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Historia de Simonne (infancia)

Arte•8/24/2011
Antes de comenzar a leer, les aviso que ésta es la continuación del Diario Perdido y que está indirectamente vinculada con la historia de Octavio.Historia de Simonne: InfanciaSimonne había sido una niña criada con mucho cariño en el seno de una familia normal. Tenía tres hermanos, cuatro abuelos, dos perros y todos los juguetes que la familia se podía permitir. Sólo una cosa le faltaba a ella: salud. Simonne sufría de asma, lo que le impedía salir a corretear con sus amigas porque los ataques de asma solían ser siempre un verdadero drama.Así veía ella jugar a los niños al fútbol, a las niñas a la mancha, a sus hermanos a las escondidas… sentada en una sillita junto a unos libros o un puestito de limonadas. No era que no tuviese amigos sino que pasaba mucho tiempo sola. Como todos sus juegos debían ser pasivos, en algún momento, sus amigos la dejaban para ir a corretear por allí en busca de aventura.En el colegio, era la que mejor se comportaba porque era la que nunca salía corriendo al recreo sino que debía ser más tranquila. Por el contrario, las clases de gimnasia eran su perdición porque el maestro siempre la hacía agitar hasta puntos críticos.Por supuesto, Simonne seguía siendo una niña y, como toda niña, era desobediente cuando quería. Algunas veces, corría sin importarle el peligro de quedarse sin respiración pensando siempre “esta vez no me va a pasar”. Y, por suerte para ella, no siempre le daban ataques porque solía descansar ni bien comenzaba a agitarse.Su mejor amiga era Abigail, una vecinita que casi siempre se quedaba con ella cuando todos los demás se iban, aunque solía ir a danza o a piano por lo que no podía salir a jugar todos los días. Abigail era bastante fiel con respecto a su amistad. Aunque no iba al mismo colegio de Simonne y tenía otras amigas, jamás cambiaba a una por otra ni aunque fuera más interesante.En fin, Simonne lo tenia todo en la vida menos emociones. Al igual que Octavio, le gustaba explorar, inventar juegos, leer libros, hacer dibujos y escribir algunos cuentos. Sin embargo, algo le decía que tenía algo más que esperar… y eso que tenía tan sólo siete años.Una tarde en que no tenía con quién jugar, tomó su pelota y empezó a simular un baile en medio de la calle. Sus pasos parecían llevarla lejos de su casa a un lugar especial sin que ella pareciera darse cuenta. ¿Adónde iba? Bah, ya regresaría. No importaba qué tan largo se fuera…Y la pelota se le escapó de las manos, rebotó en la calle, rodó hacia un descampado y después desapareció de su vista. Simonne, preocupada porque la pelota era de Abigail, salió a buscarla. Cruzó la calle casi sin mirar si pasaban autos, recorrió todo el descampado sin tener resultado, caminó veredas sin poder creer que el juguete pudiese irse tan lejos.Estaba desesperada. Abigail no le iba a negar su amistad por perderle la pelota, pero se pondría muy triste porque era su favorita y Simonne no quería fallarle. Deshizo el camino hecho por si acaso la oscuridad le impidiera ver algún rincón importante. Volvió hacia el lugar donde la había visto caer, a donde la había visto por última vez…Mientras tanto, anochecía. Ya era hora de regresar, pero si lo hacía, podía dar por perdida la pelota para siempre. Tal vez, alguien se la había llevado… con algo de suerte, Abigail había llegado de sus clases de danza y la había recogido al verla abandonada… o la había recogido su madre… o alguna amiga de Abi. Aunque… ¿no le habrían avisado a Simonne que no era necesario buscarla? Después de todo, ella se había recorrido las mismas manzanas como diez veces. Alguien la tendría que haber visto en medio de su búsqueda. Enemigos no tenía, aunque había algunos ladrones desgraciados capaces de robarse las pelotas abandonadas en vez de dejarlas en espera de su dueño. ¡Oh, por Dios! ¿Y si la habían robado? Eso sucedía con los juguetes que nadie recogía hasta el día siguiente…Angustiada, a punto de echarse a llorar, por fin la vio. Ya eran las diez de la noche, pero allí estaba frente a la puerta de una casa.Dos días después, Simonne se apareció por su casa como si nunca se hubiera ido. La había buscado la policía, la había buscado casi todo el barrio, la habían llorado, se habían hecho denuncias de su pérdida, se había sospechado un secuestro… hasta se habían allanado casas sin resultado.Simonne estaba en casa de vuelta. No parecía sentirse culpable de su desaparición y había sido entonces cuando empezó a exigir que la llamaran Simonne. Antes, se había llamado María Columbina (todos le decían María)… pero ahora ya no quería responder a este nombre. Cuando le decían María, ni siquiera se sentía aludida. No se daba vuelta ni por equivocación. Esto era mucho más que un capricho. Algo le había sucedido durante su desaparición.
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