Separé algunos textos hace un tiempo cuando me regalaron "El dolor paraguayo", y antes de que queden por ahí, los comparto.
Para los que no lo conocen, Rafael Barrett fue un pensador, escritor, ensayista y periodista español, nacido en el año 1876 y que, tras agredir a un alto miembro de la nobleza, se vio obligado a escapar de su país de origen para seguir su vida. Luego de un corto tiempo en Argentina, a los 29 años, se radica en Paraguay, país donde pasa gran parte de su vida y escribe la mayoría de sus obras.
De ideología anarquista y profundamente libertario, Barrett dedica sus escritos a las minorías y da charlas a grupos de obreros incitándolos a unirse contra la opresión y exigir lo que era justo. Muere a los 34 años, lejos de su familia, luego de una larga tuberculosis que lo terminó alejando se su ya amada Paraguay, y sin obtener nunca el reconocimiento de su país natal.
En fin, dejo algunas citas que consideré interesantes.
Es humillante la corona adquirida por el hecho de haber nacido; al lograr el honor en virtud del propio esfuerzo, introducimos en nuestra existencia la lógica, la unidad indispensable a los bellos destinos. Conviene deber lo menos posible, aunque sea a los padres. Heredar es repetir, y lo fuerte es lo nuevo. Dichoso el día en al que ni la fortuna ni la miseria se hereden.
Fragmento de "Doctores" .
¿Quién intentará curar, consolar a los que lo perdieron todo: fe en el trabajo, poesía serena del hogar, poesía ardiente de una ternura que elige, sueña y canta? ¿Quién confortará a los que aún no rompieron en llanto y en ira? ¿Quién tendrá bastante constancia para combatir los fantasmas fatídicos, bastante piedad y respeto al tocar las raíces sangrientas del mal, bastante paciencia para despertar las mentes asombradas, bastante dulzura para atraerse las criaturas enfermas?
Fragmento del texto "En la estancia" .
"¿Hay cosas más contrarias a la razón que el jurado y el sufragio universal? Felizmente el sufragio es una farsa. Practicado al pie de la letra, nos hubiera hecho retroceder en poquísimo tiempo a la barbarie. ¡Bendita corrupción electoral! Mediante ella se evita que los ignorantes gobiernen el Estado y que nos aplaste la fuerza del número, que es la más bestial de todas. El pueblo merece nuestra piedad y nuestros mejores sacrificios porque sus dolores son muy grandes y no se deben a lo inclemente de la naturaleza, sino a la maldad de los hombres (...).
Así, merced a una comedia, sigue en el poder gente bastante inepta y bastante inmoral sin duda, pero capaz, por su codicia misma, de conservar el orden hasta que otras manos más honradas y más hábiles hayan conquistado en la lucha la robustez necesaria a una victoria definitiva. El jurado es menos benigno que el sufragio; hay en él menos cantidad de embuste. Realmente se sientan todos los días a juzgar al prójimo individuos ignaros y anónimos, que desencadenan la anarquía del azar en graves asuntos donde es preferible la acción del leguleyo. (...).
Hace años que estamos viendo absolver con imperturbable frescura a una multitud de asesinos y facinerosos. Los magristrados tan lamentablemente improvisados novacilan en devolver al seno de la sociedad con patente limpia, a tal número de alimañas feroces. Este perdón inconsciente y pasivo, verdadera cobardía del jurado, contraria al perdíon universal y activo que regeneraría el mundo, se convierte en la mator iniquidad cuando consideramos que no hay compasión para los delitos pequeños. Donde un padre roba un pan para que coman sus hijos va a la cárcel, se excusan y casi aplauden los tiros de revólver en el vientre y las puñaladas en la espalda. He aquí lo absurdo: una institución que pretende traer justicia por obra del pueblo y que corrobora irremediablemente, a expensas de dignidad popular, la más cruel injusticia, la que castiga a los pecadores humildes. La democracia de los tribunales ha creado la aristocracia del crimen.
Fragmento de "Jurados".
"No concebimos ni en la Edad Media cosa igual. ¿A qué protestar? ¿A qué pedir justicia al Estado, a ese Estado que en medio de tantos horrores y de tantas infamias, no se ocupa sino de cambiar los uniformes a sus soldaditos? Hay 50.000 pesos oro para alojar un batallón. Para aliviar la suerte de los desheredados, locos o no, jamás habrá nada".
Fragmento de "El manicomio".
No engañéis pues a la mujer, no la empujéis hacia la sima. Vuestras manos, que se robustecieron en la lucha, que se ennoblecieron en la humilde labor cotidiana, no están hechas para ayudar a caer sino para ayudar a levantarse. ¡Amad!, eso es todo… Amad, y seréis divinamente compasivos. El que ama es verídico, fiel, inconmovible. ¿A qué más código? ¿A qué más sacramento? No hablo del amor libre porque el amor siempre fue libre, y si no es libre no es amor. No es la cuestión libertar el amor, sino tenerlo. Amad pues, y despreciaréis las fórmulas y las ceremonias. Y los gratuitos juramentos ante el altar y ante el juez. El amor es más grande que todo eso. Amad, y basta. Amad y fundaréis la familia invencible. Esperad el amor, no derrochéis en estériles caprichos el capital genésico de que sois depositarios. (...)
Dejad que los ricos, dejad que los poderosos, después de haber robado a la humanidad, pretendan robar a la naturaleza, limitando la prole a una cantidad convenida, y transformando el amor en un vicio solitario. Dejad que aparezca en ellos este signo de la decadencia irremediable. (...)
No es la población lo que empequeñece la tierra, sino el egoísmo. Amad y la tierra se ensanchará sin límites. A pesar del dolor y de la injusticia la vida es buena. Debajo del mal está el bien; y si no existe el bien lo haremos existir y salvaremos al mundo aunque no quiera.
Fragmento del texto "El problema sexual" .
"No castiguemos, no acusemos; si no hay en nuestros hermanos solidaridad, si no aciertan a respetar a sus compañeras ni a querer a sus hijos, si para evadirse de su oscuro dolor llaman a las puertas de la lujuria, del alcohol o del juego, no nos indignemos. No debemos juzgar su mal, debemos curarlo. ¡Y cuánta fraternal paciencia, cuánta dulzura tiene que haber en nuestras manos consoladoras, para curar, por todo el territorio, las raíces enfermas de la raza!
Y he visto en la capital la cosa más triste. No he hallado médicos del alma y del cuerpo de la nación; he visto políticos y negociantes. He visto manipuladores de emisiones y de empréstitos, boticarios que se preparan a vender al moribundo las últimas inyecciones de morfina..."
Fragmento de "Lo que he visto".
"¿Es posible? ¿Odio a los seres que, inmóviles, con los nobles brazos siempre abiertos, nos ofrecen sin cansarse jamás la caricia de su sombra, la fecundidad silenciosa de sus frutos, la poesía múltiple y exquisita que elevan al cielo? Se asegura que existen plantas dañosas. Tal vez, mas no por eso las debemos odiar. Nuestro odio las condena. Nuestro amor quizás las transformaría y las redimiría. Oíd a un personaje de Víctor Hugo: «vio gentes del país muy ocupadas en arrancar ortigas; miró el montón de plantas desarraigadas y ya secas, y dijo: -Esto está muerto. Esto hubiera sido sin embargo algo bueno si de ello hubieran sabido servirse. Cuando la ortiga es joven, su hoja es una excelente legumbre; cuando envejece, tiene filamentos y fibras como el cáñamo y el lino. La tela de ortiga vale tanto como latela de cáñamo. Es por lo demás la ortiga un excelente pasto que se puede segar dos veces. ¿Y qué necesita la ortiga? Poca tierra, ningún cuidado, ningún cultivo... Con un poco de trabajo que se tomara, la ortiga sería útil; se la descuida y se vuelve dañosa. Entonces se la mata». «¡Cuántos hombres se asemejan a la ortiga!» -Y añadió después de una pausa-: «Mis amigos, tened esto: no hay malas hierbas ni hombres malos. Sólo hay malos cultivadores»".
Fragmento de "El odio a los árboles" .
No nos hemos contentado con sobrevivir a otras especies; hemos extendido nuestros dominios naturales de tal modo, que los proyectos más locamente grandiosos son posibles a nuestra imaginación. (...)
Toda esa seguridad, todo ese orgullo, toda esa victoria no es para todos, sino para unos cuantos. Una minoría traidora ha despojado al resto; los tesoros que la energía común arrebataba a lo desconocido cayeron en poder de los que nada tenían sino la codicia y lo cruel; el hierro y el oro y la ciencia fueron escamoteados por los que nada construyeron, nada descubrieron, nada adivinaron; el palacio magnífico de la civilización fue salteado por ellos, más y más inexpugnables mediante la ajena desdicha y expulsada de los altísimos muros con su sangre amasados, desnuda y abandonada a la eterna intemperie, quedó casi entera la humanidad. Para ella, es decir, para vosotros los que nada poseéis y todo lo creasteis, no han pasado los siglos. Vosotros siervos del desierto ruso, harapientos acosados hasta dentro de Grecia por la ferocidad genízara, lúgubres habitantes de las cuevas bretonas, mineros enterrados vivos bajo todas las patrias, larvas de los subterráneos de Berlín, de Viena y de Londres, Jobs de los estercoleros de Chicago, campesinos moribundos de Italia y de España, esclavos de los gomales y de los yerbales de América, presidiarios de todas las industrias, huesos triturados por las máquinas, apestados del planeta-miseria, infierno sobre el cual se asientan los Estados, pálido pueblo de suicidas, sin más venganza que el crimen, vosotros estáis aún en la remota edad de las cavernas, peor todavía, porque en vuestras cavernas no hay siempre la llama: vuestros niños se hielan; la llama de vuestro espíritu la apaga la desesperación.
Y es que hay algo más terrible que conquistar la Naturaleza: conquistar el hombre. Hay algo más rebelde que la roca, más frío que los témpanos, más despiadado que las fieras y las tempestades, y más negro que todos los abismos: el corazón del avariento.
Fragmento de "El problema sexual" .
"Sería una explicación, un mérito; hemos llegado a considerar la codicia como una virtud. Aludo a los que gastan dinero en arrasar el país. Obedecen a un odio desinteresado. Y la inquietud aumenta cuando se nota que las únicas mejoras que se hacen en las plazas de la capital consisten en arrancar, arrancar y arrancar árboles.
Odio doblemente feroz en una comarca donde el verano dura ocho meses. Se prefiere el sol abrasador a la dulce presencia del árbol. Se diría que los hombres no son ya capaces de sentir, de imaginar la vida en los troncos venerables, que tiemblan bajo el hierro y se desploman con lastimero fragor. Se diría que no comprenden que también la savia es sangre y que sus víctimas se engendraron en el amor y en la luz. Parece que las gentes viven esclavizadas por un vago terror y que temen que el bosque proteja facinerosos y anime fantasmas. Detrás del árbol adivinan la muerte. O bien, obsesionados por un dolor sin forma, quieren copiar en torno suyo el desolado desierto de sus almas.
Y entonces, en la nuestra la irritación se cambia en piedad. Muy desesperado, muy hondo ha de ser el mal de los que, en resignado mutismo, perdieron el cariño primero, el cariño fundamental que hasta las bestias sienten, el santo cariño a la tierra y a los árboles".
Fragmento de "El odio a los árboles".
"Una ilusión común es la de las formas de gobierno. Se cree disminuir la tiranía suprimiendo al tirano, y establecer la libertad por un decreto. Se supone que la figura de la vasija cambia la naturaleza del líquido, y que una Constitución y un Parlamento sirven para algo. Se asombra la gente de que sea exactamente tan imposible ejercer los derechos cívicos ahora que se reconocen y recomiendan por la ley, como en la época de un despotismo concentrado en un hombre y consagrado por el pueblo. Es que el sentimiento de la dignidad personal no es obra de políticos. No es en los convenios de los conspiradores con suerte donde nace la justicia, sino en los hogares. No es en las costumbres públicas donde empieza el progreso, sino en las privadas. Cuando los corazones siguen intactos, las reformas escritas se reducen a un detalle grotesco?.
Hemos descubierto la conservación de la materia y la conservación de la energía, en las regiones de lo físico; añadamos, en el terreno social, la conservación del coeficiente bárbaro. Agitad con el viento vano de las revoluciones queridas la superficie del mar de la patria; no se alterará en un milímetro el nivel medio de los instintos y de las pasiones. Los seres viven y se transforman de adentro afuera. No hay decoración, por hábil y brillante que se pinte, capaz de producir un futuro duradero. Los gobiernos, y las costumbres administrativas, no son una causa, sino un resultado. Parecen reinar, porque están situados en la cumbre. Pero ni los pararrayos inventan la electricidad, aunque en ellos se desplome el rayo, ni los palacios burocráticos engendran un átomo de potencia colectiva. Equivocación suprema la de los que van a la política para salvar a su país.
Existe una política fecunda: no hacer política; una manera eficaz de conseguir el poder: huir del poder y trabajar en casa. Un grupo de personas que no han traído a la ciencia una verdad nueva ni al arte ni a la moral una modalidad nueva de nuestras emociones, es impotente; de la nada nada se saca. Gobernar es distribuir y redistribuir lo viejo por los viejos canales. Única labor útil: componerlos, construir otros, enriquecer y purificar el líquido circulante. ¿Es posible eso desde arriba? Nunca. El tabique del oficinismo y de la adulación oficial es imperforable: la savia viene de abajo, de las raíces. No nos ocupemos de política, sembremos nuestro campo y no llamemos a las puertas doradas. La vida nacional nacerá en nuestro cerebro y en nuestras manos, y no en las mesas polvorientas y los expedientes apelillados de los escritorios a presupuesto. Nos olvidaremos de la política; continuará tal vez visible, como una cascara flotante, mas sólo alcanzará la influencia de una asociación parcial y parsimoniosa. (...)
¿Quieren corregir la política? Desprecíenla. Estudien en silencio, edifiquen su espíritu y su nido; forjen en su rincón el pedazo de armadura que les toque"
Fragmento de "De Política".
"...Y aprender a vivir de lo que vos pensás".