La noche de los corazones rotos.
En la noche de los corazones rotos se nos hace difícil que estemos aquí .
En la noche de las caras flojas nadie cree que venga de ellas.
En la noche de la luna asmática el sol ahonda en sus misterios y sigue constante.
Henos aquí.
Solos.
No somos más, somos menos y eso nos duele.
No digas que no, porque yo diré que sí.
El día involuciona y no se vuelve noche, tal vez porque estamos juntos, tal vez porque los pájaros y los gorriones mueven sus alas incesantes porque no quieren tocar este sucio suelo donde nosotros vivimos.
Tal vez tenga la razón un poco de locura en su interior y no ha de juzgar que si sólo existe un solo Dios, va a negar nuestro amor porque en la fecha de los inicios barro y hueso fueron destinados a coexistir en el destino cósmico con los vaivenes del querer, del mantenerse y del apoyarse, de ir con lo natural, de estar con lo establecido. No somos así, no somos perfectos.
Nuestro Dios nunca nos abandono, nosotros lo abandonamos a él.
¿Miras eso?
Son las lágrimas de Dios cayendo por todo el valle donde las almas danzan perdidas, buscando algo, buscando eso que jamás encontrarán, no temas más, aquí estoy, mi amor, podemos sufrir juntos.
La tristeza puede no acabar pero el deseo del desahogo se va y todo es ceniza que quema y que raspa, reza el sol por la perdición de los malos y la luna por la redención de los buenos.
Tristes mujeres cantan a hombres felices que no entienden la calamidad del nuevo amanecer, simplemente porque no está en su agenda, somos infelices ó somos felices.
Decisiones difíciles.
Somos hombres.
No somos Dioses.
Dios perdónanos.