Aníbal Cedrón nació en Puerto San Julián (Provincia de Santa Cruz), el 23 de enero de 1948.
Egresó en el Colegio Nacional de Buenos Aires (1966), estudió en la Facultad de Arquitectura y en la Facultad de Filosofía y Letras – Historia del Arte -, pertenecientes a la Universidad de Buenos Aires (1967-1973). Carreras que no pudo completar por las reiteradas expulsiones, aplicadas durante las dictaduras, en su carácter de dirigente estudiantil. Fue Secretario General de la FUBA (1970-72).


Como artista plástico se formó en Estímulo de Bellas Artes (1967-1973), y concurrió al taller de Raúl Lara entre 1967 y 68. Desde 1972 a la fecha, viene realizando exposiciones en el país. A parte tiene murales y obras expuestas permanentes en: Facultad de Ingeniería (Universidad de Buenos Aires ), Comisión Nacional de Energía Atómica, Auditorio del Banco Ciudad de Buenos Aires y en el Centro Cultural de la Cooperación, donde su tela mural integra el grupo de obras -cuya ejecución coordinó-, junto a las que realizaron Carlos Alonso, Rodolfo Campodónico, Carlos Gorriarena, y Luis Felipe Noé, declaradas Patrimonio Cultural por la Subsecretaría de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires . Asimismo tiene obra suya el Museo Nacional de Bellas Artes.




Es un hombre artista que pudo resistir a pesar de los tiempos oscuros de la dictadura más cruenta. Cuando nos habla de su pasión para crear, nos lleva inevitablemente a ese lugar emparentado con sus sentimientos profundos, nos cuenta: “ese lugar está desde mi pecho, desde mi camisa, desde allí trazo el mapa y las coordenadas, lo que trato de rescatar es la emoción… “.Su obra encarna la vida transcurrida, sus amores y desesperanzas. Lo que es y lo que pudo ser quedó plasmado en su obra, una manera arltiana de observar e imaginar los seres y las cosas.




En su taller perviven, contornos de la memoria, líneas enredadas y figuras latentes, tensiones enmarcadas de aquellos sueños por siempre de militante. Esa función, que es la de conmover, le cabe plenamente a Cedrón. En ese entorno descubrimos al artista y fue su mirada que completó la ternura de su voz. Sus tiempos para decir, fueron tan profundos como sublimes. Sabíamos de su riqueza interior, porque un hombre que pinta vivencias no tiene nostalgias, ese hombre solo sabe guardar momentos entrañables.






































Egresó en el Colegio Nacional de Buenos Aires (1966), estudió en la Facultad de Arquitectura y en la Facultad de Filosofía y Letras – Historia del Arte -, pertenecientes a la Universidad de Buenos Aires (1967-1973). Carreras que no pudo completar por las reiteradas expulsiones, aplicadas durante las dictaduras, en su carácter de dirigente estudiantil. Fue Secretario General de la FUBA (1970-72).


Como artista plástico se formó en Estímulo de Bellas Artes (1967-1973), y concurrió al taller de Raúl Lara entre 1967 y 68. Desde 1972 a la fecha, viene realizando exposiciones en el país. A parte tiene murales y obras expuestas permanentes en: Facultad de Ingeniería (Universidad de Buenos Aires ), Comisión Nacional de Energía Atómica, Auditorio del Banco Ciudad de Buenos Aires y en el Centro Cultural de la Cooperación, donde su tela mural integra el grupo de obras -cuya ejecución coordinó-, junto a las que realizaron Carlos Alonso, Rodolfo Campodónico, Carlos Gorriarena, y Luis Felipe Noé, declaradas Patrimonio Cultural por la Subsecretaría de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires . Asimismo tiene obra suya el Museo Nacional de Bellas Artes.




Es un hombre artista que pudo resistir a pesar de los tiempos oscuros de la dictadura más cruenta. Cuando nos habla de su pasión para crear, nos lleva inevitablemente a ese lugar emparentado con sus sentimientos profundos, nos cuenta: “ese lugar está desde mi pecho, desde mi camisa, desde allí trazo el mapa y las coordenadas, lo que trato de rescatar es la emoción… “.Su obra encarna la vida transcurrida, sus amores y desesperanzas. Lo que es y lo que pudo ser quedó plasmado en su obra, una manera arltiana de observar e imaginar los seres y las cosas.




En su taller perviven, contornos de la memoria, líneas enredadas y figuras latentes, tensiones enmarcadas de aquellos sueños por siempre de militante. Esa función, que es la de conmover, le cabe plenamente a Cedrón. En ese entorno descubrimos al artista y fue su mirada que completó la ternura de su voz. Sus tiempos para decir, fueron tan profundos como sublimes. Sabíamos de su riqueza interior, porque un hombre que pinta vivencias no tiene nostalgias, ese hombre solo sabe guardar momentos entrañables.





































