡Eres mi amo y yo tu esclava! ¡Y soy tu dueña!

-II-
(«ME LLEVARÁS ALCANZAR EL PLACER»)

Tras cerrar la puerta del cuarto de baño, lleno la tina con agua caliente y la alterno con agua helada, para atemperarla, y con la fuerza de la presión del grifo se van formando las montañas de espumas, que parecen copos de nieves con sabor a vainilla, me quito la bata de seda lila con estampados de mariposas; tomo el aceite de almendras y avellanas, disfruto de su aroma lleno la palma de mis manos con ellas y voy frotando todo mi cuerpo, quedo translúcida, embalsamada cual estatua de cera y parezco un sol resplandeciente que rebota en el espejo de cuerpo completo, saco el yesquero del bolsillo de la bata que quedo en el suelo y prendo las velas que impregnan el ambiente a canela, manzana y mandarina. Con la luz tenue y acompañada de la música de Elton John, «Goodbye Yellow Brick Road», mi cuerpo erizado de verte en la penumbra desnudo y con la luz enfocada tocándote el falo, me introduzco lentamente a la tina, reteniendo las ganas de orinar desde hace horas, siento placer al contraer mis músculos, tomo agua mezclada con dos dedos de ron y un toque de jugo de naranja con bastante hielo triturado, me entran más ganas de orinar, y sigo conteniendo una represa en mi vejiga, cuya muralla reventara en un máximo placer para ti mi amo y para mí, me dominas al límite de lo inexplorado; reventaremos al espejo en su ardor, tumbaremos mitos y leyendas. Yo, tu sumisa esclava, te expreso mi intimidad de diversas formas; desvaneciendo toda distancia. Eres mi «Marqués de Sade», me llevaras alcanzar el placer supremo; con los ojos vidriosos y con mi cuerpo poseído por tu mandato, te afirmo: -eres dueño de mi imaginación-, me llevas a límites insospechados. Me relajo en el agua, mis oídos extasiados y tus ojos en lo lúgubre enfocándome en tu miembro, sumerjo mi cuerpo en el agua que está más caliente que tibia y con mi mano derecha sebosa, juego con mi clítoris frotándolo y estirándolo, se abulta, se hincha, apoyo mis pies con el borde de la bañera hago palanca y levanto mi coxis dejando sobresalir mi sexo en la superficie del agua voy introduciendo dedo a dedos, hasta logra jugar en forma circular con cuatro dedos en mi orificio vaginal, me siento dilatada, tomo el rotulador corrugado mojados de embadurnes, lo introduzco suave y lentamente lo giro, saca y meto sutilmente, hasta lograr introducir mi pequeño puño completo en mi vagina, giro con mi muñeca, me siento completamente llena y abarcada en mi totalidad, mis paredes vaginales se presionan, me lleno de ti, en mi interior vibra hasta mi última célula, gimo entre dolor y placer con ganas de no querer parar, introduzco la pajilla por el borde de mi orificio urinario revienta la represa, siento un alivio orgásmico y se esparcen sobre mi vientre, abdomen, tetas y rostro una lluvia dorada, que me baña, mientras destapo el desagüe de la bañera que se vacía, te miro entre el sonido del agua que te corre en la ducha y a la vez me bañas en tu torrencial orina; mis pies se empujan con mayor ahínco al borde de la tina y con la última estrofa de la canción, se confunden mis gritos implorando: ¡Amo, quiero tu presencia sin misterios…! Ya anestesiada de tanto placer masoquista y delicioso, salgo de la tina y te acompaño a la duchas, nos bañamos en lavanda, me giro, penetras tus dedos en continuo movimiento circular y con sutil delicadeza en mi ano, , me tomas por el cabello me viras frente a ti y siento tu lengua recorrerme el cuello, oídos, morderme los pezones me levantas amarrando mis piernas a tus caderas e introduces mi ano dilatado ya de placer al rotulador que fijaste a la pared, el agua tibia nos recorre, tu prepucio juega con mis labios vaginales haces penetrarme y lo interrumpes, dejándome cada vez con mayor desespero, me acompañas a la cama, pues nuestros gemidos, gritos y balbuceo se apoderaron del mundo sin decibeles, nos acompañamos burlando la física y volviéndonos luz, nos metemos a la cama y nos revolcamos como leones juguetones, dando vueltas uno arriba del otro, pero tú siempre me dominas, e introduzco el meloncillo que tengo sobre la mesita de noche, cerca de nuestro libro favorito «Las Flores del Mal»; tomo el meloncillo y una y otra vez me penetro mantengo continuo e intensos orgasmos y el ultimo lo acompaño con el plumón, que está envuelto en un pañuelo amarillo, lo introduzco en mi culo dilatado, siento una ebullición de placer, soy un volcán cuya lava se esparce por toda la sabana, y al despertar con el sonar de la alarma del reloj para ir al trabajo, me tienes una taza de café negro, bien fuerte, más nunca igualara la fuerza de esa noche y nos saludamos diciéndonos: «Toda la noche te sentí como nunca, dormimos desnudos y nos arropábamos con nuestra piel, fue un sueño tan real que hasta te escuche decirme hija de la luna, dejaste una estela de puntos dorados por todo yo, cuando estuve dentro de ti, palpé esa energía, y no he parado de centellear. Y yo hijo del sol, también sentí, una corriente que me erizo y me llevo a la cima donde contemple mi propia alma resplandeciente en un cielo blanco azulado. Bajo una lluvia dorada que nos empapaba»
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