El Hombre idealista.
Yo ya no tenía la necesidad de acordarme de todo eso. Pero constantemente quería relatar todo de nuevo. Contar sobre ese descubrimiento que hice salir a la luz gracias a la mediocridad policial. Admito que esto sucedió cuando era un detective privado aquí en Inglaterra. En este momento, estimado lector, le contaré mi historia:
Un día el Jefe de Calle de la Comisaría Central solicitó mis servicios para resolver un crimen. Es decir, ese policía le pidió al detective Raymond Madden si podía descubrir al asesino de un crimen ocurrido a las ocho horas y media del día dieciséis de abril del año 1716 en la calle 463. Oh sea, ese crimen había ocurrido esta mañana. Siendo las 12:30, acepté resolver ese caso ad-honorem. Luego me dirigí junto con el Jefe al lugar de los hechos. Al llegar a allí, noté que la calle estaba repleta de vulgares periodistas, vecinos curiosos y policías que conversaban sobre temas de fútbol. En ese lugar, observé a una mujer muerta tirada sobre el suelo, sin rasgos de haber sido ultrajada. Le pregunté al Jefe si sabía quién era la víctima a lo que me respondió que: <esa mujer era una prostituta que hacía diez años que trabajaba en esa esquina>.
Más adelante, observé detenidamente el cuerpo de la mujer y noté que había sido ahorcada. Probablemente la mujer había muerto por asfixia. Luego le pregunté a diversos policías si encontraron testigos del crimen. Pero ninguno me respondió y, encima el Jefe de Calle había desaparecido de repente. Mirando a mí alrededor, noté que el Jefe estaba emborrachándose con otros colegas en el bar de enfrente. Por esa razón, opté por resolver el problema solo. Buscando testigos rigurosamente. Aunque sólo había hallado tres: Lucrecia-una prostituta amiga de la víctima-, el carnicero de esa calle y, el lustrabotas de esa cuadra. Primero interrogué a Lucrecia, preguntándole qué fue lo que vio. Sin embargo, ella me dijo que no había visto nada. Pero me afirmó que desde hace dos años las prostitutas de esa manzana eran atacadas por Jack “El destripador”. Un famoso psicópata acosador y asesino de prostitutas que se había escapado del Sanatorio Mental T´sui Pen. Al oír esto, establecí que la hipótesis de la mujer tenía sentido. Debido a que la víctima no presentaba signos de violación y otros detalles. Además, era probable que el psicópata anduviera entre nosotros. A continuación, interrogué al carnicero. Este hombre afirmó que no había visto nada. Pero escuchó que la mujer gritaba: ¡Suéltame hijo de puta! ¡Locumbeta malparido! Decidí olvidar “algunas cosas” de ese interrogatorio. Debido a que algunas cuestiones resultaban irrelevantes para mi investigación.
Por último, interrogué al tercer testigo. El nuevo lustrabotas de esa cuadra. Él me contó que tampoco vio nada. Pero afirmó que esa mujer era una ladrona. Porque asaltaba a sus clientes luego de cumplir con su labor. Y que –posiblemente- fue asesinada por algún hombre que se resistió al asalto. Pero al verlo temblar incesantemente mientras hablaba, dudé de sus argumentos. Por eso mismo, le solicité a ese hombre que me mostrara las palmas de sus manos. Y ahí encontré lo que pensé que no iba a encontrar. Entonces instantáneamente mandé a detener al lustrabotas. Afirmando que ese hombre había asesinado a la mujer. La policía arrestó al individuo, pero sin saber por qué. Entonces, llamé con altavoz al Sanatorio Mental T´sui Pen delante de los policías y pregunté cómo Jack “El destripador” atacaba a sus víctimas. Por lo que un doctor afirmó que: <Jack solamente ataca con sus manos>.
Yo ya no tenía la necesidad de acordarme de todo eso. Pero constantemente quería relatar todo de nuevo. Contar sobre ese descubrimiento que hice salir a la luz gracias a la mediocridad policial. Admito que esto sucedió cuando era un detective privado aquí en Inglaterra. En este momento, estimado lector, le contaré mi historia:
Un día el Jefe de Calle de la Comisaría Central solicitó mis servicios para resolver un crimen. Es decir, ese policía le pidió al detective Raymond Madden si podía descubrir al asesino de un crimen ocurrido a las ocho horas y media del día dieciséis de abril del año 1716 en la calle 463. Oh sea, ese crimen había ocurrido esta mañana. Siendo las 12:30, acepté resolver ese caso ad-honorem. Luego me dirigí junto con el Jefe al lugar de los hechos. Al llegar a allí, noté que la calle estaba repleta de vulgares periodistas, vecinos curiosos y policías que conversaban sobre temas de fútbol. En ese lugar, observé a una mujer muerta tirada sobre el suelo, sin rasgos de haber sido ultrajada. Le pregunté al Jefe si sabía quién era la víctima a lo que me respondió que: <esa mujer era una prostituta que hacía diez años que trabajaba en esa esquina>.
Más adelante, observé detenidamente el cuerpo de la mujer y noté que había sido ahorcada. Probablemente la mujer había muerto por asfixia. Luego le pregunté a diversos policías si encontraron testigos del crimen. Pero ninguno me respondió y, encima el Jefe de Calle había desaparecido de repente. Mirando a mí alrededor, noté que el Jefe estaba emborrachándose con otros colegas en el bar de enfrente. Por esa razón, opté por resolver el problema solo. Buscando testigos rigurosamente. Aunque sólo había hallado tres: Lucrecia-una prostituta amiga de la víctima-, el carnicero de esa calle y, el lustrabotas de esa cuadra. Primero interrogué a Lucrecia, preguntándole qué fue lo que vio. Sin embargo, ella me dijo que no había visto nada. Pero me afirmó que desde hace dos años las prostitutas de esa manzana eran atacadas por Jack “El destripador”. Un famoso psicópata acosador y asesino de prostitutas que se había escapado del Sanatorio Mental T´sui Pen. Al oír esto, establecí que la hipótesis de la mujer tenía sentido. Debido a que la víctima no presentaba signos de violación y otros detalles. Además, era probable que el psicópata anduviera entre nosotros. A continuación, interrogué al carnicero. Este hombre afirmó que no había visto nada. Pero escuchó que la mujer gritaba: ¡Suéltame hijo de puta! ¡Locumbeta malparido! Decidí olvidar “algunas cosas” de ese interrogatorio. Debido a que algunas cuestiones resultaban irrelevantes para mi investigación.
Por último, interrogué al tercer testigo. El nuevo lustrabotas de esa cuadra. Él me contó que tampoco vio nada. Pero afirmó que esa mujer era una ladrona. Porque asaltaba a sus clientes luego de cumplir con su labor. Y que –posiblemente- fue asesinada por algún hombre que se resistió al asalto. Pero al verlo temblar incesantemente mientras hablaba, dudé de sus argumentos. Por eso mismo, le solicité a ese hombre que me mostrara las palmas de sus manos. Y ahí encontré lo que pensé que no iba a encontrar. Entonces instantáneamente mandé a detener al lustrabotas. Afirmando que ese hombre había asesinado a la mujer. La policía arrestó al individuo, pero sin saber por qué. Entonces, llamé con altavoz al Sanatorio Mental T´sui Pen delante de los policías y pregunté cómo Jack “El destripador” atacaba a sus víctimas. Por lo que un doctor afirmó que: <Jack solamente ataca con sus manos>.