Recen por Alemania “Que el cielo exista, aunque nuestro lugar sea el infierno” Jorge Luis Borges en El Aleph, Argentina, 1949. Mi nombre es Otto zur Brahms. Pertenezco a una familia de héroes germánicos que hicieron historia sobre la faz de la tierra. Mi abuelo, Johannes zur Brahms, fue Capitán del ejército alemán que murió en el año 1919 al recibir un balazo en la cabeza minutos antes del tratado de Versalles. Mi padre, en cambio, sólo fue un sargento banal durante la Primera Guerra Mundial 1. En cuanto a mí, seré ahorcado por torturador y asesino. Por eso yo ya estoy cerca de mis familiares difuntos. Porque en unas pocas horas estaré con ellos. No pretendo ser perdonado, porque no encuentro ninguna culpa en mí, quiero ser comprendido. Y aquéllos que sepan comprenderme, entenderán la verdadera historia de Alemania. Los años de mi pubertad fueron horripilantes y tediosos. Lo único que rescato de esos años fueron dos elementos vitales para la salvedad de mí ser: la literatura y la filosofía. En estos momentos solo tengo en mente a los dos escritores más estrafalarios para mí: Nietzche y Schopenhauer. Sin embargo, durante mi adolescencia las cosas fueron mejorando. Porque descubrí lo que quería hacer con mi vida. Quería ser partícipe del régimen nazi. Destacando que en ese sitio le encontré el significado a mí vida. Aunque no todo fue del color de rosa. Una noche, durante un tiroteo en Tilsit, fui herido gravemente en mi pierna derecha con dos balazos 2. Al estar completamente herido, estuve internado durante dos meses en un hospital Bohemio. Refugiado en las lecturas de Schopenhauer. Una tarde en ese lugar vi el destino que acarreaba mi vida al percatarme de que un gato –en las mismas condiciones que yo- enorme y fofo estaba mirándome. Al fin, durante mis lecturas diarias, encontré un modelo que cambiaría para siempre la concepción que tenía sobre el mundo. Resulta que una situación que le sucede a un hombre, ha sido prefijada por él. Es decir, todo encuentro inesperado es una cita; toda muerte es un suicidio. Saber eso fue un cambio para mí. Porque esa ideología me hizo dar cuenta de por qué estaba en ese hospital tan malherido. Cuando fui dado de alta, el Jefe germánico me designó subdirector del campo de concentración de Tarnoitz en el año 1927. En ese sitio descubrí lo débil que era. Al darme cuenta de que era un ser piadoso y sensible. Pero un día pude demostrar lo contrario. Ese giro en mi vida comenzó cuando llegó a nuestro campo el famoso poeta Ezequiel Jerusalén 3. Un askenazí sefardí. Ese poeta era un hombre de cincuenta años, de pelo canoso y carecía de bienes materiales de este mundo. Estuve a punto de apiadarme de él. Pero recordé que tener piedad por el hombre superior es el último pecado de Zaratustra. Así que con Ezequiel realicé la práctica rutinaria de nuestra casa y4… En ese momento eliminé toda la piedad que había en mí. Yo no veía a un hombre, ni a un judío, ni a nadie. Aunque debo confesar que yo agonicé con él, una parte de mí se fue con él. Pero a partir de ahí, comprendí nuestro propósito. Entendí que el hombre viejo, que ya está viciado, debe reemplazarse por el hombre nuevo. Además nuestro magnífico plan reside en acabar con esa enfermedad del judaísmo, que es la fe del cristianismo. En el año 1944 mi hermano Abraham zur Brahms fue asesinado por ellos. Dos meses después ellos bombardearon nuestra casa natal y poco a poco iba decayendo el Tercer Reich. Pero ante todo ese caos, residía en mí una inoportuna felicidad. Pensé: Estábamos perdiendo pero me alegraba ser miembro de un clan idóneo. Pensé: Estábamos perdiendo pero me alegraba saber que nuestra ideología sería eterna. Pensé: Estábamos perdiendo pero me alegraba seguir en pie. Cuando terminé de reflexionar, elegí la opción más óptima de acuerdo a nuestra situación. Porque si era necesario la destrucción de Alemania, nuestro mundo perfecto, para cumplir con nuestro fin deberíamos aceptarlo. En estos momentos, minutos antes de ser ejecutado, miraba mí rostro en un espejo para decirme a mí mismo el último adiós. Porque aunque la carne de mi cuerpo temblaba de miedo, yo no. 1 Cabe destacar al hombre más ilustre de la familiar Brahms: El señor Friedrich zur Brahms. Este sujeto aplicó la dialéctica de Hegel a la cristología. (Nota del editor). 2 Se deduce que las consecuencias de esos disparos fueron muy graves. (Nota del editor). 3 En los registros de la literatura alemana no apareció ningún dato sobre Ezequiel Jerusalén. Sin embargo, esto no implica que el poeta no haya existido. De hecho, es posible que “Ezequiel Jerusalén” sea un conjunto de intelectuales judíos torturados y asesinados en el campo de concentración de Tarnoitz bajo las órdenes de zur Brahms. (Nota del editor). 4 Decidí no describir el horror por razones obvias. (Nota del editor).
Escribí un cuento y te lo muestro.
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