Ya hacía un par de semanas se venía acostando temprano, apenas se ocultaba el sol. Conseguía conciliar el sueño rápidamente y dormía profundamente. A la mañana, apenas escuchaba el despertador, y combatía contra su sueño durante eternidades hasta que lograba apagarlo. Conseguir levantarse de la cama era una odisea digna de leyendas. Sus fuerzas la abandonaban y se movía cansadamente. Con el correr de los días, los síntomas se fueron acrecentando. Había dejado de ir al trabajo, pasaba hasta 18 horas en la cama y casi ni comía. Y parecía que ya ni le hacía falta, ya que prácticamente no sentía apetito. Sus amigas se preocuparon tanto, que la visitaron con un doctor. Este le hizo numerosos estudios y no encontró ninguna afección. Este le recomendó la visita de un psiquiatra, porque pensaba que se estaba deprimiendo. Pero el psiquiatra tampoco encontró anomalías en los test que le hizo realizar.
El color de su piel comenzó a aclararse, todos los días estaba más y más blanca, volviéndose casi del color del papel. La falta de sol le hizo aparecer ojeras negras y oscuras. Ahora ya casi ni se levantaba de la cama, ni siquiera para ir al baño. Sus necesidades fisiológicas se desvanecieron por completo. Ya no tenía sed ni hambre. Sólo ganas de dormir.
Se levantó por última vez, se sentó en su escritorio, abrió su notebook y les envió un correo a su madre y a sus amigas, que se iría de viaje, que no la buscaran y que no se preocuparan por su gato que lo había dejado en casa de una vecina. Cerró su laptop, fue hasta la cama y se durmió.
Un mes después, ni su madre ni sus amigas habían tenido noticias de ella, dos días más tarde intentaron irrumpir en su departamento. Probaron abrir su puerta con la copia de su llave pero fue inútil. Estaba cerrada por el lado de adentro. Un vecino fornido pateó la misma hasta derribarla. Gritaron su nombre, corrieron hasta su habitación y encontraron yaciendo en la cama tendida sólo su camisón. Estaban todos sus efectos personales, sus ropas, sus pinturas. Solo ella faltaba. Denunciaron su desaparición a la policía y avisaron a todos los parientes, amigos y conocidos. Pero jamás nadie supo mas nada de ella.
Quince años después hoy habita el departamento una estudiante de arquitectura, que no sabe la historia del inmueble, pero todos los días siente un poco más agotada y con mucho mas sueño.
El color de su piel comenzó a aclararse, todos los días estaba más y más blanca, volviéndose casi del color del papel. La falta de sol le hizo aparecer ojeras negras y oscuras. Ahora ya casi ni se levantaba de la cama, ni siquiera para ir al baño. Sus necesidades fisiológicas se desvanecieron por completo. Ya no tenía sed ni hambre. Sólo ganas de dormir.
Se levantó por última vez, se sentó en su escritorio, abrió su notebook y les envió un correo a su madre y a sus amigas, que se iría de viaje, que no la buscaran y que no se preocuparan por su gato que lo había dejado en casa de una vecina. Cerró su laptop, fue hasta la cama y se durmió.
Un mes después, ni su madre ni sus amigas habían tenido noticias de ella, dos días más tarde intentaron irrumpir en su departamento. Probaron abrir su puerta con la copia de su llave pero fue inútil. Estaba cerrada por el lado de adentro. Un vecino fornido pateó la misma hasta derribarla. Gritaron su nombre, corrieron hasta su habitación y encontraron yaciendo en la cama tendida sólo su camisón. Estaban todos sus efectos personales, sus ropas, sus pinturas. Solo ella faltaba. Denunciaron su desaparición a la policía y avisaron a todos los parientes, amigos y conocidos. Pero jamás nadie supo mas nada de ella.
Quince años después hoy habita el departamento una estudiante de arquitectura, que no sabe la historia del inmueble, pero todos los días siente un poco más agotada y con mucho mas sueño.