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BUTOH: la estética del horror

Arte8/7/2012
BUTOH: LA ESTÉTICA DEL HORROR



En el Japón de la posguerra, Tatsumi Hijikata y Kazuo Ohno dieron vida a una nueva forma de entender la danza, el Ankoku Butoh. Una apuesta radical que agitó los fundamentos del ser humano y sus convenciones, y que sigue despertando profundos interrogantes.

BUTOH: la estética del horror

Hijikata tatsumi



Kazuo Ohno







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Menos de cinco minutos necesitó Tatsumi Hijikata para escandalizar a un teatro entero. Era 1959, y el coreógrafo y bailarín, junto con el maestro Kazuo Ohno, estrenaba Kinjiki (Colores prohibidos) en el Festival de Danza de Tokio, una pieza inspirada en la novela de Yukio Mishima del mismo título. La obra, de apenas unos minutos y de temática homosexual, fue calificada de grotesca, ofensiva y carente de cualquier aportación artística.

Hijikata (1928-1986) fue expulsado de la Asociación de Coreógrafos Japoneses, y él y Ohno (1906) se convirtieron en artistas prohibidos. Viajaron a Europa, donde las vanguardias se interesaron por esta nueva forma de entender la danza que surgía en el Japón de la posguerra, tras las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki. Artistas y compañías europeas como Pina Bausch, Carolyn Carlson o La Fura dels Baus se vieron influenciados por el Butoh.


La Danza de la Oscuridad, como la bautizó Hijikata, nació de la repulsión hacia el ser humano, de una necesidad de renacimiento después de la barbarie; bebió de los rostros de muerte que provocaron aquellas bombas y que sacudieron al mundo. Pero también fue una reacción artística radical contra el proceso de occidentalización que Japón estaba sufriendo: tanto por las normas represivas de un emperador que deseaba ocultar lo indeseable —también manifestaciones culturales milenarias— como por la ocupación americana, de 1945 a 1952.



cuerpo



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La verdad del cuerpo

Influido por las artes escénicas tradicionales japonesas, el Kabuki y el Teatro Noh, la improvisación, la danza moderna y, sobre todo, la danza expresionista alemana (en la que tanto Hijikata como Ohno habían sido formados), el Butoh es la búsqueda de la libertad a través de la verdad del cuerpo, la danza como una concepción crítica del ser humano, la representación de éste en su estado más primario



teatro kabuki



teatro noh



danza expresionista alemana

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Si se entiende, no es Butoh

El Butoh no se puede comprender, hay que sentirlo: «Hay que despojarse de todos los movimientos habituales; sin ellos uno no sabe cómo moverse, por eso tiene que aguantar y penetrar en el mundo incomprensible. Si uno entiende algo, entonces no es Butoh». Estas palabras del maestro Kazuo Ohno ayudan a entrever qué tiene de especial esta forma de bailar.
sus gestos son tan histéricos que hubieran atravesado el mar hasta llegar a Ulises impulsándose sobre las olas con los dedos de los pies. El espectador ve un mundo no materializado, latente, cuerpos que eschuchan más que hablan. Ante una aparente calma, vacío técnico y multitud de movimientos extraños, uno conecta con algo interior, como si todo ese lenguaje insólito fuera lo más humano, nuestro núcleo real la transgresión es el distanciamiento, ver el movimiento del cuerpo como algo aparte de uno mismo, a través de un trabajo espiritual. El cuerpo es la expresión en sí mismo, no el vehículo de la expresión El Butoh trabaja con las miserias, los demonios, con la luz. Está en todos, pero hay que tener disponibilidad, es un baile del alma.








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Un estado de pureza

Tanto Ohno, que cayó prisionero durante cuatro años en la guerra de Corea, como Hijikata se sirvieron en gran medida del dolor, desde puntos distintos, para llegar a la liberación. Sua cuenta que la primera experiencia Butoh de Hijikata sucedió durante su infancia. Su padre estaba pegando a su madre y él estaba escondido bajo una mesa. Cuando todo terminó, él debía ir en su auxilio. Los segundos que pasaron hasta que reaccionó fueron, según el bailarín, su primera experiencia con la Danza de la Oscuridad. Muy influenciado por el Teatro de la Crueldad de Antonin Artaud, los escritos de Jean Genet sobre el sadismo, Lorca, el Marqués de Sade y las pinturas de Francis Bacon, para Hijikata lo importante era sacar todo lo reprimido para comprender en esencia quién eres: «No es posible si no te acercas a tus sombras. El Butoh permite sacar toda esa información para luego transformarla en un acto creador, en algo bello. A los occidentales nos cuesta entender que para los japoneses lo bello es un estado de pureza más allá del gusto, del juicio».



Teatro de la Crueldad de Antonin Artaud




Jean Genet




autorretrato francis bacon

En contra de lo que muchos pueden pensar, el Butoh es capaz de conectar con personas que incluso nunca han visto una representación de danza. Sua lo sabe bien; para ella fue clave actuar para presos de Quatre Camins, por primera vez después de mucho tiempo, hace seis años: «Uno de ellos llevaba ocho años sin hablar. Me preguntó si creía que una persona que ha hecho algo muy malo puede volver a ser buena. Le dije que las personas no son buenas o malas, sino que sufren más o menos. Pero que todos los días vuelve a salir el sol. El Butoh consiste en eso, en renacer cada vez que uno baila. Se nos ha hecho creer que el sentido de la vida está fuera de nosotros».







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La energía primaria

En el Butoh es fundamental recuperar la energía primaria con la que nacemos, que con los años vamos perdiendo: «¿Por qué no podemos parar de mirar a los niños pequeños? Porque su mente y su cuerpo están profundamente conectados para hacer de lo más insignificante que puedas imaginar algo enorme. Todo en él está pendiente de eso, la forma en que se mueve es muy distinta. Pasa lo mismo con los animales». Esa energía se utiliza para crear un espacio físico-mental donde el bailarín no ordena sus movimientos, en un intento de eliminar la dicotomía entre el ser y su mundo.

Una de las técnicas más sorprendentes es la metamorfosis, tal y como manifestó Ohno en una de sus frases más célebres: «Si quieren comprender su propio cuerpo, deben aprender a caminar bajo el mar, en el lecho marino. Conviértanse en polvo de polilla. Todas las huellas del universo se encuentran en las alas de una polilla». Con mucho entrenamiento, los bailarines logran convertirse en lo que desean: «Un trozo de madera, un viejo. Para conseguirlo debes escuchar tu cuerpo. Te indica a través del dolor, el dolor como sonido. Pero es un chispazo mental tan rápido que si lo piensas demasiado desaparece. Cuando bailas estás existiendo, no piensas».














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