A pedido de un compañero taringuero, traigo estos significados de sus pinturas. Diego y Frida 1929 – 1944 Frida pintó este doble retrato en 1944, como un regalo para Diego en su quinceavo aniversario de bodas. Las fechas marcan los años de matrimonio, salvo el periodo de 1939 a 1940 en que estuvieron separados. Las ramas de las hojas unen las caras de los esposos que se muestran como lados distintos de un mismo rostro. La relación de los esposos es reiterada con la luna y el sol, y la concha y vieira. Autorretrato con collar de espinas 1940. En esta pintura, Frida se coloca al centro del cuadro para realzar su presencia. Destaca el hecho de que ha estirado la corona de espinas de Cristo y la usa como collar, junto con un colibrí muerto que simula la ceja de Frida. Sobre su hombro izquierdo hay un gato negro que parece acechar el cadáver del colibrí; en el hombro derecho hay un mono, regalo de Diego. Frida pintó un autorretrato para regalárselo a su amante, el fotógrafo Nickolas Muray. Sin embargo, después de divorciarse de Rivera, tuvo que vender la pintura para contratar a un abogado. Para reemplazarlo, Frida pintó este autorretrato. Sin esperanza “A mí no me queda ya ni la menor esperanza… Todo se mueve al compás de lo que encierra la panza”. Esta frase está escrita detrás de la pintura que data de 1945, cuando Frida tuvo que permanecer en reposo completo y mantuvo una dieta de purés cada dos horas para hacerla engordar, pues la falta de apetito, consecuencia de operaciones y enfermedades la había dejado sumamente delgada. Frida retrató en este óleo una estructura de madera que sostiene un embudo que la alimenta continuamente, destaca la calavera de azúcar en lo alto del embudo y la manta que cubre su cuerpo decorada con vida microscópica. Dos desnudos en un bosque Esta pintura de 1939, fue un regalo para su amiga íntima Dolores del Río, y existen múltiples teorías respecto a su significado. Por un lado, hay quien sostiene que tiene motivos que exhiben su bisexualidad, puesto que la pintura muestra a dos mujeres desnudas siendo observadas por un mono; símbolo del pecado y la sexualidad animal. Por otro lado, se argumenta que en realidad exhibe la dualidad racial de Frida, la europea y la India Mexicana; “la mujer que da consuelo y la que tiene necesidad de ser consolada”. Autorretrato en la frontera entre México y los Estados Unidos Frida acompañó a Diego en su aventura artística por Estados Unidos durante la década de los 30. Nostálgica por su país, Frida pintó este cuadro en 1932, en el que muestra sus sentimientos encontrados hacia Estados Unidos, y se mantiene el centro de la imagen como si fuera una estatua en un pedestal entre mundos diferentes. Sostiene una bandera mexicana a su lado derecho, en el que hay múltiples alegorías a México: colores naturales, plantas, pirámides y piezas prehispánicas. A su lado izquierdo, símbolos de Estados Unidos: colores grises, la bandera estadounidense, una gran fábrica y los rascacielos. En el pedestal se lee “Carmen Rivera pintó su retrato el año de 1932”; Carmen era el nombre de bautismo de Frida. La columna rota A diferencia de la gran mayoría de autorretratos de Frida, este, pintado en 1944, la exhibe sin ningún adorno: gatos, monos, pericos, hojas o plantas. Frida aparece en solitario, frente a una larga pradera irregular, llorando bajo un cielo tormentoso. Para este año, Frida debía llevar un corsé de acero para sujetar su columna vertebral. Una columna jónica dañada sirve como vértebra principal de Frida, y múltiples clavos yacen en el cuerpo, el más grande en su corazón, dañado por Diego. Moisés (El núcleo de la creación) Esta obra, pintada en 1945, fue hecha a encargo de Don José Domingo Lavin, quien le pidió a la artista que leyera el libro Moisés, el hombre y la religión monoteísta de Sigmund Freud para después pintar su interpretación. En ella aparece la figura central de un bebé que se parece a Diego Rivera y cuyo nacimiento está representado debajo de un sol, proveedor de vida y escoltado por dioses y héroes de la humanidad, todos abrazados por las manos de la muerte que todo lo abrazan. Viva la vida, sandías Ocho días antes de su muerte en 1954, Frida tomó el pincel, lo sumergió en la pintura roja y escribió “Viva la Vida – Coyoacán 1954 – México”. Basándose en las pinturas de sus últimos años, con una salud desmejorada por su condición y las constantes inyecciones de Demerol y Morfina, Frida pudo haber pintado este cuadro en 1952. Sin embargo, cuando se convenció de que sus días estaban contados, decidió escribir sobre la pintura, a modo de despedida. Cuatro habitantes de la Ciudad de México 1938. Este cuadro, que muestra a una pequeña niña vestida de tehuana, un Judas, un ídolo femenino precolombino, un esqueleto de arcilla y un hombre de paja a lomos de un borro, es el único en la colección de Frida que tiene sombras. Elemento que permite que las figuras se relacionen entre sí, en una plaza que se halla cerca de la Casa Azul. El título corresponde a la creencia personal de Frida de que “demasiada revolución ha dejado a México vacío”. Las dos Fridas En 1947, este cuadro se convirtió en el más caro vendido por la artista durante su vida; fue comprado por el INBA en 4 mil pesos. En este particular autorretrato, la artista mexicana presenta sus dos personalidades: a la derecha, la Frida respetada y amada por Diego vestida como tehuana, mientras que a la izquierda, una Frida europea con vestido victoriano de boda, a quien Diego abandonó. Los corazones de las dos mujeres están a la vista, aunque el de la Frida europea está vacío y conectado a un retrato de Diego a un extremo en el regazo de la Frida mexicana. En el otro extremo, la vena está cortada por una tijera. Frida admitió en vida que este cuadro refleja las emociones que rodearon el divorcio de Diego. Autorretrato con pelo corto “Mira que si te quise, fue por el pelo. Ahora que estás pelona, ya no te quiero” se lee en la parte superior del cuadro, estrofa que pertenece a una popular canción mexicana. En este cuadro, que data de 1940, posterior al divorcio de la pareja de artistas, Frida abandonó su imagen femenina: se cortó el pelo, colgó los vestidos y utilizó ropas masculinas, dejándose únicamente los pendientes como atributo femenino. Prueba de ello, es esta pintura en la que Frida aparece rodeada de mechones de pelo, sentada en una silla y con un traje que le queda grande, posiblemente de Diego. Unos cuantos piquetitos (Apasionadamente enamorado) En 1935, los periódicos mexicanos dieron a conocer la noticia de una mujer asesinada por celos, y en la que el asesino se defendió ante el juez diciendo “pero sólo fueron unos cuantos piquetitos”. La nota sirvió como inspiración para Frida para plasmar en el cuerpo de otra mujer su propio sufrimiento. Con el corazón roto por la infidelidad de Diego con su hermana menor, Cristina, la artista mexicana plasmó sus sentimientos en esta pintura. Autorretrato dedicado a León Trotsky (Entre las cortinas) “Para Leon Trotsky, con todo mi amor, le dedico este cuadro el 7 de noviembre de 1937. Frida Kahlo en San Ángel, México” se lee en la pequeña nota que carga Frida consigo. El retrato, pintado con cálidos y suaves colores, “muestra a una Frida bella, seductora y llena de confianza”. Este cuadro adornó el estudio de Trotsky en la Casa Azul, hasta que éste se mudó a su propia casa y dejó el cuadro a petición de su esposa.
Frida Kahlo: la verdad detrás de esas extrañas pinturas
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